07 septiembre 2016

Un quebradero de cabeza

Se han iniciado los trabajos para la implementación de la obra más ambiciosa e importante que se ha propuesto el Municipio Metropolitano de Quito: el sistema de transportación subterránea que se ha dado en llamar, al estilo de lo que se acostumbra en otras grandes ciudades, como "Metro". Los trabajos de ingeniería que se han de involucrar en su construcción, suponen la necesaria realización de excavaciones colosales que habrán de extraer y movilizar la muy apreciable cantidad de cinco millones de metros cúbicos de material subterráneo.

Una de las principales preocupaciones del proyecto es la preexistencia de lagunas y quebradas en él área en que actualmente se encuentra implantada la ciudad; por lo mismo, las excavaciones han de alcanzar una profundidad que consiga llegar a niveles inferiores al de las “cavas” que habían sido rellenadas en el pasado. En cuanto a las lagunas que existieron en sendas y extensas llanuras -Iñaquito en el norte y Turubamba en el sur-, estas pudieran crear un nivel freático de tal importancia que obligarían a tomar muy cuidadosas (y más costosas) medidas para garantizar el control de probables filtraciones.

Es que Quito fue edificada en una zona de profundas quebradas, no a pesar de su existencia, sino justamente debido a la presencia de ellas. La ciudad incásica, cualquiera que hubiese sido su anterior nombre, ya disponía de un concepto que en cierta medida caracterizaba a las urbes incas: la existencia de una quebrada o barranco que separaba el “hanasaya” del “hurinsaya” (los dos niveles sociales en la comunidad del incario). Para los españoles la existencia de la quebrada Grande, llamada después de El Tejar o de Manosalvas, fue también de enorme utilidad práctica. Permitía separar sus solares de los lugares que ya habían sido asignados a los aborígenes que se habían asentado anteriormente.

Es de suponer que la existencia de cerros circundantes y, especialmente, de quebradas, haya sido un elemento de carácter estratégico, una forma de protección natural para defender la ciudad. Más tarde, estas cavas o barrancas pasaron más bien a convertirse en obstáculos para la comunicación y para la movilización en una urbe que adquiría cada vez una mayor extensión.

Tres fueron, en tiempos de la colonia, las más importantes quebradas que cruzaban la ciudad en forma transversal: hacia el sur del emplazamiento (o hacia el norte del cerro Yavirac o Shungu Loma, conocido hoy como Panecillo) estaba la de La Chorrera o Jatuna, conocida por los indígenas como de Ullahuanga Huaicu (o quebrada de los Gallinazos), que más tarde se la conoció como quebrada de Jerusalén o de El Robo. Esta estaba localizada en el área de la actual avenida 24 de Mayo.

Hacia el centro de la ciudad vieja, existía otra quebrada conocida como de El Tejar, cava que mantuvo en su sección oriental el nombre alterno de quebrada de Manosalvas, en el sector conocido como “La Marín”. Quien realizó el relleno del sector mencionado fue Francisco Andrade Marín, presidente del Concejo municipal y encargado del poder hacia 1912 (no confundirlo con Carlos ni con Luciano Andrade Marín que se destacaron en otras áreas). Esta quebrada tuvo varios ramales, uno de ellos pasaba junto a la iglesia Catedral y se entiende que la iglesia de El Sagrario está en la actualidad asentada sobre una arquería que clausuró dicha quebrada. Se la conoció también como de Pilis Huaicu (actual calle Olmedo), quebrada de los Piojos o de la Alcantarilla. Se la conoció, por otro nombre, como quebrada de Sanguña o Zanguña (no confundir con Cantuña).

Una tercera quebrada partía desde el cerro de San Juan (o Huanacauri) en el occidente y seguía el curso de la actual calle Manabí, cruzaba lo que hoy es la Plaza del Teatro y concluía también en la quebrada de Manosalvas. Se conoce que los primeros asentamientos españoles se produjeron entre estas dos últimas quebradas, sector donde más tarde se construiría la actual iglesia de Santa Bárbara.

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05 septiembre 2016

Mejor, hablemos de fútbol

Oigo y leo acerca de tantas cosas que pasan; suceden tantos asuntos insólitos y ridículos, especialmente en lo relacionado con lo institucional y lo jurídico, o con lo que se refiere a la colectividad y a lo político, que -nuevamente- termino por transigir y sugiero, otra vez, que: más bien hablemos de fútbol…

En días pasados cayó nuestra selección ante la de Brasil por un marcador en apariencia abultado y que, a simple vista, sugiere una goleada. Perder por 3 a 0 parecería insinuar un dominio contundente por parte del equipo carioca, pero la verdad es que no hubo tal cosa. Es excesiva por lo tanto la reacción de la prensa "especializada", especialmente la radial, que ha dejado de tener ese carácter casi televisivo que antes la distinguía y la hacía tan amena. No se debería hablar, por lo mismo, de una "triste derrota" o de una actuación "decepcionante".

Así que, mejor pongamos las cosas en perspectiva. Para empezar, no siempre se puede ganar; en el fútbol, como en todas las cosas de la vida, a veces se gana y a veces se pierde. Esto, aun en el caso de que en Ecuador, gracias al factor de la altura, nos hayamos mal acostumbrado a ganar siempre que actuamos como locales. En este sentido, muy pocos han considerado que el factor de la altura afecta más a los equipos de afuera en la medida que nuestros jugadores estén mejor adaptados al efecto de la altitud. Sin embargo, si la mayoría de nuestros seleccionados juegan en el exterior, deberíamos tomar en cuenta que, como ahora están acostumbrados a jugar al nivel del mar, hemos perdido esa ventaja.

Amantes como somos de clisés y frases elaboradas, nos hemos impregnado del sui géneris convencimiento de que si hacemos, o nos hacen, tres goles ya es "goleada". No está lejos el tiempo cuando siempre que jugábamos con equipos brasileños o argentinos el resultado casi invariable era un rotundo 6 a 0. Lo que sucede es que tendemos a exagerar los resultados y a buscar interpretaciones que no son objetivas.

Pero, mejor, pongamos los resultados en perspectiva. Ecuador se deslució en el segundo tiempo de su juego con Brasil y había dejado que el "scratch" se apodere de la iniciativa y del control del partido. Nuestro equipo había perdido orden y profundidad, pero no puede hablarse de que Brasil era infinitamente superior. Algo circunstancial y conflictivo, y por lo mismo sujeto a diversas interpretaciones, sucedió hacia los setenta minutos del encuentro: el choque de nuestro guardameta contra un delantero brasileño que parecía estar favorecido con una probable posibilidad de gol. La jugada pudo quedar en eso, en una simple colisión… pero el árbitro lo vio de otro modo y concedió un tiro penal.

Mientras Ecuador trataba de recuperarse anímicamente, y trataba de asimilar la estocada frente a sus parciales, sucedió algo que definió el partido, más que el mencionado tiro penal, algo que no terminamos de aprender y que siempre es fuente de recurrentes lamentos: uno de nuestros defensas cometió una falta brusca e innecesaria que se amplificó por la presión de los jugadores brasileños, para que la falta sea sancionada con una segunda tarjeta amarilla para el autor de la infracción, asunto que equivalía a su automática expulsión.

De ahí en adelante, es decir cuando ya solo faltaban quince minutos para la finalización de la contienda, el partido se puso cuesta arriba para el equipo compatriota. Ya en evidente inferioridad numérica, y ansioso por conseguir por lo menos un empate, descuidó sus previsiones defensivas y se lanzó, con evidente desorden, al ataque. Cuando esto sucede es inevitable que se produzcan descuidos, que se pierda prolijidad y que se cometan errores. Fruto de ello, se cedió un innecesario tiro de esquina, el mismo que trajo por consecuencia una desafortunada intervención de uno de los nuestros y se produjo un autogol.

Ya con el 2 a 0, y jugándose los postreros minutos, podía suceder cualquier cosa. Fue cuando justamente se jugaban los minutos de descuento, que se produjo la mejor jugada del equipo brasileño, jugada que por sí sola justificaba sus tres puntos conquistados en calidad de visitante: una corrida por la izquierda del habilidoso Gabriel de Jesús, quien luego de una certera y oportuna media vuelta puso el balón en un ángulo imposible para el arquero compatriota: 3 a 0! Bueno... con ese nombre y con ayuda divina, creo que gana cualquiera!

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31 agosto 2016

El rumor de las olas *

* Palabras pronunciadas en el matrimonio de mi hijo Felipe (un extracto).

Hace pocos días estuve buscando un pequeño libro de George Orwell que había ofrecido a uno de mis buenos amigos: "La granja de los animales". Esta es una breve novela que constituye, a la vez, una fábula y una metáfora; en ella los animales rechazan el absolutismo del poder y advierten con ironía que "todos los animales son iguales, aunque hay algunos que son más iguales que otros".

La frase trajo a mi memoria un episodio que viví en un cumpleaños de Felipe en su temprana adolescencia. Recuerdo que él me había pedido, como regalo, dinero suficiente para invitar a sus amigos para que lo acompañaran a una tarde de cine. Cuando comprobó que solo le había dado para los boletos, y no para "invitarlos a compartir cualquier otra golosina", me comentó que no era lo que él esperaba. Le expliqué que si era muy generoso, no actuaría con equidad con sus demás hermanos. "Yo sé que todos los hijos son iguales -me respondió-, pero 'habemos' unos que somos más iguales que otros". No me cabe duda que Felipe había leído a Orwell mucho antes de que yo pudiera hacerlo...

"La granja" no es el libro más conocido de Orwell. El que merece continuas referencias, en especial de los políticos, es uno que habla del "gran hermano"; este se me hace inolvidable por dos motivos: uno, por su título, "1984", guarismo que coincide con el año de nacimiento del último de mis hijos; y, dos, porque contiene una frase lapidaria, que hace referencia a la manipulación de la historia: "Quienes controlan el presente, tienen la tendencia a controlar el pasado; y quienes controlan el pasado, tienen la tendencia a controlar el futuro". Acudo, en este punto, a su indulgencia: no intento hacer aquí un alarde de erudición literaria.

Hacer esta reflexión me lleva a considerar el valor del pasado. Hay quienes piensan que lo pasado no importa pues ya pasó. No creo que sea así: el pasado es el sustento del presente y es el fundamento para aquello que los hombres llamamos con el nombre de "porvenir"... Para recordar el pasado y aprovechar de sus lecciones, Dios nos ha regalado un maravilloso artilugio: el sutil privilegio de la memoria. Apoyados en ella, enfrentamos el futuro con ilusión y con esperanza. Para ello estamos reunidos esta noche: para rendirle un homenaje a la ilusión y para solemnizar un acto de fe, un sentimiento de esperanza.

María de las Olas Ramírez Vela... ¡Qué nombre tan bonito y poético, tan lleno de implicaciones semánticas es el tuyo! Qué gran acierto, con tu nombre, es el que tuvieron tus padres! La ola es símbolo de lo transitorio, pero es, a la vez, símbolo de la perseverancia y la permanencia; su sola mención nos remite a un concepto en el que los hombres creemos, la noción de infinito, la idea de eternidad…

Cuando yo era niño, alguien puso en mi cabecera un libro de Louis Stevenson: se trataba de "La isla del tesoro"; desde entonces quedé seducido por una serie de palabras de origen marino. Voces como aparejo, estribor, barlovento, brújula, catalejo, bauprés, jarcia… fueron palabras que me obligaron a acudir por primera vez a los diccionarios y que marcaron para siempre mi afición por la literatura.

Existe un explorador español llamado Vital Alsar “Ramírez” (tu primer apellido, Mariola). Muchos saben que construyó una balsa y que con ella cruzó tres veces el Pacífico. Pocos saben que también construyó una pequeña carabela, un galeón, en lo que él llamó "alto Amazonas", en Francisco de Orellana, entre los ríos Napo, Coca y Payamino. Desde allí, surcó el Amazonas, cruzó la mar océano y llegó meses más tarde a las costas de Santander. Allí, no lejos de la playa del Sardinero, junto a la península de la Magdalena, existe una placa recordatoria de esa gesta: “Homenaje de unos hombres a la mar”. En ella está escrita una frase muy linda, llena de poesía: "La fe es la barca, pero solo los remos de la voluntad la llevan". A veces confundo su texto y digo: "las 'velas' de la ilusión"... Sean remos o velas, voluntad o ilusión, solo anhelo que ustedes, Mariola y Felipe, sean siempre felices, que la mar siempre esté en calma, que los vientos soplen favorables, y que las velas siempre permanezcan hinchadas...

Qué más puede pedir un padre, sino que nuestro Dios siempre los bendiga!

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26 agosto 2016

Alcohol y arrogancia en aviación *

* Tomado de la revista Aero-Time. Con mi traducción.

- Mala fama por arrogancia

Cada profesión está infestada por estereotipos. Cuando se trata de los pilotos, existe cierto nivel de arrogancia que ya se espera de antemano. Su imagen o, para ser más precisos, la manera cómo son percibidos por la sociedad está a menudo asociada con varias características de la personalidad que se considera que poseen. La que domina con seguridad es su arrogancia. La arrogancia es una condición por la que un buen número de pilotos tienen mala fama. Más que eso, aquellos vuelos cancelados debido a drogas, alcohol, asalto, agresión o simplemente mal temperamento son solo la punta del “iceberg de la arrogancia”.

- Muy borracho para volar?

A pesar del hecho de que el abuso de alcohol entre los aviadores es bastante raro, el “problema de que los pilotos tomen” es bastante conocido por el público ya que siempre está entre las noticias importantes. Cada mes hay por lo menos una noticia circulando de que “un piloto tomado ha sido detenido”. Este mismo mes, por lo menos dos pilotos fueron encontrados “afectados por la influencia de licor”. Un piloto de Air India falló una prueba de alcohol después de haber aterrizado un vuelo internacional. Otro de Sri Lankan Airlines no pasó una prueba en Frankfurt, momentos antes de iniciar un despegue con 274 pasajeros y la tripulación abordo.

Así y todo, a pesar de que el alcohol afecta en todos los niveles de la sociedad, las consecuencias varían dependiendo de los individuos. Solo imaginemos qué es lo peor que puede suceder potencialmente si un maestro está un poquito “alegre” en la hora de clase? En el peor de los escenarios, simplemente perderá su empleo. Claro, esto puede convertirse en más serio en el caso de un médico, ya que sus acciones pueden matar a alguien. Sin embargo, lo preocupante es cuando imaginamos el caso de un piloto, ya que una equivocación puede costar todas las vidas de un avión, incluyendo la suya propia. Desgraciadamente, cientos de pilotos alrededor del mundo dan positivo por alcohol antes y después de los vuelos cada año. No solo eso, si se toma en cuenta que estos chequeos son aleatorios, el número real puede ser aún mayor. Solo en la India más de cien pilotos han fallado estas pruebas de alcohol en la sangre en los últimos tres años.

- La aviación parece atraer a los arrogantes

Como queda dicho, la nota dominante de la personalidad de la mayoría de los pilotos es la arrogancia. Un grupo de estudios ha demostrado que la aviación atrae a individuos con un alto nivel de arrogancia. En 2004, un estudio de la NASA, con un muestreo bastante diverso, confirmó que la “personalidad de piloto” realmente existe. Más aún, indicó que la profesión aeronáutica atrae a un cierto tipo de gente que es emocionalmente estable, confiable, correcto y consciente; bajo en ansiedad, vulnerabilidad, hostilidad irascible, impulsividad y depresión. Sin embargo, alto en sentido de deliberación, búsqueda de logros, sentido del deber, competencia y con un nivel de confianza tan alto que puede realmente resultar en un comportamiento arrogante.

Desde luego, no todos los pilotos poseen estas características de personalidad; además, estos rasgos pueden variar dependiendo de la edad y la experiencia; pueden también desarrollarse o dejar de existir mientras los pilotos están sujetos a entrenamiento. No obstante, la mayoría de estos profesionales participan de intereses comunes y tienden a caer bajo un cierto tipo de personalidad, el mismo que incluye a la asertividad (la tendencia a expresar con firmeza una opinión) como rasgo sobresaliente. Los aviadores la requieren con el objeto de gestionar su responsabilidad. Ellos necesitan estar absolutamente confiados con sus decisiones, especialmente en una situación de emergencia, ya que no tienen tiempo para dudar o estar indecisos.

Sin embargo, los pilotos que se mantienen con éxito en la industria de la aviación aprenden a mantenerse humildes. Una “humilde” arrogancia mejora definitivamente la calidad de su trabajo y garantiza la seguridad de todos abordo, en la manera que esto refuerza su sentido de responsabilidad.

- Mucha arrogancia puede conllevar serias consecuencias

A veces la arrogancia simplemente se pasa de límite. La sobre-confianza de algunos pilotos puede permitirles no solo descuidar las regulaciones como, por ejemplo, consumir alcohol; puede resultar en muy serios aspectos de seguridad. En los últimos años la histeria en vuelo ha pasado a convertirse en un asunto muy preocupante. Es más, de acuerdo a estadísticas, el número de estos incidentes anda literalmente por la nubes. Titulares como “Piloto es arrestado por maltratar a un empleado de tierra”, “Piloto acusado de agredir a otro empleado” o “Piloto arrestado por agredir a un oficial de policía” ya no sorprenden a nadie.

Algunos estudios sugieren que gran parte de los aviadores tienen dificultad en aceptar las críticas ya que son muy competitivos, pero además tienen muy baja tolerancia con la imperfección ajena. Por lo mismo, tienden a modificar el ambiente en lugar de cambiar su comportamiento. Por este motivo, algunos pilotos se permiten actuar con bastante irespeto hacia sus propios colegas. En el 2011, un piloto de Southwest Airlines se quejó ante su copiloto acerca de los auxiliares de vuelo abordo ya que no estaba contento con su apariencia. Es más, se refirió a ellos como a “un atado de maricas, abuelitas y endiosados”. Para su desgracia, había olvidado de desconectar el micrófono y todo el incidente se llegó a conocer.

- Moderación en todas las cosas

Como dice el dicho, todo es bueno con moderación, una “humilde” arrogancia puede tener un efecto saludable en el trabajo de los pilotos, mientras un exceso de arrogancia muy probablemente tendrá un impacto negativo, e incluso puede despertar inquietudes de seguridad. No obstante, al final del día, la arrogancia es una consecuencia de la auto-confianza, que resulta crucial en el mundo de la aviación. Tratar de eliminarla es inútil, pero tenerla bajo control es esencial.

Por suerte, algunas medidas se han implementado. El 15 de agosto, la EASA publicó una serie de propuestas a la Comisión Europea para un ajuste en las reglas relativas a la adecuada salud de los pilotos. Las nuevas reglas darían atención especial al monitoreo de drogas y alcohol, así como a una cuidadosa evaluación de la salud mental. Por lo tanto, si las propuestas son aceptadas, se ha de dedicar más atención a la condición mental de los pilotos y se espera que el monitoreo constante vaya a reducir los aspectos del exceso de arrogancia de los aviadores hasta un “sano” nivel que no afecte a la seguridad de vuelo.

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19 agosto 2016

En búsqueda de Perseo

Comentábamos, en una entrada anterior, que existe una curiosa tendencia en la mitología griega de hacer responsable de diversas situaciones a Poseidón. Esto es probable que así haya ocurrido dada la naturaleza díscola del dios de marras. Poseidón, el dios de los mares, siempre fue visto como una divinidad caprichosa, impetuosa e impredecible; y, ante todo, voluble como las tormentas e inestable como la intranquilidad de los mares. De ahí que, no habiendo una explicación coherente para ciertos episodios, el recurso acostumbrado fuera el de involucrar a ese indócil dios en las vueltas del destino e interpretar la fortuna con atención a sus arrebatos.

Esto precisamente ocurrió con otro de los mitos griegos, el de la horripilante Medusa. Se dice que era extremadamente bella, aunque caracterizada por su enfermiza vanidad. Había cometido el desliz de acostarse con el siempre travieso Poseidón; pero había dado curso a sus pasiones en el mismísimo templo de la diosa Minerva, quien enojada por la imperdonable profanación, habría convertido al hermoso cabello de la frívola Medusa en un manojo de serpientes repugnantes. Desde entonces la Medusa adquirió la propiedad de transformar a los hombres en estatuas de piedra con solo mirarlos a los ojos.

Pero, no sólo existen personajes siniestros en los mitos griegos; en su Panteón existe también cabida para los imponderables redentores. Así, los helenos inventaron otros seres legendarios, mitad dioses y mitad humanos: los inefables héroes. Este es el caso de Perseo, el gran héroe griego anterior a Hércules. Perseo es el héroe mítico salvador que decapitó a la insidiosa Medusa, es el dueño de un nombre cuya etimología sugiere la condición de aquel que asola y arruina, del que destruye y arrasa. Cuando llega Perseo es para poner las cosas en un nuevo orden; lo hace para vengar y restituir, para redimir y reparar.

Pero la mitología no está solo para dar testimonio de la imaginación del hombre, o para expresar sus temores, obsesiones y creencias. Su propósito ulterior es el de entregarnos la sabiduría de sus parábolas, participarnos de sus consejos y advertencias, proporcionarnos sus lecciones morales. El mito se convierte así en el método didáctico por excelencia; es el recurso que los hombres más sabios utilizaron en la antigüedad para recomendarnos la virtud y darnos sus moralejas.

Vivimos hoy una hora difícil para la humanidad. Ahora, los ideales de progreso luchan contra la intolerancia, el argumento maniqueo y el absolutismo, estos factores  erosionan los cimientos en los que se sustenta la democracia; pero, por sobre todo, hacen posible el debilitamiento del marco institucional que requiere la estructura de la sociedad. Sin ese marco, la automática consecuencia es el avance impune y desenfrenado de ese monstruo llamado corrupción, esa verdadera Medusa que debe ser decapitada con urgencia.

Estoy persuadido de que ni siquiera se trata ya de un asunto relativo a la ausencia de valores. El aspecto de fondo es una enfermiza condición estructural. Las circunstancias están dadas para que campeen el abuso, el desparpajo y la arbitrariedad. Así, el inmediato resultado es el voraz enriquecimiento de unos pocos cínicos; pero, la consecuencia a largo plazo es la postergación de ese estado general de bienestar al que hemos dado en llamar progreso. La ecuación es entonces cada vez más preocupante: a mayor corrupción, más tiempo tomará promover y desarrollar una sociedad.

Tengo un buen amigo que colabora como funcionario de gobierno. Un buen día, mientras compartíamos una distendida sobremesa, le pregunté acerca de cuáles consideraba que eran los mejores logros y los peores desaciertos del gobierno del que formaba parte. A lo primero respondió refiriéndose a la obra pública y a la inclusión social; en cuanto a lo segundo, su respuesta fue tan inesperada como elocuente: ¡la corrupción!, se sinceró. Nunca cuestioné la incoherencia de que persistiera en su colaboración a pesar de reconocer tal convencimiento; pero me ha quedado la inquietud de si aquel estado de corrosión sólo es posible cuando se ha desmoronado la institucionalidad que debe primar en cualquier Estado.

No hay duda, hace falta un héroe que descabece a la Medusa. Se busca un nuevo Perseo!

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09 agosto 2016

Una luz al final del túnel

Hoy quisiera hablarles de la tan publicitada “Solución vial Guayasamín”. Lo hago en la esperanza de que dicha solución no se vaya a convertir en algo aun más grave que el propio problema. No es mi intención, por ahora, abordar el aspecto político-administrativo del asunto; persuadido, como estoy, de que atendiendo al dialogo y al intercambio provechoso de ideas, se ha de propender a buscar la mejor alternativa para la situación del tránsito en esa importante encrucijada que existe en la ciudad.

Cuando hablo de problemas, me es difícil no recordar a uno de los maestros que más influyó en mi formación. Era cubano y enamorado del cine, fue mi profesor de literatura. Luis Campos Martínez instauró en Quito el cine-foro intercolegial y fue un activo motivador de temas de interés para la juventud. Su voz inconfundible, estentórea y autorizada, iluminó muchas controversias. Curiosamente, para lo que más era requerido era para que nos hablara de lo que entonces llamábamos “el problema sexual”. Eran tiempos en que, más que por la religión o las tradiciones, la conducta social estaba influenciada por un rancio tufillo de mojigatería…

Imposible insinuar entonces que una pareja compartiese un lecho sin estar casada o que dejase bullir, en forma responsable, el mutuo disfrute de ese don natural que llamamos sexualidad. ¿De qué “problema” están hablando, chico? Si el sexo no es, ni puede ser, ningún problema! Es la condición más humana y tierna que Dios nos pudo haber regalado en esta tierra! Lo que pasa es que debemos rodearlo de amor y de dignidad! Por lástima, no pudiera parodiar a mi ex maestro, y proclamar que el actual túnel "no es ningún problema", porque desgraciadamente el problema de tránsito en ese sector (la entrada desde Quito al valle de Tumbaco) se lo dejó crecer y existe. Las varias soluciones que se implementaron, terminaron por profundizarlo aún más.

Cuando hablamos del problema que nos ocupa es bueno distinguir dos aspectos: el túnel propiamente dicho y el distribuidor de tránsito que debería haber en ese sector. Respecto al túnel, nunca se lo construyó, por problemas de presupuesto, como estuvo planificado; y, desde entonces, el crecimiento del tránsito, hacia el sector que sirve, ha superado totalmente las expectativas. Esto, debido al enorme e inesperado crecimiento demográfico que tuvo ese sector; asunto que se agravó debido al componente socio-económico que caracteriza a sus pobladores. Este asunto incide en el número de autos que utilizan la vía interoceánica y el mencionado túnel.

Además, el tránsito se ha visto afectado por la incorporación de la ruta VIVA que, aunque ha servido para crear y promover el desarrollo de múltiples sectores (principalmente el del aeropuerto capitalino), ha aumentado también en forma exponencial el tránsito que estaba previsto. Otro aspecto que no ha sido debidamente considerado es el de la ubicación y real necesidad del peaje correspondiente. Claro que con o sin peaje, a ciertas horas, de todos modos habría congestión; pero hace falta considerar la posibilidad de poderlo eliminar.

La situación de cuello de botella en que se ha convertido el sector de la plaza Argentina es consecuencia, lamentablemente, de la falta de planificación. Esta es una verdad de Perogrullo, pero hace falta un cambio de paradigma y de mentalidad: en nuestras ciudades se construyen demasiadas urbanizaciones sin que en forma simultánea se construyan calles, avenidas y autopistas interconectadas que faciliten el tránsito vehicular de mediana y alta velocidad. No solo no se quiere planificar -la muletilla es siempre la falta de recursos-, parece que nadie se diera cuenta en los organismos involucrados. Aún peor: a nadie parece que pueda importar!

Aun así, el problema no se ha disparado todavía por completo. Creo que lo que vendrá en poquísimos años va a ser todavía mucho más complejo. Hay, por lo mismo, que anticiparse con una solución definitiva e integral. ¿Cuál sería esta? La única alternativa es la de acudir al subsuelo; en este sentido, se debe planificar la construcción de varios túneles que se inicien en sitios como La Vicentina o los parques de La Carolina o El Ejido y se junten directamente con la avenida Simón Bolívar o con la ruta VIVA. Solo así se han de superar los problemas de congestión vehicular y, sobre todo, se ha de permitir que la ciudad se comunique en forma más efectiva; y que los nuevos barrios se desarrollen armónica y eficientemente.

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