21 abril 2026

El ojo de la cerradura

La imagen es sorprendente, está tomada en Roma a través del ojo de la cerradura de la puerta de la Orden de los Caballeros de Malta, vale decir desde la iglesia de San Luis de Francia, como quien mira hacia el Vaticano. Es un perfecto claroscuro: la vegetación, que ayuda a definir el contraste, asoma como un marco negro e irregular que solo deja ver la cúpula de San Pedro. La portentosa toma sirve de inspiración para que Juan José Millás, quien escribe para un periódico español, haga una de esas surrealistas reflexiones que él acostumbra. Ha intitulado su corto artículo con una breve frase indagatoria: “¿Qué ocurrió allí?”

Como es mi costumbre, antes de leer su visión –la que el autor quiere interpretar– me he dado un rápido momento para tratar de imaginar lo que esa insólita fantasía, que suele caracterizar a la prodigiosa mente de Millás, pudiera insinuar para luego sorprendernos con alguna reflexión referente a tan enigmática toma. Barrunto que quizá quiera proponernos la dialéctica entre luz y oscuridad, entre poder y naturaleza, entre tradición y oportunidad, entre estructura y conflicto… Nada de ello ocurre, sin embargo, Millás parece querernos conducir hacia el terreno freudiano del auto-examen y la culpa, a ese donde nos gobiernan los callados resquemores de la angustia, los del arrepentimiento: los demonios interiores del subconsciente…

Dejemos que él mismo explique el asombroso contraste. Permitamos que él mismo no dé su apreciación. Dejemos que declare y, a lo mejor, logremos que confiese… Así, explica él su personal idea del ojo de la cerradura, con la que asocia su particular exégesis: “Una de las primeras manifestaciones de ese mundo fue el pedazo de la habitación de los padres facilitado por ese ojo. Ni siquiera era preciso que ellos se hallaran dentro, y en actitud amatoria, para que el paisaje íntimo al que éramos capaces de acceder nos pareciera extraño. Un mundo extraño: eso eran aquella cama doble y aquel armario dotado de un espejo. Resultaba sobrecogedor el lugar en el que dormían mamá y papá. Allí se concibió lo inconcebible: nosotros. Todo lo que somos empezó a fraguarse en medio de un paisaje accesible a través del ojo de la cerradura”.

Y sigue: “Veíamos sin entender, algo quedaba grabado en una zona blanda de la conciencia. Aquella alcoba no era solo una estancia: era una hipótesis. Allí se había producido el hecho improbable de nuestra existencia, y eso convertía la cama en un artefacto narrativo, en una máquina de fabricar biografías. Con el tiempo comprendimos que ese ojo no servía tanto para espiar como para ensayar la idea de una frontera. De este lado estaba el niño; del otro, el mundo adulto, compacto, insondable, organizado en cajones que no debían abrirse. La cerradura enseñaba que el relato depende del punto de vista y de la cantidad de luz disponible.”

Yo no tuve que bregar con esa inaudita curiosidad: averiguar qué hacían mis padres. Las puertas de las casas en que viví no tenían ese orificio (después de 1950, se usaban llaves pequeñas), ya no había esa aparente invitación al fisgoneo. Tampoco las puertas se cerraban; era nuestra casa, la de toda la familia; no teníamos porqué dividirla, poner diques ni barreras (tampoco tuvimos que limitar, cuando ya estuvimos casados, el libre acceso a nuestros hijos). Poner el ojo ahí, en ese otro ojo, hubiese sido un gesto obsceno, indelicada curiosidad, cuando no una morbosa fuente de cotilleo… Usarlo, se hubiera constituido en una terrible falta de confianza, en una fea indiscreción. Podemos decir que entonces ya no hubo cerraduras con ojo, con la tentación de husmear en algo que pudo parecer impuro. Es más: salvo para propósitos de exhortar al silencio o afán de no perturbar, nunca nos hizo falta mantener las puertas cerradas. 

Vengo de un mundo carente de bocallaves (ese es su nombre técnico). Para cuando fui niño, estas cerraduras con ojo ya habían –en la práctica– desaparecido. Las cerraduras ya no disponían de ese orificio. Todas, con excepción de las pertenecientes a las de la puerta de calle, habían prescindido de ese ojo. Se construyeron para ser operadas por las llaves que hoy conocemos (más livianas y pequeñas); estas no excedían de 4 o 5 cm, y su grosor era similar al de una moneda corriente. Si alguna vez utilizamos uno de la puerta de entrada, para ver, solo fue para asegurarnos de que ya habían escuchado nuestro llamado y que venían a abrirnos…

En el Génesis, hay una historia relacionada. Cuenta que Noé, el patriarca del Diluvio, se había embriagado y quedado dormido. Cam, el menor de sus hijos, habría “descubierto su desnudez” y habría ido a contárselo a sus hermanos (descubrir la desnudez implicaría una conducta inapropiada o aprovecharse de la situación). Al enterarse sus hermanos, Sem y Jafet, habrían tomado una manta y caminado de espaldas para cubrir las vergüenzas de su padre. Noé maldijo a Cam diciendo: «¡Maldito sea Canaán! (el hijo de Cam). Sus descendientes serán esclavos de los descendientes de sus hermanos». Esto marcaría para siempre el destino de los cananeos. 


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19 abril 2026

Anatomía del esperpento

Empiezo por reproducir en su integridad un artículo de Paul Krugman, respecto al verdadero resultado de la guerra con Irán que el señor Trump provocó. Fue escrito la misma semana en que el presidente americano había amenazado con hacer desaparecer a esa nación, y su civilización, de la faz de la Tierra. Trump suele hablar sin ambages, sin merodeos o circunloquios, pero además y por lástima, sin clase, sin elegancia y sin escrúpulos. En su relato abundan siempre las contradicciones y las hipérboles. En ese discurso lleno de evidentes exageraciones no es extraño el feo vicio de la bravuconada: el desplante, la bravata, la grosera amenaza proferida con arrogancia con el solo propósito de intimidar.

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Ignorancia e ignominia

Nuestra humillación en Ormuz no fue casualidad. Escrito por Paul Krugman, 9 de abril de 2026.

Así que la mayor potencia militar del mundo fue a la guerra con una pobre teocracia medievalista. Fue un partido increíblemente desigual. Estos son los PIB de Irán y Estados Unidos en 2024: Irán - 0,48 US$ trillones; Estados Unidos - 28,75 US$ trillones. Sin embargo, Irán ganó. El régimen iraní ha surgido mucho más fuerte de lo que era antes, controlando el Estrecho de Ormuz y habiendo demostrado su capacidad para infligir daños tanto a sus vecinos como a la economía mundial. Estados Unidos ha salido mucho más débil, habiendo demostrado las limitaciones de su tecnología militar, su ineptitud estratégica y, cuando se trata de empujar, su cobardía.

También hemos destruido nuestra credibilidad moral: Trump puede haber hecho TACO en el último minuto, pero amenazó con cometer gigantescos crímenes de guerra, y para todos los propósitos prácticos nuestras instituciones políticas y civiles le dieron permiso para hacerlo. ¿Cómo sucedió esto? Naturalmente, el ministro de Guerra iraní lo atribuyó a la intervención divina, declarando que Dios merece toda la gloria. Su nación, dijo, luchó con la protección de la providencia divina". Un esfuerzo masivo con protección milagrosa. Bueno, los teócratas van a teocratizar.

Pero mentí. Esa no fue una cita de un funcionario iraní. Es lo que dijo Pete Hegseth, nuestro autoproclamado secretario de Guerra, mientras afirmaba que una de las peores derrotas estratégicas en la historia de Estados Unidos fue una gran victoria. Habrá muchos análisis por parte de expertos militares y estratégicos de la debacle de Irán. Pero no perdamos de vista el panorama general: fuimos llevados al desastre por la ignorancia jactanciosa de hombres como Trump y Hegseth, la ignorancia empeorada aún más por las afirmaciones de que Dios apoya lo que quieran hacer. Con hombres como ese dirigiendo Estados Unidos, los grandes desastres eran solo cuestión de tiempo. Me gustaría pensar que han sido castigados por esta debacle, que han aprendido algo. Pero no me lo creo ni por un minuto. Que Dios nos ayude. 

(Hasta aquí el artículo de Krugman).

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Ahora continúo: El 30 de septiembre de 2024, el New York Times publicó un editorial que decía: “Es difícil imaginar un candidato más indigno que Donald Trump para la presidencia de Estados Unidos. Ha mostrado ser moralmente inepto para un cargo que exige a quien lo ocupa anteponer el bien de la nación a sus propios intereses. Ha demostrado ser temperamentalmente incapaz para una tarea que requiere precisamente las cualidades –sabiduría, honestidad, empatía, valentía, moderación, humildad y disciplina– de las que más carece”. Un año y medio después siguen siendo palabras muy precisas y acertadas. Es justo uno de los artículos que Trump cita en su demanda de difamación y libelo, de 15.000 millones de dólares contra ese diario… (el libelo consiste en publicar algo a sabiendas de que aquello es falso, algo que es muy difícil de probar, pues hay que primero demostrar que hubo malicia).

Pensar que todo empezó con Gaza y con los caprichos de un trasnochado, un fanático que entendió al revés las lecciones que su pueblo recibió de la Historia. Y porque –vale recordarlo– no se supo (el Mundo no supo) parar una matanza, una masacre, un genocidio, un exterminio propiciado e iniciado por los mismos que una vez fueron las víctimas. Así que, seamos coherentes, no lo olvidemos. ¿Qué sarcasmo, no? ¡Qué ironías que tiene la Historia!


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16 abril 2026

Silvio y su ‘flamante’ Kalashnikov

¿A quién defienden el cantautor Silvio Rodríguez y un puñado de nostálgicos cubanos?, ¿realmente a Cuba o a esa impostura, la de su fracasada revolución? Yo tenía solo siete años (tercero de primaria) cuando un primero de enero Fidel Castro había derrotado a ese recursivo ex-sargento llamado Fulgencio Batista y lo había sustituido. Con el tiempo sabríamos que una dictadura simplemente había sido reemplazada por otra, que una élite había dado paso a otra nueva, solo que más obcecada y cínica… Si el pretexto había sido redimir a un pueblo hambriento, hoy este –todavía hambriento y desesperanzado– se habría acostumbrado a vivir junto a su propia basura.

Todo empezó en esa isla, alguna vez llamada Juana, un 26 de julio de 1953, con el asalto al cuartel Moncada. Cinco años más tarde todo se convalidaría con el derrocamiento de Rubén Zaldívar, mejor conocido como Fulgencio Batista, en la noche vieja del 58. Pocos imaginaban que, pasados unos meses, el alto, atractivo y locuaz guerrillero declararía que Cuba pasaba a constituirse en un Estado socialista y, claro, y ante todo: “soberano”. Desde entonces, la asignatura Historia de Cuba formaría parte del pénsum que se imparte en las escuelas mediante el cual se estudian las cuatro etapas de su existencia: Sociedad comunitaria aborigen, Explotación colonial, Dependencia neocolonial y Soberanía y socialismo (hoy: Soberanía y hambruna)...

Si bien lo pensamos, las mismas causas que justificaron un día la tan promocionada Revolución, hoy serían suficientes para arrojarla desde el balcón al tacho de basura de la Historia… A pesar de ello, un compungido Silvio Rodríguez pedía el otro día a su gobierno un fusil para defender la fallida entelequia, mientras el presidente Díaz-Canel decía, con voz estentórea y casi al mismo tiempo: “Cualquier agresor externo chocará en Cuba con una resistencia inexpugnable”. Lo último no solo es testimonio de ‘inexpugnable’ necedad sino, ante todo, de absurda y contradictoria candidez. En fin, ¿qué se puede esperar, si tanto él como todos sus adláteres están a la espera desesperada de un cambio de actitud del gobierno norteamericano, no para salvar la desesperada condición de su pueblo, sino para seguir disfrutando, aunque sea a fugaces lengüetazos, de las mieles del poder?

La imagen del cantante defendiendo Cuba, fusil en ristre, es no solo una actitud trasnochada. Es, ante todo, la de quien no quiere reconocer el definitivo fracaso de su utópica e insulsa revolución. Significa que lo único que se quiere defender es que sigan las cosas como están (mientras la inercia dice que, si un rumbo va a tomar la situación, es que de aquí en adelante todo irá para peor). El pueblo estará cada vez más hastiado y desengañado. Y eso solo significará que ya no hay arreglo ni compostura posible, que ya no hay cómo volver a empezar. Además, para el imaginario colectivo el cantautor ha dejado de ser un emblema de resistencia para convertirse en oscuro representante de un régimen inepto y oprobioso.

“En mis canciones hay politización, pero no propaganda”, ha dicho Rodríguez en una entrevista posterior, en ella reconoce que la Kalashnikov que le han dado es pura imitación, es decir “de mentira”. ¡Qué ironía: un fusil de mentira para defender una revolución de mentira!… Y no solo que la suya sí es propaganda —diría yo— sino que lo es de la peor: de aquella obsecuente, interesada y sumisa. No puedo dejar de pensar que su propósito vital y motivación no han de ser sino eso: pura mentira. Si “la imagen improbable del ‘trovador’, a sus 79 años, esperando en el Malecón, fusil de asalto en mano, el desembarco de los marines de Donald Trump es el final más triste del sueño revolucionario”, como dice un reciente artículo, ¿qué podremos decir de un viejo apostado junto al mismo barandal, convencido de que todo es solo culpa del maldito asedio (el bloqueo norteamericano), portando un arma nueva y reluciente, pero de mentira?

Y así ha aparecido en la foto oficial: Silvio Rodríguez recibiendo el rifle automático de manos del ministro y miembro del Buró Político del Partido Comunista Cubano, con la presencia del presidente Díaz-Canel actuando como testigo de honor. El fusil automático Kalashnikov, hoy AKM –si modernizado–, fue desarrollado por el ejército soviético. La URSS fue por un tiempo el principal benefactor de la isla, proporcionándole ayuda masiva durante tres décadas (1960-1990), incluyendo envío constante de petróleo, maquinaria, armamento pesado, tecnología y ayudando al Gobierno con la compra de azúcar a precios preferenciales. Cuba sufrió el duro impacto de la caída de la URSS en 1992.

Al igual que lo que también ha estado pasando en Venezuela, debemos convencernos de que esta dictadura —como cualquier dictadura— debe terminar, que solo vale la democracia, que no hay otra forma de reconciliación y bienestar colectivo posibles, a menos que se ponga en vigencia un régimen que no favorezca a ciertos grupos de fanáticos ya conocidos; ni privilegie, tampoco, a quienes han abusado, por casi setenta años, tanto de la confianza de la gente como del poder político. Para tanto exilado, es hora ya de volver. No solo de regresar a su tierra, sino de volver a mirar adelante. ¡Va siendo hora de volver a empezar!


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14 abril 2026

Conócete a ti mismo

Un día, estando en Atenas, me propuse hacer una excursión a Meteora; esta incluía una visita a las ruinas del templo de Apolo en Delfos. Es el mismo lugar, avecinado al monte Parnaso, al que acudían los griegos para consultar al oráculo su fortuna. Tal vez no haya otro lugar en el mundo que haya sido construido y reconstruido tantas veces. Al final, luego de varias reedificaciones, Teodosio ordenó derrocarlo en 930 “en nombre de la cristiandad”. Las ruinas que conocí eran escombros que habían sido reubicados en 1938. Ahí, en el ‘pronaos’ del templo, cuentan que estaba esculpida una sentencia que ha acompañado a nuestra cultura desde los albores de su existencia: “Conócete a ti mismo. Atribuida a los llamados “siete sabios de Grecia”, esta será siempre una invitación a la moderación y el autoconocimiento. 

Su invención se atribuye, sin embargo, a varios de los filósofos presocráticos, que preferían abstenerse de hablar de ética y política, y optaron, por teorizar sobre el origen del Universo. El que sigue es un sumario resumen de sus biografías:

Heráclito de Éfeso (535 a.C. a 480 a.C.). Su vida y filosofía nos llegó a través de Diógenes Laercio. De familia noble y ermitaño; su obra es aforística. Conocido como “El oscuro o El enigmático. Su filosofía tiene un tinte oracular y paradójico; propone que todo cambia y todo fluye (Nadie se baña dos veces en el mismo río). Postula que todo se rige por el logos, vocablo con triple sentido (palabra, razón y discurso). Influyó en Platón y en Occidente. Sufría de hidropesía, la trató untándose estiércol y cuentan que murió devorado por unos perros…

Tales de Mileto (624 a.C. a 546 a.C.) Filósofo, matemático, geómetra y legislador griego. Considerado como uno de los siete sabios griegos; maestro de Anaximandro, propuso un Universo sin mitologías. Tales es el iniciador de la especulación científica y del pensamiento deductivo. Quizá de origen fenicio, pudo haber estado en Egipto. Platón cuenta, por boca de Sócrates, que distraído mirando las estrellas, cayó en un pozo. Escribió sobre solsticios y equinoccios. Buscaba siempre una explicación racional; se le atribuye el paso del mito hacia el logos. Aristóteles hizo referencia a sus creencias. Es considerado el primer verdadero filósofo de Occidente.

Pitágoras de Samos (570 a.C. a 490 a.C.). Fue un ascético; a su muerte fue venerado como santo. Fue filósofo y polímata, sus ideas y teorías se propagaron en la Magna Grecia e influenciaron en Occidente a través de Platón y Aristóteles. Vivió hasta los 80 años y estuvo envuelto en una bruma de leyenda. Fundó una escuela ético-política a sus 40 años, los iniciados hacían juramento y vivían como ascetas. Contribuyó al desarrollo matemático y al fortalecimiento del raciocinio filosófico. Se le atribuye, a más de su conocido teorema, la idea de la esfericidad de la Tierra, la teoría de las proporciones y la identidad de varias estrellas. Fue el primero en considerarse filósofo (amante de la filosofía). Influyó en Copérnico, Kepler y Newton. Alumno de Tales y Anaximandro; pudo haber ido a Fenicia, Egipto, Arabia, Babilonia y llegado a la India. Fue uno de los primeros en advertir que el lucero del alba era el mismo que el del atardecer.

Solón de Atenas (638 a.C. a 558 a.C.). Escritor, político, estadista y legislador ateniense; uno de los siete sabios de Grecia. Gobernó en un momento crítico producido por excesiva acumulación de riqueza en manos de pocos (¿suena familiar?); es famosa su constitución de 594 a.C que instauró profundas reformas para aliviar la condición de los pobres esclavizados por sus ingentes deudas. Procuró desvincular la acumulación del poder en base al linaje. Fue protagonista en la guerra entre Atenas y Megara que concluyó con la recuperación de Salamina. Sus posturas propendían la búsqueda del justo medio y la aplicación de la mesura. Dejó Atenas por diez años y regresó para ser elegido arconte y árbitro con poderes extraordinarios. La justicia, para Solón, debía respetar la libertad individual en arreglo con la paz común.

Sócrates (470 a 399 a.C). Era pequeño, de ojos saltones, nariz respingona y vientre prominente. Es uno de los más grandes representantes de la filosofía occidental. Fue maestro de Platón (el de las anchas espaldas), quien, a su vez, lo sería del estagirita (Aristóteles). No hay evidencia de que hubiera escrito nada; de su pensamiento se sabe por tres fuentes: los diálogos de Platón; las obras de Aristófanes y las de Jenofonte. Aunque patriota y profundamente religioso, fue acusado en su vejez de corromper a la juventud, alejándola de la democracia: fue condenado a beber cicuta.

Sócrates hizo de la filosofía una ciencia estructurada, un proyecto unificado. Su principal contribución fue el método dialéctico: verdadero arte de indagar. Hijo de un picapedrero y una comadrona, vivió en la parte final del siglo V a.C., la etapa más espléndida de la historia de Atenas; aprendió dialéctica y retórica de los sofistas, discípulo de Arquelao que lo introdujo a la física y a la moral. Se casó con una noble que, según cuentan, lo trataba muy mal… Era humilde y austero, llevó siempre la misma capa. Se distinguió por su agudeza y facilidad de palabra. A ello contribuyó con su fina ironía.


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10 abril 2026

Ser buena gente *

  * Escrito por José Luis Sastre para El País

Los ingenuos. Los frágiles. Las almas cándidas. Esos a los que llaman flojos y tibios y buenistas y cosas peores. Los que no gritan. Los que escuchan. Los que se ponen en la piel de otros, a los que no conocen. Los que cuidan y preguntan qué tal estás con una curiosidad sincera. Los honestos que van de frente y sin doblez. Los que se revuelven aunque les critiquen, porque siempre critican. Los que hacen aquello que creen que tienen que hacer.

Los que dudan y, en cambio, tienen clara la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Los que hacen preguntas pero no son equidistantes: los que se hacen preguntas para no ser equidistantes. Los que podrían dormir tranquilos y, sin embargo, se desvelan. Los que sufren y conviven con un malestar que no es por ellos, o no es solo por ellos, sino que es también por los demás. Los que se atreven a decir no estoy bien y algo me pasa. Los que se inquietan por la deriva del mundo. Los que saben dónde está la injusticia, y se rebelan.

Los que discuten que siempre gane el más fuerte y el que más se aproveche. Los que piensan que sirven de algo sus pequeños gestos, sus gestos minúsculos que no importan a nadie, y construyen a su alrededor un lugar pequeño pero seguro, un refugio sin algoritmos. Los discretos. Los que bailan. Los que se ríen. Los que no pasan los días enfadados, ahogados por la bilis de sus reproches. Los que se dan cuenta de sus rencores y saben qué hacer con la rabia. Los que conocen su sitio y desde qué altura han de mirar a los demás.

Los que tratan de cambiar algo por mucho que asuman que el mundo más global lo dominan en realidad muy pocas manos. Los que confían en la condición humana y se acuerdan de que, incluso tras el espanto de la Segunda Guerra Mundial, Camus escribió de la solidaridad entre los hombres y se congratuló de quienes cumplieron con su deber, más allá de su ideología. Los que tienden la mano. Los que no lo dan todo por perdido porque distinguen el realismo de la resignación.

Los que oyen el griterío y piensan que aun así vale la pena. Los que recuerdan, ahora más que nunca, que la alegría se ha vuelto revolucionaria, aunque no llegue a serlo tanto como otro principio sencillo y universal: tratar de ser buena gente.

Nota del editor:

Ser “buena gente” está muchas veces en los actos cotidianos de la vida, en aquellos que parecería que nunca valoramos ni damos atención, en aquellos que parecen insignificantes. Hay belleza cuando percibimos el esmero de los demás, la bondad, compasión y ternura ajenas... Esas “buenas gentes” están mencionadas en el Cap. 5 de Mateo (las ‘bienaventuranzas’); a ellas se refiere el Maestro cuando habla de los mansos; de los misericordiosos; de los limpios de corazón... Ellos verán a Dios y alcanzarán su recompensa; ellos saben que, cómo dijo Víctor Hugo, “El bien que haces habla de ti pero la ingratitud del otro solo habla de él"... 

En La cifra, libro de poemas de J.L. Borges, hay uno al que intituló Los Justos, y que lo reproduzco más abajo, este es una apología de esos hombres humildes a quienes casi nunca regresamos a ver pero que son los que de verdad nos entregan razones para la esperanza, son los que nos reconcilian con los demás y con la vida... 

Los justos

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire / El que agradece que en la tierra haya música / El que descubre con placer una etimología / Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez / El ceramista que premedita un color y una forma / El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada / Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto / El que acaricia a un animal dormido / El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho / El que agradece que en la tierra haya Stevenson / El que prefiere que los otros tengan razón / Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


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07 abril 2026

Reduciendo costos…

Iba a llamar a esta entrada “Ahorros de cocinera” pero a tiempo he caído en cuenta de que ese sería un gesto de desdén, si no de desprecio, hacia una mujer servicial y su honrado oficio. Una persona que, a más de ofrecernos su abnegación y empeño, combinando los sabores al preparar nuestros alimentos, lo hace otorgando beneficio a nuestra economía. Además, con ello descuidaría lo que hoy llaman “lenguaje inclusivo” (nadie dice “ahorros de cocinero”).

En la vida ordinaria aquello de reducir costos puede ser un ejercicio de prudencia y hasta de sabiduría –si no caemos en la avaricia, no se diga en la mezquina cicatería–. Evitar gastos superfluos es, si no tenemos mejores ingresos, la única coherente alternativa. Siempre es buena la generosidad, si no caemos en el gesto bobalicón del desprendimiento que no alcanzamos a sustentar, en la magnanimidad que se convierte en desatino o en la indulgencia que cae en la excesiva liberalidad y la improductiva complacencia. La benevolencia es una virtud que debe apuntar a satisfacer el bienestar ajeno pero  sin descuidar un sentido básico de reciprocidad. La generosidad es digna de encomio mas nunca debe pasar por ingenua candidez.

Reducir costos, sin embargo, en empresas, actividades o emprendimientos, en los que parte de la ecuación es la seguridad, sería no solo un despropósito sino, a más de criminal, una segura receta para el desastre. En aviación, particularmente, el afán de reducir costos por el solo deseo de buscar eficiencia, descuidando la seguridad, resulta no solo absurdo sino contradictorio y contraproducente. La cicatería se convierte en avaricia y ésta pronto se transforma en irreflexivo empeño por tomar innecesarios riesgos, empujado por el insensato designio de ahorrar por ahorrar. Ello no solo afecta a los parámetros de la seguridad aérea, sufre también el reconocimiento de quienes colaboran, se lastima la búsqueda institucional por la excelencia, se afecta y resquebraja el espíritu colectivo y, con él, el encomiable sentido de pertenencia y el buen clima laboral.

Pienso en todo esto cuando reviso las “medidas” y recaudos –propios de un pordiosero– que produjeron  el lamentable accidente de Jeju Air en un aeropuerto de Corea del Sur a fines de 2024. El obcecado deseo (un claro impulso angurriento) de reducir costos y aceptar imponderables riesgos, llevó a las autoridades a no consultar a los entendidos, a no buscar opiniones y dejarse asesorar para así evitar una estúpida tragedia. El Ministerio de Tierra, Infraestructura y Transporte, MOT por sus siglas en inglés, había tenido “la buena iniciativa” de construir absurdos terraplenes de concreto como una forma de “protección”, al final de las pistas con uso unidireccional en varios aeropuertos del territorio bajo su responsabilidad… Al parecer nadie dio un aviso de alarma, ¡lo habían venido haciendo por 20 años!

¿A quién se le ocurre aprobar y construir estructuras (vale decir obstáculos o barreras) que atentaban contra la seguridad de los mismos aeropuertos que se pretendía mejorar, modernizar y “remodelar”? Y todo por el insulso deseo de “reducir costos”… La demencial medida segó 179 vidas en el Aeropuerto Internacional de Muan (MWX) hace poco más de un año. Una barrera de concreto se había erigido al final de una pista usada para despegues y aterrizajes en un solo sentido, por el solo prurito de ahorrar en ciertos gastos de mantenimiento, a pesar del no anticipado, aunque evidente e inminente riesgo… Lo hicieron por “hacer lo mejor” pero sin preguntar a los expertos; y, lo más triste de todo: les parecía lo correcto, pues lo siguieron haciendo.

Así, para evitar gastos en continuas nivelaciones del terreno, los encargados decidieron construir una estructura de concreto para elevar el localizador de pista, sin conducir previamente una evaluación de riesgos. La junta investigadora había encontrado que en 2007 la KAC (Korean Airports Corporation) ya había solicitado una revisión de estos obstáculos pero no hubo ningún cambio, ni nadie hizo nada a ese respecto. El accidente involucró a un Boeing 737-800 que fue impactado por pájaros, efectuó un aterrizaje sin extender el tren de aterrizaje e impactó con la estructura rígida de concreto que se había construido para elevar la antena del localizador. La estructura del terraplén, de 2.40 metros de alto, no cedió al impacto exacerbando así la severidad del accidente. Solo dos azafatas sentadas en la cola sobrevivieron.

La junta encontró que el MOT había aprobado construir 14 estructuras similares en otros 8 aeropuertos, dos de ellos internacionales. Increíblemente, como parte de un plan de modernización, el Ministerio había “reforzado”, entre 2019 y 2024 el terraplén de Muan, agravando y comprometiendo aún más los estándares de seguridad. La junta encontró una serie de deficiencias en el adecuado manejo de la seguridad aérea, habiendo comprobado otros 30 eventos de malas prácticas y procedimientos defectuosos relacionados con métodos de entrenamiento insuficiente y mal manejo en la prevención de riesgos aeronáuticos.


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