Hace no pocos días escuché a un político costeño revelar su versión respecto a un determinado asunto; se refirió a su criterio –en apariencia confidencial– adornándolo con la conocida expresión: “esa es la verdad de la milanesa”. Muchos se preguntarán, más allá de cualquier disquisición metafísica, de dónde fue que salió la bendita frase. Todo pareciera venir de la aparente controversia que existe respecto al nombre del tan solicitado plato gastronómico. Para empezar, milanesa solo quiere decir ‘que proviene de Milán’, la ciudad más importante de la Lombardía italiana, donde el escalope de carne apanado (en especial el de ternera) se conoce como “cotoletta allá milanese”.
Pero, vamos por partes. Empecemos diciendo que el dicho (no es un refrán) parece haber sido ideado en Buenos Aires, donde no solo existe la milanesa propiamente dicha (un trozo muy fino de carne, pasado por huevo y apanadura, y frito al sartén), sino que existe una variedad a la que agregan queso y tomate. A esta, unos la llaman napolitana y, según yo mismo recuerdo, otros prefieren identificarla como sorrentina, es decir ‘de Sorrento’, un pequeño puerto ubicado frente a Capri y al sur de Nápoles. Pero, insistiendo en la razón para el empleo del dicho: el uso de la expresión –siempre basado en esta discusión, un tanto bizantina– parece provenir del deseo de explicar que una cierta afirmación constituye una verdad que no admite discusión, una ‘verdad verdadera’, una certeza contundente, irrefutable, incontrovertible.
Curiosamente, pocas cosas son menos incontrastables que eso: que la milanesa sea milanesa. Todo parece indicar que antes ya se conocía lo que los austríacos llaman Wiener Schnitzel (escalope vienés). Esta versión culinaria bien pudo llegar a Italia con las invasiones austríacas; sin embargo, la cotoletta antes referida no se prepara en Milán como una milanesa: es costilla apanada que se sirve con hueso. Ahí no terminaría la ‘golosa’ polémica: existe una ‘versión italiana’, ella dice que en realidad el escalope habría llegado a Austria gracias a Joseph Radetzki (el de la famosa marcha compuesta por Johann Strauss, hijo), que estuvo radicado en Italia entre 1831 y 1857, aunque –claro– nadie podría probarlo…
Yo bien pudiera aportar con otra versión, pueden si quieren llamarla Milanesa a la vizcaína (sí, así mismo, con mayúscula inicial), pero me temo que pudiera ser acusado de plagio porque ‘la verdad de la milanesa’ es que se trata de una especie de ‘catsu dón’ al estilo japonés –cuya fórmula aprendí en Singapur– en la que, antes de poner la carne en la sartén, se requiere empanizar los filetes con maicena, huevo y apanadura (en ese orden). Pruébenlo, estoy seguro que sus hijos y nietos (no se diga, sus amigos) se lo agradecerán… Pero volvamos otra vez a la controversia: ya se sabe que en esto de la gastronomía no hay fórmulas o recetas rígidas (hay paladares y paladares), lo que sí es importante conocer es que el filete no tiene que ser obligatoriamente vacuno: puede incorporar pollo o cerdo.
Lo que sí es indispensable conocer es que la milanesa NO es argentina, una simple revisión etimológica nos hará dar cuenta de su primer (o, al menos, anterior) origen. Mas, como lo dirían los mismos argentinos: “Che, pero ¿quién crees que sos?, ¿acaso tenés la verdad de la milanesa? Lo que sí se sabe es que este delicioso plato, lo llamemos milanesa, escalope, escalopine o cotoletta, ya era conocido en Italia en el siglo XII; en efecto, y de acuerdo con mis indagaciones, en el libro Historia de Milán de Pietro Verri, ya constaría que: “en el menú de un almuerzo ofrecido por un abate en el año 1134, para la fiesta de San Sátiro, aparece, entre los 9 platos servidos, un ”Lombus cum panitio” (carne apanada). Este puede ser la misma milanesa o, inclusive, el llamado Lomo Wellington.
Pero existe también 'otra' milanesa, o algo que pudiera considerarse como lo mismo: un filete apanado, aunque un poco más complejo; no necesariamente más complicado. Lo conocí en mis tiempos de alumno piloto, porque lo expendían en el restorán de la academia, consiste en una receta clásica de la cocina francesa: se llama Cordon Bleu. Para mi sorpresa era un plato regular que se servía en primera clase de Ecuatoriana de Aviación, en sus dos versiones: de pollo o de cerdo. Este “cordón azul”, que eso significa, consiste en una suerte de emparedado que, en lugar de pan, utiliza rodajas exteriores de algún tipo de proteína (ternera, pollo o cerdo) y que lleva por dentro unas lonjas de jamón y queso. En realidad, 'técnicamente' solo es otra forma de milanesa: es carne apanada o empanizada.
Este Cordon Blue, tiene también su historia: el término habría surgido en el siglo XVI, en la corte de Enrique III, con la Orden del Espíritu Santo, una sociedad de la caballería francesa. Sus miembros llevaban una cinta azul en honor a sus servicios prestados. Pasado el tiempo, uno de ellos habría recomendado la receta; así, el vocablo pasó a asociarse con la distinción y la excelencia, y se empezaría a utilizar en la alta cocina europea. Hay muchas versiones, una es italiana: la Cotoletta ala Valdostana (del Valle de Aosta). Esa es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad…

