En una entrada anterior mencioné dos nombres que están asociados con la aviación: Dakota y Murialdo. El primero fue un mote que recibió el Douglas DC-3 o su versión militar, el C-47 Skytrain (llamado también Gooney Bird o Cheeky Charlie); “Dakota” había sido el apodo que el Ministerio del Aire británico (la RAF) le otorgó al avión en la nomenclatura utilizada para designar a sus aviones. TAO, la primera empresa en que volé, tuvo cuatro DC-3 (08, 09, 010 y 011). El “Douglas”, o “C-47” como lo llamaban en la Fuerza Aérea, era un avión con capacidad para 28 pasajeros o 6.000 libras. Se construyeron 16.000 de estos aviones; era un gran instructor, un avión muy noble: muchos todavía lo consideran “el mejor de todos los tiempos”.
Murialdo es, en cierto modo, una ofrenda piadosa. Dos aviones de TAO recibieron ese apelativo; el primero voló en los 50, fue un verdadero caballito de acero antes de que llegaran los Junkers 52 y los C-47. Era un monomotor canadiense Noorduyn Norseman (C-64), avión utilitario de patín de cola y ala alta reconocido por su gran resistencia; transportaba hasta nueve pasajeros. Para Gonzalo Ruales, verdadero artífice de la aviación oriental y promotor de TAO, el apodo tenía un sentido sentimental: significaba su identidad con el esfuerzo misional de los padres Josefinos, congregación fundada en Turín como Pía Sociedad de San José, por Leonardo Murialdo. Era un símbolo de gratitud y devoción, plasmado en el fuselaje del Norseman.
Nunca supe cuál fue el destino del primer Murialdo. No sé si se accidentó, si se lo vendió o si, simplemente, corrió el destino de todos estos animalitos cuando se ponen viejos. Gonzalo lo recordaba con gratitud, había sido su corcel y escudero. Una tarde, cuando veníamos de efectuar nuestro último vuelo, pudimos ver, en el interior del hangar, que habían alojado a un inesperado huésped: era un bimotor canadiense diseñado para operar en pistas cortas y traído del Canadá para cumplir un contrato exclusivo con la petrolera Anglo. Se trataba de un sorprendente y versátil De Havilland, DHC-6 Twin Otter… un precioso aparato.
Había mucha gente rodeando al avión aquella tarde. Esperé a que el hangar se descongestionara y me subí al aparato. “Es como una avioneta grande”, dijo un visitante, cual si revelara el sexo de un recién nacido. Me senté directamente en el puesto del comandante (no requería copiloto). Luego de escudriñarlo, reconocí que olía a nuevo; de veras parecía un aparato formidable. Amor a primera vista… Alguien ya familiarizado, me enseñó cómo bajar sin lastimarme. Entonces advertí que había una leyenda dibujada en ambos lados del fuselaje… MURIALDO proclamaba el distintivo; intuí que el sonoro vocablo se constituía en talismán para esfumar las penurias del pasado; y, a la vez, en una suerte de plegaria, que daría voz a la devoción del gestor de ese hito, y que habría de convocar esperanzados augurios por el futuro de su nueva aventura.
El Twin llegó al inicio de los años 70, era nuevo de fábrica; gracias al contrato pudo amortizarse en solo dos años. Sus primeros pilotos tenían experiencia en aviones STOL; habían volado las populares “Machacas” en la operación Texaco. Pronto nos dimos cuenta de que no permanecerían por mucho tiempo con nosotros. Eran buenos pilotos, conocían el Oriente, pero no les gustaba “instrumentar” y, sobre todo, “cruzar sin ver” el paso de Baños. Más de una vez me pidieron que los acompañara. Eran grandes personas, gente muy buena, y mejores conversadores. Vivían en la Costa, pero no les gustaba volar en la Sierra. No se acostumbraron…
Pero, no nos distraigamos. Así como TAO tuvo que ver con las misiones josefinas (y viceversa); Gonzalo siempre mantuvo una relación cercana y casi fraternal con su provincial, monseñor Maximiliano Spiller. Así como los salesianos deben su fundación a Giovanni Bosco (San Juan Bosco), la de los josefinos fue efectuada por otro religioso italiano que colaboró con Don Bosco, sin ser salesiano: Leonardo Murialdo. Los josefinos, adoptaron a San José (el padre de Jesús) como su beata referencia, como un símbolo de humildad y sacrificado apostolado. Cuando el Twin volaba con su nombre en el fuselaje, Murialdo ya había sido canonizado por Paulo VI. Aquello implicaba una autorización para ser venerado como intercesor.
Si el nombre de los josefinos tiene que ver con el esposo de María, ¿de dónde viene el de los salesianos? Don Bosco fundó la Pía Sociedad Salesiana (Societas Sancti Francisci Salesii), cuyos miembros son conocidos como Salesianos de Don Bosco, ellos se identifican por su devoción a la advocación mariana de María Auxiliadora; añaden a su nombre las siglas S.D.B. (Salesianos de Don Bosco). Juan Bosco los llamó así en honor del santo obispo de Ginebra, Francisco de Sales (1567-1622), un doctor de la Iglesia, nacido en Sales, Saboya. Francisco había sido un antiguo abogado, se convirtió en predicador y fue uno de los teólogos más respetados de su tiempo; se distinguió por su profunda fe y por su actitud conciliadora frente a las divisiones que la Reforma había provocado en su tierrra. Es el santo protector de periodistas y escritores.

