26 mayo 2026

El barco de Teseo

No recuerdo cómo exactamente ocurrió, el punto es que una noche, mientras nos tomábamos un par de tragos, Pablo me confesó que tenía a su cuidado un documento invaluable: se trataba de un códice maya, cuya fecha de elaboración era muy difícil de precisar. Se trataba del legado de un ilustre antepasado que lo había obtenido como obsequio por parte del gobierno mexicano. Cuando lo revisé (parecía un acordeón), reconocí que ese era un fragmento de historia, un verdadero tesoro, un grabado antiguo y fascinante.

Como buena parte de su biblioteca ya había sido donada a una institución cultural, quise saber, cuándo él falleció, cuál había sido el destino de ese fascinante e irrepetible testimonio; y qué volúmenes habían sobrevivido en ese modesto librero que todavía quedaba en la habitación que le sirvió de escritorio. Su viuda, de propia iniciativa, me invitó a explorar ese anaquel, a ver si pudiera interesarme por uno de esos olvidados tomos. Los revisé en forma sumaria, no quería dar la impresión de que me animaba, más que la curiosidad, la horrible intención de la codicia. Tomé un libro de pasta dura al azar; contenía el Moby Dick de Neville. Me puse a hojearlo: alguien había resaltado con marcador anaranjado varios términos náuticos; destacaban esos vocablos que se encuentran en Conrad o en Galdós…
Solo al llegar a casa descubrí que también se habían añadido un par de extraños comentarios. Estos parecían contener un mensaje dedicado a algún destinatario, a manera de recado… Uno estaba transcrito en la contratapa, se había utilizado el mismo marcador con el que se habían resaltado aquellos vocablos. Se trataba de un mensaje religioso, proclamaba: “Entre Dios y el creyente no se necesitan intermediarios”. El nombre de Mahoma, a manera de rúbrica garabateada, lo subseguía. El otro asomaba dos hojas después; era una nota trazada al apuro, tenía un par de tachones, contenía una oscura palabra suscrita con indescifrable caligrafía: “Un tipo descubre un papel que le conduce al encuentro de cartas cruzadas entre 3 o 4 autores. El (a…d…s) de las cartas, en distintas bibliotecas, resolverá un crimen cometido, del cual sabían esos autores…” Me tomó algún tiempo descifrarlo: no me había sido fácil interpretar la palabra ‘análisis’ con claridad. Tuve que pedir a alguien, con un tipo de letra parecida, que me ayudara a descifrar el acertijo.
Se me ocurrió redactar una consulta y someterla a la IA. Pregunté: “¿Qué obra contiene tiene esta trama…”, hice copy-paste y la completé con esa misma nota, que parece que fue recogida como referencia o tal vez tomada de algún programa televisivo que incluía un guion parecido… Era evidente que ante la falta de papel disponible para escribir, alguien había utilizado una página libre de la contraportada, apunte que interpreté –en principio– como una súbita idea que a alguien se le había ocurrido, y que se establecía como el borrador para un eventual relato posterior; o, quizá, un desafío para que alguien intentara escribir una historia parecida.
Pasados breves segundos la IA me contestó: “La obra puede ser la novela ‘S.’ (Ship of Theseus), concebida por J.J. Abrams y Doug Dorst, publicada en 2013. La trama se basa en un personaje misterioso que un escritor describe; y el análisis de cartas, recortes y anotaciones en los márgenes, efectuado en una biblioteca por otras dos personas. El guion devela un crimen y una trama ocultas. Se trata de un ‘guion Interactivo’, donde los lectores pasan a actuar como detectives, analizando las anotaciones de dos estudiantes (Jen y Eric) que investigan al enigmático autor "V.M. Straka". Existe una serie de elementos clave; como cartas, mapas dibujados en servilletas, recortes de prensa y fotografías que se encuentran físicamente dentro del mismo libro. La correspondencia cruzada entre los dos estudiantes, que ha sido ubicada dentro de los márgenes, ayuda a reconstruir la historia y resolver el misterio y la identidad del autor del crimen. Otra posibilidad, aunque más enfocada en la correspondencia clásica, sería "Cartas cruzadas" de Darío Jaramillo Agudelo, un escritor colombiano; sin embargo, la descripción interactiva encaja mejor con ‘S’. (El barco de Teseo)
Luego de somera investigación descarté la segunda opción. Ello me permitió enfocarme en la historia de Dorst. Estaba frente a un insólito concepto de narración (incluía la publicación simultánea de comentarios efectuados por supuestos lectores, en letra manuscrita); noción que aportaba a la idea del “libro como objeto”. Así, el lector se convierte en indagador y en un personaje más: es un nuevo protagonista. El formato es peculiar: aporta con la asistencia de material complementario. De ese modo, la lectura se torna complicada y exigente. “S” no es una novela para cualquiera, no se puede prescindir de lo que comentan Eric y Jen. En resumen, se trata de un libro de misterio: el lector debe intentar descubrir la identidad del autor, así como también la del principal personaje. Straka es enigmático, es un hombre sin pasado que es secuestrado y llevado, en un barco siniestro, a un viaje lleno de peligros.
La novela es un trabajo experimental, su recurso es jugar con la forma del texto, resultando en una narrativa multi-direccional. Bien visto, los acertijos y saltos de lectura, entre páginas, son una forma de ‘enganche’. En suma, se trata de un rompecabezas con tres tramas: la historia de “S” en sí; los comentarios de quienes investigan; y el resultado que surge cuando esas dos tramas se enredan con el misterio de la identidad del autor. El lector atento debe discernir entre ficción y realidad, bregar con la historia central, a la par que con los comentarios que no siempre siguen un orden cronológico… Esos comentarios están plasmados en apuntes efectuados en diferente color y caligrafía, con lo que la historia termina convirtiéndose en una “Novela con notas y datos falsos que encubren códigos secretos”. Es como si las palabras estuvieran colocadas con un predeterminado motivo, y el libro en la biblioteca con idéntico propósito. Debe haberse dado un formidable trabajo de traducción y edición. Se nos ofrece una sugerencia: leer el texto por capítulos y, luego, regresar a revisar las notas de los márgenes y las puestas al pie de página (las añadidas por el traductor).
Teseo fue un héroe griego, hijo de Egeo, rey de Atenas, su historia es un paradigma. Cansados los griegos de ofrendar cada año siete efebos y siete doncellas para satisfacer la gula del Minotauro (animal mitológico que devoraba a sus víctimas en el laberinto de Creta), pidió a su padre que le incluyera en el siguiente viaje para tratar de eliminar al horrible monstruo. Egeo consintió, pero pidió a su hijo que si volvía instruyera a sus marineros que izaran velas blancas para anunciar su retorno. De él se enamoró la sin par Ariadna, quien le proporcionó un hilo que le permitiría orientarse y salir del laberinto. Teseo resultó vencedor y mató al Minotauro; por lástima, sus hombres olvidaron cambiar las velas y su padre al intuir lo peor, se precipitó al mar desde un acantilado y ya no vivió para celebrar la hazaña de su valeroso hijo. Desde entonces esa parte del Mediterráneo pasó a llamarse como ese rey desdichado.
Pero… ¿qué tiene que ver esto con el nombre de la novela? El barco fue abandonado en la playa y su carcasa empezó a sufrir los embates del tiempo. Poco a poco, las olas, los crustáceos, moluscos y otros organismos se encargaron de destruir el caparazón de la nave. Fue entonces cuando el recuerdo del héroe se hizo otra vez presente, y los griegos resolvieron dotar de nuevas y más resistentes maderas a la mítica embarcación. Siempre hay alguien descontento, sin embargo. La gente empezó a decir que: si se cambiaban sus partes, ya no era el mismo barco, el de Teseo; que ya no era en realidad el que les hacía recordar y rendir homenaje a su héroe. Ahora era un asunto de identidad: algo que alguna vez fue, ahora ya no era. Se convirtió en un insoluble problema filosófico…

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