03 marzo 2026

Dos expresiones innecesarias

Es curioso como una nueva expresión (muchas veces innecesaria) se va enquistando en el habla burocrática. Hasta daría la impresión de que si no se la usa se pudiera pensar que quien expone no tiene el suficiente conocimiento o la capacidad necesaria para desempeñar su cargo o función. De pronto, cualquier chorrada o extranjerismo adquiere documento de ciudadanía, y eso se torna suficiente. Simplemente, “ya está” y aquello se convierte en regla de uso, incluso llega un momento que lo “reconoce” la Academia (como si ello fuese suficiente) y eso basta. Pun, ¡hágase la luz! Y se ha creado así una nueva locución que todos quieren utilizar… Una es “poner en valor”; y, otra, “mandar a guardar”.

Poner en valor

Hace una generación, mientras formé parte de un comité municipal, me llamó la atención el súbito abuso de una cierta expresión en los ambientes burocráticos. De pronto, todo había que “poner en valor”. Dice el diccionario de la RAE que poner en valor (algo o a alguien) es una locución verbal que significa “Dar valor o relevancia, destacando sus virtudes o sus cualidades”. Venía siendo testigo del abuso innecesario de la expresión, hasta que el otro día encontré un artículo en una revista deportiva, que refería las primeras actividades e impresiones del nuevo técnico del Real Madrid, quien “no había hablado acerca del tipo de juego que va a practicar, pero sí que “se han puesto en valor los valores del madridismo” y la importancia de luchar hasta el final… ¡Ostias!, “poner en valor” los valores... ¡Por Dios, lo que nos faltaba!

"Poner en valor" significa destacar, realzar o hacer más apreciada la importancia, cualidades o beneficios de algo o alguien, resaltando sus características únicas para que sean reconocidas y valoradas por otros, a menudo implicando acciones para que un bien (cultural, industrial, académico, etc.) sea apreciado y útil. Aunque es una expresión correcta en español (similar a poner en peligro), se la critica por ser un galicismo (del francés mettre en valeur) que puede sustituirse por "destacar", "valorar" o "poner de relieve”; o, también: resaltar, subrayar o impulsar su valor e importancia. Además de que pueda sonar afectado y redundante.

Mandar a guardar

Un día fui a recoger a mis hijos del colegio, y cuál no sería mi desilusión al escuchar a una joven estudiante, que por el mismo portón salía, referirse a alguien –alguna persona que probablemente había enfermado o envejecido– que estaba “hecho verga”, para expresar que a su criterio tenía mal aspecto… Aquel episodio debió causarme una pésima impresión respecto a palabras que nunca debieran provenir de los labios de una dama y, menos, de quien aspira a convertirse con el paso del tiempo en una… Algo parecido siento en estos días cuando escucho a los relatores deportivos; quienes, para comunicar que alguien ha logrado convertir un gol, usan la  tosca y pedestre expresión “la mandó a guardar”.

Cuando he indagado por el sentido que tan vulgar locución pudiera tener en otras partes, me he topado con una interpretación que no dudo que debe estar equivocada. Dice que: "Mandar a guardar" es una expresión coloquial, usada en algunos países, que significa obligar a callarse, detener una acción o retirarse ante una actitud impertinente. Es una forma de ordenar que alguien "se guarde" sus opiniones, con tono despectivo o autoritario.  Equivaldría a "mandar a callar". Su uso, sin embargo, se ha venido generalizando en el ambiente deportivo, sin advertir que representa una vulgaridad. No parece siquiera una forma de lenguaje sicalíptico (malicia sexual o picardía erótica): se lo enuncia como si se tratara de un mantra, como si fuera una torpe forma de tautología, por pura moda y como muestra de la más supina ignorancia.

Pero, como dicen por ahí, “hablemos la plena”, es decir: digamos la pura verdad, no le demos más las vueltas, hablemos sin circunloquios. Basta revisar los diccionarios de localismos y comprobar sus sentidos: tener coito, penetrar sexualmente, fornicar; o, también –y por extensión–: explotar; aprovecharse; perjudicar; abusar, embaucar, engatusar. No puede significar, por lo mismo, aquello de convertir un gol. ¡Eso, nunca!

Y para terminar…

— Ah, y una cosita más, señor de Bakesrsviille

— Sí, dígame usted, teniente Columbo

— Nunca, pero nunca de los nuncas, vuelvan a darle otro premio a ese tal Fermín

— ¿Y cuál sería el motivo, señor inspector?

— Es inaceptable que diga que ha convertido un “hot trip” (viaje caliente). Convertir tres goles en un mismo partido tiene su premio; se dice en inglés “hat trick” (truco del sombrero), pues hay que ser un mago para lograr esa hazaña. El “hat trick” es una expresión que el fútbol heredó de una tradición que existe en el cricket. ¡Buenas noches, señor!


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