Es lo que hoy llaman un “terraplanista”, alguien que no solo cree y está convencido de que la Tierra es plana, sino de que todo el Universo gira alrededor de ella; y –ya puestos– de que todo mismo gira alrededor de su sacrosanto conocimiento, que parece ser siempre idéntico al de sus inefables e irremplazables amigos. Lo conozco por más de cincuenta años; es de aquellos que siempre tiene algo que reprochar a lo que otros piensan. Cuando ellos intervienen, lo hace para decir que lo que los otros tienen no es lo mejor, porque él tiene algo más perfecto; y, si no es él, sus especiales e impolutos amigos… Así, sus criterios nunca son una opinión más; son la referencia, el credo y el anatema. Si piensas distinto estás a un corto paso del infierno.
No es que sea obcecado o testarudo, es que opina de lo que sabe y de lo que no; baste que alguien haya traído a cuento su opinión o su manera de ver un determinado tema, que él ya esté diciendo que no es así, que es de otro jaez o modo, que él sabe de alguien infalible que piensa distinto. Su problema es que, además, le gusta tomarse unos “pocos” traguitos; y no es que pegarse de vez en cuando unos “guaspetes” sea malo, sino que ese es su estado natural, con el agravante de que con solo zamparse dos ya se pone en modo beodo –necio y excluyente– y se pone en plan de convencer a los otros no solo de que están equivocados, sino que quiere dar cátedra de que lo que él sabe es no solo la verdad, sino siempre, siempre, lo único correcto.
Su problema es que lo suyo es la dipsomanía, y él no está hasta ver el frasco vacío. No solo que nunca son solo dos ni tres tragos, sino que basta un par para que adquiera ese talante tan suyo, tan mordaz y compulsivo. Entonces le da por justificar su ya consuetudinaria condición y repite su mantra de medias verdades que él ha convertido en catecismo: que el humilde Johnnie Walker rojo –que es el que él prefiere y sustenta su exiguo presupuesto– es el más sano y el mejor, y se da por repetir la renovada y cansina falsedad de que es una verdad científica que no solo la respaldan universidades y revistas especializadas, sino que lo ha dicho, ¿quién si no?, un médico muy conocedor y cercano a él. Ya lo adivinaron: uno de “sus” propios amigos…
Pero revisemos primero la información proporcionada por el fabricante: “Desde un punto de vista médico y químico, ningún whisky Johnnie Walker es ‘menos dañino’ que otro. Todos los whiskies estándar de la marca (como Red, Black, Gold o Blue Label) contienen aproximadamente 40% de volumen de alcohol (40°), por lo que el impacto del etanol en el cuerpo es idéntico por trago medido. La diferencia entre las etiquetas radica únicamente en el proceso de añejamiento, en la calidad de los destilados y el nivel de impurezas o congéneres (es decir, las sustancias que se generan durante la fermentación y que empeoran la resaca)”.
“Comparación: Las etiquetas jóvenes (Red Label / Johnnie Blonde), suelen tener un proceso de maduración en barrica menor. Esto puede traducirse en una mayor presencia de alcohol libre al paladar y una mayor concentración de congéneres, lo que incrementa la probabilidad de sufrir molestias si se consume en exceso. Las etiquetas añejas (Black Label de 12 años, Green Label, Gold Label o Blue Label), pasan más tiempo en barricas de roble. Este añejamiento prolongado permite que la madera filtre y suavice algunos componentes secundarios, logrando una bebida más limpia y menos agresiva para el organismo al metabolizarse”.
“Los dos tipos (Black y Blue) no son una versión más joven y más añeja del mismo whisky. Black tiene un registro de 12 años. Blue no tiene declaración de edad y se elabora con barricas seleccionadas a mano para obtener un sabor y textura diferentes. La principal diferencia entre el JW Black y el JW Gold Reserve radica en su sabor y categoría de añejamiento: Black tiene una declaración fija de años y un carácter marcadamente ahumado y robusto, mientras que el Gold es más suave, dulce y cremoso, enfocado en notas de miel sin una edad definida en la botella. El whisky Johnnie Walker Gold Reserve no tiene una edad declarada en la etiqueta, lo que significa que tiene una mezcla legal de whiskies con un mínimo de al menos 3 años de añejamiento”.
“Consejos para reducir el daño al beber: evita mezclarlos con azúcares o gaseosas; ello acelera la absorción del alcohol y potencia los malestares de la resaca. El alcohol deshidrata el cuerpo; acompañar cada trago con un vaso de agua es la medida más efectiva para mitigar el daño físico. El factor determinante en el daño a la salud (hígado, cerebro y sistema cardiovascular) es la cantidad total de alcohol ingerida, no el tipo de etiqueta, el daño real depende de la cantidad total de alcohol puro que se toma. El “mejor” Johnnie Walker depende, por lo mismo, de lo que busque cada quien, pero el Johnnie Walker Blue Label es la verdadera joya de la corona y el más lujoso. Sin embargo, para los expertos en sabor y relación calidad-precio, el JW Green Label suele ser considerado el mejor, esto gracias a su mezcla de maltas puras de 15 años”. Así que... ¡Salud!


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