09 julio 2017

Una forma de enseñanza *

* Tomado del artículo “El más importante maestro de mi vida no fue un profesor de Harvard”. Por Spencer Rascoff, para Linkedin. Con mi traducción.

Hace pocas semanas me entristeció conocer del fallecimiento de mi maestro de infancia Mr. Svetozar Jovanovic. Si bien nuestras relaciones terminaron hace treinta años, sus enseñanzas influyeron en mi éxito más que las de ningún otro profesor que jamás tuve (incluso en Harvard). Sus lecciones no fueron de filosofía, negocios o economía: fueron de ajedrez. Yo tenía nueve años.

El ajedrez es un juego de estrategia. Y aunque hay milagrosas excepciones, no todos nacemos conociendo cómo usar nuestro cerebro de cierta manera. El ajedrez enseña a pensar en forma estratégica, y ese es el motivo por el cual, si tengo que enfrentar un asunto complejo en los negocios, enseguida se me presenta la imagen de Mr. J parado frente al pizarrón con sus enormes piezas magnéticas de ajedrez sacudiendo un largo puntero como si fuera un conductor de orquesta, mientras analiza movimientos y contra-movimientos con la precisión de un general de cinco estrellas. Mr. J me enseñó a pensar diez pasos por delante, a discernir patrones y probabilidades matemáticas, a evaluar las consecuencias de nuestras acciones y a reconsiderar nuestras presunciones cuando cambian las circunstancias.

El ajedrez es, además, un juego para competidores. Yo era un jugador con escalafón a nivel nacional, uno de los mejores chicos en el país, era capitán del equipo que ganó el campeonato nacional de escuelas primarias. Cuando empecé a estudiar con Mr. J, a mis ocho años, él atizó el fuego competitivo que había en mí y que sigue ardiendo décadas más tarde. Soy intensamente competitivo y las raíces de esa característica de mi personalidad pueden rastrearse hacia la huella que dejó mi maestro. Por ello, no es sorpresa que cuando una vez escogimos seis valores claves para emprendedores, me propuse que uno de ellos sea “Ganar es divertido”.

No solo eso me enseño Mr. J, sino también que perder es odioso. Perder una partida humilla y duele porque se da en un campo de batalla totalmente justo. En otros deportes se puede culpar al mal tiempo o al árbitro. Aquí solo se puede culpar uno mismo. Y Mr. J siempre estuvo ahí para recordarme esto luego de una derrota. El era amigo de esa franqueza “de amor duro” que se despreciaba en otros tiempos, una era en que había ganadores y perdedores y no había trofeos por participar. De vuelta al aula, él analizaba mis jugadas y en su pesado acento europeo oriental, con cara de palo me decía: “Si tú querer ganar, trabajar más fuerte”. Y tenía razón.

Recuerdo las revisiones luego de mis partidas, cuando analizaba mi desempeño, movida tras movida. Una buena movida me calificaba con un signo de admiración; una muy buena con dos; una mala representaba un signo de interrogación; una jugada tonta eran dos de aquellos signos. Uno no quería ver esa clase de calificaciones. A veces hoy me encuentro jugando al rol de Mr. J en mi cabeza, con estos mismos signos, durante las revisiones de productos, las juntas directivas o los análisis gananciales.

Sus enseñanzas produjeron tal impacto en mi vida que las he pasado a mis hijos; ellos han llegado a ser buenos jugadores a pesar de mis escasas habilidades con el puntero. He querido que se beneficien con las mismas ventajas que el ajedrez desarrolló en mí: pensamiento estratégico, sentido de competencia intenso y búsqueda de la excelencia. Y aunque su interés por el ajedrez hoy ha disminuido, he procurado que siempre apliquen lo que el juego nos enseña. Lo mismo que Mr. J me enseñó a mí.

Cuando somos jóvenes no nos damos cuenta cómo nuestros maestros pueden influenciar en nuestro futuro. Estamos embebidos en el aprendizaje y para nuestra tierna percepción, el maestro es solo un vehículo para nuestro conocimiento. Solo cuando crecemos nos damos cuenta cómo estos formidables individuos moldean nuestra identidad, nuestros valores y las opciones para nuestras carreras. Mr. J plantó semillas de criterios estratégicos, sentido de competencia y de esfuerzo: sin ellos no estaría donde estoy. Gracias, Mr. Jovanovic!

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05 julio 2017

El nombre de nuestro Metro

Tengo el pálpito, a manera de sospecha (sí, porque lo que hoy voy a comentar tendría el carácter de conjetura), que el nombre que se le ha puesto al sistema de transporte subterráneo de Quito ha surgido de manera inopinada. Y uso este último vocablo con intención, no porque no se haya invitado a la opinión de la ciudadanía, sino porque el nombre parece haber aparecido en forma inesperada.

O, ¿quién sabe? A lo mejor, dado el escaso grado de imaginación que nos caracteriza; y, debido a esa extraña tendencia que nos distingue: la de imitar, sin discriminación, todo aquello que suena a ajeno, más bien habría que imaginar que eso de llamar a ese medio de transportación como Metro, habría sido lo que pudo haberse esperado. Al principio, se empezó utilizando el nombre solo como un rumor, como el proyecto que todavía era, así, con un nombre genérico; pero de ahí en adelante, se siguió usando la voz como una marca de fábrica, como algo convenido, como algo que ya había sido puesto a consideración de los habitantes de la urbe, a sus dueños, a quienes serían sus futuros usuarios.

Pero Metro no viene de “metro” como se pudiera suponer. El metro, el “otro metro”, aquella unidad  o medida de longitud viene de una palabra francesa, aunque parecida ("metre"), la misma que a su vez proviene de un vocablo griego, la palabra "metron". Ese otro metro, no es todavía una medida con un reconocimiento universal; esto, a pesar de que existe una tendencia, ya general en el mundo, de aplicar lo que se conoce como Sistema Métrico Decimal. En efecto, el uso de la milla, que no del kilómetro; y de las pulgadas, que no de los centímetros, es todavía base en muchos países, no sólo de una manera de medir, sino parte integrante de una forma de vida, de un modo de entender el espacio, de una forma de información y comunicación.

Uno de los diccionarios que he consultado, define "metro" (sustantivo) como una unidad de medida de longitud que equivale a 39,37 pulgadas y que es igual al espacio que tarda en cruzar la luz al vacío durante 1/299,792,458 de segundo (parece confundir al significado con el significante); lo que equivale a casi trescientas millonésimas de segundo, si no me confunde el guarismo... Dice el DRAE que representa la diez millonésima parte de un cuadrante de meridiano terrestre. Los diccionarios proponen también otras acepciones: una para el instrumento de medición, otra para un tipo de versificación, y aun una adicional como apócope del subterráneo metropolitano o como el prefijo de metrópoli.

Al sistema de transporte deprimido, que hoy nos ocupa, se le conoce con diversos nombres en los distintos lugares; a veces se lo hace con un nombre específico, otras veces utilizando siglas o un acrónimo. Subte, Subway, MTR, MRT, Tube, son algunos de los nombres que me vienen a la mente; pero debo reconocer que el que se destaca como más popular es el de Metro. Así, con esta forma coloquial, se lo conoce en muchos lugares, aunque en algunos casos así se lo haga a pesar de que obedece a una distinta y oficial denominación.

Al Metro de Quito, se lo va a medir en kilómetros. Se estima que, utilizando esta medida, va a tener veintidós kilómetros de extensión. Se espera que la obra esté lista para el 2019, de no presentarse dificultades en los trabajos o problemas con su financiación. El Metro va a tener inicialmente una sola línea y se conjetura que tan pronto como se reconozcan sus evidentes bondades, ya se empezará a hablar de nuevas líneas y de nuevas estaciones para transbordo y conexión.

Pensar que cuando éramos niños, allá a inicios de la segunda mitad del siglo pasado, cuando ya no había tranvía, y existían los buses ordinarios y especiales, los "micros" y los colectivos, no había en Quito más de una docena de líneas de buses de transporte. Sospecho que las primeras fueron también diseñadas con el sentido longitudinal que tiene la ciudad. Las dos primeras fueron la Iñaquito-Villa Flora (1) y la Colón-Camal (2); las demás se fueron acomodando poco a poco al complejo plano de la urbe y a las posteriores necesidades de transporte que, asimismo, fueron de la mano con el diseño y el crecimiento de la ciudad.

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02 julio 2017

Los cuernos de la luna

"Era ya tarde la otra tarde" cuando alguien me dirigió una pregunta con visos de insidiosa. Bien pensado, pudo haberse tratado de una simple curiosidad, o pudo haber sido también una forma de calibrar mis conocimientos en referencia a un asunto elemental en materia aeronáutica. En efecto, los cuernos de la luna empezaban a destellar hacia poniente, cuando ese alguien, así como si nada, me inquirió acerca de si la luna servía para orientarse y navegar por la noche.

Sabido es que quienes navegan utilizan el firmamento, y más concretamente la posición de las estrellas, para determinar sus rumbos y establecer su singladura. Pero la luna, al igual que los planetas, no sirve por lástima para aquellos náuticos propósitos. Y esto se debe, en esencia, a que una y otros se pasean por el firmamento, no son fijos, son vagabundos -como lo son los pordioseros-; y por ello, justamente, se conoce a los planetas como errabundos o trotamundos en otros idiomas (por ejemplo, se los llama "wanderers" en inglés).

Y es que los inquietos planetas, que no titilan sino que destellan, aparecen en sitios distintos a la misma hora de la noche; y no como las estrellas, cuya posición no varía si se las observa a la misma hora en días diferentes. Con la luna sucede algo parecido: que asoma en distintos sitios, y con distintas formas, de acuerdo a su propio calendario que dura algo más de veinte y nueve días (veinte y nueve días, doce horas y algo más de cuarenta y cuatro minutos), que es lo que se conoce como mes sinódico que equivale a una lunación.

Así, de la inutilidad del satélite terrestre para fines náuticos, pasamos en la referida tertulia a otros asuntos relacionados con cómo identificar las fases de la luna. Dos curiosidades afloraron: una relacionada al porqué de llamar "nueva" a una luna que nunca se la ve; y otra, más sugestiva, relacionada con cómo identificar, a simple vista, si aquel cuerno o media luna -como se presenta el satélite durante la mitad del tiempo- se encuentra en una fase reconocible como menguante o creciente.

Una noche, caminando con unos colegas por las calles de Buenos Aires, aprendí por casualidad una sencilla regla: si la luna parecía una C, estábamos en cuarto creciente; pero, si parecía tener la forma de una D, estábamos en cuarto menguante. Me pareció desde entonces una fórmula sencilla; el problema era que el método se complicaba cuando se veía la luna desde el hemisferio norte, ya que el cuarto de luna cambiaba de forma y a veces se la veía como a una U y otras veces como a una U invertida. La fórmula solo funcionaba cuando observábamos el satélite cuando estábamos apostados en el hemisferio austral.

Por ventaja, y gracias a mi porfiada curiosidad, he aprendido con el tiempo que la manera más sencilla de diferenciar el fenómeno es orientarse con respecto a si aquella parte convexa del cuarto de luna mira hacia levante o poniente. Si esa parte convexa (su barriga) mira hacia poniente, estamos en cuarto creciente; si, por el contrario, la curvatura mira hacia levante, estamos en cuarto menguante. Además, y esto funciona en forma axiomática, el cuarto creciente sólo puede observarse en horas de la tarde y hacia el principio de la noche; en tanto que el menguante aparece en horas de la madrugada o temprano en la mañana. Es oportuno mencionar que la luna llena o plenilunio aparece por primera vez hacia el este en el crepúsculo vespertino.

Lo que sí desconozco es por qué usamos en lenguaje coloquial frases como "mandar al cuerno", "poner los cuernos"
(cachos), o "muchacho de un cuerno"... Para lo primero, conjeturo que significa mandar a alguien a un sitio miserable y poco deseado; el DRAE dice que significa "mandar de paseo", pero no explica el porqué del uso del sustantivo. Para lo segundo, también me parece que se trata de una forma subrepticia -o consentida- de infligir una clandestina cornada; pero, de nuevo, no sé de dónde sale esa figurativa fórmula de asociación, la de que engañar al consorte signifique adornar su testuz con aquellos cuernos... Las explicaciones que he encontrado, todas, tienen un origen muy controvertido.

Más equívoco parece el último uso, aquel de reprender a alguien (a un hijo, por ejemplo) tratándolo de "muchachito de un cuerno". Si los cuernos serían sinónimo de infidelidad, o acaso representarían una forma de impropia asociación, su sola mención pudiera significar algo así como "hijo de espuria relación". Qué confuso...

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28 junio 2017

Boeing, adelante en el marcador *

* Tomado de la revista noticiosa AeroTime, con mi traducción y edición.

Como era de esperarse, el Show Aéreo de Paris se iba a caracterizar por la presentación de nuevos modelos, más que por nuevas ventas de aviones y nuevas ordenes; pero, en la realidad, el show se ha convertido en un duelo entre Boeing y Airbus (una vez más). Ambas compañías han quitado el velo a las nuevas versiones de dos de sus modelos clásicos: el 737, por parte de Boeing, y el A380 por el lado de Airbus. Ambas presentaron sus analizadores de Grandes Datos (Big Data): y tanto el uno como el otro pronosticaron un muy auspicioso futuro para la aviación en los próximos 20 años. Pero es Boeing el fabricante que ha resultado vencedor.

Airbus, mientras tanto, ha anunciado un total de $ 39.7 billones en nuevos compromisos durante el Paris Air Show de 2017. Consiguió compromisos para un total de 326 aviones, incluyendo ordenes firmes para 144 aviones por un monto de $ 18.5 billones, y otros acuerdos para probables compras (MoUs) para un total de 182 aviones por un monto de $ 21.2 billones. MoU significa "Memorandum of Understanding".

“Las ventas y nuevos compromisos para el A320 fueron muy vigorosas” ha dicho Airbus, con negocios para un total de 306 aviones que representan un capital de $ 33.8 billones. Este monto involucra 132 ordenes firmes por un monto de $ 14.7 billones, y acuerdos por confirmar (MoUs) para otros 174 aviones por un valor de $ 19.1 billones. En el mercado de los aviones de cabina ancha, Airbus hizo negocios por 20 aviones con un valor de $ 5.9 billones, que incluyen 12 ordenes firmes por un valor de $ 3.6 billones; más acuerdos condicionales para otros ocho aviones por un valor de $ 2.3 billones (un billón americano equivale a $ 1000 millones).

Del otro lado, Boeing inauguró el show con un estallido con el lanzamiento del 737 MAX 10, con un total de 361 ordenes y compromisos de acuerdo con un total de 16 clientes alrededor del mundo. Esto junto a otras ordenes para otros modelos, hizo que los clientes comerciales de la compañía anunciaran un aumento de ordenes y nuevos compromisos para un total de 571 aviones durante la semana. Esto, para Boeing, representaría un total de negocios que es equivalente a un valor de $ 74.8 billones a precios de lista.

Pudieran haber, y esto es lo más probable, muchas otras razones del porqué Boeing vendió más que Airbus en esta ocasión; pero la primera que viene a la mente es que Boeing se presentó con un nuevo modelo. Y esto, como lo ha hecho notar la BBC, se debe a que Boeing puso un mayor esfuerzo, dejando a Airbus culpándose a sí mismo. “A pesar de estar jugando en casa, a Airbus solo se le ocurrió añadir unas nuevas puntas de ala a sus A380, en un gesto desesperado para conseguir nuevas ordenes para el superjumbo, que han totalizado precisamente cero ventas en los últimos doce meses”.

En un intento por reducir los costos operativos para las aerolíneas, Airbus ha embutido otros 80 asientos, lo que significaría una versión típica para el A380plus de un total de 575 asientos. En cambio, el B737 MAX 10 pudiera llevar hasta 230 pasajeros, casi lo mismo que el A321neo que está en capacidad de acomodar 240. Ese es el motivo por el que Airbus se ha estado llevando buena parte del negocio. Por lo menos en ese segmento.

Finalmente, ¿qué ha pasado con Mitsubishi? Una de las grandes esperanzas del Show Aéreo de Paris fue que Mitsubishi presentara su jet regional MRJ, poniendo a competir no solo al MC21 ruso y al C919 chino, sino también desafiando a Boeing y Airbus. Mitsubishi trajo el jet regional. Lo presentó; pero lo introdujo muy calladamente, casi sin fanfarria… Ni siquiera con un puff!

Pese a las excusas expresadas por sus ejecutivos, y a pesar de las grandes ambiciones de la compañía, lo que sucede es que el descubrimiento del MRJ fue pospuesto demasiadas veces, ahuyentando de esta forma a los probables clientes y disminuyendo su potencial atractivo.

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24 junio 2017

Cuestión de identidad

Sospecho que yo ya era un tanto "meticuloso" antes de iniciar mis trasiegos en el mundo de la aeronáutica. Pero, aun en el caso de que no lo hubiera sido, de que no me hubiese gustado ser organizado para atender mis asuntos, y de que quizá no me hubiera distinguido por mi eventual espíritu sistemático, estoy persuadido que la naturaleza del oficio a mí encargado me exigía que sea escrupuloso y ordenado en mis acciones. Si uno no ha sido cuidadoso, esa delicada tarea que ha asumido le obligaba a serlo. A veces uno termina convertido en un maniático del orden. En un ideático, como dicen en alguna parte del sur de mi tierra.

Sea lo que haya sido, conjeturo que algo de ese celo que los aviadores deben poner en su trabajo, pues se trata de cuidar por la vida ajena, va influyendo en nuestra vida cotidiana, en el día a día. En mis tiempos de piloto profesional no me sentía cómodo clasificando a los colegas como buenos o malos, como hábiles o inhábiles, como bien o mal formados. Creo que lo que trasuntaba su nivel de excelencia era aquello que se interpretaba con solo verlos sentados frente a los controles de vuelo; esto es, si eran o no “organizados”.

Algo de todo ello queda. Quien se ha acostumbrado a caracterizar su oficio por medio del orden o la prolijidad, a eso se acostumbra en los asuntos de la vida, a cumplir sus tareas y obligaciones con esmero. Insisto: no hay, no puede haber, piloto desprolijo. Caso contrario, la misma profesión lo enseñará a dejar de serlo.

Esto me hace estar pendiente, por ejemplo, del pago puntual de mis tarjetas de crédito, de la renovación de mis visas y más documentos, del cambio oportuno de aceite y filtro de mi vehículo, de rotar los neumáticos al mismo tiempo. No hacerlo, equivaldría a esperar a que se termine el combustible del que dispongo para sólo al final acudir a la estación de servicio. Creo que nada hay que me produzca más tensión que iniciar la mañana con una tarea urgente, solo para descubrir que  no dispongo de suficiente combustible...

Y esas fueron justamente algunas de las tareas que debí cumplir en estos días, antes de que llegue a caer en cuenta que las había postergado o de que me estaba atrasando en su cumplimiento. Hay, tengo que reconocerlo, algo de gratificante en dar por satisfechas aquellas tareas ("chores" o "errands" las llaman en inglés). Sí, no sólo se trata de alivio o de satisfacción. Algo tienen también de gratificante.

Mientras espero por la conclusión del cambio de aceite, hojeo unas revistas que han perdido actualidad, abandonadas en el recibo de la estación de servicio. Una, en particular, atrae mi atención; se trata de un ejemplar de la revista Mundo Diners, trae un artículo de una dama de apellido Ampuero. Su irreverente título sirve de acicate a mi inquieta curiosidad. "Soy puta" es lo que reza. Se inicia con una apostilla, a manera de epígrafe, de una feminista vasca, una señora tan desenfadada y suelta de huesos, que, de acuerdo con uno de los distintos comentarios que más tarde encuentro, se define ella misma como "vegetariana en la mesa y omnívora en la cama"... Hay algo de impúdico en aquel artículo, tal vez su único propósito solo sea provocar un reto a nuestra gazmoñería beata...

Cuando regreso a casa, me siento a concluir la lectura de unas memorias del catalán Juan Goytisolo, que acaba de fallecer en Marruecos. Antes había consumido su controversial ensayo "España y los españoles"; pero "Coto vedado" (que al igual que "En los reinos de Taifa", el Nobel Vargas Llosa considera como sus mejores escritos) es una indagación muy valiente acerca de sus tempranas experiencias y un descarnado diario de viaje acerca del descubrimiento de su atípica sexualidad. En esas postreras páginas encuentro un texto que parece relacionarse con el artículo de la revista que antes he mencionado: "la palabra puta, empleada con una connotación moral, te repugna" parece decirse, a sí mismo, Goytisolo en uno de sus monólogos interiores.

Oscar Wilde, André Gide, Somerset Maugham, Thomas Mann, Gertrude Stein, Marcel Proust y tantos otros ocultaron muchas veces su intimidad y se identificaron, dada su sensibilidad, con el mundo de la literatura. Su vida, sin embargo, fue algo real, no fue parte de la fantasía. Pero, las cosas son como son... O, como lo propuso la propia Stein: "Una rosa es una rosa es una rosa"…

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21 junio 2017

Una crisis sin salida

Qatar es una pequeña península ubicada hacia el poniente del Golfo Pérsico. Tiene una forma un tanto extraña: parece un pepino de mar o, más bien, se asemeja a una tuna que le ha crecido a un cactus enorme constituido por la Península Arábiga. Su tamaño es similar al de la provincia de Loja o, si se prefiere, representa dos terceras partes de la provincia de Manabí. Cuando yo lo conocí, hace solo veinte años, tenía una población de medio millón de habitantes. Hoy esa población se ha quintuplicado; sin embargo, sólo un quince por ciento son "qataris" o nacionales. El resto son expatriados.

Manda en Qatar un emir con el título de "sheikh", en este caso uno de la familia Al Thani. Qatar es una monarquía hereditaria. Y, al igual que Arabia Saudita, y sin ignorar la diferencia de tamaño, es también un reino, en este caso gobernado -como en el caso de la Casa de Saud- por la Casa de Thani. Los qataris son musulmanes, en su mayoría sunitas; y tan opulentos que, en términos de ingresos per cápita son probablemente los ciudadanos más ricos del mundo. A fin de cuentas, este emirato conserva el quince por ciento de las reservas del petróleo mundial. Dice la Wikipedia que Qatar es una monarquía absoluta o constitucional. Lo que usted prefiera...

Los qataris, obviamente, no siempre fueron ricos. Y hoy les pasa lo mismo que a todos los nuevos ricos; esto es, que casi siempre anteponen su capricho y que no saben qué quieren hacer con el dinero. Hace poco, por ejemplo, emplearon un "efectivo" cabildeo y lograron que la FIFA resuelva que este diminuto país se convierta en la sede del campeonato mundial de fútbol a realizarse en el año 2022. Qatar dice que va a construir algo así como ocho nuevos estadios; pero, imaginen una provincia como Loja organizando un certamen que requiere alojar, atender y movilizar a un número tan considerable de gente. Realmente inaudito!

Pero hay algo en su política internacional que preocupa a gran parte del mundo y, sobre todo, a sus inmediatos vecinos: parece que la casa de Thani ha auspiciado o, por lo menos, ha financiado a ciertos grupos subversivos y rebeldes. Para hablar sin eufemismos: ha ayudado a los terroristas de Medio Oriente, especialmente a ciertas organizaciones empeñadas en crear el caos en el mundo, a pretexto de que quieren llevar a cabo su "Yihad" o Guerra Santa. Además, se culpa a Qatar de promover esa errática forma de Islamismo, por medio de una cadena de televisión: Al Jazeera.

En días pasados, y conminados por los Estados Unidos, los vecinos de Qatar, propiamente Egipto (que no comparte fronteras), Bahréin, Arabia Saudita y Emiratos Árabes, decidieron acordar un bloqueo a su espacio aéreo que va, materialmente, a mutilar sus hasta hoy florecientes comunicaciones aéreas. En efecto, hace tan sólo un cuarto de siglo, este rico emirato decidió crear y desarrollar una poderosa y moderna aerolínea que hoy vuela a ciento cincuenta destinos internacionales y que, asimismo, cuenta con una flota formidable, nada menos que doscientos modernos aviones: se llama Qatar Airways.

Como decíamos antes, Qatar no fue siempre un país rico. Hubo tiempos en que vivía de la pesca y especialmente del comercio de las perlas marinas y de la búsqueda de una concha de la cual obtenía un producto inapreciable: la púrpura (tintura que, como puede imaginarse, es precisamente de color púrpura). Ha sido gracias al descubrimiento de sus fabulosas reservas de petróleo (1939) que se ha convertido de golpe en un estado con ingresos tan ingentes como apreciables. Pensar que los qataris se dedicaban hasta hace no mucho a producir aquella tintura y que de ese nombre ha devenido el de esos lugares donde lavan y planchan las prendas de vestir: las llamadas "tintorerías"; sitios que, como todos sabemos, ya no se encargan de cambiar -necesariamente- el color de las prendas a uno distinto al que antes tenían...

Lo cierto es que debido a esta delicada crisis internacional, la Casa de Thani se encuentra en un momento de encrucijada en su joven historia como nación. Las circunstancias políticas y diplomáticas han querido, esta vez, que la encrucijada no sólo sea histórica sino también geográfica. Su única probable alternativa es la asignación de un corredor aéreo que, de todos modos, alargaría los tiempos de vuelo de su aerolínea estrella a situaciones nada recomendables. A menos, claro, que efectúe una promesa y una declaración urgentes que tranquilicen y satisfagan a sus vecinos, convertidos por el momento en sus virtuales secuestradores. ¡Sí, el tiempo lo dirá!

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