Iterar significa insistir, repetir, machacar; una iteración es, por lo mismo, un proceso repetitivo, obcecado e insistente para encontrar y demostrar algo. Ya en previas entradas, publicadas tan temprano como agosto de 2010, les hablé del extraño comportamiento que suelen exhibir ciertos números (si tienen curiosidad, les invito a escribir, en la ventana de búsqueda, el número 142857). Es lo que en matemáticas se conoce como teoría de los números y que trata de números cíclicos o “mágicos”. Hoy deseo hablar de una secuencia que obtiene un resultado constante, se llama justamente Constante de Kaprekar: equivale al guarismo 6174.
Su atractivo radica en que, si tomamos cualquier número de 4 dígitos y realizamos un proceso sencillo de resta, siempre llegaremos a esta cifra en un máximo de 7 pasos. ¿Cómo funciona la magia del 6174? Se puede comprobar este fenómeno siguiendo un orden: elija un número de cuatro dígitos que no sean todos iguales; por ejemplo: 4732. Ordene los dígitos de mayor a menor para formar el número más grande posible; luego, ordene los dígitos de menor a mayor para formar el número más pequeño (7432 y 2347). Y, una vez efectuado, reste el menor del mayor. Obtenga un nuevo resultado y siga repitiendo el mismo proceso.
Por ejemplo, si hemos elegido ese mismo guarismo (4732), restamos 7432 menos 2347; la respuesta es 5085; si seguimos aplicando esa lógica, ahora tendremos 8550 y 0558, cuyo resultado nos da 7992. Al ordenarlo nuevamente obtendremos 9972 y 2799, cuya resta ahora nos da como resultado 7173: esto es 7731 y 1377, lo que ahora nos da 6354 o, lo que es lo mismo 6543 y 3456; y que, al restar nuevamente, nos da 3087 que, si volvemos a reordenar, nos da 8730 y 0378. Producida la resta ahora tenemos 8352 u 8532 y 2358, lo que finalmente resulta en 6174. Una vez llegados a este número, cualquier intento producirá un bucle cerrado.
A esto proceso se conoce como Constante de Kaprekar, en honor a quien descubrió el invariable resultado (6174) y lo presentó en la Conferencia Matemática de Madrás en 1949. Se llamaba Dattatreya Ramchandra Kaprekar (1905-1986); era un humilde maestro de escuela y un adicto confeso de la teoría de los números. Kaprekar había nacido en una pequeña población costera ubicada al norte de Mumbai; a menudo era invitado a hablar en otros colegios sobre sus singulares métodos y sus fascinantes observaciones numéricas. También descubrió que algo parecido ocurría si, en lugar de utilizar guarismos de cuatro dígitos, lo hacía con números de tres. La única diferencia era que el “número mágico” ya no era 6174 sino 495…
La Constante no fue la única aportación que hizo este apasionado de las cifras a las matemáticas recreativas. Otra fue el llamado número Kaprekar, este tiene la extraña propiedad de que, si lo elevamos al cuadrado, al sumar las dos mitades (vale decir, las dos partes del resultado), nos dará –de nuevo– el número original. Si el resultado es un guarismo idéntico al que fue elevado al cuadrado, decimos que hemos hallado un número Kaprekar. Algunos ejemplos de número Kaprekar serian: 9, 45, 55, 703, 17.344, 142.857, 538.461... ¡Pruébelos y verá! Pero, recuerde: al dividir el número cuyas partes va a sumar, deje la parte más larga a la derecha (ejemplo, al dividir en dos 88.209 quedan dos grupos: uno con dos dígitos y otro con tres).
Un Kaprekar es el 45. Así: 45 x 45 da 2025 que, si sumamos 20 más 25 nos dará 45. Otro de estos guarismos es uno del que hablábamos al principio: 142857. Como podemos comprobar es también otro Kaprekar; esto solo significa que, si lo elevamos al cuadrado y dividimos el resultado en dos partes para sumarlas, esa suma ahora corresponderá al número original. Así: 142857 al cuadrado es igual a 20.408.122.449, y la suma de 20.408 y 122.449 nos dará nuevamente, y como sorprendente resultado, ese mismo guarismo: 142857.
La constante de Kaprekar sirve como un ejercicio de lógica y matemática recreativa, para demostrar cómo ciertos algoritmos generan extraños resultados fijos. No tiene aplicaciones prácticas en el mundo real; sin embargo, es una herramienta clásica para enseñar patrones, razonamientos y operaciones a los estudiantes. Además, tiene el mérito de seducir a quienes se ven atraídos por ese raro embrujo que irradia de las matemáticas. La teoría de los números ilustra el proceso de la iteración, mediante el cual un ejercicio es repetido, paso a paso, como parte de un curioso esquema que nos va entregando resultados fascinantes.
La obra de este esforzado maestro de escuela nos ha de ayudar a recordar que estos innovadores hallazgos y descubrimientos no siempre se realizan en los medios académicos, en laboratorios o en las universidades, sino gracias a la callada y retraída persistencia de mentes lúcidas y apasionadas, como esta de Kaprekar, impulsada por su contagiosa curiosidad y, ante todo, por esa, su cautivante capacidad de asombro…

