Es un programa de concursantes; se presentan, probando fortuna, improvisados cantantes. La cámara muestra los rostros del jurado: reflejan la callada expectativa de la audiencia. El lugar parece un adaptado escenario. Un hombre algo viejo sube al proscenio y toma el micrófono, no luce andrajoso pero se lo ve desastrado. Antes de cantar comenta su condición: se llama Ernesto, tiene 54 años, vive de la caridad ajena, duerme en las calles. Dice haber sido carpintero, se lastimó las manos y construyó su casa, educó a su hijo. Más tarde, este y su mujer lo abandonaron. No está por el dinero o la fama; quiere decirles con su romanza que todavía los quiere y que por siempre los estará esperando…
La canción es la historia de su vida; pero también una de las tonadas más conmovedoras que he escuchado en la mía. Los jueces y el público disimulan sus lágrimas: les ha ganado la emoción. Se me hace inevitable buscarla más tarde en el internet. Su letra está colmada de nostalgia. Se me hace perentorio conocer el título, revisar su letra, saber el nombre de sus autores. Hay una mezcla de tragedia y de bondad en la actuación del hombre. Es muy valiente si de veras es lo que dice ser: un vagabundo. La melodía es preciosa y formidable su interpretación. Quizá hay algo ahí que produce una extraña sensación: el movimiento de las manos del desaliñado personaje no coincide con el ritmo de la tonada.
Escudriño en los medios para satisfacer mi curiosidad. Quiero saber si hay otras versiones o quién pudo ser el intérprete original. Lo que descubro me llena de confusión: “nadie la hizo”, nadie la compuso ni la inventó. Tanto la música como la actuación fueron creadas con inteligencia artificial… No puede ser, me digo para mis adentros. Resisto a la impresión de sentirme engañado, pero debo reconocerlo: es una de las mejores melodías y más sensacionales actuaciones que jamás haya presenciado en mi vida. Ya no pienso en la historia, ni siquiera en lo que nos traerá el futuro; me dejo inspirar por el mensaje... Pienso en mi Negro querido, en Felipe, el hijo que en forma artera me arrebató la vida, el hijo que perdí… Entonces, también voy a la puerta de mi casa y me pongo a tararear, con lágrimas en los ojos, esa triste canción…
Laid each brick with love and plans
You were my light, my reason why
Now I just talk to an empty sky.
Where your laughter lived before
Every night, I whisper low
Come back home, don't let me go
But silence is all I know.
Watched you chase your dreams and fly
I gave you wings, I stayed behind
But now you're gone, and so is time.
Where your footsteps touch the floor
Even pain begins to fade
But the love, it always stays
Still alone, still afraid.
To hear you call, to hear you say
That I remember who you are
But wishes don't go that far.
Old and tired, full of ache
Not for gold, not for fame
Just to call out your name
Still waiting, still the same…
Entonces, trato de encontrar una traducción adaptada a nuestro idioma, por lástima todas tienen una impronta literal. Ninguna acoge el pausado ritmo de tan genial creación. Me resisto a aceptar que ella esté destinada, en forma irremisible, a que solo se la pueda cantar en inglés. Me propongo “devolver el favor”, hacer alguna vez lo posible e intentar una nueva versión… Hay en ella una frase que me atrapa: “Hasta el dolor se empieza a ir, pero el amor siempre permanece”.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario