20 enero 2023

¿Por qué somos impacientes?

“La calma es la belleza del cuerpo”. Jean Auguste Dominique Ingres (pintor francés).

 

¿Por qué no nos gusta esperar? Algo de curioso tienen las intersecciones; basta pararse unos pocos minutos en una esquina congestionada y el resto es solo cuestión de observar… Pudiera decirse que en esos cruces se expresan –y hasta se exacerban– las virtudes más nobles y los defectos más vulgares de nuestra honorable especie humana. Ahí afloran la nobleza y la mezquindad, el torpe apresuramiento o la prudente calma, el cuidado prolijo o el obtuso atolondramiento, la grosera incivilidad o la gentil muestra de cordialidad y respeto. En suma, el más amplio muestrario de la condición humana: un raro museo de nuestra “humanidad”…

 

Lo extraño es que no veo la misma actitud en una sala de espera médica, por ejemplo. Ni siquiera en el salón de belleza o la peluquería. Allí, llegamos, nos identificamos, registran nuestro turno, vamos y tomamos asiento, hojeamos una revista y nos ponemos a esperar tranquilamente… Es, cuando vamos manejando por la calle, que andamos queriéndole ganar tiempo al tiempo, vamos como alma en pena queriendo robarle la delantera a todo el mundo, provocando con nuestra ansiedad la reacción y la ira ajena. Incapaces de ceder el paso, todo nos molesta; nos convertimos en sujetos peligrosos, a punto de provocar con nuestro “apuro”, si no un accidente, quizá un mal rato y hasta un mal día para los demás.

 

Viví por largo tiempo en un continente lejano, donde existe no solo una distinta cultura; ahí existe también una diferente actitud. En el Asia pronto uno advierte que no puede exhibir dos tipos de talante: los del apresuramiento y la irritabilidad. Estos, simplemente, son vistos como muestras ya sea de falta de madurez o de ausencia de respeto a su valor supremo: el sentido de comunidad… Es impensable saltarse el orden de espera o demostrar enojo o indignación. Por esos lares la calma está emparentada con el bienestar colectivo, el sosiego es sinónimo de dignidad. No así nosotros; nos hemos convertido en una sociedad apresurada e impaciente, no damos el paso ni agradecemos cuando nos lo dan. No queremos entender que si no sabemos ser generosos y cordiales, no avanzaremos ni mejoraremos como sociedad…

 

Es curioso pero cuando éramos pequeños esto no pasaba (o no nos dábamos cuenta). Cuando éramos niños vivíamos en el centro, no teníamos autos porque tal vez no los necesitábamos, hacíamos nuestras gestiones y tareas caminando; si anticipábamos que algo nos iba a costar algo de tiempo, preferíamos madrugar o anticiparnos, no andábamos apresurados; sabíamos que no había necesidad. Quizá habíamos aprendido que si estábamos apresurados (decimos apurados) era porque habíamos empezado tarde y que la receta para la próxima vez era tan sencilla como salir más temprano. No nos parecía justo que tratemos de solventar nuestro retraso incomodando o provocando molestias a los demás… Así de simple.

 

Esto de nuestro moderno apuro pudiera ser un invento o subproducto de la modernidad; demuestra además que, a más de no saber administrar el tiempo, no hemos aprendido algo esencial en la vida: tomar las cosas con calma y aprender a tener paciencia. Vivir no es una lucha contra el tiempo, ni un combate para adelantarse a los otros, debemos desdeñar la idea de que la vida es una carrera con los vecinos porque, pensemos lo que pensemos, nunca vamos a ganar. Y todavía hay algo peor, y es que mientras más nos apresuremos, solo vamos a ponernos más angustiados e impacientes; cada vez nos vamos a desesperar más y más...

 

Dice el diccionario en sus primeras acepciones que paciencia es (la) “capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”; y también la de “hacer cosas pesadas y minuciosas”. Pero dice además, en su última acepción, que es la “tolerancia y consentimiento en mengua del honor”. Quizá aquí esté la clave para lo que nos preocupa; tal vez deberían definirla como un tipo de “tolerancia e indulgencia en beneficio de la comodidad o bienestar ajeno”.

 

Dominique Ingres (1780–1867) fue quizá el más destacado pintor de su tiempo; se especializó en el retrato y la pintura histórica, y fue reconocido por sus sinuosos desnudos. Sus mujeres aparecen como indiferentes, rozan la calma indolente. Este francés había descubierto que esa actitud de sosiego y placidez, que él imprimía a sus modelos, era lo que les otorgaba ese aire de elegancia que destacaba en su inexpresable belleza. Era esa tranquila serenidad la que se expresaba como elegancia corporal, como gesto de nobleza y sentido de dignidad.


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17 enero 2023

Avatares y vicisitudes

Avatar es palabra devaluada (“underated” creo que dicen en inglés); pudiera decirse que ha sufrido su propio avatar. Casi ya nadie la usa con el sentido que antes escuchaba, con el de vicisitud o cambiante circunstancia, y menos todavía con el de su raíz indoeuropea, como cruce, paso, traslado, descenso y hasta reencarnación. Ha pasado, sobre todo para los jóvenes, a significar: identidad virtual  (“heterónimo”, hubiera dicho el gran Pessoa). Y es justamente así como también la define la última –y más fresca– acepción de nuestro inefable diccionario, que literalmente reza: “Representación gráfica de la identidad virtual de un usuario en entornos digitales” (parece que no estuviéramos leyendo un glosario léxico sino un relato de Isaac Asimov o, mejor todavía, alguna revista de ciencia ficción).

 

Cuando era “guambra” había un programa radial que hablaba de las vicisitudes de la política, de sus avatares; creo que se llamaba “Andanzas del maestro Juanito”, ahí se comentaban esas volubles y cambiantes condiciones que tiene la circunstancia política; así aprendí de esos cambios pendulares que suele tener esa díscola manifestación que trata de expresar las aspiraciones, ilusiones y desengaños que viven pueblos y colectividades. Entonces se la trataba de dejar en manos de los que parecían más capaces; hoy, según parece, se la ha ido dejando en manos de seres semi–analfabetos convertidos en prestidigitadores. No es necesario tener a mano un diccionario para definirlos; estos políticos modernos son “ignorantes que lo saben todo”. Ah… pero siempre a un negociable precio. ¡Sí señor!

 

Avatar no es un término de nueva data, no ha sido inventado para alguna película de “sci-fi” (ciencia-ficción); ahí estaba desde el principio de los tiempos, fue inventada por los indios o hindúes (los originarios de la India) que son hinduistas (practican una religión politeísta, es decir repleta de una gran variedad de dioses) y que creen que sus divinidades a veces se encarnan, o reencarnan, y que para ello abandonan su condición sobrenatural y se convierten en humanos. Es entonces, cuando “descienden” a nuestra humilde realidad, que se produce un avatar. Se han “abajado” a la condición de seres comunes y corrientes, a humanos.

 

Dicen los que saben (yo en casos como estos solo me baso en referencias etimológicas) que la palabra avatar viene del sánscrito (otra lengua indoeuropea) y que no es sino el nombre que reciben “las reencarnaciones de los dioses cuando se presentan a los hombres”; unas veces lo hacen como humanos y otras como animales. El hinduismo también tiene su trinidad; esta está constituida por Brahma, Shiva y Vishnu. Brahma es el dios supremo; Shiva es una deidad destructora (no es malvado, destruye para renovar la vida); y Vishnu, es un protector, él representa la preservación, el balance y la armonía. Es una suerte de intercesor (tiene atributos femeninos), a él acuden sus devotos en busca de ayuda y consolación. Por ello le representan con muchos brazos, en clara alusión a su omnipotencia y generosidad…

 

No estoy seguro (a veces debo recurrir a mi lado humilde) pero entiendo que la relación de avatar o avatarah con el sánscrito es por el elemento tarah (un “tara” nasal), que nos ha llegado a través del latín por medio del prefijo trans (o tras) que, como se indicó, significa cruzar o “pasar por”. Voces como tránsito, transeúnte, trasladar, transportar, transacción o intransigente, tendrían similar origen. Habría sido Neal Stephenson, un autor de ciencia ficción (él la llama “ficción especulativa”), quien parece que popularizó el término avatar con un sentido diferente; lo hizo en sus primeros libros en los que mezclaba mitología y nanotecnología. No leo ciencia ficción (ya tengo suficiente ficción con la novela) pero la gente que lo ha hecho me cuenta que son obras bien sustentadas y muy divertidas.

 

De vuelta a nuestros avatares de carácter colectivo, parece que ya es hora de que intentemos un “avatar al revés” y procuremos “subir de nivel”, lo que en tecnología y en los pasajes aéreos sería hacer un upgrade”. Lo merece nuestro destino comunitario; lo merecen nuestras familias y demás conciudadanos. No vamos a salir de nuestro estancamiento mientras no nos propongamos convertir la nación que nos ha tocado en suerte, en un mejor modelo de sociedad. Lo vamos a lograr con la suma de nuestras individuales transformaciones; exigiendo a quienes nos representan que cambien esa imagen tan necia y desprolija que exhiben, por una que nos permita el tránsito hacia una nueva realidad. Que esa sea una más alta y remozada identidad, con el amparo de un dios generoso y protector…


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13 enero 2023

Otro inaudito accidente (II)

Cuando ocurre un accidente o incidente, el piloto asume su responsabilidad, sea que se trate de un error o de lo que la Autoridad pudiera considerar una violación (dependiendo de la intencionalidad de la probable culpabilidad); “no se da a la fuga” como a veces ocurre en los accidentes terrestres que se producen en las vías públicas. Su formación, su entrenamiento profesional, le dicen que debe ser responsable, que tiene que responder por sus errores y que, si cometió una equivocación, debe contribuir a que lo que ocurrió con su actuación no tenga que volverse a repetir. Su mala experiencia ha de contribuir a educar a los demás…

En el caso que nos ocupa no están involucrados aspectos relacionados con el ambiente o el clima; tampoco el aspecto mecánico fue un factor que intervino: máquina y clima estuvieron en óptimas condiciones. De hecho, fue el hombre, el factor humano, el que estuvo presente, tanto en la debida coordinación como en la realización defectuosa del pretendido simulacro. Los pilotos pudieron no haber recibido autorización de despegue; el controlador pudo no ser claro en las autorizaciones que dio a los pilotos o a los operadores del equipo de rescate; o, por último estos mismos operadores pudieron malentender o desconocer la información recibida.

Haría falta, por lo mismo, revisar las grabaciones de esos minutos en los cuales alguien proporcionó una autorización equivocada o la malinterpretó. De todos modos, reiteramos: existen dos posibilidades en todo incidente o accidente aeronáutico, desde el punto de vista volitivo: si se cometió la falta en forma no–intencionada, se trata de un error; si la acción voluntaria existe (si se cometió la irregularidad a propósito) estamos hablando de una violación. Trátese de una u otra circunstancia, lo importante desde la perspectiva de la investigación aérea es que no se busca un culpable, sino saber qué sucedió y, por sobre todo, por qué sucedió. Conocerlo permite idear e implementar nuevas técnicas, procedimientos o protocolos, pues lo verdaderamente importante es que la tragedia no vuelva a ocurrir. Por todo ello es importante aplicar una cultura no-punitiva, pues no se trata de castigar.

Hace unos 50 años, el Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico y del Espacio, cuya Secretaría General radica en Madrid, había aprobado un Proyecto de «Estatuto Internacional del Comandante de Aeronave», el mismo que en 1973 fue elevado a la OACI en Montreal (y a la OIT en Ginebra), procurando establecer los deberes, atribuciones y responsabilidades del comandante aeronáutico, como única autoridad a bordo de la aeronave.

Basándose en esta plausible iniciativa, en agosto de 1979 la Federación Ecuatoriana de Tripulantes Aéreos consiguió autorización para la promulgación de la Ley de Defensa Profesional de los Tripulantes de Vuelo (quienes ejercen su actividad en la Cabina de Mando), mediante el Decreto Supremo 3782. Esta ley fue modificada en mayo de 2008, pero se encuentra vigente. Ahí, en su artículo 22 se establece que: “De conformidad con las normas internacionales de la materia, se reconoce la autoridad del Comandante de una aeronave y (que en) los conflictos que se suscitaren por la actividad profesional, se aceptará su palabra como testimonio verídico y no estará obligado a probar lo que se asevere por otros medios legales, sin perjuicio de lo dispuesto en el Código Aeronáutico Nacional y los Convenios Internacionales” .

De otra parte, se hace importante acatar las Resoluciones de la OACI, en su Asamblea A40-2 (septiembre – octubre de 2019) que, entre otros aspectos, consideró los siguientes:

  • Que el objetivo primordial de la Organización sigue siendo velar por la seguridad operacional de la aviación civil internacional en el mundo;
  • Que es indispensable que se reconozca que el objetivo de la investigación de accidentes e incidentes no es atribuir culpas o responsabilidades;
  • Que es indispensable que la información pertinente se ponga a disposición de las autoridades de investigación para facilitar el establecimiento de las causas y los factores contribuyentes, a fin de que puedan adoptarse medidas preventivas;
  • Que para que se dé protección a los registros de accidentes e incidentes, y no se los utilice con fines distintos, es indispensable garantizar que se continúe facilitando toda la información pertinente a las autoridades de investigación;
  • Que el uso de la información obtenida en las investigaciones no puede ser utilizada para procedimientos disciplinarios, civiles, administrativos o penales, ya que es, en general, un medio para mantener o mejorar la seguridad operacional; y
  • Que dicha protección no tiene por finalidad impedir la administración de justicia.


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10 enero 2023

Otro inaudito accidente (I)

El 18 de noviembre pasado se produjo una inusual colisión en el aeropuerto Jorge Chávez de la ciudad de Lima; en rasgos generales, ocurrió un inesperado impacto en la pista 16 entre un A–320 que despegaba y un vehículo del Servicio Contra Incendios. Previamente las aerolíneas y demás operadores habían sido alertados que entre las 15:00 y 16:00 horas se efectuaría un simulacro en las premisas del aeródromo. La aeronave habría sido autorizada para despegar y se entiende que, luego de esa maniobra de salida, los equipos de rescate y salvamento ingresarían a la pista y se dirigirían a una zona que sería oportunamente determinada.

 

Para entender las circunstancias del siniestro, es importante mencionar ciertos aspectos relacionados con la geometría tanto del aeropuerto como de la aeronave. La pista tiene 45 metros de ancho y era utilizada para el despegue del A–320, cuya envergadura es de 40 metros de ancho. Siendo esta una “pista de precisión”, requiere de una zona de protección de 60 metros a cada lado, medidos desde el centro de pista, esto quiere decir que las calles de rodaje de acceso o intercepción debían tener señales transversales (doble línea) pintadas a 37.5 metros del borde de la pista. En otras palabras: cualquier avión o vehículo aeroportuario no podía invadir esa zona a menos que estuviese debidamente autorizado. Es más aun en el caso de estarlo debía confirmar visualmente, antes de ingresar a la pista, que dicha maniobra era factible de ser efectuada con total seguridad.

 

Se tiene entendido que los vehículos de bomberos iban a efectuar el simulacro para medir un tiempo máximo de respuesta: esto es, su desplazamiento desde el punto en el que serían notificados (su zona de estacionamiento) y el sitio en el aeropuerto que sería informado. Se sobreentiende que, si se trataba de cumplir con un tiempo máximo, el propósito podía eximir al personal involucrado de esperar por autorización para poder cruzar las líneas indicadas e ingresar en la pista. De todos  modos, es importante resaltar que estos simulacros requieren de dos condiciones: la suspensión temporal de operaciones en el aeropuerto (despegues y aterrizajes) y el respectivo permiso de ingreso a la pista que suponía el ejercicio. Como se entenderá el control de tránsito (torre de control) no podía dar en forma simultánea dos autorizaciones: la del despegue del avión y la de inicio del ejercicio programado.

 

Resulta evidente que este protocolo no se respetó, siendo probable que el avión haya sido autorizado a despegar y que, suponiendo que la aeronave estaría ya en el aire luego de los siguientes 60 segundos y en la intención de agilitar las tareas del simulacro, el controlador habría notificado seguidamente a los servicios de rescate que podían iniciar la maniobra previamente coordinada. No se explica de otra manera cómo el vehículo pudo haber ingresado en forma tan temeraria a la pista, aunque esto no eximía a los operadores de “clarear” primero la pista (asegurarse de que estaba despejada) antes de ingresar en ella. En este punto, es evidente que los pilotos no se percataron (al menos con la debida oportunidad) que debían abortar el despegue pues la superficie que utilizaban había sido invadida.

 

Obviamente estas son solo consideraciones con respecto a lo que pudo haber ocurrido. El informe inicial estará disponible en las próximas semanas (escribo a mediados de diciembre) y no extrañaría que el informe definitivo pudiera tomar hasta finales del año 2023. Lo que se sabe es que, producido el siniestro, la tripulación suspendió el despegue a alta velocidad y, una vez que hubo parado el avión, y visto que este se estaba incendiando, el capitán dispuso la evacuación de la aeronave. Posteriormente se comprobó que dos de los ocupantes del vehículo de los servicios de rescate habían fallecido como consecuencia del impacto.

 

Hay algo, sin embargo, que no ha obedecido al protocolo requerido: en muestra de absoluto desconocimiento de las políticas de investigación de accidentes aeronáuticos, de su propósito primordial y de los objetivos que persiguen los sistemas de seguridad aérea, las autoridades habrían procedido a solicitar el arresto de los dos pilotos involucrados, asunto que contraría las normas internacionales al respecto y desconoce las Resoluciones de la Asamblea de la OACI (Organización de la Aviación Civil Internacional) de la cual Perú es signatario. El insólito procedimiento llama más la atención, por ser Lima –además– la sede regional de la organización y debe, supuestamente, gozar del amparo y protección de ese Estado.

 

Este proceder irrespeta los tratados internacionales, atenta contra las normas jurídicas, y establece un inaceptable precedente en relación a los procedimientos de investigación de los accidentes e incidentes, en detrimento de los objetivos que persigue la seguridad aérea.


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06 enero 2023

Un mundial inconsulto

De “obscenidad” es como alguien calificó al partido entre el seleccionado brasileño y el equipo de Corea. Le parecía “obsceno” que había parecido una práctica de entrenamiento y que, en menos de treinta minutos, la “canarinha” ya le había propinado cuatro estacazos a la selección coreana. Excesivo como pareció, lo realmente obsceno pudo resultar el gol anotado por Richarlison: una serie de “cascaritas” efectuadas con la cabeza, que concluyeron con un toque con el empeine para pasar la bola por sobre su propia testa, seguido por una breve carrera y un pase a uno de sus compañeros para, luego de otro toque, recibir la pelota con un pase en diagonal para vencer la portería coreana.

 

Dice el diccionario que obsceno es algo “impúdico, torpe u ofensivo al pudor”. Revisando “La palabra del día” de Ricardo Soca, encuentro que la palabra tenía inicialmente un sentido diferente: ‘de mal agüero’, ‘mal presagio’, ‘funesto’ o ‘siniestro’, como en obscenae aves con el de aves de mal agüero; aunque, al principio de nuestra era, también se utilizaba para los seres humanos, con el sentido de impúdico o deshonesto. Un tal Pomponio Mela la habría incluso utilizado para referirse a los genitales masculinos. No sorprende que el diccionario de María Moliner mencione que así “se dice de lo que presenta o sugiere maliciosa y groseramente cosas relacionadas con el sexo”.

 

Como lo había anticipado en otra entrada (Itinerario Náutico del 3 de enero, Poner la mano en el fuego), tuve que consultar Etimologías de Chile para confirmar que la palabra siempre ha tenido un origen controvertido. Lo que la voz significó en un principio fue aquello que “estaba en nuestra contra por venir de la mano izquierda”. En la antigüedad clásica el hombre auscultaba su fortuna mirando al norte; todo lo que quedaba a su izquierda se relacionaba con la muerte e implicaba un mal augurio, ahí estaba el occidente (la palabra occiso tendría una similar etimología); de este modo, lo obsceno era lo que nos afectaba por venir de la izquierda. Lo obsceno era un mal augurio o de mal agüero…

 

Ahora bien, volviendo al torneo futbolístico, obsceno no ha sido un partido en particular; ni siquiera la jugada que hemos comentado, aun a riesgo de pasar por alto una supuesta “falta de respeto” a los jugadores coreanos. Lo realmente obsceno, a más de oscuro, ha sido la sorpresiva designación de la sede del último Campeonato Mundial celebrado en Catar, una península en forma de pepinillo de mar que se extiende desde Arabia hacia el centro del Golfo Pérsico, lugar que fuera escogido por los gerifaltes de la FIFA para efectuar el certamen. Nadie comprende cuáles fueron “los motivos del lobo”, es decir qué pretendía conseguir la entidad como beneficio para el fútbol mundial al realizar el torneo en un lugar tan poco adecuado. Como dicen por ahí… “piensa mal y acertarás”.

 

Quizá nada haya generado tanto rechazo como el discurso de apertura efectuado por el presidente del organismo. Hablar de un régimen de respeto a las opciones y libertades humanas en Catar, como el señor Infantino lo insinuó, era desconocer los múltiples reclamos que habían sido presentados por un sinnúmero de organizaciones internacionales (se calculan 6.500 trabajadores fallecidos). Catar es un país muy rico, tiene la tercera reserva de gas natural en el mundo; habría presupuestado un gasto de 200.000 millones de dólares para los preparativos y ejecución del Mundial (50.000 millones más que su PIB anual). ¿Qué quería mostrar y por qué quería sorprender? Tal vez buscaba reconocimiento exterior; quizá quiso vender la impresión de que Catar era un país imprescindible de conocer.

 

La pregunta ya no sería entonces ¿cuánto pagaron los cataríes a los dirigentes de la FIFA?, sino más bien ¿para qué querían hacer el mundial en su país? Se entiende que su objetivo era promover su desarrollo y darlo a conocer al mundo (como lo hizo en su momento Singapur). No parece coherente que hayan tratado de conseguir un beneficio económico con la visita de, tal vez, un medio millón de personas. Lo que pudo haberles animado era adelantarse a buscar condiciones que permitan a sus autoridades diversificar su economía: modernizar su estilo de vida para no tener que depender del petróleo y de sus derivados en el futuro.

 

Mientras tanto, no se entiende cómo la FIFA accedió a realizar el Mundial fuera del esquema regular (en el verano del hemisferio norte), respetando la temporada natural de juego de los diferentes países, preferentemente de las principales ligas europeas. A todas luces, un mal precedente.


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03 enero 2023

Poner la mano en el fuego *

* Tomado de la página "Etimologías de Chile". Favor ver nota al final.

 

"Poner la mano en el fuego" por otro significa ser capaz de empeñar la palabra, lo que se tiene y hasta la integridad física por garantizar incondicionalmente a otro, afirmar que confiamos tanto en esa persona que arriesgaríamos cualquier cosa por garantizar su fiabilidad.

 

Las "pruebas del fuego" fueron en la Edad Media un medio (bastante brutal) de hacer demostrar a alguien su inocencia (si pasaba la prueba del fuego sin abrasarse es que la providencia divina lo protegía o decía la verdad), argumento incluso empleado por la Inquisición: si un hereje era inocente, las llamas de la hoguera en que iba a ser quemado no le dañarían. Pero la expresión de poner la mano en el fuego tiene un origen más concreto.

 

Cuando los romanos, hacia el año 510 a.C. expulsaron al último de sus reyes, Tarquinio el Soberbio, por ser un tirano odioso, eliminaron la monarquía y empezaron a gestar el sistema republicano. Tarquino, que era etrusco, buscó ayuda en ese pueblo para recuperar su trono. Logró el apoyo del larte Porsenna. Los etruscos llamaban "lartes" tanto a sus reyes, como a caudillos poderosos. Porsenna plantó su campamento en la colina del Janículo, y sitió Roma, que, parapetada en sus murallas al otro lado del Tíber, resistió sin tregua. Distintos episodios se sucedieron pero al final la situación de Roma era desesperada por la carencia de alimentos.

 

Un joven llamado Mucio, viendo morir de hambre a sus conciudadanos, se presentó ante el senado y se ofreció para infiltrarse de noche en el campamento de Porsenna, disfrazado de etrusco, y asesinarle; pidiendo el permiso de los senadores, afirmaba que muerto el larte los etruscos se retirarían. El senado lo tomó por loco, pero como los senadores no tenían tampoco solución a una situación desesperada, al final, empeñándose el joven, le dieron permiso para hacer lo que quisiera, pensando que no volverían a verle. Mucio salió de noche de las murallas, cruzó a nado el río en la oscuridad, se disfrazó de soldado etrusco y se infiltró en el campamento. Logró entrar en una tienda donde había un personaje ricamente ataviado, y lo apuñaló. Enseguida fue apresado, pero en realidad había matado a un escriba, dignatario de Porsenna. Los soldados lo llevaron ante Porsenna para ser interrogado y condenado.

 

Porsenna decidió que fuera interrogado mediante torturas, a hierro y fuego. Entonces Mucio tomó la palabra y le dijo: "Soy ciudadano romano y me llamo Gayo Mucio. Soy tu enemigo y sólo quise matar a quien nos daña sin lograr ventaja propia. Puedes torturarme, abrasarme y matarme, y no temo al fuego ni a la muerte, pues tú vas a morir. En Roma somos trescientos los jóvenes conjurados, adiestrados para afrontar el fuego y la muerte, y para nosotros el más alto honor es matarte. Después de mí vendrán trescientos, uno tras otro, y siempre habrá un puñal oculto para ti que al final te matará. Igual que yo, ni temerán al fuego ni a la muerte. Mira". Y acercándose a un ara con un fuego encendido, Mucio puso su mano derecha sobre las ascuas y las llamas, y la dejó consumirse sin emitir un solo gemido.

 

El rey contempló la escena admirado, viendo a aquel feroz joven, y creyó que se enfrentaba a un pueblo feroz y terrible; perdonó la vida del joven soltándolo y a poco levantó su campamento y se fue, dejando de ayudar a Tarquinio, de modo que éste también hubo de retirarse. Los Romanos llamaron a aquel joven "Mucio Escévola" (que quiere decir Mucio "el manco", "el que sólo conserva la izquierda"), le premiaron con campos y honores públicos, y los historiadores narraron repetidamente su legendaria gesta (principalmente Tito Livio).

 

Su figura fue tan popular que hasta su memoria está presente en algún romance medieval. En el Renacimiento y el Barroco también se exaltó su figura, como símbolo de la lucha sacrificada por la libertad de un pueblo frente a un tirano, y los pintores de la época representaron repetidas veces la escena. Fue también un símbolo del republicanismo. Y esta es la historia que dio pie a la frase, pues fue Mucio Escévola, el que puso voluntariamente su mano en el fuego por todos los jóvenes romanos conjurados, que ni siquiera existían.

 

* Nota: he encontrado esta explicación en la página “Etimologías de Chile”. Ha sido una “serendipia”, es decir un hallazgo casual, pues buscaba la etimología de la palabra “obsceno” que no es otra que “lo que está en nuestra contra por venir de la izquierda”, esto es: “lo que es de mal augurio”. Volveremos al respecto.


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