Para hablar de 'corontas', como llaman al zuro del maíz en los países sureños avecinados al Océano Pacífico, se hace preciso hablar primero de la tusa (el corazón de la mazorca) y, por lo mismo, de un extraño verbo, el verbo “tusar”. Para empezar, creo que a veces las distintas academias de la lengua no se ponen de acuerdo –entre sí, y entre ellas y la RAE– pues, para muestra de ejemplo, la misma palabra tusa sirve en el DLE para designar a dos cosas distintas: al corazón de la mentada mazorca y a las hojas que la cubren…
Dice el DLE que, de acuerdo al país dónde se la use, la palabra tusa puede significar lo siguiente: Esfuerzo excesivo y penoso; Cigarrillo hecho de una hoja de maíz; Corazón de la mazorca; Crines del caballo; Acción y efecto de tusar esas crines; Persona despreciable y de poca dignidad; Objeto despreciable y de poco valor; Hoyo (producido en el rostro por efecto) de la viruela; Hoja que envuelve la mazorca del maíz (como ya hemos señalado); Mujer muy alegre y pizpireta; y, Persona arisca y de trato difícil. El DLE define “coronta” como zuro del choclo (en Chile y Perú); y, asimismo, lo describe del modo siguiente: Corazón o raspa de la mazorca del maíz después de desgranada; siendo sus sinónimos: marlo, olote y tuco. Olote viene de un vocablo náhuatl que quiere decir corazón. En otras palabras, el elote –como llaman al maíz en México y algunos países centroamericanos– es un cereal cuyo centro consiste en un residual olote…
Hay también otra palabra para llamar al corazón de la mazorca, es el término carozo –que vendría del latín vulgar carudĭum, y este del griego καρύδιον karýdion, que querría decir 'avellana'–. La palabra es utilizada para llamar a la parte dura de las aceitunas y algunas otras frutas (el hueso), como las que conforman el centro del durazno o del melocotón. Carlos Joaquín Córdova recoge la voz ‘tusa’ en su elemental obra (hay quienes la llaman imprescindible) El habla del Ecuador, un Diccionario de ecuatorianismos, y la define así: “Raspa del maíz, eje ‘cilindriforme’ (se refiere a cilíndrico) que conforma (es decir, que es parte de) la espiga del maíz y alrededor del cual cuajan y se adhieren los granos”. Además, en una segunda acepción, la describe como: “Contrariedad, pesadumbre, azar, pena por un fracaso o mal éxito de una empresa”: “Tengo tusa y el corazón despedazado”. Por otra parte, “tusar” es un verbo usado en América para expresar: cortar el pelo, trasquilar, rapar, afeitar el cabello de alguien o para cortar las crines del caballo. Esta voz, aunque ya en desuso, antes significaba alisar, reducir las partes crespas o, también, desenredar el cabello.
En lo otros diccionarios de localismos consultados, tanto el de Susana Cordero de E., como el de Fernando Miño-Garcés, se refrendan los sentidos descritos por el anterior académico; aunque S. Cordero coincide con C. J. Córdova en que llamar tusa al envoltorio del choclo, puede ser un error de la Academia. Miño añade una acepción (la de “estar comido tusa”), con el sentido de furioso, cabreado, hecho una furia, caliente, comido cemento, hecho un brazo de mar, enojado. No hallo referencias relacionadas con el vocablo, sin embargo, en las Consultas al Diccionario de la Lengua (Tercera Edición - 1911) de Carlos R. Tobar.
Basta de mazorcas. Adentrémonos ahora en una palabra que se refiere a aquella cáscara muy delgada que tienen ciertas frutas y gramíneas: hablemos de la uva, el haba, el chocho (altramuz) por ejemplo. El “hollejo” es aquella película fina, piel o pellejo que cubre en forma individual a algunas frutas y cereales:
El hollejo de la uva es importante para la fabricación de un vino parecido al vino rosado que es conocido como clarete (se pronuncia claré o claret): pudiera decirse que el vino rosado es más apreciado que el clarete, aunque –como todo en la vida– depende de gustos y preferencias. Las diferencias entre ellos se encuentran en el tipo de uva utilizada y en el método de fabricación. El vino rosé o rosado es elaborado como un vino blanco; utiliza uvas tintas cuyas pieles (hollejos) se dejan en contacto con el mosto durante un periodo corto (lo llaman ‘maceración breve’) para que el vino tome color, y luego se retiran esas pieles antes de la fermentación. El clarete, en cambio, se elabora como un vino tinto, aunque utilizando una gran proporción de uvas blancas (un 75%). Estas se mezclan con las uvas tintas desde el inicio, o se fermenta el mosto blanco en contacto con las pieles de uva tinta para que ese mosto le aporte un tono ligero y algo de estructura.
El vino rosado se elabora mayoritariamente, o en su totalidad, con uvas tintas (generalmente un mínimo del 50%, según la tradición, o 100% en muchos casos). El clarete suele tener un color algo más claro, de tono un tanto cobrizo (de ahí el curioso nombre). De tal manera que este ofrece la delicadeza del vino blanco, pero con un poco más de estructura y contiene taninos aportados por las pieles que produce la uva tinta. En cuanto a cuál es mejor o preferible, eso ya es asunto personal, y queda a la elección de cada quien…

