En días pasados leí un artículo de Álex Grijelmo en el que expresaba su sorpresa porque en estos días (un tanto bélicos) se haya retomado un vocablo que, según él, habría entrado en desuso: la palabra aviador (?). Quizá ello esté sucediendo en España, donde parece preferirse la voz piloto; pero no solo que no pasa en América, sino que aviador es término preferido en los documentos escritos; y, sobre todo, en el medio académico.
Grijelmo sostiene que pudiera usarse aviador, quizá con cierta connotación romántica, e incluso ‘heroica’, para llamar a “un piloto de la II Guerra, a un pionero de la aviación, a los tipos intrépidos que se ponían gafas de mosca y vestían traje de cuero y gorro con orejeras. Pero que nadie se habrá referido así a un comandante de Iberia, aun siendo este técnica y lingüísticamente un aviador”. Menciona que, según ha investigado, el corpus de la Academia documenta el primer uso del vocablo recién en 1910. Añade que “la voz llegaría al Diccionario en 1914”; y que: “la segunda acepción, añadida en 1947, se ajusta como un zapato al caso comentado: ‘Individuo que presta servicio en la aviación militar’…”. El columnista sugiere que este tardío e inopinado uso sería una clonación tomada del inglés y que “el término ‘no se emplea nunca’ en la aviación civil” (?).
Tras mi inconforme lectura, me permití referirme al artículo con el siguiente comentario: “Soy, con orgullo, un aviador civil retirado. No tengo inconveniente en que me llamen ‘piloto’. Primero, porque lo soy (me he dedicado a pilotear o pilotar aviones); y, segundo, pues así es cómo nos llama la gente. Y, así como el Sr. Grijelmo se sorprende de que en estos días la prensa española haya utilizado la palabra aviador y no la de piloto, a mí también me sorprende que en su percepción ya no se use esta palabra en España, porque, según él, la voz habría no solo pasado de moda, sino alcanzado a adquirir incluso un tinte algo romántico…
Soy latinoamericano y dediqué casi 50 años a una profesión que en toda Iberoamérica se conoce como un oficio “de aviadores” (si acceden a la página de SEPLA, el sindicato español de pilotos, van a encontrar una sección entera dedicada a las mujeres ‘aviadoras’). Hoy se llama “piloto” desde a los corredores de fórmula (autos deportivos), hasta a muchachos imberbes que conducen un juguete conocido como Go-Kart (un día, buscando información de maquinaria pesada, me pidieron que consulte a alguien que operaba un pequeño montacargas, a quien identificaron como “el piloto”). A los aviadores nos llaman de varias maneras: piloto, capitán, comandante y hasta “skipper” (un modo de identificar a los oficiales responsables en los barcos mercantes). Pero somos ante todo “aviadores”, palabra que, en efecto, viene de una voz francesa, del mismo modo que el vocablo avión, que es un acrónimo, es decir palabra inventada (appareil volant imitant l’oiseau natural), sugerida por el francés Clément Ader, tan temprano como en 1875. Lo que es más “sorprendente” todavía es que esas palabras, avión y aviador, ya se usaban en el siglo XIX, incluso antes de que existiera la aviación… En latín un homo viator es alguien que viaja, un trotamundos o caminante. Un peregrino.
Advierto que, por no tratarse de su oficio, el columnista no estaría familiarizado con el empleo general que la palabra tiene. Me reafirmo en mi impresión de que el uso del vocablo aviador, en lugar del más popular de piloto, se percibe no solo como una opción más culta sino más exacta, que se utiliza en ambientes mejor educados. “Piloto”, por otra parte –al igual que “capitán”–, es un término inexacto, a más de devaluado: si usted entra en la cabina de mando, va a poder comprobar que a los dos pilotos, al piloto y al copiloto, se les trata de capitanes, aunque en la realidad, solo uno sea el verdadero comandante... Algo similar ocurre cuando se ve a toda una tripulación uniformada (y esto sucedía en el pasado), y era que no todos eran realmente pilotos, vale decir auténticos aviadores, pues –para serlo– hace falta ‘saber operar los mandos de un avión’. No son “pilotos”, ni los mecánicos de abordo ni quienes “no saben volar”.
Otro término que se usa en la actualidad es la palabra “comandante”. Mas, como no es un término que tiene un valor jerárquico, no está definido a quién se le puede llamar con este título profesional. En España y en algunos países de Iberoamérica fue por un tiempo un título reservado al ‘piloto al mando’ de un avión de aerolínea, pero en la práctica se ha ido llamando así a todos los aviadores, asunto que genera confusión. Del mismo modo, muchos participamos de la opinión de que eso de llamar “comandante” al piloto de una Cessna 150 (un pequeño avioncito de instrucción) suena no solo inadecuado sino bastante hiperbólico. Otro asunto que merece aclaración es que la palabra ‘aviador’ no solo se utiliza en la aviación castrense: no solo los militares son aviadores, lo son también los pilotos comerciales, los que han abrazado la aviación civil. En cuanto a “avión”, fue un término que definía a un tipo de pájaro, el vencejo, una especie de golondrina; de igual modo, aviador fue –antes de que haya aviación– alguien que aviaba, disponía o preparaba algo.

