08 mayo 2026

Un fortuito encuentro…

   Cuento escrito por Iván Toral Bocezi. Una colaboración para Itinerario Náutico.

Ese fue un día extraño. Marino había acompañado a su hermano a una reunión de trabajo en ese centro comercial. Mientras estacionaban, Marino observó una cara conocida en el auto que realizaba similar maniobra en el estacionamiento del subsuelo, ahí a su lado y en ese mismo momento. Parecía tratarse de la hermana de una novia que tuvo alguna vez en su juventud, a quien recién había visitado como invitado, en su casa, pues ahora era pareja de otro buen amigo. 

Entonces advirtió que había alguien más acompañando a su amiga en el asiento delantero. Parecía un familiar: ahí estaban los rasgos, la misma similar semblanza. Había ya bajado del auto cuando le pareció que al hacerlo su amiga, algo le susurraba como advirtiéndole quién era su acompañante. Percibió con recelo su probable identidad. Todos los ocupantes habían desembarcado mientras la desconocida daba la vuelta por detrás del otro vehículo. Fue cuando pudo confirmar que era ella… la chica que había sido su enamorada, con quien estuvo seguro que se casaría, y a quien no había vuelto a encontrar por más de 50 años…

Algo le hizo dudar; era la indiferencia exhibida por la imprevista pasajera que le hacía pensar que pudiera estar equivocado. Las damas vestían atuendo deportivo: iban al gimnasio. Marino optó por esperar, se identificó por su nombre completo… La mujer saludó con aire cordial, aunque sin entusiasmo. Luego de breves intercambios, Marino confirmó que ella no lo había reconocido… Parecía una broma del destino: había ocurrido un inesperado encuentro: volvían a toparse después de tanto tiempo… Había sido ella quien le había pedido que se “dieran un tiempo”. Luego, se habían separado mientras atravesaban una etapa de enfriamiento. Él habría de enterarse que ella había empezado a salir con otro pretendiente; y no tardaría en llegar a saber, para sorpresa suya y de los familiares de ambos lados, que ella había decidido casarse en un muy perentorio plazo… Aquello lo haría sentirse confundido y engañado...

Él recordaba que hubo momentos, anteriores a esa separación, en que se cuestionaba si ella era realmente “la mujer precisa”, la que le tenía reservado el destino, la que le haría feliz para toda la vida… Sentía que había en ella una contenida timidez, una sombra de inseguridad o, quizá, un débil sentido de afirmación que esperaba que ella superaría con el tiempo… No obstante, habiendo sucedido lo que pasó, él empezó a probar nuevas relaciones y optó por hacerse una promesa: que pasara lo que pasase jamás volvería a buscar a Francesca en los días de su vida. Poco después, ella enviudaría: su esposo habría de fallecer en el mismo accidente en que se encontraba una de las tías de Marino, había sido su tía más querida. 

Algún tiempo después, alguien había preguntado sin discreción a Marino si se había vuelto a encontrar alguna vez con Francesca, si ya la había olvidado o si sentía que todavía la quería. Marino ya se había casado y respondió en forma poco prudente (su mujer pudo haberle escuchado). Dijo que, aunque quizá ya la había olvidado, y a pesar de que se había propuesto no volver a buscarla, a veces le parecía que todavía “algo” sentía por ella; que la recordaba sin rencor, con una suerte de amistoso afecto… 

De vuelta al extraño encuentro… Pasaron un par minutos, ahí en el subsuelo, mientras ellos todavía intercambiaban impresiones y hacían triviales comentarios. De pronto, pareció que ella al fin se daba cuenta de quién era la persona que tenía a su lado... Lo había reconocido y ya no le importó actuar impulsivamente. Se acercó afectuosa y le dio un íntimo y prolongado abrazo. Ahora había en el gesto de Francesca una inusitada nota de ternura y de cariño, con un destello de arrepentida nostalgia… Era una suerte de reconocimiento. El destino se estaba encargando de ayudarles a clausurar un capítulo que no lo habían cerrado como hacen los amigos; y cuya conclusión habían postergado… Algo insólito pareció percibir Marino; y era que, de aquella tan unilateral e imprevista separación, no había sido él quien más habría perdido… 

Fue para él una sensación extraña, similar a la que se siente cuando alguien se acerca a darnos un pésame… Marino no reaccionó como siempre creyó que lo haría, o como siempre pensó que hubiera preferido hacerlo. Jamás se imaginó que ese amigable epílogo terminaría siendo tan distinto a lo que pudo haberse convertido en un gesto de frío desdén o de resentido desprecio…


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05 mayo 2026

Un piloto afortunado…

“Al principio rehuía hablar de récords, y de esas cosas… pero personas con las que traté, me enseñaron que los hitos importan, y que compartirlos ayuda a educar sobre lo que hacemos. Eso sirve de inspiración para quienes tienen que enfrentarse a sus propios desafíos”. Christina Koch, ingeniera electro-física, astronauta del Artemis II.

Yo jugaba de niño a los aviones (más bien a los viajes en avión), pero nunca imaginé que postergaría mi entrada a la universidad para viajar a Estados Unidos y convertirme en aviador. No era el tipo de hombre arredrado y valiente que la gente piensa que es necesario para hacerse piloto. Tampoco la temeridad o la aventura eran parte de mi ADN. Correcto sería decir que llegar a “avionista” –como se autodefine uno de mis buenos amigos– nunca fue parte de lo que otros llaman su “vocación profesional”.

Al principio lo tomé como algo temporal. Era lo lógico: no estaba seguro, hasta que ya empecé a ejercitarlo como una actividad laboral, si eso de ir de aquí para allá, volando por los aires, metido en un “aparato volador que imita al ave natural” (eso quiere decir avión) siquiera me gustaría. Pero la suerte estaba echada —alea jacta est—. Si me gustaban los aviones, en buena hora; si no, mucha pena. Pagaría el curso y volvería a tratar de ingresar a la universidad. Pero había algo más: no estaba seguro de si yo iba a resultar bueno (o, al menos, “aceptable”) para lo que había escogido. Eso, por desgracia, no depende de uno, son otros los que nos evalúan y califican, y no solo depende de nuestro eventual empeño o de ser un “buen estudiante”.

Fui a hacer el curso (solo me iba a tomar seis meses) cuando terminé el colegio. No había cumplido 18 años. Era, digámoslo de una vez, un chiquillo que pesaba 130 libras, un “culicagado”, habría de tomarme otros seis meses para que los capitanes del DC-3 (el primer avión que volé como copiloto), se empezaran a fijar en mí y me dieran uno que otro despegue. ¡Ni qué pensar un aterrizaje!… Era entonces el copiloto con menos experiencia; de modo que, la única manera de compensarlo era ganándome su confianza, exhibir buen trabajo y humildad, y tratar de aprender viendo cómo hacían los otros. 

Hubo algo que no dependía de mí: siempre fui un piloto con suerte. Y la suerte es no solo importante para el desarrollo profesional, es esencial para todo. Hay que estar, como dicen, “en el momento preciso y en el lugar adecuado”. Por lástima, nadie puede anticipar dónde y cuándo la fortuna nos estará esperando a la vuelta de la esquina… Hace falta prepararse, estar listo, para que ella no nos pille “con los pantalones abajo”. Bien dicen que la suerte es un tren qué pasa muy rápido, nunca se sabe si va a parar donde uno está esperando. Para ganarse la lotería hay que primero comprar el boleto… (yo nunca lo compré, siempre lo encontré por ahí tirado).

Me hicieron comandante muy temprano, tenía 19 años. Hubo gente que, al subirse al avión, tenía un gesto de reticencia, si no de desconfianza. Pero pasaba el tiempo y notaba que me preferían. Procuraba no tomarme riesgos y hacerles sentirse cómodos. Más tarde, cuando ya con más de 5.000 horas pasé a volar a Ecuatoriana, había acumulado tanta experiencia al mando que solo me tomó un par de años tener un puesto en el escalafón que me permitiera llegar a primer piloto. Fui un comandante joven, pero cumplía los requisitos: no era un “bisoño”. Pero, de nuevo, no hubiera llegado a conseguirlo si no hubiera sido un hombre con suerte, si no se me hubiese presentado la oportunidad en el momento adecuado…

Pasados otros 20 años probé suerte y me fui a volar en Asia; buscaba tal vez un mejor reconocimiento profesional y económico (empecé a pensar en cómo iba a financiar la universidad de mis hijos). Allí volé con varias aerolíneas, operé naves como el Airbus 340 o el Boeing 747-400. Llegué a completar 33.000 horas de vuelo, 30.000 al mando. Colaboré en funciones administrativas; fui responsable de seguridad aérea, instructor de vuelo y facilitador de Crew Resource Management, ello entrañaba realizar tareas no solo gratificantes sino de verdad apasionantes. Ser piloto me permitió conocer lugares inimaginables, estuve en más de 70 países.

En días pasados vi una nota en LinkedIn, era una lista de 30 ciudades. Decía que un 85% de personas solo habían estado en dos de ellas. Reconocí, con humildad, que había tenido la suerte de estar en 28. Asimismo, me llegó otra (pertenecía a un chat de aviación); incluía 50 aeropuertos diseminados por todo el mundo y preguntaba en cuántos de ellos habíamos aterrizado… Comprobé que, debido a mi afortunada exposición a diferentes zonas geográficas, había puesto un avión en tierra en 38 de esos aeropuertos. Lo testifica mi libro de vuelo; lo certifican las aerolíneas en las que volé y las distintas autoridades aeronáuticas. Pero todo eso, solo fue parte de mi trabajo: no tiene mérito; he sido un piloto afortunado. No lo cuento por pretensioso. Solo me resta agradecerle a Dios porque he estado ahí, en todos esos lugares, y hoy puedo contarlo...



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03 mayo 2026

Avance del Proyecto Sunrise *

  * En estos días un flamante (y enorme) Airbus A-350-1000 ULR ha efectuado su rodaje inaugural (roll-out) de la fábrica de Toulouse en Francia. Este es un verdadero hito en los vuelos de ultra larga distancia (más de 22 horas de vuelo). El avión, capaz de transportar 238 pasajeros en clases primera, ejecutiva y económica especial, está provisto de un tanque adicional de combustible ubicado en la parte posterior de la aeronave. Me permito, por su importancia y futura influencia en los viajes comerciales de extra larga distancia, traducir y reproducir un artículo escrito por Jean Carmela Lim para la revista aeronáutica AeroTime:

El primer A350 de Qantas para el Proyecto Sunrise sale del hangar de la fábrica de Airbus en Francia

El primer A350 de alcance ultra-largo de Qantas ha salido de la línea de montaje de Airbus en Toulouse, Francia, acercando así a la realidad el tan esperado Proyecto Sunrise (Amanecer) de la aerolínea. El avión, que lleva la matrícula o registro para pruebas F-WZNK, salió a la plataforma el 12 de abril de 2026, totalmente ensamblado con motores Rolls-Royce Trent XWB-97; así como con sus alas, fuselaje y tren de aterrizaje perfectamente instalados. Ahora se someterá a varios controles terrestres, seguidos por un programa de pruebas de vuelo de dos meses antes de su entrega definitiva a Qantas a fines de año.

Lo que el programa Sunrise significa para los pasajeros

Cuando se inicien las operaciones, Qantas ofrecerá vuelos sin escalas desde el Aeropuerto Internacional Kingsford Smith de Sydney (SYD) hacia el Aeropuerto de Londres-Heathrow (LHR) y hacia el Aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York (JFK), cubriendo casi 10.000 millas náuticas en aproximadamente 22 horas. La ruta directa reducirá hasta en cuatro horas la opción actual con paradas, y permitirá al transportista eludir las conexiones tradicionales de los centros de distribución de tráfico (hubs) de Oriente Medio en los servicios hacia Europa. Este rango extendido se obtiene gracias a la instalación de un tanque de combustible adicional de 20.000 litros (5.000 galones) instalado en la parte trasera de la aeronave.

Menos asientos, pero más espacio

El A350-1000 ULR de Qantas transportará únicamente 238 pasajeros, significativamente menos que los aproximadamente 350 asientos que se ofrecen en las configuraciones estándar del A350. Alrededor del 40% de la cabina estará dedicada a clases premium, incluyendo First, Business y Premium Economy. Las comodidades de abordo incluyen una cómoda zona diseñada para estimular el movimiento de los pasajeros durante los vuelos largos, con servicio de bocadillos y bebidas. La cabina contará con iluminación calibrada a los ritmos circadianos para combatir el jet lag, además de Wi-Fi de alta velocidad como cortesía.

Un tributo a la historia de la aviación

Qantas planea bautizar a cada uno de los doce A350 que ha ordenado, con nombres de distintas estrellas; un homenaje a las operaciones de los aviones anfibios Catalina del tiempo de la Segunda Guerra Mundial. Esos vuelos de interminable duración –en tiempos de guerra– entre Australia y Sri Lanka (entonces Ceilán), que permanecían en el aire el tiempo suficiente para que las tripulaciones presenciaran dos amaneceres, inspirando el nombre del Proyecto Sunrise casi un siglo después. Anunciado por primera vez en 2017, el proyecto enfrentó retrasos significativos debido a la pandemia de COVID-19 y a los desafíos de la cadena de suministros en Airbus. El lanzamiento en Toulouse marca un punto de inflexión después de años de contratiempos. Se espera que el nombre del primer avión de la flota se revele para mediados de 2026.


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01 mayo 2026

Una virgen trashumante

Es la madrugada del 7 de abril; medito en el programa espacial Artemis II, mientras hago mis profanas indagaciones respecto a su recorrido. Escribo esta nota (que cuando la publique, ya será el mes de mayo) a la par que reconozco el singular periplo que efectúan la nave Orión y su tripulación… Dejo mi mente divagar sobre todo lo que significa un viaje difícil de tan solo imaginar –y, desde luego, de una empresa científica y técnica tan extraordinaria de ejecutar–. Lo hago, mientras los afortunados integrantes de la tripulación asignada ya han iniciado su camino de retorno, tres o cuatro días antes de amerizar en algún ignoto y no siempre predecible lugar del más tranquilo de los mares, ese que fuera atravesado por primera vez, y hace ya medio milenio, por el paciente e intrépido Fernando de Magallanes: el Océano Pacífico.

Este día, los ocupantes de la nave ya han concluido su tan esperado día de “sightseeing” (turismo): son los primeros seres humanos que han podido mirar la cara oculta de nuestro satélite. Su viaje se había previsto y programado para que se inicie en una luna llena –la del primer día de abril, a eso de las 22:00 horas EST– y puedan estar de vuelta diez días más tarde. Han ido más lejos de la Tierra que ningún otro individuo; y se han alejado hasta más de 400 mil km de distancia, todo un inimaginable hito en la historia de estas sorprendentes e “inhumanas” hazañas (el Orión desafía nuestra imaginación: viaja a más de 4.000 km/hora, casi 50 mil km por día. Dos veces la velocidad que solía alcanzar el recordado Concorde, cuatro veces la del sonido).

Se ha dado ese nombre al programa (Artemis) en honor a la diosa griega Artemisa, hermana gemela del dios Apolo. Al ser también diosa de la Luna, ese nombre simboliza la continuidad del programa Apolo que llevó a los primeros humanos a la Luna. El suyo es el nombre de una virgen elusiva, siempre empecinada en cuidar su condición. Es como si ella efectuara una postergada peregrinación a su propio templo; y –para insistir en tan rara coincidencia– acompañada del héroe que la enamoró… El programa cumplirá el propósito de llevar a la primera mujer y a la primera persona de color a una órbita cercana a la superficie lunar. 

Por manera que, así como Apolo es el dios de nuestra estrella y su nombre permitió bautizar a las primeras misiones lunares (1969-1972), Artemis buscará constituirse en un relevo moderno, aportando al empeño de satisfacer una investigación que consiga una presencia duradera en la Luna. La elección del nombre supone un cambio de paradigma hacia una exploración de largo plazo, indagando las características del polo sur lunar, lugar inexplorado de nuestro satélite. El programa abarca tanto la misión de la nave Orión (que transporta a la tripulación) como el cohete Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS).  El objetivo final de estas misiones será el de preparar el camino para futuras exploraciones programadas para el planeta Marte.

Artemisa (Diana en la mitología romana) fue diosa de la caza, la naturaleza salvaje, la castidad y la Luna. Hija de Zeus, es conocida por su independencia y por su papel de protectora de las mujeres jóvenes, los partos y los animales. Había pedido a Zeus que le concediera la virginidad eterna, manteniendo su pureza y eludiendo el matrimonio. Como cazadora: porta un arco de plata con sus flechas, y va rodeada de ninfas o junto a ciervos y perros de caza. Se encarga de proteger la vida silvestre, los bosques, colinas y lugares apartados. Si bien es una diosa protectora, castiga con severidad a quienes han profanado la naturaleza. Fue famoso su lugar de adoración, el templo de Artemisa en Éfeso, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

Aunque se la considera “una diosa buena”, su origen y carácter suelen ser muy controvertidos, hay quienes creen que no es una diosa de fiar y cuestionan su naturaleza. Justo por ello, algunos autores afirman que, en lugar de ser una diosa protectora, es una plaga dañina para la naturaleza, los niños, las mujeres y los animales. Se dice que Orión, un cazador con cuerpo de gigante, probable hijo de Poseidón y reputado por su hermosura, habría sido el único hombre que había logrado enamorarla. Por eso, esos dos nombres, que han sido unidos en el programa espacial, tanto Artemisa como Orión, no estarían ahí por mera casualidad…

Orión es también la constelación más fácil de reconocer en el cielo nocturno, y no solo por encontrarse en el ecuador sideral (se la puede observar desde cualquier lugar en la Tierra). La representan con la apariencia de un guerrero con sus extremidades extendidas; siendo sus pies y manos cuatro de las estrellas más brillantes que hay en el firmamento (Saiph, Betelgeuse, Rigel y Bellatrix). Pero es gracias al “cinturón del guerrero”, otras tres diminutas estrellas ubicadas en línea, cuya proyección se orienta hacia el nordeste, y que son mejor conocidas como Las Tres Marías, que esta constelación es tan popular entre los observadores del cielo.


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28 abril 2026

La lectura después de Borges *

 * Escrito por Alberto Manguel para El País Semanal

En septiembre de 1952, en el número 83 de Les Temps Modernes, el crítico francés Etiemble publicó un artículo sobre Borges titulado Un homme à tuer. Para entonces, Borges había escrito algunas de sus obras más importantes —Ficciones, El Aleph, Inquisiciones y Otras Inquisiciones— y, según Etiemble, estos libros dejaban a todos los demás escritores con dos opciones: o bien revisar por completo su comprensión del acto literario, renunciando a las nociones recibidas de la historia universal y la teoría crítica tan asiduamente estudiadas desde el siglo XVIII, o bien abandonar la literatura por completo.

Después de Borges, después de textos como Pierre Menard, autor del Quijote, que sostiene que un libro cambia según las atribuciones del lector, o como Examen de la obra de Herbert Quain, que sugiere que un libro puede contener todos los demás, y La biblioteca de Babel, que, en su infinitud, ofrece un catálogo completo de todos los libros imaginables del pasado, el presente y el futuro; la literatura, tal y como se conocía hasta entonces, se había vuelto imposible. Etiemble insistía en que había que eliminar a Borges si queríamos seguir escribiendo. Toda su obra, la que ha significado que se consagrara como tal, revive ahora reeditada —en el 40 aniversario de su muerte— por Alfaguara en tres tomos: poesía, cuentos y ensayos.

Para utilizar el término atribuido a Pierre Menard, la obra visible de Borges puede parecer desalentadora (las citas, los nombres oscuros o ilustres, muchos de ellos apócrifos, los temas aparentemente insondables), pero su legado reside menos en su escritura erudita que en su enfoque afable de la literatura. Borges era, como solía decir, más lector que escritor, alguien que no solo narraba ficciones, sino que las transformaba a través de sus lecturas, alguien para quien el libre albedrío residía en utilizar la experiencia de las palabras para nombrar aquello que la experiencia no tiene palabras para nombrar. En una época en la que los medios electrónicos insisten en el valor de lo veloz por encima de lo profundo y del mensaje instantáneo por encima de la reflexión pausada, Borges nos recuerda que el arte de la lectura nos brinda una felicidad lenta, generosa e infinita, más allá de razones prácticas o teóricas.

Borges pensaba que nuestro deber moral es ser felices (poco antes de su muerte, añadió “y ser justos”) y, siguiendo su ejemplo, sus lectores se han sentido autorizados a dejarse guiar no por la obligación, sino por el placer de la lectura. Borges se impacientaba con las teorías literarias y culpaba a la literatura francesa en particular por concentrarse no en los libros, sino en las escuelas y los círculos literarios. Adolfo Bioy Casares, quizás la persona que mejor lo conocía, y cuyo diario, editado por Daniel Martino, es una obra imprescindible para entender a Borges, observó que su amigo “nunca cedió a las convenciones, las costumbres o la pereza”.

Borges renovó nuestra lengua. Desde el siglo XVII, los escritores de lengua castellana han dudado entre los polos lingüísticos del barroco de Góngora y la voz escueta de Quevedo. Entre estos dos extremos, Borges desarrolló un estilo barroco, de nuevos significados poéticos, y a la vez afilado y preciso. Casi todos los escritores en castellano de nuestro tiempo han reconocido su deuda con Borges, y su voz tuvo tal eco en los narradores jóvenes del siglo XX que Manuel Mujica Láinez compuso el siguiente cuarteto: A un joven escritor / Inútil es que te forjes / Idea de progresar / Porque aunque escribas la mar / Antes lo habrá escrito ya Borges.

En un famoso texto de 1952, Borges señaló: “Todo escritor crea sus propios precursores”. Con esta afirmación, adoptó un largo linaje de escritores que ahora parecen borgianos avant la lettre: Platón, Novalis, Kafka, Schopenhauer, Remy de Gourmont, Chesterton... Este enfoque generoso de la literatura tal vez explique su presencia en tantas obras diversas cuyo denominador común es Borges: la primera página de Les mots et les choses, de Michel Foucault; el bibliotecario ciego y criminal Jorge de Burgos en El nombre de la rosa de Umberto Eco; las últimas líneas de Una nueva refutación del tiempo, pronunciadas por la máquina moribunda en Alphaville, de Godard. Su memoria albergaba un número aparentemente infinito de libros, pero su biblioteca personal era pequeña y desconcertantemente ecléctica. No le gustaban Proust, Racine, Freud, Balzac, Lope de Vega, Stendhal, Goethe, Maupassant, Trollope, Lorca, y le complacía citar a Mark Twain: “Una buena manera de empezar una biblioteca es dejar fuera las obras de Jane Austen”.

La generosidad con la que Borges emparejaba inesperadamente personajes y autores (Kim y Don Segundo Sombra, Aristóteles y Nicholas Blake) se extendía a palabras, objetos e ideas. Le encantaban las combinaciones sorprendentes (a menudo citaba a Shakespeare: “un turco maligno y con turbante”) o los catálogos maravillosamente heterodoxos, como el que enumera las consecuencias de la importación de esclavos negros a América en Historia universal de la infamia. Su amigo el pintor surrealista Xul Solar, consciente del gusto de Borges por las combinaciones extrañas, le animó a experimentar con mezclas gastronómicas como el chocolate y la mostaza, para ver si “la cobardía y la costumbre” habían impedido a la sociedad descubrir combinaciones nuevas e interesantes.

“Por desgracia”, recordaba Borges, “nunca se nos ocurrió nada tan perfecto como, por ejemplo, el café con leche”. Los críticos de Borges, ya desde 1926, le acusaron de muchas cosas: de no ser argentino (“ser argentino”, había dicho Borges, “es un acto de fe”); de sugerir, como Oscar Wilde, que todo arte es inútil; de ser demasiado aficionado a la metafísica y a lo fantástico; de preferir una teoría interesante a la verdad de los hechos; de juzgar ideas filosóficas y religiosas por su valor estético; de no comprometerse políticamente, a pesar de su firme postura contra el peronismo y el fascismo. Desestimó estas críticas como meros ataques a sus opiniones (“el aspecto menos importante de un escritor”) y a la política (“la más miserable de las actividades humanas”).

Su preocupación era la literatura, y ningún escritor en estos últimos siglos fue tan importante como él a la hora de cambiar nuestra relación con la literatura. Quizás otros escritores fueron más aventureros, y sin duda hubo quienes documentaron con más fuerza que él nuestras miserias psicológicas y nuestros ritos sociales. Borges intentó poco o nada de todo eso. En cambio, a lo largo de su vida, dibujó mapas para que pudiéramos leer el mundo de otra manera, especialmente en el ámbito de su género literario favorito, el fantástico, que para él incluía la religión, la filosofía y las matemáticas. Hay escritores que intentan plasmar el mundo en un libro. Hay otros, más raros, para quienes el mundo es un libro, un libro que intentan leer para sí mismos y para los demás. Borges era uno de estos escritores. Confiaba en la palabra escrita, en toda su fragilidad, y con su ejemplo nos concedió a nosotros, sus lectores, el acceso a esa biblioteca infinita que otros llaman el Universo.


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24 abril 2026

Fuegos fatuos

Fatuo es un adjetivo muy feo, tanto que a veces terminamos convirtiéndolo en sustantivo… Siempre me pareció esa una palabra despreciativa; por ello, y aunque me tilden de vanidoso, siempre procuré que no se me asocie con la fatuidad, que implica carecer de enjundia, ser huero o vacío. Si alguna vez hubiera escuchado decir que alguien creía que yo era un hombre fatuo, lo hubiera considerado un insulto. La verdad sé que lo parezco. Cuando fui muchacho, alguien ya me dijo que le parecía ser “innecesariamente detalloso”. Lo más probable es que tuviera razón, pues la única otra probabilidad sería la de que yo, sin proponérmelo, adoptara esa máscara par esconder mis propias, inseguridades, carencias y limitaciones…

Pero ser vanidoso o demasiado preocupado por la propia imagen, sentirse “en exceso satisfecho de uno mismo” o provocar esa impresión, no es totalmente malo ni significa ser fatuo, es decir carente de sustento. Una cosa es dar atención al detalle; y otra, muy diferente, aparentar algo que no se es, proyectar la falsa impostura de un personaje irreal, engañarse a sí mismo. Se puede engañar a veces a unos pocos, pero no se puede mentir a todo el mundo todo el tiempo. No es solo cuestión de apariencia sino de auténtico sustento. Dice el DLE que fatuo es un adjetivo que significa “lleno de una presunción o de una vanidad ridícula y sin fundamento”. Sus principales sinónimos son petulante, vanidoso, presuntuoso, necio y engreído.

El término fatuo en la Biblia, se refiere a una persona insensata, necia, e incluso perversa, implicando falta de entendimiento espiritual y moral. Se lo utiliza como un denuesto que denota desprecio hacia otra persona, es equiparable a llamarlo impío o ruin, lo cual conlleva consecuencias espirituales. La palabra proviene del latín fatuus (necio) e implica estar lleno de presunción, vanidad ridícula o ser falto de razón. Menciona, por ejemplo, el episodio de las vírgenes "fatuas" (imprudentes) que no estaban preparadas. En resumen, fatuo no solo quiere decir "tonto", sino alguien cuya conducta es insensata ante los ojos de Dios.

Hoy no quiero referirme a la fatuidad, ni propia ni ajena. He pensado en otro tipo de condición, una que está en ciertos lugares de la naturaleza. Tiene la apariencia de un fuego inestable o caprichoso, asoma sobre los pantanos, bosques húmedos o cementerios. Da la impresión de ser una llama flotante, como si fuera un fantasma; parece estar, de pronto se desplaza, o desaparece, y luego ya no está. Unos la llaman luz tonta o fatua, otros Fuego de San Telmo o fuegos fatuos. Consisten, estos, en escapes de gas que se auto inflaman al contacto con el aire dependiendo de condiciones de temperatura, concentración o humedad. Aunque comparten similar raíz etimológica, "fatuo" (engreído) y el fenómeno físico, tienen orígenes distintos.

El fuego fatuo (ignis fatuus) es un fenómeno consistente en llamas frías de color azul o verde que flotan a poca altura sobre el suelo, es causado por la oxidación y combustión espontánea de gases como el metano y la fosfina, derivados de la descomposición de materia orgánica en pantanos y cementerios. Su apariencia es la de luces erráticas de los colores mencionados, que a menudo son descritas como "esferas flotantes", pues parecen moverse por sí solas, sin producir calor. Los fuegos fatuos a menudo han dado origen a creencias y leyendas en la cultura popular, hay quienes les atribuyen un origen sobrenatural, se las identifica con almas en pena o espíritus que engañan a los viajeros para seducirlos o desorientarlos.

La expresión "fuego fatuo" se utiliza para describir una esperanza inalcanzable, algo difícil de conseguir. En literatura, puede tener un significado metafórico, describe un anhelo que guía pero que es imposible de alcanzar, algo siniestro y desconcertante. La experiencia enseña que esas “luces malas” no se pueden tocar, la gente descubre que las llamas se retiran cuando uno intenta acercarse. Al buscar diferencias entre tonto y fatuo, encuentro lo siguiente: “El necio es siempre ridículo, merece el desprecio; el fatuo, cansa y disgusta. El impertinente ofende, irrita y desespera. Al fatuo le satisface su extravagancia y su vanagloria”.

Pero hay fuegos que nunca son fatuos. Nada hay tan dañino, y que cause más pavor, que el fuego “de a de veras”. Yo mismo provoqué, si querer, un dantesco y voraz incendio en los días de mi niñez. Todo ocurrió en una apacible y despejada noche de agosto, en un desván que daba acceso a la azotea de mi casa… Todo fue “sin intención”. Lo mismo parecen, en nuestros días, los fuegos fatuos, engañabobos o volátiles estrategias (tanto bélicas como comerciales) del Sr. Trump que han llevado a Wall Street a inventar un sugestivo acrónimo: TACO, por sus siglas en inglés (Trump Always Chickens Out); o, si se prefiere, TSSA en español: Trump Siempre se Arredra (o Arrepiente). No uso otro término por su tono malsonante…


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21 abril 2026

El ojo de la cerradura

La imagen es sorprendente, está tomada en Roma a través del ojo de la cerradura de la puerta de la Orden de los Caballeros de Malta, vale decir desde la iglesia de San Luis de Francia, como quien mira hacia el Vaticano. Es un perfecto claroscuro: la vegetación, que ayuda a definir el contraste, asoma como un marco negro e irregular que solo deja ver la cúpula de San Pedro. La portentosa toma sirve de inspiración para que Juan José Millás, quien escribe para un periódico español, haga una de esas surrealistas reflexiones que él acostumbra. Ha intitulado su corto artículo con una breve frase indagatoria: “¿Qué ocurrió allí?”

Como es mi costumbre, antes de leer su visión –la que el autor quiere interpretar– me he dado un rápido momento para tratar de imaginar lo que esa insólita fantasía, que suele caracterizar a la prodigiosa mente de Millás, pudiera insinuar para luego sorprendernos con alguna reflexión referente a tan enigmática toma. Barrunto que quizá quiera proponernos la dialéctica entre luz y oscuridad, entre poder y naturaleza, entre tradición y oportunidad, entre estructura y conflicto… Nada de ello ocurre, sin embargo, Millás parece querernos conducir hacia el terreno freudiano del auto-examen y la culpa, a ese donde nos gobiernan los callados resquemores de la angustia, los del arrepentimiento: los demonios interiores del subconsciente…

Dejemos que él mismo explique el asombroso contraste. Permitamos que él mismo no dé su apreciación. Dejemos que declare y, a lo mejor, logremos que confiese… Así, explica él su personal idea del ojo de la cerradura, con la que asocia su particular exégesis: “Una de las primeras manifestaciones de ese mundo fue el pedazo de la habitación de los padres facilitado por ese ojo. Ni siquiera era preciso que ellos se hallaran dentro, y en actitud amatoria, para que el paisaje íntimo al que éramos capaces de acceder nos pareciera extraño. Un mundo extraño: eso eran aquella cama doble y aquel armario dotado de un espejo. Resultaba sobrecogedor el lugar en el que dormían mamá y papá. Allí se concibió lo inconcebible: nosotros. Todo lo que somos empezó a fraguarse en medio de un paisaje accesible a través del ojo de la cerradura”.

Y sigue: “Veíamos sin entender, algo quedaba grabado en una zona blanda de la conciencia. Aquella alcoba no era solo una estancia: era una hipótesis. Allí se había producido el hecho improbable de nuestra existencia, y eso convertía la cama en un artefacto narrativo, en una máquina de fabricar biografías. Con el tiempo comprendimos que ese ojo no servía tanto para espiar como para ensayar la idea de una frontera. De este lado estaba el niño; del otro, el mundo adulto, compacto, insondable, organizado en cajones que no debían abrirse. La cerradura enseñaba que el relato depende del punto de vista y de la cantidad de luz disponible.”

Yo no tuve que bregar con esa inaudita curiosidad: averiguar qué hacían mis padres. Las puertas de las casas en que viví no tenían ese orificio (después de 1950, se usaban llaves pequeñas), ya no había esa aparente invitación al fisgoneo. Tampoco las puertas se cerraban; era nuestra casa, la de toda la familia; no teníamos porqué dividirla, poner diques ni barreras (tampoco tuvimos que limitar, cuando ya estuvimos casados, el libre acceso a nuestros hijos). Poner el ojo ahí, en ese otro ojo, hubiese sido un gesto obsceno, indelicada curiosidad, cuando no una morbosa fuente de cotilleo… Usarlo, se hubiera constituido en una terrible falta de confianza, en una fea indiscreción. Podemos decir que entonces ya no hubo cerraduras con ojo, con la tentación de husmear en algo que pudo parecer impuro. Es más: salvo para propósitos de exhortar al silencio o afán de no perturbar, nunca nos hizo falta mantener las puertas cerradas. 

Vengo de un mundo carente de bocallaves (ese es su nombre técnico). Para cuando fui niño, estas cerraduras con ojo ya habían –en la práctica– desaparecido. Las cerraduras ya no disponían de ese orificio. Todas, con excepción de las pertenecientes a las de la puerta de calle, habían prescindido de ese ojo. Se construyeron para ser operadas por las llaves que hoy conocemos (más livianas y pequeñas); estas no excedían de 4 o 5 cm, y su grosor era similar al de una moneda corriente. Si alguna vez utilizamos uno de la puerta de entrada, para ver, solo fue para asegurarnos de que ya habían escuchado nuestro llamado y que venían a abrirnos…

En el Génesis, hay una historia relacionada. Cuenta que Noé, el patriarca del Diluvio, se había embriagado y quedado dormido. Cam, el menor de sus hijos, habría “descubierto su desnudez” y habría ido a contárselo a sus hermanos (descubrir la desnudez implicaría una conducta inapropiada o aprovecharse de la situación). Al enterarse sus hermanos, Sem y Jafet, habrían tomado una manta y caminado de espaldas para cubrir las vergüenzas de su padre. Noé maldijo a Cam diciendo: «¡Maldito sea Canaán! (el hijo de Cam). Sus descendientes serán esclavos de los descendientes de sus hermanos». Esto marcaría para siempre el destino de los cananeos. 


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19 abril 2026

Anatomía del esperpento

Empiezo por reproducir en su integridad un artículo de Paul Krugman, respecto al verdadero resultado de la guerra con Irán que el señor Trump provocó. Fue escrito la misma semana en que el presidente americano había amenazado con hacer desaparecer a esa nación, y su civilización, de la faz de la Tierra. Trump suele hablar sin ambages, sin merodeos o circunloquios, pero además y por lástima, sin clase, sin elegancia y sin escrúpulos. En su relato abundan siempre las contradicciones y las hipérboles. En ese discurso lleno de evidentes exageraciones no es extraño el feo vicio de la bravuconada: el desplante, la bravata, la grosera amenaza proferida con arrogancia con el solo propósito de intimidar.

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Ignorancia e ignominia

Nuestra humillación en Ormuz no fue casualidad. Escrito por Paul Krugman, 9 de abril de 2026.

Así que la mayor potencia militar del mundo fue a la guerra con una pobre teocracia medievalista. Fue un partido increíblemente desigual. Estos son los PIB de Irán y Estados Unidos en 2024: Irán - 0,48 US$ trillones; Estados Unidos - 28,75 US$ trillones. Sin embargo, Irán ganó. El régimen iraní ha surgido mucho más fuerte de lo que era antes, controlando el Estrecho de Ormuz y habiendo demostrado su capacidad para infligir daños tanto a sus vecinos como a la economía mundial. Estados Unidos ha salido mucho más débil, habiendo demostrado las limitaciones de su tecnología militar, su ineptitud estratégica y, cuando se trata de empujar, su cobardía.

También hemos destruido nuestra credibilidad moral: Trump puede haber hecho TACO en el último minuto, pero amenazó con cometer gigantescos crímenes de guerra, y para todos los propósitos prácticos nuestras instituciones políticas y civiles le dieron permiso para hacerlo. ¿Cómo sucedió esto? Naturalmente, el ministro de Guerra iraní lo atribuyó a la intervención divina, declarando que Dios merece toda la gloria. Su nación, dijo, luchó con la protección de la providencia divina". Un esfuerzo masivo con protección milagrosa. Bueno, los teócratas van a teocratizar.

Pero mentí. Esa no fue una cita de un funcionario iraní. Es lo que dijo Pete Hegseth, nuestro autoproclamado secretario de Guerra, mientras afirmaba que una de las peores derrotas estratégicas en la historia de Estados Unidos fue una gran victoria. Habrá muchos análisis por parte de expertos militares y estratégicos de la debacle de Irán. Pero no perdamos de vista el panorama general: fuimos llevados al desastre por la ignorancia jactanciosa de hombres como Trump y Hegseth, la ignorancia empeorada aún más por las afirmaciones de que Dios apoya lo que quieran hacer. Con hombres como ese dirigiendo Estados Unidos, los grandes desastres eran solo cuestión de tiempo. Me gustaría pensar que han sido castigados por esta debacle, que han aprendido algo. Pero no me lo creo ni por un minuto. Que Dios nos ayude. 

(Hasta aquí el artículo de Krugman).

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Ahora continúo: El 30 de septiembre de 2024, el New York Times publicó un editorial que decía: “Es difícil imaginar un candidato más indigno que Donald Trump para la presidencia de Estados Unidos. Ha mostrado ser moralmente inepto para un cargo que exige a quien lo ocupa anteponer el bien de la nación a sus propios intereses. Ha demostrado ser temperamentalmente incapaz para una tarea que requiere precisamente las cualidades –sabiduría, honestidad, empatía, valentía, moderación, humildad y disciplina– de las que más carece”. Un año y medio después siguen siendo palabras muy precisas y acertadas. Es justo uno de los artículos que Trump cita en su demanda de difamación y libelo, de 15.000 millones de dólares contra ese diario… (el libelo consiste en publicar algo a sabiendas de que aquello es falso, algo que es muy difícil de probar, pues hay que primero demostrar que hubo malicia).

Pensar que todo empezó con Gaza y con los caprichos de un trasnochado, un fanático que entendió al revés las lecciones que su pueblo recibió de la Historia. Y porque –vale recordarlo– no se supo (el Mundo no supo) parar una matanza, una masacre, un genocidio, un exterminio propiciado e iniciado por los mismos que una vez fueron las víctimas. Así que, seamos coherentes, no lo olvidemos. ¿Qué sarcasmo, no? ¡Qué ironías que tiene la Historia!


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16 abril 2026

Silvio y su ‘flamante’ Kalashnikov

¿A quién defienden el cantautor Silvio Rodríguez y un puñado de nostálgicos cubanos?, ¿realmente a Cuba o a esa impostura, la de su fracasada revolución? Yo tenía solo siete años (tercero de primaria) cuando un primero de enero Fidel Castro había derrotado a ese recursivo ex-sargento llamado Fulgencio Batista y lo había sustituido. Con el tiempo sabríamos que una dictadura simplemente había sido reemplazada por otra, que una élite había dado paso a otra nueva, solo que más obcecada y cínica… Si el pretexto había sido redimir a un pueblo hambriento, hoy este –todavía hambriento y desesperanzado– se habría acostumbrado a vivir junto a su propia basura.

Todo empezó en esa isla, alguna vez llamada Juana, un 26 de julio de 1953, con el asalto al cuartel Moncada. Cinco años más tarde todo se convalidaría con el derrocamiento de Rubén Zaldívar, mejor conocido como Fulgencio Batista, en la noche vieja del 58. Pocos imaginaban que, pasados unos meses, el alto, atractivo y locuaz guerrillero declararía que Cuba pasaba a constituirse en un Estado socialista y, claro, y ante todo: “soberano”. Desde entonces, la asignatura Historia de Cuba formaría parte del pénsum que se imparte en las escuelas mediante el cual se estudian las cuatro etapas de su existencia: Sociedad comunitaria aborigen, Explotación colonial, Dependencia neocolonial y Soberanía y socialismo (hoy: Soberanía y hambruna)...

Si bien lo pensamos, las mismas causas que justificaron un día la tan promocionada Revolución, hoy serían suficientes para arrojarla desde el balcón al tacho de basura de la Historia… A pesar de ello, un compungido Silvio Rodríguez pedía el otro día a su gobierno un fusil para defender la fallida entelequia, mientras el presidente Díaz-Canel decía, con voz estentórea y casi al mismo tiempo: “Cualquier agresor externo chocará en Cuba con una resistencia inexpugnable”. Lo último no solo es testimonio de ‘inexpugnable’ necedad sino, ante todo, de absurda y contradictoria candidez. En fin, ¿qué se puede esperar, si tanto él como todos sus adláteres están a la espera desesperada de un cambio de actitud del gobierno norteamericano, no para salvar la desesperada condición de su pueblo, sino para seguir disfrutando, aunque sea a fugaces lengüetazos, de las mieles del poder?

La imagen del cantante defendiendo Cuba, fusil en ristre, es no solo una actitud trasnochada. Es, ante todo, la de quien no quiere reconocer el definitivo fracaso de su utópica e insulsa revolución. Significa que lo único que se quiere defender es que sigan las cosas como están (mientras la inercia dice que, si un rumbo va a tomar la situación, es que de aquí en adelante todo irá para peor). El pueblo estará cada vez más hastiado y desengañado. Y eso solo significará que ya no hay arreglo ni compostura posible, que ya no hay cómo volver a empezar. Además, para el imaginario colectivo el cantautor ha dejado de ser un emblema de resistencia para convertirse en oscuro representante de un régimen inepto y oprobioso.

“En mis canciones hay politización, pero no propaganda”, ha dicho Rodríguez en una entrevista posterior, en ella reconoce que la Kalashnikov que le han dado es pura imitación, es decir “de mentira”. ¡Qué ironía: un fusil de mentira para defender una revolución de mentira!… Y no solo que la suya sí es propaganda —diría yo— sino que lo es de la peor: de aquella obsecuente, interesada y sumisa. No puedo dejar de pensar que su propósito vital y motivación no han de ser sino eso: pura mentira. Si “la imagen improbable del ‘trovador’, a sus 79 años, esperando en el Malecón, fusil de asalto en mano, el desembarco de los marines de Donald Trump es el final más triste del sueño revolucionario”, como dice un reciente artículo, ¿qué podremos decir de un viejo apostado junto al mismo barandal, convencido de que todo es solo culpa del maldito asedio (el bloqueo norteamericano), portando un arma nueva y reluciente, pero de mentira?

Y así ha aparecido en la foto oficial: Silvio Rodríguez recibiendo el rifle automático de manos del ministro y miembro del Buró Político del Partido Comunista Cubano, con la presencia del presidente Díaz-Canel actuando como testigo de honor. El fusil automático Kalashnikov, hoy AKM –si modernizado–, fue desarrollado por el ejército soviético. La URSS fue por un tiempo el principal benefactor de la isla, proporcionándole ayuda masiva durante tres décadas (1960-1990), incluyendo envío constante de petróleo, maquinaria, armamento pesado, tecnología y ayudando al Gobierno con la compra de azúcar a precios preferenciales. Cuba sufrió el duro impacto de la caída de la URSS en 1992.

Al igual que lo que también ha estado pasando en Venezuela, debemos convencernos de que esta dictadura —como cualquier dictadura— debe terminar, que solo vale la democracia, que no hay otra forma de reconciliación y bienestar colectivo posibles, a menos que se ponga en vigencia un régimen que no favorezca a ciertos grupos de fanáticos ya conocidos; ni privilegie, tampoco, a quienes han abusado, por casi setenta años, tanto de la confianza de la gente como del poder político. Para tanto exilado, es hora ya de volver. No solo de regresar a su tierra, sino de volver a mirar adelante. ¡Va siendo hora de volver a empezar!


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14 abril 2026

Conócete a ti mismo

Un día, estando en Atenas, me propuse hacer una excursión a Meteora; esta incluía una visita a las ruinas del templo de Apolo en Delfos. Es el mismo lugar, avecinado al monte Parnaso, al que acudían los griegos para consultar al oráculo su fortuna. Tal vez no haya otro lugar en el mundo que haya sido construido y reconstruido tantas veces. Al final, luego de varias reedificaciones, Teodosio ordenó derrocarlo en 930 “en nombre de la cristiandad”. Las ruinas que conocí eran escombros que habían sido reubicados en 1938. Ahí, en el ‘pronaos’ del templo, cuentan que estaba esculpida una sentencia que ha acompañado a nuestra cultura desde los albores de su existencia: “Conócete a ti mismo. Atribuida a los llamados “siete sabios de Grecia”, esta será siempre una invitación a la moderación y el autoconocimiento. 

Su invención se atribuye, sin embargo, a varios de los filósofos presocráticos, que preferían abstenerse de hablar de ética y política, y optaron, por teorizar sobre el origen del Universo. El que sigue es un sumario resumen de sus biografías:

Heráclito de Éfeso (535 a.C. a 480 a.C.). Su vida y filosofía nos llegó a través de Diógenes Laercio. De familia noble y ermitaño; su obra es aforística. Conocido como “El oscuro o El enigmático. Su filosofía tiene un tinte oracular y paradójico; propone que todo cambia y todo fluye (Nadie se baña dos veces en el mismo río). Postula que todo se rige por el logos, vocablo con triple sentido (palabra, razón y discurso). Influyó en Platón y en Occidente. Sufría de hidropesía, la trató untándose estiércol y cuentan que murió devorado por unos perros…

Tales de Mileto (624 a.C. a 546 a.C.) Filósofo, matemático, geómetra y legislador griego. Considerado como uno de los siete sabios griegos; maestro de Anaximandro, propuso un Universo sin mitologías. Tales es el iniciador de la especulación científica y del pensamiento deductivo. Quizá de origen fenicio, pudo haber estado en Egipto. Platón cuenta, por boca de Sócrates, que distraído mirando las estrellas, cayó en un pozo. Escribió sobre solsticios y equinoccios. Buscaba siempre una explicación racional; se le atribuye el paso del mito hacia el logos. Aristóteles hizo referencia a sus creencias. Es considerado el primer verdadero filósofo de Occidente.

Pitágoras de Samos (570 a.C. a 490 a.C.). Fue un ascético; a su muerte fue venerado como santo. Fue filósofo y polímata, sus ideas y teorías se propagaron en la Magna Grecia e influenciaron en Occidente a través de Platón y Aristóteles. Vivió hasta los 80 años y estuvo envuelto en una bruma de leyenda. Fundó una escuela ético-política a sus 40 años, los iniciados hacían juramento y vivían como ascetas. Contribuyó al desarrollo matemático y al fortalecimiento del raciocinio filosófico. Se le atribuye, a más de su conocido teorema, la idea de la esfericidad de la Tierra, la teoría de las proporciones y la identidad de varias estrellas. Fue el primero en considerarse filósofo (amante de la filosofía). Influyó en Copérnico, Kepler y Newton. Alumno de Tales y Anaximandro; pudo haber ido a Fenicia, Egipto, Arabia, Babilonia y llegado a la India. Fue uno de los primeros en advertir que el lucero del alba era el mismo que el del atardecer.

Solón de Atenas (638 a.C. a 558 a.C.). Escritor, político, estadista y legislador ateniense; uno de los siete sabios de Grecia. Gobernó en un momento crítico producido por excesiva acumulación de riqueza en manos de pocos (¿suena familiar?); es famosa su constitución de 594 a.C que instauró profundas reformas para aliviar la condición de los pobres esclavizados por sus ingentes deudas. Procuró desvincular la acumulación del poder en base al linaje. Fue protagonista en la guerra entre Atenas y Megara que concluyó con la recuperación de Salamina. Sus posturas propendían la búsqueda del justo medio y la aplicación de la mesura. Dejó Atenas por diez años y regresó para ser elegido arconte y árbitro con poderes extraordinarios. La justicia, para Solón, debía respetar la libertad individual en arreglo con la paz común.

Sócrates (470 a 399 a.C). Era pequeño, de ojos saltones, nariz respingona y vientre prominente. Es uno de los más grandes representantes de la filosofía occidental. Fue maestro de Platón (el de las anchas espaldas), quien, a su vez, lo sería del estagirita (Aristóteles). No hay evidencia de que hubiera escrito nada; de su pensamiento se sabe por tres fuentes: los diálogos de Platón; las obras de Aristófanes y las de Jenofonte. Aunque patriota y profundamente religioso, fue acusado en su vejez de corromper a la juventud, alejándola de la democracia: fue condenado a beber cicuta.

Sócrates hizo de la filosofía una ciencia estructurada, un proyecto unificado. Su principal contribución fue el método dialéctico: verdadero arte de indagar. Hijo de un picapedrero y una comadrona, vivió en la parte final del siglo V a.C., la etapa más espléndida de la historia de Atenas; aprendió dialéctica y retórica de los sofistas, discípulo de Arquelao que lo introdujo a la física y a la moral. Se casó con una noble que, según cuentan, lo trataba muy mal… Era humilde y austero, llevó siempre la misma capa. Se distinguió por su agudeza y facilidad de palabra. A ello contribuyó con su fina ironía.


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10 abril 2026

Ser buena gente *

  * Escrito por José Luis Sastre para El País

Los ingenuos. Los frágiles. Las almas cándidas. Esos a los que llaman flojos y tibios y buenistas y cosas peores. Los que no gritan. Los que escuchan. Los que se ponen en la piel de otros, a los que no conocen. Los que cuidan y preguntan qué tal estás con una curiosidad sincera. Los honestos que van de frente y sin doblez. Los que se revuelven aunque les critiquen, porque siempre critican. Los que hacen aquello que creen que tienen que hacer.

Los que dudan y, en cambio, tienen clara la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Los que hacen preguntas pero no son equidistantes: los que se hacen preguntas para no ser equidistantes. Los que podrían dormir tranquilos y, sin embargo, se desvelan. Los que sufren y conviven con un malestar que no es por ellos, o no es solo por ellos, sino que es también por los demás. Los que se atreven a decir no estoy bien y algo me pasa. Los que se inquietan por la deriva del mundo. Los que saben dónde está la injusticia, y se rebelan.

Los que discuten que siempre gane el más fuerte y el que más se aproveche. Los que piensan que sirven de algo sus pequeños gestos, sus gestos minúsculos que no importan a nadie, y construyen a su alrededor un lugar pequeño pero seguro, un refugio sin algoritmos. Los discretos. Los que bailan. Los que se ríen. Los que no pasan los días enfadados, ahogados por la bilis de sus reproches. Los que se dan cuenta de sus rencores y saben qué hacer con la rabia. Los que conocen su sitio y desde qué altura han de mirar a los demás.

Los que tratan de cambiar algo por mucho que asuman que el mundo más global lo dominan en realidad muy pocas manos. Los que confían en la condición humana y se acuerdan de que, incluso tras el espanto de la Segunda Guerra Mundial, Camus escribió de la solidaridad entre los hombres y se congratuló de quienes cumplieron con su deber, más allá de su ideología. Los que tienden la mano. Los que no lo dan todo por perdido porque distinguen el realismo de la resignación.

Los que oyen el griterío y piensan que aun así vale la pena. Los que recuerdan, ahora más que nunca, que la alegría se ha vuelto revolucionaria, aunque no llegue a serlo tanto como otro principio sencillo y universal: tratar de ser buena gente.

Nota del editor:

Ser “buena gente” está muchas veces en los actos cotidianos de la vida, en aquellos que parecería que nunca valoramos ni damos atención, en aquellos que parecen insignificantes. Hay belleza cuando percibimos el esmero de los demás, la bondad, compasión y ternura ajenas... Esas “buenas gentes” están mencionadas en el Cap. 5 de Mateo (las ‘bienaventuranzas’); a ellas se refiere el Maestro cuando habla de los mansos; de los misericordiosos; de los limpios de corazón... Ellos verán a Dios y alcanzarán su recompensa; ellos saben que, cómo dijo Víctor Hugo, “El bien que haces habla de ti pero la ingratitud del otro solo habla de él"... 

En La cifra, libro de poemas de J.L. Borges, hay uno al que intituló Los Justos, y que lo reproduzco más abajo, este es una apología de esos hombres humildes a quienes casi nunca regresamos a ver pero que son los que de verdad nos entregan razones para la esperanza, son los que nos reconcilian con los demás y con la vida... 

Los justos

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire / El que agradece que en la tierra haya música / El que descubre con placer una etimología / Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez / El ceramista que premedita un color y una forma / El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada / Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto / El que acaricia a un animal dormido / El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho / El que agradece que en la tierra haya Stevenson / El que prefiere que los otros tengan razón / Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


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07 abril 2026

Reduciendo costos…

Iba a llamar a esta entrada “Ahorros de cocinera” pero a tiempo he caído en cuenta de que ese sería un gesto de desdén, si no de desprecio, hacia una mujer servicial y su honrado oficio. Una persona que, a más de ofrecernos su abnegación y empeño, combinando los sabores al preparar nuestros alimentos, lo hace otorgando beneficio a nuestra economía. Además, con ello descuidaría lo que hoy llaman “lenguaje inclusivo” (nadie dice “ahorros de cocinero”).

En la vida ordinaria aquello de reducir costos puede ser un ejercicio de prudencia y hasta de sabiduría –si no caemos en la avaricia, no se diga en la mezquina cicatería–. Evitar gastos superfluos es, si no tenemos mejores ingresos, la única coherente alternativa. Siempre es buena la generosidad, si no caemos en el gesto bobalicón del desprendimiento que no alcanzamos a sustentar, en la magnanimidad que se convierte en desatino o en la indulgencia que cae en la excesiva liberalidad y la improductiva complacencia. La benevolencia es una virtud que debe apuntar a satisfacer el bienestar ajeno pero  sin descuidar un sentido básico de reciprocidad. La generosidad es digna de encomio mas nunca debe pasar por ingenua candidez.

Reducir costos, sin embargo, en empresas, actividades o emprendimientos, en los que parte de la ecuación es la seguridad, sería no solo un despropósito sino, a más de criminal, una segura receta para el desastre. En aviación, particularmente, el afán de reducir costos por el solo deseo de buscar eficiencia, descuidando la seguridad, resulta no solo absurdo sino contradictorio y contraproducente. La cicatería se convierte en avaricia y ésta pronto se transforma en irreflexivo empeño por tomar innecesarios riesgos, empujado por el insensato designio de ahorrar por ahorrar. Ello no solo afecta a los parámetros de la seguridad aérea, sufre también el reconocimiento de quienes colaboran, se lastima la búsqueda institucional por la excelencia, se afecta y resquebraja el espíritu colectivo y, con él, el encomiable sentido de pertenencia y el buen clima laboral.

Pienso en todo esto cuando reviso las “medidas” y recaudos –propios de un pordiosero– que produjeron  el lamentable accidente de Jeju Air en un aeropuerto de Corea del Sur a fines de 2024. El obcecado deseo (un claro impulso angurriento) de reducir costos y aceptar imponderables riesgos, llevó a las autoridades a no consultar a los entendidos, a no buscar opiniones y dejarse asesorar para así evitar una estúpida tragedia. El Ministerio de Tierra, Infraestructura y Transporte, MOT por sus siglas en inglés, había tenido “la buena iniciativa” de construir absurdos terraplenes de concreto como una forma de “protección”, al final de las pistas con uso unidireccional en varios aeropuertos del territorio bajo su responsabilidad… Al parecer nadie dio un aviso de alarma, ¡lo habían venido haciendo por 20 años!

¿A quién se le ocurre aprobar y construir estructuras (vale decir obstáculos o barreras) que atentaban contra la seguridad de los mismos aeropuertos que se pretendía mejorar, modernizar y “remodelar”? Y todo por el insulso deseo de “reducir costos”… La demencial medida segó 179 vidas en el Aeropuerto Internacional de Muan (MWX) hace poco más de un año. Una barrera de concreto se había erigido al final de una pista usada para despegues y aterrizajes en un solo sentido, por el solo prurito de ahorrar en ciertos gastos de mantenimiento, a pesar del no anticipado, aunque evidente e inminente riesgo… Lo hicieron por “hacer lo mejor” pero sin preguntar a los expertos; y, lo más triste de todo: les parecía lo correcto, pues lo siguieron haciendo.

Así, para evitar gastos en continuas nivelaciones del terreno, los encargados decidieron construir una estructura de concreto para elevar el localizador de pista, sin conducir previamente una evaluación de riesgos. La junta investigadora había encontrado que en 2007 la KAC (Korean Airports Corporation) ya había solicitado una revisión de estos obstáculos pero no hubo ningún cambio, ni nadie hizo nada a ese respecto. El accidente involucró a un Boeing 737-800 que fue impactado por pájaros, efectuó un aterrizaje sin extender el tren de aterrizaje e impactó con la estructura rígida de concreto que se había construido para elevar la antena del localizador. La estructura del terraplén, de 2.40 metros de alto, no cedió al impacto exacerbando así la severidad del accidente. Solo dos azafatas sentadas en la cola sobrevivieron.

La junta encontró que el MOT había aprobado construir 14 estructuras similares en otros 8 aeropuertos, dos de ellos internacionales. Increíblemente, como parte de un plan de modernización, el Ministerio había “reforzado”, entre 2019 y 2024 el terraplén de Muan, agravando y comprometiendo aún más los estándares de seguridad. La junta encontró una serie de deficiencias en el adecuado manejo de la seguridad aérea, habiendo comprobado otros 30 eventos de malas prácticas y procedimientos defectuosos relacionados con métodos de entrenamiento insuficiente y mal manejo en la prevención de riesgos aeronáuticos.


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03 abril 2026

Las bibliotecas antiguas

La ciudad se habría llamado Gubla o quizá Gebal. Sospecho que, para que estos nombres tengan un sonido más parecido a la pronunciación árabe, habría que añadir una ‘ye’ a la ‘ge’ inicial, para que así se parezcan al que la jota tiene en otros idiomas. Su significado sería montaña pequeña o colina, debido a su ubicación. Pudo haber sido la más antigua ciudad fenicia, fundada unos 5.000 años a.C., siendo también la más antigua en haber estado poblada en forma permanente. Fue famosa en el comercio del papiro; los griegos la llamaron Biblos a partir del segundo milenio a.C. Biblos, o Byblos, sería el plural de biblion que quiere decir rollo o papiro. Byblos sería el lugar donde se inventó el primer alfabeto.

Byblos está situada unas 20 millas al norte de Beirut, capital de Líbano. Nunca estuve ahí, pero la sobrevolé una infinidad de veces: existe, entre Damasco y Chipre, un corredor que se utiliza en los vuelos entre Asia y Europa. De biblos vienen palabras como Biblia (el Libro sagrado por excelencia) y, desde luego, biblioteca. Las bibliotecas no siempre guardaron libros (al menos como los que conocemos hoy en día: hechos de papel, con hojas y pasta exterior). Pero podemos llamarlas así a las que existieron en la antigüedad, antes del invento del papel y que conservaron tabletas para la escritura cuneiforme, o rollos de papiro, que se guardaban en canastos u otros recipientes, en la medida que tuvieran un método ordenado de catalogación y almacenamiento.

Con esta necesaria aclaración se puede convenir en que ya hubo bibliotecas tanto en Mesopotamia como en Egipto unos 3.000 años antes de nuestra era. Respecto a la Medialuna Fértil se sabe que los sumerios usaron tablillas de arcilla endurecidas al fuego y que la ciudad de Ebla (2500 a.C.) albergaba 20,000 tablillas, la suya fue una de las primeras bibliotecas que existieron. Hubo también otra gran biblioteca; perteneció al rey Asurbanipal de Nínive (s. VII a.C.); contenía miles de tablillas cuneiformes, incluyendo obras de literatura como la Epopeya de Gilgamesh, poema en el que se menciona al diluvio universal del que habla el Génesis en la Biblia.

En Egipto utilizaron el papiro para fabricar rollos cada vez más ligeros, hubo bibliotecas que estuvieron situadas en templos y palacios, y que eran conocidas como "Casas de los Libros"; la biblioteca más importante fue la de Alejandría: fundada en el s III a.C. por Ptolomeo I (un general y amigo de Alejandro Magno). En Grecia y Roma existieron bibliotecas, tanto privadas como públicas. Estas últimas conservaban rollos de papiro importado de Egipto. Más tarde, se usarían pergaminos de piel tratada, con lo que se completó la transición de los rollos a los códices, con formato similar al del libro moderno. Sus temas eran literarios y científicos. El pergamino se ideó y desarrolló en Pérgamo, ciudad ubicada en la actual Turquía que caía en la influencia de la antigua Grecia. Su biblioteca rivalizaba con la de Alejandría, esta guardó los manuscritos de las obras de Aristóteles y se destacó por ser un centro cultural y helenístico de primer orden. Hoy sus ruinas se encuentran cerca de Esmirna, en la parte occidental de la península de Anatolia.

Las bibliotecas nacieron como archivos para conservar documentos administrativos y religiosos; luego, fueron evolucionando hasta convertirse en centros de estudio. Más tarde se fueron desarrollando gracias a la aparición de un nuevo material: el papel; lo propio ocurrió en el s. XIV, cuando recibieron un gran impulso con la invención de la imprenta. A partir del siglo XIX, los ideales de la Ilustración impulsaron la creación de bibliotecas más modernas, en las que el conocimiento dejó de ser un privilegio de la nobleza y el clero para pasar a estar disponible para cualquier persona. Hoy en día, con el advenimiento de nuevas tecnologías y del internet, se han hecho populares las bibliotecas digitales y los aparatos tecnológicos que son capaces de una gran capacidad de almacenamiento. La gran versatilidad de la que disponen estos artilugios, permite una sorprendente posibilidad de crear y mantener, a su vez, enormes bibliotecas personales para satisfacer todo tipo de gustos y necesidades.

El primer proceso para la fabricar papel fue desarrollado a principios del SS II por el eunuco chino Cai Lun, un consejero del emperador He de la dinastía Han Oriental. Su conocimiento llegó a Europa gracias a los hindúes y los árabes. El papel es un material versátil y de escaso grosor, está formado por fibras vegetales (generalmente celulosa de madera) suspendidas en agua, que se secan y endurecen en hojas, pero también se lo obtiene de procesar materiales reciclados. Se utiliza principalmente para escribir, imprimir, envolver y empacar, siendo un elemento reciclable y reutilizable. Sus usos más comunes son: escritura, impresión, empaque, limpieza, trabajos artísticos y emisión de papel moneda. Hasta el advenimiento de la tecnología, el papel había venido desempeñando, por más de dieciocho siglos, un rol fundamental en la propagación de la información, así como en los procesos educativos y de diseminación del conocimiento.


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31 marzo 2026

Nostalgia del viejo San Blas

Fui a la Casa Comunal de la urbanización –donde vivo– en días pasados. Esta es una edificación más bien modesta, cuyo uso exclusivo se dedica a las ocasionales reuniones de directorio del comité y a las asambleas de vecinos que ahí se realizan. El suyo es el típico mobiliario requerido para atender en comunidad los problemas e iniciativas que surgen de vez en cuando. Como es previsible, la decoración parece “brillar por su ausencia”. Algún alma caritativa se ha preocupado, en el pasado, de colocar unos pocos cuadros (realmente viejas fotografías en blanco y negro) que representan lugares icónicos de Quito; paisajes que mucho han cambiado, si no desaparecido. 

Así pude observar, cerca del lugar que había escogido para sentarme, una instantánea de un rincón de la urbe cuya estructura ha variado completamente. Se trataba de un escorzo que reflejaba como lucía la calle Guayaquil hace algo más de 50 años, antes del ensanchamiento de la calzada entre las calles Caldas y Briseño, y del penoso, y quizá innecesario, derrocamiento de una verdadera joya arquitectónica de nuestra capital: el edificio donde había funcionado la Biblioteca Nacional por alrededor de 40 años. La toma se habría efectuado desde la plazoleta de la Alameda –quizá, desde el monumento al libertador Simón Bolívar–, con sentido norte-sur y mucho antes de la “intervención” efectuada en dicho emplazamiento. Viví muy cerca de aquel pintoresco y querido lugar entre los años 1957 y 1967.

Me temo que dicho derrocamiento solo se efectuó luego de la construcción de la avenida Pichincha, vale decir que el edificio de la biblioteca habría inicialmente sobrevivido a la construcción de la vía deprimida que le resultó colindante. De hecho, hay fotografías que muestran la desabrida fachada oriental de la biblioteca, ya entonces contigua a la vía recién construida. Esta lamentable decisión se habría tomado durante la administración municipal de Sixto Durán Ballén, cuando fue alcalde de Quito. Esto no quiere decir que a él deba achacarse la autoría del crimen cometido; sabido es que los municipios son cuerpos colegiados donde la que decide no es la voluntad de una sola persona, pues el alcalde solo interviene con un voto decisorio cuando es dirimente…

La razón esgrimida en esos días habría sido la de dar más espacio (aumentar el ancho) de la calle Montúfar, que separaba la Biblioteca Nacional de un edificio de forma triangular que es comúnmente conocido como “Calé de queso” (a su vez, ubicado frente al cine Alhambra). Así, la sobria fachada principal, compuesta por columnas, arcos, balaustradas, y torres truncadas –con sus mansardas cubiertas por tejas metálicas pintadas de rojo–, se habría derruido para acomodar a un deslucido jardín vertical que no agregaba espacio ni mejoraba la impresión arquitectónica buscada. De ese modo, la antes bien lograda fachada dejaba de ostentar su condición de monumento tutelar que daba inicio al Centro Histórico y que era referencia para el viajero que iniciaba su tránsito hacia los nuevos barrios del norte de la urbe o hacia el norte del país.

El edificio original habría sido diseñado en estilo neoclásico, beaux arts, por el arquitecto quiteño Luis Felipe Donoso Barba. Había servido inicialmente como pista de patinaje, por lo que fue llamado Coliseum; se lo usó también –aunque en forma ocasional– como salón de baile y recepciones. Su valor arquitectónico residía, sobre todo, en su fachada francesa pues su interior era una estructura metálica; de hecho, daba la impresión de ser solo un cascarón hueco techado de vidrio; la segunda planta estuvo adornada por unas galerías perimetrales. Fue utilizado como biblioteca a partir del año 1930 y solo sería inaugurado en 1932; allí funcionó la Biblioteca Nacional hasta 1972, cuando pasó a ocupar el viejo edificio del Banco Central (esquina de la García Moreno y Sucre).

En cuanto al ensanchamiento de la “carrera” Guayaquil, la demolición correspondiente solo había afectado a las casas ubicadas en el lado occidental de la cuadra. En el lado oriental los cambios, hasta aquí, han sido menores; quizá el más notorio sea el ocurrido en la esquina nororiental, hoy ocupada por el edificio del antes llamado Banco de la Filantrópica (hoy Filanbanco), que la picardía y espíritu travieso de los quiteños tildaron de “la licuadora”. En relación con la plaza, ahí también desapareció un negocio –poco venturoso– fundado en 1906 y conocido como Mercado Barato (los chuscos lo apellidaron de Lastra, para significar que era reducto de las traperas), ahí se expendían cachivaches y artículos usados (o también robados). La iglesia quedó recluida en una esquina, con su atrio y plazoleta. Es aquél un templo de una sola nave, uno de los primeros construidos en la ciudad; estuvo segregado para al culto de los fieles indígenas.

San Blas, Blas de Sebaste (hoy Sivas, una ciudad de Turquía), es uno de los santos más queridos del culto católico. Hombre milagroso, eremita, médico, obispo y mártir; vivió entre los años 280 y 316. Moraba en una cueva y murió decapitado en una de las más postreras persecuciones ordenadas por los emperadores romanos. Blas es el santo patrón de los enfermos de garganta y, por lo mismo, de los médicos otorrinolaringólogos (¡vaya palabrita!).


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27 marzo 2026

Un minuto antisistema *

   * Escrito por Juan José Millás para El País Semanal

Leo en El actor y la diana, un curioso manual para intérpretes de Declan Donnellan, que el futuro es el territorio de la ansiedad y el pasado el de culpa. Son barrios mal iluminados los dos, se me ocurre a mí. El futuro es ese vecino con grandes ideas que nunca paga los recibos de la comunidad. El pasado te da conversación, pero te cobra caro los recuerdos. Entre ambos, el presente no sabe si ponerse corbata o salir en chándal. Estamos entrenados para vivir en diferido. En la escuela nos enseñaron a preparar el futuro; en casa, a no repetir los errores del pasado. Nadie nos explicó qué hacer con el ahora, ese trozo de tiempo que no cotiza en Bolsa.

Los autores de libros de autoayuda hablan de “vivir el presente”, pero suelen hacerlo con tono de almanaque zen. Y no: el presente no es amable, es un animal salvaje que muerde cuando le das la espalda. Requiere una cierta valentía doméstica apagar la alarma del miedo, la notificación de la culpa, y quedarse un rato en silencio, sin prometer nada a nadie, ni siquiera a uno mismo. El mercado, que todo lo administra, también gestiona el tiempo. Nos vende la ansiedad en cómodos plazos y la culpa en forma de nostalgia. Corremos hacia el futuro para pagar las deudas del pasado. De este modo, el presente se convierte en un pasillo, no en una habitación.

Pero a veces ocurre un milagro: un minuto se escapa del sistema. Estás tomando café y, de pronto, no debes nada al pasado ni temes nada del futuro. El aire pesa lo justo, la taza brilla como si acabaran de inventarla. Dura poco, claro, pero ese instante tiene más verdad que todas las promesas del porvenir juntas. Quizá la salida no sea vencer la ansiedad ni expiar la culpa, sino burlarlas: guiñar un ojo al miedo y seguir andando. Vivir es un ejercicio de funambulismo en la delgada cuerda del presente, cuyos cabos permanecen amarrados al futuro y al pasado, es decir, y volvemos al principio, a la ansiedad y la culpa.


Nota del editor con comentarios notables: Hubo, entre los comentarios que recibió este breve pero interesante artículo, al menos tres que llamaron mi atención; hablaban de nobleza, de generosidad y del valor que debemos tener para indagar, aprender y saber emplear nuestro conocimiento. Me permito resumirlos porque pudieran ser de utilidad:

— No es que tenga dinero, pero tengo la fortuna de ser inmensamente rico.

— La mayor riqueza del pobre es vivir en paz consigo mismo y con los demás.

Sapere aude: atrévete a saber. Proverbio latino atribuido a Horacio

La frase latina "sapere aude" ("atrévete a saber" o "ten el valor de usar tu propia razón") fue acuñada originalmente por el poeta romano Horacio en el siglo I a.C. Sin embargo, fue popularizada y utilizada como lema de la Ilustración por el filósofo alemán Immanuel Kant en 1784. Horacio la escribió en sus Epístolas (Libro I, carta 2, verso 40) como parte de una exhortación a la superación personal y a la sabiduría. Kant la utilizó en su famoso ensayo "¿Qué es la Ilustración?" (1784) para instar a la emancipación intelectual y al pensamiento autónomo. Kant la interpretó como el valor de abandonar la "minoría de edad" (la tutela ajena) y tener la valentía de usar la propia razón sin tener que acudir a la guía de un mentor o maestro. En el contexto que Horacio la utilizó (los recursos que tuvo que emplear Ulises en su regreso desde Troya a Ítaca para superar las pruebas que enfrentó), el significado más cercano sería: “tener el valor de servirse del propio saber”. ¡Sapere aude! Es decir: ¡Atrévete a saber, apóyate en la razón!

En días pasados pude observar cómo alguien respondía –en forma mezquina e inelegante– a un gesto generoso con uno de incomprensible cicatería. Nadie que es de veras desprendido actúa con largueza esperando retribución y ni siquiera lo hace esperando reconocimiento; la única moneda afable a la que aspira el espléndido es aquella de la delicadeza, en caso de ausentarse la gratitud… Pensé que cuando ello ocurre uno no sabe si responder con el perdón o con el castigo. Mientras divagaba en cómo uno debería reaccionar en una circunstancia parecida, reflexioné en el preferible sustento catártico que tiene el olvido y recordé la sabia sentencia de Jorge Luis Borges respecto a cómo saber responder con un gesto de nobleza: “Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón”.


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24 marzo 2026

Un pequeño compromiso

Me gusta el golf; sin embargo, ya no lo practico como lo hacía antes. Circunstancias de diversa índole, en especial una relacionada con mi salud (una recurrente molestia lumbar) no me permiten disfrutarlo como me gustaría. El golf siempre fue un desafío para mis humildes habilidades y, sobre todo, un reto a mi exigua paciencia. Me hubiera gustado empezar a practicarlo más temprano: ya tenía más de 40 años cuando lo hice. Hoy juego solo de tarde en tarde a pesar de que, para de veras disfrutarlo, uno debería hacerlo al menos un par de veces por semana. Eso sí, siempre estoy atento al desarrollo de los principales campeonatos, especialmente los torneos mayores (Masters, Abierto americano, Open inglés y PGA).

Algo he notado cuando escucho la transmisión de este juego (para mí, más que un deporte, es un entretenimiento) y es que los locutores, sea porque viven en los Estados Unidos o porque tratan de traducir literalmente una expresión utilizada para resaltar que una jugada final –simple en apariencia– entraña todavía una pequeña dificultad, dicen que al jugador aún le queda “un pequeño compromiso”. De paso, cada vez que escucho referirse a esta condición me es inevitable recordar a un gran colega y amigo que ya “voló hacia occidente” y que me introdujo en los secretos del golf; quien, para referirse a esa incierta tesitura que hoy comento, siempre decía con su manera no exenta de burlona ironía: “todavía hay carne en ese huesito”, es decir: “ya estás bastante cerca, pero no te puedo conceder todavía ese último tiro”.

Es siempre probable que “ese pequeño compromiso” no consista en un uso incorrecto –un anglicismo– del verbo comprometer (to compromise, en inglés) o del sustantivo equivalente (a compromise). Ante todo porque, para lo que nos ocupa, compromise (sustantivo) quiere decir en ciertos contextos “punto intermedio”; lo que querría significar, para lo que estamos tratando, que la bola habría llegado a un punto en que ya está bastante cerca del hoyo, pero que todavía existe una cierta posibilidad (un eventual riesgo) de que el jugador involucrado pudiera fallar su siguiente golpe. En este caso puntual deberíamos considerar que este “sitio intermedio” quiere realmente significar “no estar suficientemente cerca” o “tener que lidiar todavía con una probable pequeña dificultad”. Y es que, no he querido comentarlo todavía pero existen términos –como compromiso y comprometerse– que entre nuestro idioma y el inglés pueden ser muy diferentes…

Veamos: “compromiso” en español puede significar un acuerdo o promesa, una obligación –como la palabra dada–; pero también puede significar estar en riesgo, en un problema o en un atolladero. En tanto que “comprometer” (como verbo) implica: adjudicar una obligación, contraer o aceptar un compromiso, y hasta poner en riesgo algún asunto. Y solo ocasionalmente lo que recoge la Academia en el DLE: “poner en manos de un tercero la resolución de un conflicto” (lo que sí significa en inglés). Además, “comprometerse” (reflexivo) quiere decir obligarse uno mismo, u ofrecer un empeño propio para acometer algo.

Por su parte, compromise en inglés, quiere decir, sobre todo, ceder en algo o renunciar, llegar a un acuerdo, propiciar o tener un gesto de renuncia, transar o transigir, ceder para llegar a una posición intermedia; pero también pudiera significar –igual que pasa también en castellano– “poner algo en riesgo” o “comprometer”, como cuando hablamos de arriesgar la seguridad o bajar la calidad de un producto para favorecer las ganancias. 

Es importante caer en cuenta que en inglés (a diferencia que en español) existe una palabra diferente para significar la idea de adquirir una obligación o dedicarse a una causa, para emitir un mensaje de apoyo, o para respetar o reconocer un convenio de pago; en ese caso, se utiliza el vocablo commitment. Resulta curioso que, sin ser el inglés una lengua latina –como sí lo es el español– la escritura inglesa es exacta a la del latín. Hace falta, por lo mismo, reconocer que la voz compromise en inglés puede tener distintos sentidos, tanto si se la usa como verbo o si se la emplea como sustantivo (to compromise – a compromise).

En resumen: un compromiso en inglés tiene el sentido de renuncia, cesión, riesgo, abandono o deterioro; mientras en español es adquirir una obligación, asumir una serie de tareas o deberes. En inglés no se usa la misma palabra para el reflexivo (comprometerse), se dice to commit (verbo) o commitment (sustantivo). Además, si hablamos coloquialmente, en inglés, “to have a compromise” es tener todavía algo de trabajo por terminar; como dejamos dicho más arriba, puede ser una bola cerca del hoyo, pero todavía con un poco de dificultad (golf) o un penal con 50/50 chance de fallar (fútbol). Es decir, es algo cuyo éxito (o completa consolidación) no es todavía seguro. No confundir "compromise" (verbo), que significa "poner en riesgo", con "compromiso" (obligación/promesa), que se traduce como "commitment".


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20 marzo 2026

Eficacia, eficiencia y efectividad

En días pasados estuve leyendo una entrevista que le hacían en El País de España a un paleo-antropólogo francés que explicaba las razones para que el Homo sapiens (‘ hombre sabio’ o 'capaz de conocer', en latín) sea la única especie humana que ha sobrevivido en el Planeta; en definitiva, para que, hace unos 30.000 años, se hubiera extinguido el ‘hombre de Neandertal’. Parte del problema, según el científico, estuvo en las herramientas que usaban los neandertales: que no estaban estandarizadas (cada cual inventaba algo propio), eran muy particulares para cada tarea y, aunque creativas, eran mucho menos 'eficientes'. Por los comentarios que mereció la entrevista, pude darme cuenta que existen otros dos vocablos que solemos utilizar cual si tuviesen el mismo significado que eficiencia: eficacia y efectividad.

Empecemos pues por ponerlos en orden alfabético y vamos qué es lo que dice la inefable Academia:

• Efectividad:

Es la capacidad de lograr el efecto que se desea o espera.

Sinónimos: eficacia, validez, operatividad, capacidad, fuerza, poder.

• Eficacia:

Es la capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera (hasta aquí, exacto al anterior y sugiere lo mismo).


Sinónimos: efectividad, utilidad, eficiencia, capacidad, ejecutividad, operatividad, validez, aptitud, vigencia, energía, fuerza, vigor, poder.

• Eficiencia:

1. f. Capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado.

2. f. Capacidad de lograr los resultados deseados con el mínimo posible de recursos.


Sinónimos: eficacia, efectividad, capacidad, competencia, pericia, valía, operatividad.

Con lo anterior (con estas definiciones) podemos ver dónde se encuentra parte de la confusión. Como diría Cantinflas: “Ahí está el detalle”. Veamos, de dos en dos, las diferencias con un método algo más didáctico:

• Diferencia entre eficacia y efectividad:

La eficacia se centra en lograr el objetivo o resultado, mientras la efectividad es la combinación de lograr ese objetivo (eficacia) optimizando los recursos utilizados (eficiencia). 

• Eficacia: Es cumplir la meta o el efecto deseado, sin importar el costo o los recursos invertidos.

• Efectividad: Es la capacidad de lograr el objetivo de la manera más óptima posible; para ello, privilegia la 'eficiencia' (optimizando recursos y reduciendo tiempo). Esta consiste en una estrategia, es el uso racional (la optimización) de recursos para alcanzar el objetivo y hacerlo en el menor –o más adecuado tiempo posible–. Quizá por ello, a esta última a menudo se la confunde con la efectividad.

• Diferencia entre eficacia y eficiencia:

La principal diferencia es que la eficacia se centra en lograr los resultados, mientras que la eficiencia se centra en el proceso y en el uso óptimo de recursos para alcanzar los objetivos propuestos. Ser eficaz implica cumplir la meta, pero ser eficiente implica lograrla minimizando recursos, tiempo y costos.

• Diferencia entre eficiencia y efectividad:

La eficiencia es solo la herramienta, mientras que la efectividad es el mejor resultado: la combinación de lograr esas metas (eficacia) optimizando los recursos utilizados (eficiencia). En resumen: la eficiencia es solo un medio o instrumento: es el uso racional de recursos para alcanzar un propósito; a menudo se confunde la eficiencia con la efectividad, pero la efectividad es el resultado satisfactorio completo. 

Veamos la eficiencia como lo que es: como una herramienta. De modo que si logramos eficacia y empleamos también ese artilugio, conseguiremos efectividad. La eficacia, a veces, puede no ser efectiva, a menos que nos apoyemos en la eficiencia (así gastamos menos recursos y ahorramos tiempo). Si utilizamos una fórmula matemática y reemplazamos eficacia con una ‘e’ (minúscula) y le sumamos ‘rt’ (eficiencia, es decir: recursos y tiempo), el resultado será una mejor efectividad (‘E’, mayúscula). En suma: E =  e + rt .


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17 marzo 2026

Esnifar, ‘espitear’ y ‘esnizear’…

Me viene a la memoria mi más temprana participación en un concurso de oratoria: estaba en quinto de colegio. Finalizado el certamen, estando en clase de filosofía, el titular ocupó buena parte de su tiempo analizando mi reciente desempeño (no digo criticándolo porque, aunque más exacto, sería menos generoso e indulgente). En algún momento, el mentado maestro dijo que no debía haber dicho que cierto asunto “era acorde” con algo, sino que tal asunto “estaba de acuerdo” con lo que había referido. Que hubiera sido preferible utilizar la locución, no el adjetivo… Y, claro, mi inesperado juez estaba todo menos en lo correcto. Ese “acorde”, de acuerdo con el diccionario, significaba: conforme, coincidente, consonante o congruente.

Esta vez escribo este breve artículo (ustedes –por el título– ya lo habrán adivinado) porque no estoy ‘de acuerdo’, ni puedo estar conforme, con que la RAE reconozca voces innecesarias, máxime si el único motivo es aquel manido “porque esas voces ya se usan”, sin importar si las palabras aceptadas o acogidas sean o no extranjerismos o germanías, o si dicha forma de ya aceptado consumo pertenece a un ambiente de mala muerte o si su ejercicio se efectúa en el lupanar ruidoso o el sórdido arrabal. La Academia debería actuar acorde con (es decir, conforme con) el delicado encargo que ha recibido; con su historia, su tarea, su rigor lingüístico y académico –por algo se llama a sí misma, y la llaman, Academia– y con su reputación.

En febrero, un prestigioso medio español traía un artículo relacionado con un comentario hecho por Robert Kennedy Jr., quien no solo admitía haber consumido cocaína en el pasado, sino que concedía haber “esnifado“ utilizando la tapa de un sanitario… (los suspensivos no intentan invitar a visualizar el abyecto ambiente de cualquier retrete sino a reconocer la espuria condición de vocablo entrecomillado que remplaza a las varias alternativas que ya existen, y sobran, en nuestro idioma y que hubieran hecho innecesario su uso). Kennedy es el actual secretario (ministro) de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos. El periódico usaba este disparatado anglicismo –que ha sido aceptado por la RAE– a pesar de que, además, to sniff es un verbo que no significa absorber o inspirar sino olfatear y de que el español cuenta con otras palabras para expresar la idea de inhalar, aspirar, sorber, inspirar o chupar. ¡Qué horror: esnifar!

No puedo estar de acuerdo. Pues, no por el hecho de que un extranjerismo haya sido “aceptado” por la Academia, aquello lo convierte ipso facto en un término adecuado o correcto. En este caso, sigue siendo un anglicismo (y, además, innecesario). Está “mal aceptado”. Sniff (con doble efe) es inexacto incluso en inglés. No sé por qué tienen que reconocerse vocablos innecesarios cuando hay sinónimos que sobran en nuestro idioma. Ya no habría que hablar de “la Academia de la lengua” sino de “la lengua de la Academia”. Barrunto que incluso adsorber (atraer y retener moléculas de otro cuerpo) pudiera ser más adecuado y preciso. Me resisto a utilizar términos erróneamente reconocidos. ¡Disculpen ustedes!

Esnifar es palabra de la jerga del ámbito del consumo de estupefacientes, del lupanar. La Academia no está para eso, para “aceptar” o reconocer vocablos usados en el ambiente de la alcantarilla, la cárcel o el burdel, solo porque “ya se usan” o por el simple prurito de “dar visado” a nuevos términos con el anodino pretexto de que “ya existen” aunque fueren innecesarios, o que fueren galicismos o anglicismos, o fueren usados en la jerigonza de los bajos fondos. Esa no es su tarea ni es ese su papel. Lo dice su lema: “Limpia, fija y da esplendor” y eso de querer “reconocer” nuevos vocablos (que es entendible que se usen en lugares frecuentados por consumidores de substancias prohibidas, vale decir del vicio), no es justificativo suficiente para que se los tenga que validar.

No quisiera pasar por lo que en España conocen como “cuñao” (o cuñado): un sabelotodo… Advierto, sin embargo, que, como es nueva costumbre de la Academia, el diccionario trae la conjugación de los verbos consultados. Así es como encuentro el infinitivo, gerundio y participio de este novedoso verbo: esnifar, esnifando y esnifado. ¡Qué horror!, se me ocurre preguntarme ya no ¿qué habrán fumado sus eminencias (los ilustres miembros de la Academia), sino ¿qué habrán esnifado?… Y, ya que estamos en esas, pregunto también ¿por qué no aceptar y reconocer –de una vez– otros verbos como “cofear” (de cough, toser); “espitear” (de spit, escupir); o, quizá, “esnizear“ (de sneeze, estornudar)? Sí, pues… ¡Perdonen mi cáustica, aunque involuntaria, ironía!


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