01 mayo 2026

Una virgen trashumante

Es la madrugada del 7 de abril; medito en el programa espacial Artemis II, mientras hago mis profanas indagaciones respecto a su recorrido. Escribo esta nota (que cuando la publique, ya será el mes de mayo) a la par que reconozco el singular periplo que efectúan la nave Orión y su tripulación… Dejo mi mente divagar sobre todo lo que significa un viaje difícil de tan solo imaginar –y, desde luego, de una empresa científica y técnica tan extraordinaria de ejecutar–. Lo hago, mientras los afortunados integrantes de la tripulación asignada ya han iniciado su camino de retorno, tres o cuatro días antes de amerizar en algún ignoto y no siempre predecible lugar del más tranquilo de los mares, ese que fuera atravesado por primera vez, y hace ya medio milenio, por el paciente e intrépido Fernando de Magallanes: el Océano Pacífico.

Este día, los ocupantes de la nave ya han concluido su tan esperado día de “sightseeing” (turismo): son los primeros seres humanos que han podido mirar la cara oculta de nuestro satélite. Su viaje se había previsto y programado para que se inicie en una luna llena –la del primer día de abril, a eso de las 22:00 horas EST– y puedan estar de vuelta diez días más tarde. Han ido más lejos de la Tierra que ningún otro individuo; y se han alejado hasta más de 400 mil km de distancia, todo un inimaginable hito en la historia de estas sorprendentes e “inhumanas” hazañas (el Orión desafía nuestra imaginación: viaja a más de 4.000 km/hora, casi 50 mil km por día. Dos veces la velocidad que solía alcanzar el recordado Concorde, cuatro veces la del sonido).

Se ha dado ese nombre al programa (Artemis) en honor a la diosa griega Artemisa, hermana gemela del dios Apolo. Al ser también diosa de la Luna, ese nombre simboliza la continuidad del programa Apolo que llevó a los primeros humanos a la Luna. El suyo es el nombre de una virgen elusiva, siempre empecinada en cuidar su condición. Es como si ella efectuara una postergada peregrinación a su propio templo; y –para insistir en tan rara coincidencia– acompañada del héroe que la enamoró… El programa cumplirá el propósito de llevar a la primera mujer y a la primera persona de color a una órbita cercana a la superficie lunar. 

Por manera que, así como Apolo es el dios de nuestra estrella y su nombre permitió bautizar a las primeras misiones lunares (1969-1972), Artemis buscará constituirse en un relevo moderno, aportando al empeño de satisfacer una investigación que consiga una presencia duradera en la Luna. La elección del nombre supone un cambio de paradigma hacia una exploración de largo plazo, indagando las características del polo sur lunar, lugar inexplorado de nuestro satélite. El programa abarca tanto la misión de la nave Orión (que transporta a la tripulación) como el cohete Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS).  El objetivo final de estas misiones será el de preparar el camino para futuras exploraciones programadas para el planeta Marte.

Artemisa (Diana en la mitología romana) fue diosa de la caza, la naturaleza salvaje, la castidad y la Luna. Hija de Zeus, es conocida por su independencia y por su papel de protectora de las mujeres jóvenes, los partos y los animales. Había pedido a Zeus que le concediera la virginidad eterna, manteniendo su pureza y eludiendo el matrimonio. Como cazadora: porta un arco de plata con sus flechas, y va rodeada de ninfas o junto a ciervos y perros de caza. Se encarga de proteger la vida silvestre, los bosques, colinas y lugares apartados. Si bien es una diosa protectora, castiga con severidad a quienes han profanado la naturaleza. Fue famoso su lugar de adoración, el templo de Artemisa en Éfeso, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

Aunque se la considera “una diosa buena”, su origen y carácter suelen ser muy controvertidos, hay quienes creen que no es una diosa de fiar y cuestionan su naturaleza. Justo por ello, algunos autores afirman que, en lugar de ser una diosa protectora, es una plaga dañina para la naturaleza, los niños, las mujeres y los animales. Se dice que Orión, un cazador con cuerpo de gigante, probable hijo de Poseidón y reputado por su hermosura, habría sido el único hombre que había logrado enamorarla. Por eso, esos dos nombres, que han sido unidos en el programa espacial, tanto Artemisa como Orión, no estarían ahí por mera casualidad…

Orión es también la constelación más fácil de reconocer en el cielo nocturno, y no solo por encontrarse en el ecuador sideral (se la puede observar desde cualquier lugar en la Tierra). La representan con la apariencia de un guerrero con sus extremidades extendidas; siendo sus pies y manos cuatro de las estrellas más brillantes que hay en el firmamento (Saiph, Betelgeuse, Rigel y Bellatrix). Pero es gracias al “cinturón del guerrero”, otras tres diminutas estrellas ubicadas en línea, cuya proyección se orienta hacia el nordeste, y que son mejor conocidas como Las Tres Marías, que esta constelación es tan popular entre los observadores del cielo.


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