De niño descubrí que me encantaba descubrir… y así fue como descubrí que para descubrir había primero que explorar o indagar. Descubrí que cuando se investiga hay que saber hacer la pregunta correcta, porque si no la respuesta puede ser no solo la que uno no espera, sino inexacta en muchos casos. Bien dicen que no se debe esperar una respuesta inteligente cuando se hace una pregunta tonta. Más tarde he descubierto que a eso se refieren los políticos cuando los entrevistan y dicen: “Ah, qué buena pregunta”.
El otro día escuché una olvidada ronda infantil y quise dar, con idéntico nombre, título a esta entrada. Por esta vez, no me di el trabajo y preferí dejar a la “señora” IA (yo la llamo Inés Andrade) para que la esboce por mi… Con Inés hay que tener mucho cuidado. Con ella, hay que hacer la pregunta correcta; es decir, hay que “saber preguntar”. Además, ella es impetuosa (sobre todo algo irresponsable), no tiene “espíritu crítico”; por ello que a veces –sin querer– se puede, y se suele, equivocar… No siempre es seguro que lo que Inés diga, sea la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. “Cosas de inteligentes…”, digo yo.
La historia de Mambrú (o esa canción y su estribillo) la había no solo escuchado, sino también cantado en los días de mi niñez. Mambrú no fue un personaje ficticio; su nombre es una adaptación al castellano de Marlborough, que es parte del título nobiliario de John Churchill (1650-1722), un duque y general inglés derrotado por los franceses en Malplaquet (1709), durante la Guerra de Sucesión Española. La tonada fue creada por los franceses para burlarse de su aristocrático enemigo; creyeron, por error, que había muerto en combate… aunque vivió unos años más. El duque fue un genio militar; brillante y astuto, es considerado un oficial muy destacado en la historia militar británica. Fue antepasado de Diana de Gales y de Sir Winston Churchill, que nació en el Palacio de Blenheim, la residencia oficial de los duques de Marlborough.
Esa guerra (no confundirla con la de Secesión) fue un conflicto entre las potencias europeas que duró desde 1701 hasta la firma del Tratado de Utrecht en 1714. Tuvo como causa principal la muerte sin descendencia de Carlos II de España, último representante de la Casa de Habsburgo, lo que dio lugar a una lucha por el control del Imperio entre los partidarios de las dinastías reclamantes: los Borbones y los Habsburgo. La guerra dejó como principal resultado la instauración de la casa de Borbón en el trono de España.
La música de la ronda es repetitiva y pegajosa. Habla de que Mambrú se fue a la guerra y que no se sabe cuándo vendrá, de si volverá para la Pascua o para Trinidad (la fiesta móvil que celebran los católicos una semana después de Pentecostés); cuenta que Mambrú se ha muerto en guerra y que lo llevan a enterrar, con tres oficiales y un cura sacristán; jijijí, jajajá, ¡no sé cuándo vendrá! La picante melodía habría llegado a España y Latinoamérica por influencia de los Borbones. Parece que a la reina Ma. Antonieta le gustaba cantársela a sus hijos. Luego se extendió por Europa y terminaría convirtiéndose en una ronda muy popular.
Por otro lado, yo mismo me he preguntado si este Marlborough tiene algo que ver con los tan publicitados cigarrillos Marlboro (es el mismo nombre, con ausencia de las últimas cuatro letras). Hoy sé que sí, pero que solo lo es de manera indirecta: el nombre de la marca no se habría escogido para honrar al duque y militar de marras, sino para dar relieve a la ubicación del lugar de producción: la fábrica original de la Philip Morris habría abierto sus puertas en Londres en una calle conocida como Great Marlborough Street. La rúa se había bautizado así en honor al Duque de Marlborough para celebrar sus victorias militares.
Al principio, los cigarrillos se comercializaban como "Marlborough", pero luego el nombre se simplificó y cambió a "Marlboro", cuando la marca se expandió a Estados Unidos. Como dato curioso, antes de asociarse con el famoso vaquero, la marca se publicitaba como un cigarrillo "suave como el mes de mayo" destinado casi exclusivamente al mercado femenino. En cuanto a Blenheim, el “palacio” de los duques, es el único edificio no real en Inglaterra que lleva ese título. El edificio fue obsequiado al duque por sus servicios…
Finalmente, se habrán preguntado: ¿por qué puse ese título a esta entrada?... La verdad que este me pareció apropiado para resaltar la influencia que ha tenido la terquedad de un solo individuo para involucrarse en una guerra innecesaria (que nunca la ganó); y también para no poder salir de ella hasta que lo declaren vencedor… Se lo conoce como Donald Gump, perdón Forest Trump...

