La palabra templo viene del latín templum, vocablo formado por la raíz indoeuropea *tem- (cortar) y el sufijo -lo, con una pe añadida. No siempre tuvo un sentido religioso; fue una antigua voz en lengua augural. Los augures, que vaticinaban la fortuna por medio del vuelo aviar, “cortaban” un espacio en la cubierta del lugar donde hacían sus observaciones. La práctica se expandió a los bosques, talando la vegetación en espacios considerados sagrados. Así templum designó esos espacios; y, sólo después, al edificio construido para contener la estatua de una deidad y sus ofrendas. La vinculación de templo con esas prácticas, se percibe todavía en el verbo contemplar, que significaba en origen, “observar el templo” o espacio sagrado para predecir la fortuna mediante el vuelo de las aves, que es lo que hacía el augur...
Basílica, en cambio, viene del latín que la tomó del griego, con el sentido de regio o real. Los griegos dieron ese nombre a una gran sala rectangular que contenía un ábside (pared semicircular) en la cabecera, algo que vieron en los palacios orientales: este era un salón del trono donde se celebraban audiencias. Los romanos, grandes constructores, se fijaron en estas salas y crearon, con igual estructura, un edificio público con idéntica forma y lo llamaron con el mismo nombre griego que tenía el lugar que lo había inspirado. Las primeras basílicas se construyeron en el foro Romano a partir de los siglos III y II a. C. Poco después, los romanos llenaron el mundo mediterráneo con similares basílicas: cada población tenía al menos una.
Basílica era, por tanto, un edificio civil utilizado para celebrar juicios legales con la presencia de público, o como un centro de negocios y transacciones financieras. En el principio, las basílicas eran grandes edificios con una sala cuya cubierta estaba sostenida por dos filas de columnas que delimitaban tres naves. Con el tiempo se construyeron basílicas cubiertas por bóvedas cada vez más grandes; en el ábside habrían situado la estatua del emperador que había patrocinado o financiado esa construcción específica.
En el siglo IV, cuando el cristianismo cobró auge con Constantino, los cristianos empezaron a construir templos financiados por los emperadores. Lo hicieron, buscando lugares adecuados para que los fieles pudieran cumplir con sus rituales. Tomaron como modelo las basílicas romanas y construyeron sus templos con similar arquitectura: una nave rectangular con dos hileras de columnas y un ábside en la cabecera; las llamaron basílicas y, por ello, hemos acabado asociando el término con un sentido religioso.
Iglesia (sin mayúscula) es el término general para cualquier lugar de culto; es el templo donde se reúne la comunidad. Es una forma de designación común y abarca desde una capilla de barrio hasta los templos más grandes. Su función principal es la de acoger a la comunidad para efectuar los ritos y celebraciones litúrgicas. Hay iglesias con carácter parroquial; su administración está a cargo de un cura o sacerdote, este funciona como lo haría la autoridad municipal. Algunas iglesias han incorporado un “crucero”, este consiste en dos pequeñas alas laterales, a manera de capillas, para que la nave tenga la forma de una cruz.
“Basílica” es, por otro lado, un título honorífico que el papado otorga a ciertas iglesias por su importancia histórica, valor espiritual o relevancia arquitectónica. Todas ellas son iglesias, pero no todas las iglesias son basílicas. Estas son las principales diferencias: las basílicas acceden a ciertos privilegios, como el derecho a usar algunos ornamentos litúrgicos y prioridad en caso de visita papal. Hay dos categorías de basílica: las mayores son solo cuatro en todo el mundo y todas se encuentran en Roma; ellas son: San Juan de Letrán, San Pedro, San Pablo Extramuros y Santa María la Mayor. Las menores son cientos de iglesias que están repartidas por todo el mundo y son, además, reconocidas muchas veces como centros de peregrinación.
Una catedral es una iglesia que sirve como sede principal de una diócesis y alberga la “cátedra” o asiento del obispo (o arzobispo). Esta es una iglesia, pero no todas las iglesias son catedrales. Catedral viene del latín cathedra (silla con brazos que en la antigua Roma usaban los profesores). Es el templo central de una región eclesiástica (diócesis) y el lugar oficial –o sede– donde el obispo dirige y enseña a su comunidad. Hablamos de cátedra para referirnos a la dignidad episcopal, pero también a la facultad de impartir enseñanza.
Finalmente, sería conveniente definir el significado de ‘capilla’. El nombre viene del diminutivo ‘capita’ o capa pequeña, y tiene relación con un gesto caritativo que habría tenido San Martín de Tours con un anciano desprotegido e indigente (el de partir y compartir con él su capa); capilla equivale a oratorio. Existen también, en algunas iglesias, capillas interiores, dedicadas a rendir culto a las advocaciones marianas o para venerar a los distintos santos.


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