15 septiembre 2022

Cartas de referencia

Vivimos tiempos difíciles. El otro día tuve un apuro y aunque hoy parezca un anacronismo me pidieron un par de “cartas de referencia”. Se trataba de un trámite para una institución pública, que –se entiende– tiene registros y conocimiento de todo lo que se mueve en nuestra sociedad. Bueno, resulta que anduve un poco estrecho y me vi obligado a solicitar un préstamo quirografario (sí, como en el título de la telenovela, “los ricos también lloran”). Cuando creí que ya había terminado de procesar el necesario trámite, zas, van y me piden una referencia bancaria, con información de los movimientos realizados en los dos últimos años, así como también una referencia comercial.

 

Estos son tiempos de verano, a la vez, lo que quiere decir que “todo el mundo” (literal) parece que anda de vacaciones; de modo que -tras cuernos palos- justo las dos personas encargadas de procesar los trámites, y de cuya gestión dependía la emisión de los benditos certificados, también estaban “en goce de vacaciones” (lo del “goce”, claro, puede ser un eufemismo). Aquí no puedo dejar de comentar que en estos días ya la gente no sale de vacaciones cuando realmente quiere (o puede) sino cuando las empresas o instituciones deciden que sus empleados deban hacerlo, pues ha disminuido la demanda de sus respectivas actividades…

 

Para empezar, cómo se entiende que una institución pública, como el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, IESS, que basa sus prestaciones en los propios aportes de sus afiliados, les solicite, a modo de garantía, documentos de respaldo, que pudieran no ser fidedignos? Se entiende que estos pudieran dar fe de la respectiva honorabilidad (o solvencia) de quien ha decidido echar mano de este perentorio recurso, para tal vez aprovechar condiciones “más convenientes” y evitar seguirse endeudando a un régimen más alto y punitivo de intereses. Y, ya que lo menciono, tampoco tan “convenientes”: un préstamo del IESS, otorgado a 50 meses, termina recargando intereses por un valor equivalente a un tercio del valor concedido.

 

Todo esto sin tomar en cuenta la aplicación de un incomprensible “seguro de desgravamen”, lo que querría decir que de no contratárselo la familia del interfecto (la del afiliado fallecido) pasaría a ser responsable del pago del saldo correspondiente. En resumen, ¿cuál es entonces el beneficio de ser o de estar afiliado? En otras palabras, ¿qué ventaja tiene ser un jubilado?, ¿acaso sus largos años de aportaciones (el mínimo de tiempo requerido para acogerse a la jubilación) no son suficientes, como garantía de respaldo, para un simple préstamo personal?

 

El asunto es que estuve obligado a echar mano de este “último recurso” y, como requisito, me vi abocado a esa tramitación adicional para obtener los referidos certificados. El emitido por el banco parece asunto fácil (de hecho, se lo consigue en la propia “página web”), sin embargo este documento solo proporciona información de la actividad relacionada con el último semestre y no con los dos últimos años, como solicita el Instituto.

 

Hay necesidad, por tanto, de efectuar una solicitud especial al mismo banco, cuyo trámite puede tomar hasta otros diez días hábiles. Así que… ¡paciencia! Para el caso del certificado comercial, lo más seguro es que este solo pueda ser emitido por “la persona encargada”, quien –para variar– tampoco pudiera estar disponible; y no sería raro que también se nos diga: “hay que esperar que fulanito o zutanita regrese, porque se fue de vacaciones”…

 

Como se ve, un préstamo quirografario, cuyo desembolso final, en teoría, solo toma 72 horas luego de su autorización, bien pudiera tomar mucho más tiempo del anticipado, todo por culpa de los superfluos requisitos adicionales que he comentado. ¿Cuál es el real objetivo de estos documentos?, pregunto yo. “Para evaluar la real capacidad de pago”, me dirán, lo cual no resulta convincente. A fe mía, que solo se trata de satisfacer aspectos burocráticos.

 

Ahora bien, ¿Son realmente “quirografarios” estos préstamos? Quirógrafo, de acuerdo con el diccionario, quiere decir todo aquello que “no es público”, lo que se hace sin necesidad de acudir al notario: lo “privado”. Estos procesos adicionales, por lo mismo, tienen mucho de los que son tratados como públicos. A menos que no se quiera dar a la voz “privado” su sentido natural, el sentido de aquello “que se ejecuta a la vista de pocos, sin formalidad ni ceremonia” y más bien el de algo que sería “personal o particular”. No quisiera ni pensar en la aplicación de las acepciones 7 y 8 del DLE, que resultan –por escatológicas (relacionadas con los excrementos)– francamente impublicables…


Share/Bookmark

13 septiembre 2022

Una gira truncada

Enrique Santos Discépolo, un morocho porteño, autor de famosos tangos como Cambalache, Yira Yira o Malevaje, es quien habría dicho aquella frase inmortal que define al celebrado ritmo: “El tango es un pensamiento triste que se baila”. Pero el tango no siempre se cantó y quien empezó a ponerle letras y a convertirlo en canción (“el tango-canción”) fue un extraordinario cantor, nacionalizado argentino, apodado el “Morocho del Abasto” o el “Zorzal criollo”, su nombre era Charles Romuald Gardés o, si prefieren, Carlos (o Carlitos) Gardel.

 

Gardel habría nacido en Francia o pudiera ser uruguayo. Lo único cierto es que, por un misterioso motivo, él mismo tuvo mucho cuidado de no mencionar su origen. Lo importante, sin embargo, no es dónde mismo nació, ni en qué año (también hay inconsistencias en este sentido), sino porqué es que nunca fue claro él mismo. Lo más seguro es que quiso proteger algún asunto de tipo familiar para evitar incomodar (o perjudicar) a su madre o a la mujer que estuvo a cargo de sus primeros años y que se preocupó, por lo mismo, de su atención, formación y cuidado.

 

Según la “versión francesa”, Gardel habría nacido en Toulouse el 11 de diciembre de 1890, de padre desconocido y en el hospital de La Grave; su nombre sería Charles Romuald Gardès, apellido que más tarde españolizó como Gardel. Según esta posibilidad, sería hijo de Berthè Gardès, dueña del apellido original de quien pudo haber sido bien sea su madre, su madre adoptiva o su eventual madrastra. En contra de esta teoría existirían varios documentos y un asunto adicional: cuando sucedió el accidente de Medellín, donde falleció Carlos Gardel, se habría encontrado un pasaporte uruguayo en el que Gardel constaba como nacido en Tacuarembó, en 1883.

 

De acuerdo a la interpretación uruguaya, el autor de El día que me quieras, Volver o Por una cabeza, habría nacido en Tacuarembó, ciudad ubicada unos 300 kilómetros al norte de Montevideo, entre 1883 y 1887 (existen fotografías escolares de Gardel que lo respaldan). Habría sido hijo ilegítimo de un coronel uruguayo y puesto al cuidado de una sirvienta de nacionalidad francesa. El cambio del año de nacimiento se habría producido para ubicar al cantante dentro de un margen de edad (aparentar una mayor edad), lo cual le hubiera liberado de tener que prestar servicios militares en el lado francés durante la Primera Guerra Mundial.

 

Cualquiera que fuese la versión verdadera, el iniciador del “tango canción”, habría vivido con su madre, o con quien hizo sus veces, desde muy chico en un conventillo de Buenos Aires (un conventillo es una casa donde viven hacinadas varias familias). Más tarde habría formado un dúo inicial con otro intérprete de nombre José Razzano. Esta pareja artística se habría mantenido como tal desde 1915 hasta 1925. Este tipo de tango, la melodía cantada, habría surgido como una suerte de lamento, como una melodía nostálgica. Se sabe que sería por esos años cuando Gardès se habría nacionalizado argentino, haciendo honor al país que fue testigo de su infancia y de su desarrollo artístico.

 

Respecto a su personalidad se sabe que era muy meticuloso con su acicalamiento, que siempre procuraba vestir y parecer como miembro de las clases altas; de cabello siempre engominado, dicen que “los hombres lo admiraban y las mujeres lo adoraban”. De acuerdo a la plataforma virtual “Biografías y Vidas”, “Gardel fue en la intimidad un hombre tortuoso, retraído y contemplativo, atenazado por una oscura tristeza y víctima fácil del abatimiento”. En cuanto a su vida sentimental, confesaría que nunca se había enamorado de mujer alguna, “porque todas valen la pena de enamorarse y darle exclusividad a una es hacerles una ofensa a las otras”…

 

Su muerte no escapó tampoco a ese aire de leyenda (hay quienes creen que habría sobrevivido a la tragedia y que su rostro se habría desfigurado). Falleció en Medellín en un accidente aéreo ocurrido durante el despegue; hubo 17 fallecidos. Era un vuelo de la empresa SACO (Servicio Aéreo Colombiano) que se dirigía a Cali y que se había iniciado en Bogotá; era un Ford trimotor. Las reseñas mencionan F-31 como el modelo del avión; lo más seguro es que sea su número de matrícula, pues no existe ninguna versión del “Tin Goose” (o “Ganso de Hojalata”) con ese nombre. Un modelo parecido, el Junkers– 52, voló para la Fuerza Aérea y para varias aerolíneas hasta los años 60 en el Ecuador.

 

Lo más probable es que tuvo una falla de motor que le hizo perder el control direccional. Se estrelló contra un avión de SCADTA (hoy AVIANCA) que también se preparaba para despegar. Eran tiempos que todavía se volaba sin copiloto y se recibía un entrenamiento muy precario, lo cual impedía volar estas aeronaves con mayor seguridad.


Share/Bookmark

11 septiembre 2022

Crimen y castigo

Por fin he terminado mi lectura de Crimen y Castigo, la formidable novela de Fiódor Dostoievski. Lo de “por fin” no se relaciona con la finalización de tan postergada lectura, sino más bien con la continuidad de su inicio y su exitosa comprensión. Había hecho algunos intentos anteriores, solo para reconocer con desilusión que la historia tenía demasiados personajes… Un poco tarde habría caído en cuenta que en ella tendemos a identificar como distintos a los mismos personajes porque se los llama con nombres diferentes. Crimen y Castigo es no solo una de las obras más geniales que jamás se hayan escrito; es un prodigioso tratado psicológico y además una cautivante novela policíaca. Quizá sea importante hacer una pequeña advertencia: su lectura requiere de un cierto derrotero.

 

Para disponer de una guía, existen dos métodos parecidos. Uno consiste en obtener referencias previas acerca de los actores; y, otro, el que yo mismo intuí y que recomiendo: ir construyendo una breve sinopsis que incluya el apellido; los nombres; el apodo o la forma familiar de llamar a cada personaje; con la función que cada uno cumple en la novela. Así por ejemplo: los nombres Rodion Romanovich corresponden a Raskolnikov, que es el apellido del protagonista principal, un estudiante introvertido y austero, aunque febril y de extraordinaria inteligencia; sin embargo, Rodia, el hipocorístico (diminutivo) de Rodion, es la forma familiar con que también se lo conoce. De modo que la confusión es inevitable, por la mezcla de las diversas modalidades, cuando se hace referencia al sujeto en referencia.

 

La palabra “crimen” tiene una curiosa etimología; no se relaciona con homicidio o asesinato, como se pudiera imaginar. Crimen viene del latín y quiere decir acusación, aquella de un acto grave por el que alguien es investigado, o se ha “incriminado” (nótese el sentido que esta voz tiene). He pensado en el vocablo en estos días cuando ha ocurrido el supuesto atentado de la señora Kirchner en  Argentina. Digo “supuesto” con intención, porque dada la fama que la mandataria tiene, sus propios conciudadanos sospechan que no se trata de algo real sino tan solo de un montaje…

 

Pero primero lo primero: si el atentado fue auténtico, merece el rechazo general; la vida humana está por sobre cualquier otro tipo de consideración. Esto no quiere decir que no puedan también censurarse las actitudes arbitrarias de políticos que despiertan consecuente indignación, sea porque han abusado de los fondos públicos, o porque creen que están sobre un código elemental de decencia o por encima de la ley. En casos así, la situación se torna más reprochable si el presunto culpable procura aprovecharse de la excesiva lenidad de la justicia o trata de influir en el dictamen de los jueces. Esta dudosa e irregular impostura procesal es un trámite hoy conocido como “lawfare”.

 

El caso de la vicepresidenta es particular porque la mujer del César no solo tiene que ser honesta sino que, además, debe parecerlo. La fortuna de los Kirchner parece todo menos bien habida, hay demasiados asuntos oscuros, para no llamarlos sospechosos. Y también está lo otro: su desaforado afán por enquistarse en el poder, lo cual significa solo dos cosas: su escuálida vocación democrática y el deseo de asegurar su propia impunidad. Cuando existen tantas evidencias, una persona honesta debe dar un paso al costado, no solo para proteger su legado político sino para respetar el debido proceso y dejar que las instancias jurídicas determinen su inocencia o culpabilidad.

 

En casos así, lo que hace daño a la democracia no es un atentado; hacen más daño el irrespeto al juego limpio, el abuso del poder, el atropello a los límites que impone la verdadera democracia, no esa vicaria distorsión que permite el gobierno de los sabidos y de los corruptos, de esa gentuza aviesa e ignorante que se cree irremplazable. En cuanto a condenar el discurso de odio que incita a la violencia: nada es peor que gobernar sin integridad; nada fomenta más el odio que la gestión amañada y desaprensiva, ese vergonzoso imperio de la impudicia que se ampara en los siniestros mecanismos de la impunidad, pues toda falta debe merecer su correspondiente castigo.

 

El gobierno argentino ha hecho un llamado para “defender la convivencia democrática”. Esta no se protege con proclamas, y menos decretando feriados para soliviantar a los afectos al régimen; se lo hace con honestidad y transparencia. En cuanto a la señora Kirchner, esa es su fatal circunstancia: su ambición cínica e irresponsable, su megalomanía y vanidad. La suya es la versión más arrogante que pudiera tener el populismo. No lo digo yo, es el triste convencimiento de la gran mayoría de los propios argentinos. Es hora de que se vaya a su casa, a disfrutar de lo que ella y su familia dicen haber  “ahorrado” (con tanto empeño y religiosa dedicación –digo yo– y, sobre todo, con tan contumaz y porfiado “sacrificio”). Lo demás es impostura y distorsión de la realidad, indolencia o fanatismo.


Share/Bookmark

08 septiembre 2022

En el País de Nunca Jamás

Vivimos todavía medio enmascarados, aunque más exacto sería decir “enmascarillados”. Pero, bien pensado, debería insistir en lo de enmascarados... pues si hay algo que nos distingue en estos ingratos tiempos es el deseo de mimetizarnos, de “parecer lo que no somos”, de fingir y simular, de esconder el rostro. No deja de ser curioso que rostro venga del latín rostrum, que significaría pico u hocico... En inglés hay un verbo que produce confusión, se dice “to pretend”, que no quiere decir pretender sino más bien eso mismo: fingir, “hacerse el loco”, cubrirse, simular.

 

Existe un cuento que se conoce como Peter Pan (hay quienes lo confunden con uno parecido: El Flautista de Hamelin; pero este es uno que trata de la ingenuidad, la avaricia y la revancha). En Peter Pan hay un personaje que simula –o pretende– no crecer, desea en forma ferviente seguir siendo niño, nunca llegar a adulto, no sé si nunca envejecer. Vive en un país que no estoy seguro si es una utopía o una distopía (que quiere decir lo contrario); tiene un nombre cándido, lo llaman el País de Nunca Jamás (así, respetando las mayúsculas iniciales).

 

Pero ese es un país “de a mentiras”. Y antes de hablarles de un país que de veras existe, les voy a contar un breve cuento: “Érase una vez” una persona que nunca quería crecer y que le gustaba endeudarse; pero que no había como prestarle nada porque nunca se acordaba que tenía que pagar. No lo hacía, y por eso ¡no pagaba nunca más!... A la gente le daba pena, pero no porque no devolvía sino porque ya no le podía creer, ya no le podía confiar. Si solicitaba nuevamente, era preferible regalarle, si realmente necesitaba, que tener que reconocer que no respondía con gratitud o, al menos, con reciprocidad. Siempre volvía a desilusionar.

 

Reflexiono en estos cuentos cuando pienso en nuestro país. Y pienso que tratar de parecer lo que no somos solo nos hace un flaco favor a la hora de comprobar nuestro precario sentido de nacionalidad. La misma efemérides (palabra que significa “de un día”) que recién celebramos, el 10 de Agosto de 1809, aquella que mereció para Quito el título de “Luz de América”, no recibe el tratamiento de respeto que se le debería dar. La hemos convertido en un “feriado” más; sin el reconocimiento de que su celebración no puede ser pretexto para decretar un día de asueto. No tenemos conciencia de que ese hito representa la fecha más importante para nuestra patria: conmemoramos una gesta que nos permitió soñar en tomar las riendas de nuestro propio destino, vivir en forma responsable como nación, construir juntos un país solidario en la búsqueda perseverante del progreso, el bienestar y el ejercicio de la libertad.

 

Es triste aceptarlo pero hemos ido privando al 10 de Agosto (la mayúscula es intencional) de tan importante reconocimiento. No sé si para ello ha contribuido el cambio de fecha del inicio de cada gestión gubernamental. Por tradición, en ese día se producían las “transmisiones de mando” cada cuatro años, y en esa misma fecha el presidente de la República hacía entrega al Congreso (que hoy llamamos Asamblea) de su Informe Anual. Era cuando todo el país se vestía de gala; era una ocasión para el protocolo y la ceremonia, para sentir en esos detalles el respeto hacia nuestra instituciones democráticas, para sabernos solidarios, unidos y fuertes ante los problemas de la patria. Y soñábamos juntos en el país que legaríamos a la posteridad.

 

Sin un sentido de patriotismo somos cualquier cosa menos una nación de verdad. Podremos ser una empresa, bien o mal estructurada, pero no mereceremos el reconocimiento como la nación que pretendemos ser. Hemos tomado tan en serio eso de constituir un “Estado de derechos” que hemos olvidado su contrapartida: una postura responsable, que nos inspire a anteponer las obligaciones para con nuestro país, hacer posible el progreso de la nación que parecería que nos hemos propuesto soslayar. Ese día de agosto no es oportunidad para disfrutar de un día de sol, es solemne ocasión para reafirmar nuestro sagrado compromiso.

 

He tenido el privilegio, a lo largo de mis años, debido a distintas asignaciones en tierras extranjeras, de presenciar cómo otras comunidades celebran con entusiasta fervor su Día Nacional. Nada tan digno y admirable como la celebración del pueblo mexicano, cuando luego de una breve arenga, las autoridades lanzan un “viva” cada vez que pronuncian el nombre de cada uno de los héroes que lucharon por su independencia. Aquello emociona y sacude las fibras más íntimas del sentimiento patriótico. La fiesta nacional debería ser ocasión para rendir tributo a la memoria de próceres como Manuela Cañizares, Juan Pío Montufar, José Cuero y Caicedo, Manuel Rodríguez de Quiroga, Antonio Ante, Juan de Dios Morales y tantos otros nombres insignes que inspiraron nuestros ideales de libertad.


Share/Bookmark

06 septiembre 2022

A puro tango...

Recién ha empezado la Liga, y, claro, resulta muy temprano para hacer pronósticos. Así y todo, mi actual impresión es que la tan publicitada renovación del Barça parece que va a quedar en “agua de borrajas”... De veras, lo siento mucho por sus seguidores, pero no me gusta su estilo de juego; es demasiado lateral para lo que requiere el futbol moderno, que pretende no solo ganar sino ante todo divertir, dar espectáculo. El suyo fue un estilo ideado para obtener el mejor provecho de Leonel Messi, ese delantero genial. Pero la “Pulga” ya no está en el Barcelona y, lo que está haciendo el equipo “Culé”, es tirar centros a la fortuna, a la cabeza de un ya no muy joven Lewandowski...

 

Pero, dejemos a la prensa hispana que nos cuente sus propias amarguras… Hoy revisé la reseña del partido entre el Barça y el Rayo Vallecano (Vallecas es un municipio vecino a Madrid, por lo que, con relación a nuestro futbol, el Rayo equivale a un equipo de Chimbacalle). Un señor Ramón Besa dice: “al Barça todavía le falta juego y tiempo para responder a la propaganda que anunciaba un debut espectacular… No es aún un equipo sino un álbum de cromos”, o: “Los días pasan y… el Barça ha perdido el estilo porque le puede la prisa y el ansia por volver a ser…” No sé porqué, pero me ha parecido, esa, una letra de tango (“Cuesta Abajo”. Alfredo Le Pera Sorrentino y Carlos Gardel):

 

Si arrastré por este mundo

La vergüenza de haber sido

Y el dolor de ya no ser…

 

Hacia el final, el periodista expresa: “el resultado abona al vértigo, al ir y venir; es el estruendo de una grada desesperada por ver un gol que no llega…” Es cuando, por coincidencia, justo he recordado la letra de otro famoso tango, aquél llamado “Uno”, compuesto con letra de Enrique Santos Discépolo y música del pianista Mariano Mores, el mismo que es interpretado por donde "uno" va, por todas partes, alrededor del inmenso mundo:

 

Uno, busca lleno de esperanzas 
el camino que los sueños
 prometieron a sus ansias...


Sabe que la lucha es cruel
 y es mucha, pero lucha y se desangra
 por la fe que lo empecina...


Uno va arrastrándose entre espinas
 y en su afán de dar su amor,


Sufre y se destroza hasta entender: que uno se ha quedao sin corazón...


Precio de castigo que uno entrega 
por un beso que no llega 
a un amor que lo engañó...


¡Vacío ya de amar y de llorar
 tanta traición!

 Si yo tuviera el corazón…

 

Dice la Wikipedia que “la línea melódica que otorga Mores, mitiga el tremendismo presente en composiciones anteriores de Discépolo. La gestación de 'Uno' fue larga –dice–, ya que se compuso primero la música, mientras que la letra demandó casi tres años… Mores entregó a Enrique Santos Discépolo la partitura de la música de un tango romanza llamado «Cigarrillos en la oscuridad», proponiéndole que le pusiera letra”. Y comenta, además, que: “El tango llevaba por título «Si yo tuviera un corazón», que tuvo enorme éxito debido a que el público lo solicitaba –a la orquesta de Mores– diciendo: «¡Tocá 'Uno'..!, ¡tocá 'Uno'...!»; finalmente se acordó cambiarle el nombre original (el del tango) por el de ‘Uno’. Así es cómo se lo registró y así se lo conoce en el presente”.

 

Así también, casi sin querer, he recordado, a la vez, un programa tanguero que emite todas las noches Radio Eres en Quito, se llama “A puro tango” y está conducido por un señor Ernesto Moreno Bueno; él hace comentarios de cada pieza musical y, en su estilo, hubiera dicho, más o menos, lo siguiente: “este es uno de los ‘tangos fundamentales’, lo grabaron otros cantantes como Carlos Roldán con la orquesta de Francisco Canaro, Alberto Marino con la orquesta de Aníbal Troilo, Héctor Mauré con Juan D’Arienzo y Oscar Serpa con Osvaldo Fresedo”…

 

Besa concluye su reseña periodística del Barça en esta forma: “es todavía… un equipo que está por hacer; descamisado, sin línea de pase ni juego…” ¡Sorprendente!, otra vez nos remite a la letra del mismo “Cuesta Abajo” :

 

Ahora, cuesta abajo en mi rodada

Las ilusiones pasadas

Ya no las puedo arrancar

Sueño, con el pasado que añoro

El tiempo viejo que lloro

Y que nunca volverá…

 

Moreno Bueno habría dicho “lo interpretaron Carlos Gardel con la orquesta de Terig Tucci; la orquesta de Francisco Canaro con Carlos Galán y con Argentino Ledesma; Rodolfo Galé con la orquesta de José Basso; Roberto Goyeneche para el sello TK; Edmundo Rivero con guitarras para Philips; Hugo del Carril con guitarras para Odeón; Jorge Sobral con la orquesta de Mario Demarco; Susana Rinaldi; etcétera, etcétera… entre otros… Amigos... ¡buenas noches!”

 

Nota: los comentarios atribuidos a Ernesto Moreno, también fueron tomados de la Wikipedia 


Share/Bookmark

04 septiembre 2022

De todo y para dos

Quienes gustan del tango saben que este tiene dos hermanitos menores. El uno es morenito, “morocho” dicen; es un tanto atolondrado o, al menos, más alegre; no anda siempre bien acicalado, lo llaman Candombe. La otra se parece más al tango, sus letras son más simples y repetitivas, su ritmo es más cadencioso. Ella es más divertida, ligera y algo más pícara; viste de un modo un tanto desalineado, la llaman Milonga. Si el tango se escribe en base de dos por cuatro, la milonga lo hace en cuatro por tres. Candombe y milonga crecieron en la región del Río de la Plata; la milonga tiene su variante, un bailongo conocido como milonga ciudadana.

 

El candombe y la milonga son más desenfadados, carecen de ese aire entre nostálgico y melancólico que tiene el tango. A lo largo del tiempo se han destacado cultores que han hecho popular el ritmo de la milonga; entre los del pasado hay que mencionar a Alfredo Zitarrosa y a Héctor Roberto Chavero, mejor conocido como Atahualpa Yupanqui; en estos últimos años han alcanzado notoriedad Daniel Melingo y Juan Carlos “el Gordo” Cáceres. Hay una milonga de Melingo que se ha convertido en un anti-himno, es la “receta” o “recomendación de la casa” para el funcionario inescrupuloso. Se llama “De todo y para dos”, su letra se atribuye a Luis Alposta y dice así:

 

En nombre del patrón

Me permito recomendarle nuestra especialidad.

Es un plato para altos funcionarios

Que sólo se sirve en los mejores restaurantes:

 

Angurrias, histrionismo y cobardía,

Con fetas de ignorancia y truhanería.

Lisonja, adulación, vil reverencia,

Con salsa de crueldad y de violencia.

Mendaz comercio, sórdida ganancia.

 

Usurpación, rapiña y arrogancia,

Adelanto perverso, terquedad lucrativa,

Y clorhidrato al plato, con aceite de oliva.

Y de postre, tenemos sólo budín de pan,

Y locas en almíbar bañadas con champán.

 

¡Bien Señor! ¡Sí Señor! Registré su pedido:  De todo y para dos.

 

En estos ritmos, candombe y milonga, hay para todos los gustos. De todo, como en botica o como en cajón de sastre. Y, como en el tango y en las cosas del amor (no solo del que se profesa sino también del que “se hace”) hay, como en vermouth de cine de domingo: de todo y para dos…

 

Ya en la letra de un tango de Enrique Santos Discépolo de desnudó esa inenarrable realidad. “Cambalache”, más que una crítica a las clases políticas, es un reproche a la insensatez y a la incapacidad de discernimiento. No solo es una agria censura contra los funcionarios venales, es un manifiesto contra el deterioro de los valores de la sociedad, una crítica mordaz contra la impostura y la mediocridad, la hipocresía y la insolencia. ¿Qué puede pedirse de un mundo que confunde inteligencia con sagacidad, y que ya no aspira a la sabiduría ni a la sensatez? ¿Para qué sirve un concepto moral, si se desprecian y desdeñan la integridad y la honradez? ¡Qué lástima!, se ha caído en el reino del canalla y del rufián, del zafio ignorante y del perverso…

 

Como en el menú de la milonga cantada por Melingo, hoy tenemos de todo para escoger: ¡De todo y para dos!


Share/Bookmark