Me viene a la memoria mi más temprana participación en un concurso de oratoria: estaba en quinto de colegio. Finalizado el certamen, estando en clase de filosofía, el titular ocupó buena parte de su tiempo analizando mi reciente desempeño (no digo criticándolo porque, aunque más exacto, sería menos generoso e indulgente). En algún momento, el mentado maestro dijo que no debía haber dicho que cierto asunto “era acorde” con algo, sino que tal asunto “estaba de acuerdo” con lo que había referido. Que hubiera sido preferible utilizar la locución, no el adjetivo… Y, claro, mi inesperado juez estaba todo menos en lo correcto. Ese “acorde”, de acuerdo con el diccionario, significaba: conforme, coincidente, consonante o congruente.
Esta vez escribo este breve artículo (ustedes –por el título– ya lo habrán adivinado) porque no estoy ‘de acuerdo’, ni puedo estar conforme, con que la RAE reconozca voces innecesarias, máxime si el único motivo es aquel manido “porque esas voces ya se usan”, sin importar si las palabras aceptadas o acogidas son o no extranjerismos o germanías, o si dicha forma de ya aceptado consumo pertenece a un ambiente de mala muerte; o, si su ejercicio se efectúa en el lupanar ruidoso o el sórdido arrabal. La Academia debería actuar acorde con (es decir, conforme con) el delicado encargo que ha recibido; con su historia, su tarea, su rigor lingüístico y académico –por algo se llama a sí misma, y la llaman, Academia-- y con su reputación.
En febrero, un prestigioso medio español traía un artículo relacionado con un comentario hecho por Robert Kennedy Jr., quien no solo admitía haber consumido cocaína en el pasado, sino que concedía haber “esnifado“ utilizando la tapa de un sanitario… (los suspensivos no intentan invitar a visualizar el abyecto ambiente de cualquier retrete sino a reconocer la espuria condición de vocablo entrecomillado que remplaza a las varias alternativas que ya existen, y sobran, en nuestro idioma y que hubieran hecho innecesario su uso). Kennedy es el actual secretario (ministro) de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos. El periódico usaba este disparatado anglicismo –que ha sido aceptado por la RAE– a pesar de que, además, to sniff es un verbo que no significa absorber o inspirar sino olfatear y de que el español cuenta con otras palabras para expresar la idea de inhalar, aspirar, sorber, inspirar o chupar. ¡Qué horror: esnifar!
No puedo estar de acuerdo. Pues, no por el hecho de que un extranjerismo haya sido “aceptado” por la Academia, aquello lo convierte ipso facto en un término adecuado o correcto. En este caso, sigue siendo un anglicismo (y, además, innecesario). Está “mal aceptado”. Sniff (con doble efe) es inexacto incluso en inglés. No sé por qué tienen que reconocerse vocablos innecesarios cuando hay sinónimos que sobran en nuestro idioma. Ya no habría que hablar de “la Academia de la lengua” sino de “la lengua de la Academia”. Barrunto que incluso adsorber (atraer y retener moléculas de otro cuerpo) pudiera ser más adecuado y preciso. Me resisto a utilizar términos erróneamente reconocidos. ¡Disculpen ustedes!
Esnifar es palabra de la jerga del ámbito del consumo de estupefacientes, del lupanar. La Academia no está para eso, para “aceptar” o reconocer vocablos usados en el ambiente de la alcantarilla, la cárcel o el burdel, solo porque “ya se usan” o por el simple prurito de “dar visado” a nuevos términos con el anodino pretexto de que “ya existen” aunque fueren innecesarios, o que fueren galicismos o anglicismos, o fueren usados en la jerigonza de los bajos fondos. Esa no es su tarea ni es ese su papel. Lo dice su lema: “Limpia, fija y da esplendor” y eso de querer “reconocer” nuevos vocablos (que es entendible que se usen en lugares frecuentados por consumidores de substancias prohibidas, vale decir del vicio), no es justificativo suficiente para que se los tenga que validar.
No quisiera pasar por lo que en España conocen como “cuñao” (o cuñado): un sabelotodo… Advierto, sin embargo, que, como es nueva costumbre de la Academia, el diccionario trae la conjugación de los verbos consultados. Así es como encuentro el infinitivo, gerundio y participio de este “novedoso” verbo: esnifar, esnifando y esnifado. ¡Qué horror!, se me ocurre preguntarme ya no ¿qué habrán fumado sus eminencias (los ilustres miembros de la Academia), sino ¿qué habrán esnifado?… Y, ya que estamos en esas, pregunto también ¿por qué no aceptar y reconocer –de una vez– otros verbos como “cofear” (de cough, toser); “espitear” (de spit, escupir); o, quizá, “esnizear“ (de sneeze, estornudar)? Sí, pues… ¡Perdonen mi cáustica, aunque involuntaria, ironía!

