07 abril 2026

Reduciendo costos…

Iba a llamar a esta entrada “Ahorros de cocinera” pero a tiempo he caído en cuenta de que ese sería un gesto de desdén, si no de desprecio, hacia una mujer servicial y su honrado oficio. Una persona que, a más de ofrecernos su abnegación y empeño, combinando los sabores al preparar nuestros alimentos, lo hace otorgando beneficio a nuestra economía. Además, con ello descuidaría lo que hoy llaman “lenguaje inclusivo” (nadie dice “ahorros de cocinero”).

En la vida ordinaria aquello de reducir costos puede ser un ejercicio de prudencia y hasta de sabiduría –si no caemos en la avaricia, no se diga en la mezquina cicatería–. Evitar gastos superfluos es, si no tenemos mejores ingresos, la única coherente alternativa. Siempre es buena la generosidad, si no caemos en el gesto bobalicón del desprendimiento que no alcanzamos a sustentar, en la magnanimidad que se convierte en desatino o en la indulgencia que cae en la excesiva liberalidad y la improductiva complacencia. La benevolencia es una virtud que debe apuntar a satisfacer el bienestar ajeno pero  sin descuidar un sentido básico de reciprocidad. La generosidad es digna de encomio mas nunca debe pasar por ingenua candidez.

Reducir costos, sin embargo, en empresas, actividades o emprendimientos, en los que parte de la ecuación es la seguridad, sería no solo un despropósito sino, a más de criminal, una segura receta para el desastre. En aviación, particularmente, el afán de reducir costos por el solo deseo de buscar eficiencia, descuidando la seguridad, resulta no solo absurdo sino contradictorio y contraproducente. La cicatería se convierte en avaricia y ésta pronto se transforma en irreflexivo empeño por tomar innecesarios riesgos, empujado por el insensato designio de ahorrar por ahorrar. Ello no solo afecta a los parámetros de la seguridad aérea, sufre también el reconocimiento de quienes colaboran, se lastima la búsqueda institucional por la excelencia, se afecta y resquebraja el espíritu colectivo y, con él, el encomiable sentido de pertenencia y el buen clima laboral.

Pienso en todo esto cuando reviso las “medidas” y recaudos –propios de un pordiosero– que produjeron  el lamentable accidente de Jeju Air en un aeropuerto de Corea del Sur a fines de 2024. El obcecado deseo (un claro impulso angurriento) de reducir costos y aceptar imponderables riesgos, llevó a las autoridades a no consultar a los entendidos, a no buscar opiniones y dejarse asesorar para así evitar una estúpida tragedia. El Ministerio de Tierra, Infraestructura y Transporte, MOT por sus siglas en inglés, había tenido “la buena iniciativa” de construir absurdos terraplenes de concreto como una forma de “protección”, al final de las pistas con uso unidireccional en varios aeropuertos del territorio bajo su responsabilidad… Al parecer nadie dio un aviso de alarma, ¡lo habían venido haciendo por 20 años!

¿A quién se le ocurre aprobar y construir estructuras (vale decir obstáculos o barreras) que atentaban contra la seguridad de los mismos aeropuertos que se pretendía mejorar, modernizar y “remodelar”? Y todo por el insulso deseo de “reducir costos”… La demencial medida segó 179 vidas en el Aeropuerto Internacional de Muan (MWX) hace poco más de un año. Una barrera de concreto se había erigido al final de una pista usada para despegues y aterrizajes en un solo sentido, por el solo prurito de ahorrar en ciertos gastos de mantenimiento, a pesar del no anticipado, aunque evidente e inminente riesgo… Lo hicieron por “hacer lo mejor” pero sin preguntar a los expertos; y, lo más triste de todo: les parecía lo correcto, pues lo siguieron haciendo.

Así, para evitar gastos en continuas nivelaciones del terreno, los encargados decidieron construir una estructura de concreto para elevar el localizador de pista, sin conducir previamente una evaluación de riesgos. La junta investigadora había encontrado que en 2007 la KAC (Korean Airports Corporation) ya había solicitado una revisión de estos obstáculos pero no hubo ningún cambio, ni nadie hizo nada a ese respecto. El accidente involucró a un Boeing 737-800 que fue impactado por pájaros, efectuó un aterrizaje sin extender el tren de aterrizaje e impactó con la estructura rígida de concreto que se había construido para elevar la antena del localizador. La estructura del terraplén, de 2.40 metros de alto, no cedió al impacto exacerbando así la severidad del accidente. Solo dos azafatas sentadas en la cola sobrevivieron.

La junta encontró que el MOT había aprobado construir 14 estructuras similares en otros 8 aeropuertos, dos de ellos internacionales. Increíblemente, como parte de un plan de modernización, el Ministerio había “reforzado”, entre 2019 y 2024 el terraplén de Muan, agravando y comprometiendo aún más los estándares de seguridad. La junta encontró una serie de deficiencias en el adecuado manejo de la seguridad aérea, habiendo comprobado otros 30 eventos de malas prácticas y procedimientos defectuosos relacionados con métodos de entrenamiento insuficiente y mal manejo en la prevención de riesgos aeronáuticos.


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