24 abril 2026

Fuegos fatuos

Fatuo es un adjetivo muy feo, tanto que a veces terminamos convirtiéndolo en sustantivo… Siempre me pareció esa una palabra despreciativa; por ello, y aunque me tilden de vanidoso, siempre procuré que no se me asocie con la fatuidad, que implica carecer de enjundia, ser huero o vacío. Si alguna vez hubiera escuchado decir que alguien creía que yo era un hombre fatuo, lo hubiera considerado un insulto. La verdad sé que lo parezco. Cuando fui muchacho, alguien ya me dijo que le parecía ser “innecesariamente detalloso”. Lo más probable es que tuviera razón, pues la única otra probabilidad sería la de que yo, sin proponérmelo, adoptara esa máscara par esconder mis propias, inseguridades, carencias y limitaciones…

Pero ser vanidoso o demasiado preocupado por la propia imagen, sentirse “en exceso satisfecho de uno mismo” o provocar esa impresión, no es totalmente malo ni significa ser fatuo, es decir carente de sustento. Una cosa es dar atención al detalle; y otra, muy diferente, aparentar algo que no se es, proyectar la falsa impostura de un personaje irreal, engañarse a sí mismo. Se puede engañar a veces a unos pocos, pero no se puede mentir a todo el mundo todo el tiempo. No es solo cuestión de apariencia sino de auténtico sustento. Dice el DLE que fatuo es un adjetivo que significa “lleno de una presunción o de una vanidad ridícula y sin fundamento”. Sus principales sinónimos son petulante, vanidoso, presuntuoso, necio y engreído.

El término fatuo en la Biblia, se refiere a una persona insensata, necia, e incluso perversa, implicando falta de entendimiento espiritual y moral. Se lo utiliza como un denuesto que denota desprecio hacia otra persona, es equiparable a llamarlo impío o ruin, lo cual conlleva consecuencias espirituales. La palabra proviene del latín fatuus (necio) e implica estar lleno de presunción, vanidad ridícula o ser falto de razón. Menciona, por ejemplo, el episodio de las vírgenes "fatuas" (imprudentes) que no estaban preparadas. En resumen, fatuo no solo quiere decir "tonto", sino alguien cuya conducta es insensata ante los ojos de Dios.

Hoy no quiero referirme a la fatuidad, ni propia ni ajena. He pensado en otro tipo de condición, una que está en ciertos lugares de la naturaleza. Tiene la apariencia de un fuego inestable o caprichoso, asoma sobre los pantanos, bosques húmedos o cementerios. Da la impresión de ser una llama flotante, como si fuera un fantasma; parece estar, de pronto se desplaza, o desaparece, y luego ya no está. Unos la llaman luz tonta o fatua, otros Fuego de San Telmo o fuegos fatuos. Consisten, estos, en escapes de gas que se auto inflaman al contacto con el aire dependiendo de condiciones de temperatura, concentración o humedad. Aunque comparten similar raíz etimológica, "fatuo" (engreído) y el fenómeno físico, tienen orígenes distintos.

El fuego fatuo (ignis fatuus) es un fenómeno consistente en llamas frías de color azul o verde que flotan a poca altura sobre el suelo, es causado por la oxidación y combustión espontánea de gases como el metano y la fosfina, derivados de la descomposición de materia orgánica en pantanos y cementerios. Su apariencia es la de luces erráticas de los colores mencionados, que a menudo son descritas como "esferas flotantes", pues parecen moverse por sí solas, sin producir calor. Los fuegos fatuos a menudo han dado origen a creencias y leyendas en la cultura popular, hay quienes les atribuyen un origen sobrenatural, se las identifica con almas en pena o espíritus que engañan a los viajeros para seducirlos o desorientarlos.

La expresión "fuego fatuo" se utiliza para describir una esperanza inalcanzable, algo difícil de conseguir. En literatura, puede tener un significado metafórico, describe un anhelo que guía pero que es imposible de alcanzar, algo siniestro y desconcertante. La experiencia enseña que esas “luces malas” no se pueden tocar, la gente descubre que las llamas se retiran cuando uno intenta acercarse. Al buscar diferencias entre tonto y fatuo, encuentro lo siguiente: “El necio es siempre ridículo, merece el desprecio; el fatuo, cansa y disgusta. El impertinente ofende, irrita y desespera. Al fatuo le satisface su extravagancia y su vanagloria”.

Pero hay fuegos que nunca son fatuos. Nada hay tan dañino, y que cause más pavor, que el fuego “de a de veras”. Yo mismo provoqué, si querer, un dantesco y voraz incendio en los días de mi niñez. Todo ocurrió en una apacible y despejada noche de agosto, en un desván que daba acceso a la azotea de mi casa… Todo fue “sin intención”. Lo mismo parecen, en nuestros días, los fuegos fatuos, engañabobos o volátiles estrategias (tanto bélicas como comerciales) del Sr. Trump que han llevado a Wall Street a inventar un sugestivo acrónimo: TACO, por sus siglas en inglés (Trump Always Chickens Out); o, si se prefiere, TSSA en español: Trump Siempre se Arredra (o Arrepiente). No uso otro término por su tono malsonante…


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