No hay el nombre de Fernando en mi familia íntima. Esto es atípico en una familia serrana en el Ecuador. Mi padre no escogió ese nombre para ninguno de sus hijos varones; esto, a pesar del número de hijos que tuvo y de que uno nació la víspera de un 30 de mayo, día de San Fernando. Tengo primos con ese nombre, tanto del lado de padre como del de madre, pero no hay vestigios de ese nombre entre mis antepasados. Quizá por ello, y como último recurso, papá terminó bautizando con ese nombre tan español a la menor de mis hermanas. No descarto que la iniciativa para hacerlo, haya sido más bien de la madre de esta última…
En la tradición española, si se dio un nombre fue porque estuvo en el santoral católico. San Fernando es el santo de los gobernantes y constructores; pero casi nadie, cuando pregunto, tiene idea de quién fue y por qué lo consagraron. Lo que me lleva a inferir qué hay más devoción por el nombre que por el invocado. Pero ese nombre, ha sido una constante en mi vida; para empezar, ha estado presente entre mis mejores amigos y buenos compañeros (era el nombre religioso de quien me preparó para la primera comunión). Ya casado, gané una cuñada a quien llaman Nena, aunque su nombre es María Fernanda, ella y su esposo repitieron el nombre en una hija a quien dieron por llamar Gordita (sin que haya sido realmente gorda). Esta Fernanda se casó con un Fernando y, a pesar de haber procreado tres mujeres, no repitieron el nombre. Pero este Fernando ya repite el nombre de su padre y, cosa curiosa, tiene una hermana que, aunque parezca insólito, también responde al mismo nombre...
Como digo, pocos saben quién mismo fue el primer santo con ese nombre. Intuyen que hubo uno porque es nombre muy común en la toponimia de pueblos y ciudades (tanto escrito con efe inicial como iniciado con hache). De hecho, la hagiografía de la Iglesia no contó con un santo con ese nombre hasta ya bien entrada la Edad Moderna. Era alguien que había nacido en los últimos días del siglo XII: Fernando III, rey de Castilla entre 1517 y 1552, y de León entre 1530 y 1552. Fernando III, llamado el Santo, fue un rey guerrero, pero también un gran conciliador; a él se debe la toma de buena parte del sur de la península ibérica, en el marco de la Reconquista de gran parte de al-Ándalus, que había caído en manos de los moros.
Santo seglar que "no conoció el vicio ni el ocio", Fernando III fue el más grande de los reyes de Castilla –lo dice Menéndez y Pelayo–. Nació en 1199, guerreó contra los musulmanes, que ocupaban gran parte de España, unió las coronas de Castilla y de León, y reconquistó los reinos de Úbeda, Córdoba, Murcia, Jaén, Cádiz y Sevilla. En sus dilatadas campañas, triunfó siempre en todas las batallas. No buscó su propia gloria ni el acrecentamiento de sus dominios. Para él el reino verdadero era únicamente el reino de Dios.
Murió, el 30 de mayo de 1252. Había reinado treinta y cinco años en Castilla y veinte en León, siendo “afortunado en la guerra, moderado en la paz, piadoso con Dios y liberal con los hombres”, como afirman sus cronistas. Su nombre significa "bravo en la paz". Guerrero, poeta y músico, compuso cantigas, alguna de ellas dedicada a nuestro Señor. Se destacó por su honestidad y por la pureza de sus costumbres.
Fernando III era hijo del Alfonso IX. Fue padre de Alfonso X el Sabio y primo hermano del rey San Luis de Francia. Fue un modelo como gobernante: buen creyente, padre y esposo. Emprendió la construcción de la Catedral de Burgos y de otras ciudades e inició la de Toledo, y fue fundador de la famosa Universidad de Salamanca. Fernando III protegió a las comunidades religiosas y se esforzó porque los soldados de su ejército recibieran instrucción en la fe. Instauró el castellano como idioma oficial de la nación y se esmeró para que en su corte se diera importancia a la música y al buen hablar literario. Murió joven, de hidropesía, tenía 52 años. Fue canonizado en 1671, siendo papa Clemente X, mientras reinaba en España Carlos II.
Devoto religioso y formidable combatiente, también fue un padre feraz: tuvo quince hijos, diez en su primer matrimonio y cinco en el siguiente. Repitió su nombre en dos de ellos y procreó dos hijas llamadas Leonor. El papa anuló su primer matrimonio por razones de consanguinidad. Al santo le piden fortaleza en las dificultades, sabiduría para ser justo en las decisiones, protección en el trabajo y paz en el hogar. Se le considera santo patrón de los gobernantes, de las causas difíciles y de los ingenieros. Por su historia como rey, guerrero y pacificador, los fieles acuden para solicitarle favores; habiendo sido líder militar, le piden ayuda para afrontar sus crisis y momentos difíciles. El nombre ha venido a significar "valeroso para obtener la paz". Como patrón de los ingenieros, estos le piden protección para sus obras y éxito en sus proyectos.

