18 agosto 2026

Las barbas del vecino

(Apostillas a mi artículo: "Poner las 'bardas' en remojo?", del 15 de julio de 2013).

Éramos vecinos, descubrió que yo acentuaba la sílaba equivocada de un par de palabras graves; como –necio yo– insistía en mi resabio, el muy taimado me preguntaba por el significado de la palabra que él aducía no haber entendido... Para cuando me escuchó decir algo relativo a "poner las barbas en remojo", presto me espetó que estaba equivocado, que el apotegma se refería a bardas y no a barbas… Esto es parte de la historia de un artículo mío que ya cuenta con casi 5.000 visitas. Mal pudiera tratarse de bardas, procuro sugerir, si el aforismo ya existía en el latín medieval como “Barbam propinqui radere, heus, cum videris, prabe lavandos barbula prudens pilos” (“Si ves que a tu pariente le pelan sus barbas; –eh tú–, haz que las tuyas las mojen, como lo haría un hombre sensato”). 

Mucha agua ha pasado bajo el puente; por ello, mi intención es hoy aportar con nuevos argumentos que he recogido. En primer lugar, pudiera decirse que la figura del barbero, a través del tiempo, se fue convirtiendo en una suerte de alegoría del ladrón. Esto lo tomo de una novela escrita por alguien nacido 30 años después de Cervantes, Francisco de Quevedo (ver IN, De pícaros y picardías, 09/2020); se trata de “La vida del Buscón”, obra en la que Quevedo expresa, en la voz del protagonista, el doble sentido que tienen verbos como rapar o rasurar… Hacia el final del Capítulo I, Pablos cuenta que es hijo de un barbero y de una mujer conocida, por mal nombre, como “alcagüeta”; y refiere que, en cierta ocasión, su padre “fue a rapar a uno, no sé si la barba o la bolsa: lo más ordinario era uno y otro”. Encuentro que la frase, así como su explicación atribuida a Covarrubias, sugieren que pelar, barbear o afeitar, equivalen –metafóricamente– a esquilmar, asaltar o robar; es decir a: “tomar algo con violencia o engaño”.

Por eso, me fue grato poder acceder a una obra única en su tipo, el “Vocabulario de refranes y frases proverbiales…”, compilado en 1627 por Gonzalo de Correas (Catedrático de griego y hebreo en la universidad de Salamanca). Mi búsqueda no dio resultado mientras traté de ubicar el aforismo a través de voces como ‘poner’ o ‘barbas’; fue al usar el adverbio de tiempo que di con el mismo: “Cuando la barba de tu vecino vieres pelar, echa la tuya a remojar”. Correas (1571-1631) nunca llegó a publicar su obra. La legó al Colegio Trilingüe; allí permaneció hasta principios del siglo pasado, aunque su original desapareció. Por ventaja, cuando la RAE preparaba la segunda edición de su Diccionario de Autoridades, guardó copia del expediente para conservarla en su archivo (1780). Correas fue un gramático, lexicógrafo, paremiólogo y ortógrafo español. Es reconocido como impulsor de una reforma a la ortografía del castellano de criterio fonetista, en lugar del criterio etimologista defendido por Nebrija en 1492. Esto explica que se considere “estrafalario” al método ideado por él para editar su Vocabulario, insinuándose que solo entrañaba innecesaria complejidad.

Un día, mientras trabajé en Arabia, me hice acompañar por un conserje mientras iba al bazar en busca de una peluquería, al despedirse el egipcio musitó algo que me pareció dicho en un inglés antiguo: “lf thy barber shaves your neighbour, better be ready and soak thy chin” (Si el barbero afeita a tu vecino, prepárate y remoja tu barbilla). Al expresarle mi extrañeza, mi acompañante me aclaró que se trataba de un refrán egipcio… Sería años más tarde, leyendo un interesante ensayo del académico José María Fórneas Besteiro, que finalmente me topé con la relación entre el refrán y la lengua árabe. Se trata de un breve tratado titulado “Ocho refranes árabes y otros tantos españoles: ¿paralelismos o algo más?”, en el que se da: la traducción literal, su interpretación, y luego se añaden las notas de respaldo mencionadas por el editor marroquí Muhammad Ibn Śarïfa que ha españolizado su nombre como M. Bencherifa:

- Cuando veas que la barba de tu vecino está siendo pelada, pon la tuya en remojo.

- Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar. 

Bencherifa da muchas referencias árabes, recoge una de las formas del refrán en español y remite a La Celestina y a varios autores: califica al refrán de popular y antiguo. El primer hallazgo se remonta al visir al-Mu'tamid de Sevilla, Abü l-Walid, que, según una anécdota que aparece en el Nafh de Maqqarï, al ser depuesto el rey sevillano en el año 1091, habría dicho: «Vierta agua en su barba quien –vea que– ha sido pelada la de su vecino». Se exhiben también otras referencias: la más antigua pertenecer a El Corbacho: «Proverbio vulgar es en Castilla que quando la barva de su vezino viere hombre mesar, que eche la suya en remojo. E la causa es porque el que hizo a un vezino la injuria, amenaza a otro» (sic). “El Corbacho" es una obra maestra de la literatura medieval (1438). Su autor fue Alfonso Martínez de Toledo, Arcipreste de Talavera (1398–1468); es una sátira moral contra la lujuria; combina religión, medicina y costumbres. Su nombre completo es El Corbacho, o Reprobación del amor mundano. A menudo se la confunde con el apellido del autor, la obra se inspira en Il Corbaccio del italiano Giovanni Boccaccio, adaptando el género a la sociedad castellana del siglo XV.

Esta última información me fue proporcionada por uno de mis lectores. El ensayo de J.M. Fórneas, es más que contundente; sobre todo porque árabe y español pertenecen a familias lingüísticas distintas. Se sabe que las lenguas semíticas pertenecen a la macro-familia afroasiática (que incluye al árabe, hebreo y amárico –la lengua etíope–), mientras que las indoeuropeas constituyen una familia separada (que incorpora, entre otros, al español, inglés, hindi y persa). Aunque ambas han compartido préstamos léxicos por contacto histórico, no tienen un origen común (las lenguas semíticas se distinguen por sus raíces tri-consonánticas). Quedaría por determinarse si el adagio se trata de un aforismo dialectal árabe o nos vino al castellano a través de ese idioma.


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