* Tomado de la inefable Wikipedia, con nuestra edición
Pedro Grullo, Pedrogrullo, Pero Grullo o Perogrullo, "que a la mano cerrada llamaba puño", es un personaje paremiológico o de la literatura tradicional cuyo origen histórico es de difícil determinación. Su idiosincrasia es la de un personaje cómico, producto de la imaginación popular, aunque existen hipótesis e indagaciones en las que se afirma que habría existido un Pedro Grullo real. En el habla corriente se identifica al personaje como el primer, o el más famoso, decidor de perogrulladas –tautologías retóricas–, esto es, verdades redundantes o pleonásticas del tipo "ha amanecido porque es de día".
Cuando alguien emite una expresión de simpleza tan evidente o tan sabida que resulta una afirmación trivial o apodíctica, o técnicamente un truísmo, suele opinarse que se dijo una perogrullada o una verdad de Perogrullo. En retórica la perogrullada es semejante a la tautología, la redundancia o el pleonasmo: una definición tan simple que duplica su misma denominación, de forma que uno de sus elementos sinónimos sobra, aunque sirve para denotar, subrayar o destacar lo dicho. También puede adoptar la modalidad de una litotes o atenuación. Ejemplos: «cuando no hace frío es que hace calor o está agradable», o «en lo lleno no hay vacío»; estas son perogrulladas o simplezas (sí, muy culta la Wikipedia).
En el Diccionario de nuestra lengua (el de la Real Academia Española) la perogrullada se define como «verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza decirla». En el diccionario de María Moliner, donde se la define como «dicho propio de Perogrullo», se dedica una entrada al autor de esas verdades: «Perogrullo (de “Pedro” y “Grullo”): personaje supuesto al que se atribuyen humorísticamente las sentencias o afirmaciones de contenido tan sabido y natural que es una tontería decirlas». Quien inventó el vocablo perogrullada fue Francisco de Quevedo, en su libro Sueños y discursos (1622), en concreto en la parte conocida como Sueño de la Muerte, donde interviene el «gran profeta» Pero Grullo: «Yo soy Pedro, que no Pero Grullo, que quitándome una ‘de’ en el nombre me hacéis el santo fruta».
En un ensayo acerca del origen etimológico de los apellidos castellanos, José Godoy Alcántara dice que Petro Grillo fue un personaje real que actuó como testigo en dos escrituras (de 1213 y 1227) en Palencia. Añade: «Coetáneo de Pedro Mentiras, si es que se trata del mismo que ha hecho célebre la naturalidad de las verdades». Durante el siglo XV, particularmente en Cantabria, se citaba a Pedro Grillo. Existe un documento que data de 1460, titulado Profecía, cuyo autor usa el seudónimo de Evangelista. Se trata de un breve relato en el que se describe a un profeta ermitaño, a quien llama «Pero Grillo».
Es muy probable que al antes mencionado Pero Grillo, casi cien años después (año 1551), Hernán Núñez de Guzmán, en sus Refranes o proverbios en romance, le haya cambiado de nombre y, en consecuencia, convertido en el nuevo Pero Grullo mencionado. Algunos investigadores creen que el Pedro Grillo del siglo XV evolucionó hasta convertirse en el nuevo Pero Grullo del siglo XVI. Quizá, para esta modificación del nombre, habría que tener en cuenta que en italiano el adjetivo grullo significa "simple, tontorrón, poco vivaz, que se deja engañar con facilidad"; y como es bien sabido durante el siglo XVI la influencia de la cultura italiana en España se hizo particularmente intensa.
Ya en 1605, este personaje aparece en la novela La pícara Justina, de Francisco López de Úbeda. También Cervantes lo menciona en la segunda parte de Don Quijote de La Mancha. Así, en el capítulo LXII, Sancho Panza pregunta a la «cabeza» si volverá a ver a su mujer y a sus hijos. La «cabeza» responde: «Gobernarás en tu casa; y si vuelves a ella, verás a tu mujer y a tus hijos; y, dejando de servir, dejarás de ser escudero». A lo cual Sancho añade: «Bueno, par Dios; esto yo me lo dijera: no dijera más el profeta Perogrullo».
El lexicógrafo Ramón Joaquín Domínguez, en su Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española, de mediados del siglo XIX, define perogrullada, ‘perogrullear’ y Perogrullo: «Personaje o ente quimérico, extravagante, ridículo, que se supone haber existido y dejado una preciosa colección de sandeces, apotegmas, axiomas y verdades».
Pese a todo este trabajo hecho por investigadores y lexicógrafos, quizá nunca se sepa a ciencia cierta quién fue en realidad este Pedro Grullo o Perogrullo, que hizo tan famosas sus perogrulladas.

