16 abril 2026

Silvio y su ‘flamante’ Kalashnikov

¿A quién defienden el cantautor Silvio Rodríguez y un puñado de nostálgicos cubanos?, ¿realmente a Cuba o a esa impostura, la de su fracasada revolución? Yo tenía solo siete años (tercero de primaria) cuando un primero de enero Fidel Castro había derrotado a ese recursivo ex-sargento llamado Fulgencio Batista y lo había sustituido. Con el tiempo sabríamos que una dictadura simplemente había sido reemplazada por otra, que una élite había dado paso a otra nueva, solo que más obcecada y cínica… Si el pretexto había sido redimir a un pueblo hambriento, hoy este –todavía hambriento y desesperanzado– se habría acostumbrado a vivir junto a su propia basura.

Todo empezó en esa isla, alguna vez llamada Juana, un 26 de julio de 1953, con el asalto al cuartel Moncada. Cinco años más tarde todo se convalidaría con el derrocamiento de Rubén Zaldívar, mejor conocido como Fulgencio Batista, en la noche vieja del 58. Pocos imaginaban que, pasados unos meses, el alto, atractivo y locuaz guerrillero declararía que Cuba pasaba a constituirse en un Estado socialista y, claro, y ante todo: “soberano”. Desde entonces, la asignatura Historia de Cuba formaría parte del pénsum que se imparte en las escuelas mediante el cual se estudian las cuatro etapas de su existencia: Sociedad comunitaria aborigen, Explotación colonial, Dependencia neocolonial y Soberanía y socialismo (hoy: Soberanía y hambruna)...

Si bien lo pensamos, las mismas causas que justificaron un día la tan promocionada Revolución, hoy serían suficientes para arrojarla desde el balcón al tacho de basura de la Historia… A pesar de ello, un compungido Silvio Rodríguez pedía el otro día a su gobierno un fusil para defender la fallida entelequia, mientras el presidente Díaz-Canel decía, con voz estentórea y casi al mismo tiempo: “Cualquier agresor externo chocará en Cuba con una resistencia inexpugnable”. Lo último no solo es testimonio de ‘inexpugnable’ necedad sino, ante todo, de absurda y contradictoria candidez. En fin, ¿qué se puede esperar, si tanto él como todos sus adláteres están a la espera desesperada de un cambio de actitud del gobierno norteamericano, no para salvar la desesperada condición de su pueblo, sino para seguir disfrutando, aunque sea a fugaces lengüetazos, de las mieles del poder?

La imagen del cantante defendiendo Cuba, fusil en ristre, es no solo una actitud trasnochada. Es, ante todo, la de quien no quiere reconocer el definitivo fracaso de su utópica e insulsa revolución. Significa que lo único que se quiere defender es que sigan las cosas como están (mientras la inercia dice que, si un rumbo va a tomar la situación, es que de aquí en adelante todo irá para peor). El pueblo estará cada vez más hastiado y desengañado. Y eso solo significará que ya no hay arreglo ni compostura posible, que ya no hay cómo volver a empezar. Además, para el imaginario colectivo el cantautor ha dejado de ser un emblema de resistencia para convertirse en oscuro representante de un régimen inepto y oprobioso.

“En mis canciones hay politización, pero no propaganda”, ha dicho Rodríguez en una entrevista posterior, en ella reconoce que la Kalashnikov que le han dado es pura imitación, es decir “de mentira”. ¡Qué ironía: un fusil de mentira para defender una revolución de mentira!… Y no solo que la suya sí es propaganda —diría yo— sino que lo es de la peor: de aquella obsecuente, interesada y sumisa. No puedo dejar de pensar que su propósito vital y motivación no han de ser sino eso: pura mentira. Si “la imagen improbable del ‘trovador’, a sus 79 años, esperando en el Malecón, fusil de asalto en mano, el desembarco de los marines de Donald Trump es el final más triste del sueño revolucionario”, como dice un reciente artículo, ¿qué podremos decir de un viejo apostado junto al mismo barandal, convencido de que todo es solo culpa del maldito asedio (el bloqueo norteamericano), portando un arma nueva y reluciente, pero de mentira?

Y así ha aparecido en la foto oficial: Silvio Rodríguez recibiendo el rifle automático de manos del ministro y miembro del Buró Político del Partido Comunista Cubano, con la presencia del presidente Díaz-Canel actuando como testigo de honor. El fusil automático Kalashnikov, hoy AKM –si modernizado–, fue desarrollado por el ejército soviético. La URSS fue por un tiempo el principal benefactor de la isla, proporcionándole ayuda masiva durante tres décadas (1960-1990), incluyendo envío constante de petróleo, maquinaria, armamento pesado, tecnología y ayudando al Gobierno con la compra de azúcar a precios preferenciales. Cuba sufrió el duro impacto de la caída de la URSS en 1992.

Al igual que lo que también ha estado pasando en Venezuela, debemos convencernos de que esta dictadura —como cualquier dictadura— debe terminar, que solo vale la democracia, que no hay otra forma de reconciliación y bienestar colectivo posibles, a menos que se ponga en vigencia un régimen que no favorezca a ciertos grupos de fanáticos ya conocidos; ni privilegie, tampoco, a quienes han abusado, por casi setenta años, tanto de la confianza de la gente como del poder político. Para tanto exilado, es hora ya de volver. No solo de regresar a su tierra, sino de volver a mirar adelante. ¡Va siendo hora de volver a empezar!


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