11 abril 2023

Un absurdo y díscolo Universo

Franz Kafka, que había nacido en Bohemia, había convertido sus escritos en epítome de la ansiedad, la culpa y el absurdo. Sin que él mismo se lo hubiera propuesto, el mundo inventaría más tarde un nuevo adjetivo para expresar que algo era opuesto a la razón, irregular, sin sentido o extravagante. Kafkiano pasó a ser lo inaudito, lo signado por el absurdo, lo sorprendente, aquello que –aunque lo lográramos describir– resultaba insólito. No dudo que al autor de “La transformación” (traducida como “La metamorfosis”) debe haberle parecido –como me pasa a mí– que había aspectos relacionados con el Universo que eran disparatados y difíciles de comprender.

 

Con el Universo (hablamos del espacio infinito) sucede siempre algo contradictorio: cada vez que lo estudiamos para comprenderlo mejor, siempre terminamos con nuevas y mayores incógnitas que nos van dejando la ingrata sensación de que cada vez sabemos menos. Ahí están ciertos caprichos de algunos cuerpos celestes (celestes no por su color sino por pertenecer al cielo) o la dimensión del infinito, distancias inalcanzables que para comprenderlas utilizamos una fantástica entelequia conocida como “velocidad de la luz”. De paso, hoy se utiliza el “pársec” que equivale a 3.2 años luz. Desde el siglo XVI se viene utilizando como medida, la unidad astronómica, UA; ella representa la distancia entre la Tierra y el Sol, unos 150 millones de kilómetros.

 

Los planetas conocidos habrían sido solo cuatro hasta que, gracias a unos incansables observadores (Copérnico, Galileo, Brahe, Kepler), la Tierra dejó de ser el “centro de todo lo visible e invisible” y pasó a ser un humilde y prosaico planeta, uno más. Así, de pronto, los planetas pasaron a ser seis  (se había logrado descubrir Júpiter y Saturno); el subsiguiente reconocimiento del sistema heliocéntrico facilitaría el posterior descubrimiento de Urano y Neptuno. Pasado un poco más de tiempo, y con el avance tecnológico y la mejora de los telescopios, se encontró uno más: un planeta no sé si un poco más lejano o bastante más pequeño que se convirtió en el noveno y que llamaron Plutón; hoy ya no es considerado un planeta.

 

En nuestros días se habría de redefinir una zona que separa a los planetas telúricos (Mercurio, Venus, Tierra y Marte) de los “jovianos” (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), allí se descubrió otro planeta (Ceres) que se clasificó como “enano”. Además (eran los primeros años de este siglo), empezaron a aparecer nuevos y más lejanos planetas enanos. Aunque el radio del sistema solar habría avanzado de 30 UA (Neptuno) a unas 45 UA; ahora se habrían efectuado otros hallazgos –como una nube dónde existen gases y diminutos cuerpos (como Sedna), ubicados a 500 UA. Hoy se conoce que la distancia entre el Sol y la Nube de Oort es de 1 año luz: una distancia quizá insignificante...

 

Si se calcula que una UA equivale a 8.32 minutos luz, lo que significa que cada hora luz equivale a unas 7 UA, se deduce que cada día luz representa 84 UA y cada año luz la inimaginable distancia de 30660 UA. Simple y breve como parece, solo significa que la estrella más cercana, Alfa Centauro, dista de nuestro sistema 4.2 años luz o unas 130.000 UA, lo que –a su vez– solo quiere decir que si algún día llegamos a viajar a la velocidad de la luz, “únicamente” nos tomaría 4.2 insignificantes años llegar hasta allí. Ni qué decir de cuánto pudiera costarnos el boleto…

 

Revisando un libro de Carl Sagan, un día  me encontré una comparación a escala de nuestra realidad; decía que si todo el sistema solar se comparaba con un plato de servicio (unos 30 centímetros de diámetro), la estrella más cercana, la ya mencionada Alfa Centauro, quedaría a algo menos de diez kilómetros de distancia… Prefiero transcribir lo que he encontrado en Wikipedia para tener una idea más clara de tan “absurdas” distancias siderales…

 

“Imagínese un modelo reducido en el que el Sol esté representado por una pelota de 22 centímetros de diámetro. A esa escala, la Tierra estaría a 23,6 metros de distancia y sería una esfera con apenas 2 milímetros de diámetro (la Luna estaría a unos 5 cm de la tierra y tendría un diámetro de unos 0,5 mm). Júpiter y Saturno serían bolitas con cerca de 2 centímetros de diámetro, a 123 y 226 metros del Sol, respectivamente. Plutón estaría a 931 metros del Sol, con cerca de 0,3 milímetros de diámetro. La estrella más cercana estaría a 6332 kilómetros”…

 

Todo para no hablar de un planeta vecino que gira y se traslada al revés que los demás. Ahí el sol aparece por poniente, parece que una inimaginable colisión lo puso de cabeza; su órbita es elíptica pero gira a contramano. Es el inventor del contraflujo. Venus se demora 243 días terrestres en girar sobre su eje y 224 en orbitar alrededor del sol. Parecería kafkiano pero su día tiene mayor duración que su circuito anual. Es realmente un planeta díscolo.


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07 abril 2023

Nuestras vías y sus nombres

En días pasados se han iniciado los trabajos de repavimentación con hormigón de tres vías importantes de nuestra capital: las Avenidas Cristóbal Colón, Napo y Morán Valverde. Estos trabajos tendrán una duración de seis meses y comprenderán una extensión total de 6 km con un costo de 6 millones de dólares. El Municipio ha comentado que aunque el costo es tres veces más alto que el del asfalto, el gasto se justifica por la durabilidad del hormigón (casi 50 años) y el mínimo mantenimiento requerido. Se sabe que solo el fraguado tomaría 21 días.

 

En lo personal, tengo la costumbre no solo de ubicar nuestras calles (puede decirse que es uno de mis “temas”), sino también de averiguar el porqué de sus nombres. Utilizo para estas indagaciones el nunca bien ponderado libro de Ángel Dávalos H. QUITO, Significado y ubicación de sus calles (Abya-Yala 2000). Tal vez, para el caso que nos ocupa, los nombres de las dos primeras avenidas mencionadas no merezcan explicación. Tanto las referencias al navegante genovés como a la provincia oriental y el río que le da su nombre son relativamente claras y no merecen comentario adicional. Hubo un tiempo en que una parte de la Colón era más estrecha, no era todavía pavimentada y tampoco tenía  parterre arbolado, iba de la 10 de Agosto a la América; a ese trecho se lo conocía como “la Colón de a perro”.

 

Lo que tal vez resulte necesario, es ubicar a las dos últimas avenidas que son parte del sur de la ciudad; sobre todo para quienes que –como yo– no se acostumbran todavía a la nueva realidad de un sur de Quito enorme y desproporcionado (en nuestra niñez la ciudad terminaba en la Villa Flora). La Napo se inicia justamente en el barrio mencionado, pasa por el estadio de El Pobre Diablo en Chimbacalle, sube por la Alpahuasi y la México, y termina en Luluncoto  (pasteurizadora Quito). La Morán Valverde, por otra parte, es una ruta transversal, ubicada mucho más al sur, empieza en la Ave. Mariscal Sucre (sector de El Pintado) y termina en la Ave. Pedro Vicente Maldonado.

 

En este punto, llegados a la Morán Valverde, creo que es importante resaltar que muchos de los quiteños no conocemos la razón o motivo para la nomenclatura de muchas de nuestras calles, por eso me permito glosar aquello referido a quién fue el Capitán de Fragata Rafael Morán Valverde, Héroe de Guerra en la Batalla Naval de Jambelí:

 

MORÁN VALVERDE RAFAEL. Nacido en Guayaquil el 5-abr-1904. Ingresó a la Marina de Guerra el 2-may-1924. Alférez de Fragata en 1927. La Escuela Naval funcionaba entonces a bordo del buque “Cotopaxi”. En junio de 1941 fue nombrado Comandante del cañonero “Calderón”. El 25 de julio de ese año, fue protagonista en el combate de Jambelí enfrentando al destructor “Almirante Vilar” del Perú; hazaña que le mereció el reconocimiento de Héroe Nacional. Se retiró en 1944 y falleció en 1958. Post-mortem fue ascendido al grado de Capitán de Fragata.

 

Pero, y volviendo al relato inicial, ha sido cuando he revisado las correspondientes rutas alternas, recomendadas para cuando se realicen los trabajos en esta avenida, que encuentro los siguientes nombres: “Calle Borbón, Ave. Amaru Ñan, Av. Quitumbe Ñan y Redondel Morán Valverde”. Advierto aquí que las que reciben el añadido de “ñan” (probablemente un intento “inclusivo” de quienes están encargados de estos asuntos) no constan en el texto de Ángel Dávalos, pero conjeturo que se refieren al genérico de “camino”, pues deduzco que “chaquiñán” quiere decir atajo o camino angosto. Aun así, me ha parecido muy ilustrativo lo relacionado con los nombres Quitumbe y Quitus:

 

“QUITUMBE: Hijo del cacique Tumbe., nacido en la actual península de Sta. Elena. Fundó Túmbez. Fue ambicioso, emprendedor y aventurero. Huyendo de los gigantes de la Otoya, se refugió en una isla (Puná). Desde esta, ganó en balsa el río Guayas, atravesó cálidas selvas tropicales, llegó a mesetas frías, trepó cerros y montañas y, por fin, llegó a un sitio que le gustó para fundar un reino, que en su honor llamó QUITO. De su esposa Llira, tuvo un hijo: Guayanay, que significa ‘golondrina’. Por él, fue abuelo de Atau y bisabuelo de Manco Cápac. En Quito, tuvo otro hijo: Tomé, quien fue el primero que usó el título de Shyri” (actualente, Tumbez está ubicada en el norte del Perú).

 

“QUITUS: Tribu conformada por varias aldeas, cada una con su jefe respectivo, que formaban confederaciones. Vivían en las actuales Provincias de Pichincha, Imbabura, parte de Cotopaxi, Los Ríos, Manabí y Esmeraldas. Construían montículos ovalados o circulares (y estructuras) piramidales con fines ceremoniales, astronómicos y habitacionales. Llevaban pectorales y (lucían) en las orejas objetos de oro y plata, además de anillos y collares. Se unificaron con los Caras para repeler la violenta invasión incásica”. Fin de la glosa. Para los fines consiguientes…


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04 abril 2023

Los Nobel de Literatura

Alfred Bernhard Nobel (1833-1896) tendría algo más de 40 años cuando había descubierto una nueva fórmula para fabricar explosivos; la llamó dinamita, una palabra de origen griego que implica vigor o potencia. Cuando murió de un ictus a los 63 años, no se había casado ni tenido hijos pero se preocupó de dejar un testamento por el que legaba gran parte de su fortuna a quienes se hubieran destacado por el afán de beneficiar a la humanidad. El Premio reconocería a quienes hubieran hecho valiosos aportes en Química, Física y Medicina, pero también a quienes hubieran contribuido a la Paz en el planeta. Nobel, él mismo un escritor, también habría querido reconocer a quienes hubieran dedicado su vida a la Literatura.

 

Así, a partir del año 1901, la Academia Sueca empezó a distinguir con el Premio Nobel de Literatura. Como era un premio concedido en vida, nunca favoreció a quienes, como Flaubert o Dostoievski, hubieran fallecido antes del año 1900. En algunos casos no fueron personajes muy conocidos; hubo importantes escritores que nunca recibieron el galardón; destacan, entre ellos, Émile Zola, Leiv Tolstoi, Marcel Proust, Franz Kafka, James Joyce y Jorge Luis Borges. A excepción de Zola, que murió un año después de instaurado el premio; y Kafka, que murió en 1924 a los 40 y cuya obra solo trascendió 20 años más tarde, pudiera presumirse que pudo haber un motivo extra-literario para que no se los hubiera favorecido.

 

Alfred Nobel había establecido un requisito para otorgar el premio: que los escogidos debían poseer "un idealismo elevado y sólido". Además, sobre todo en los años de las dos grandes guerras, la Academia habría de preferir a escritores pertenecientes a países que no hubieran participado en tales conflictos. Así, se intuiría que hubo candidatos segregados debido a una eventual animosidad hacia el pueblo ruso o debido a que pertenecían a otros continentes (un cierto euro-centrismo). Insólito como puede parecer, también fueron relegados escritores de la talla de Henry James, Anton Chejov, Mark Twain, Joseph Conrad o Vladimir Nabokov.

 

Tolstoi había sido nominado desde 1902 hasta 1906, e incluso para el Nobel de la Paz en tres ocasiones. Que no hubiese sido escogido, generó una enorme controversia; se presume que el jurado pudo tener ciertas reservas frente a sus posturas religiosas o políticas. Para el caso de Proust, autor de un libro dos veces más extenso que “Guerra y Paz” (“La búsqueda del tiempo perdido”), que alteraba la tradición del realismo del siglo XIX (el mismo que priorizaba la importancia del guion en la novela), tal vez el gusto literario no habría aún apreciado el novedoso modelo, uno que privilegiaba las impresiones y la subjetividad del narrador. El escritor francés bien pudo haber recelado que habría sido su propio tiempo el realmente “perdido”…

 

Un capítulo aparte merece Joyce, un irlandés que se había propuesto componer una novela inspirada en La Odisea de Homero (de ahí el nombre); cuya trama, a diferencia de esta, no transcurre en diez años sino en un solo día. Se destaca por dos aspectos que influenciaron en muchos de los escritores que vendrían después: el monólogo interior y esa irreverencia suya frente a ciertas normas: como la ausencia de signos de puntuación, la escritura sin mayúsculas o la discontinuidad cronológica en el desarrollo del guion, técnicas que dificultan la lectura pero que involucran al lector como si fuese un colaborador más en la creación literaria.

 

Para el caso del escritor y erudito argentino: Borges fue nominado varias veces aunque nunca obtuvo el preciado galardón. El autor no había gozado de la simpatía del peronismo que siempre lo relegó a una oscura posición burocrática. Sus críticos nunca habrían de olvidar que había gozado del reconocimiento de las dictaduras militares del sur del continente, cual si otros ganadores no hubieran apoyado también a otras tiranías de izquierda como fue el caso de Jean-Paul Sartre y Neruda (Stalin); o de García Márquez (Fidel Castro).

 

Desde que se instauró el Nobel, este ha sido entregado a casi 120 escritores; de ellos, solo un doce por ciento han sido mujeres. La mayoría está conformada por europeos o norteamericanos; raros son los asiáticos o africanos. Prevalecen los que han escrito en inglés, francés, alemán o castellano. De entre estos últimos, cinco han sido españoles y seis pertenecientes a otras nacionalidades: dos chilenos (Mistral y Neruda); un mexicano (Paz); un guatemalteco (Asturias); un colombiano (García Márquez); y un peruano (Vargas Llosa). Por cierto, estos dos últimos no poseen apellidos compuestos: nos hemos acostumbrado a llamarlos así; nadie dice Gabriel García o Mario Vargas… También hubo quienes rechazaron la distinción, sea por disposición de su propio gobierno (Pasternak) o por cierta convicción personal, la de que aceptarlo pudiera desmerecer su futuro legado literario (Sartre).


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31 marzo 2023

Caveat emptor

(Advertencia al comprador)

 

Cuando uno escribe, mantiene casi sin proponérselo una actitud de observación permanente que es continuamente estimulada por lecturas, conversaciones y viajes. Hay quienes leen para aprender, otros para entretenerse o para encontrar respuestas; por mi parte, lo hago también para alimentar nuevas inquietudes que me obligan a investigar y a tener una idea más clara de diversas cuestiones. De otro lado, cualquier experiencia, episodio o comentario aviva, y aun reaviva, la actividad creadora. Un solo vocablo puede espolear nuestra imaginación…

 

A veces creo, asimismo, que solo soy un sobreviviente… En mis tiempos de TAO, el gerente de la empresa había invitado al doctor Alberto Di Capua a pasar unos días en el Oriente. Don Alberto, que había sido fundador y pionero de los laboratorios LIFE, llegó una tarde a Shell Mera, acompañado de su hijo Alejandro. Este era un joven inquieto y locuaz; su padre le había imbuido que en la vida, si se quería aprender, había que preguntar. Estábamos sentados a la mesa, disfrutando de la cena, cuando el muchacho –que con el tiempo llegó a ser mi buen amigo– curioso inquirió: “Aquí al lado quedan los brasilianos, ¿no es cierto?”.

 

Di Capua, que había nacido en Italia hacia 1905; era un padre severo. Lucía esas camisas ligeras de lino y manga corta que tan elegantes parecen en el trópico. A pesar de su corta estatura, tenía algo en su talante que le daba un gesto altivo que infundía respeto; quizá era su forma profesoral de expresarse o aquella tendencia a elevar el mentón antes de dirigirse a las demás personas… “No se dice brasiliano”, le increpó a su heredero, acompañando el reproche con un disimulado expletivo… Hoy, por lástima, ni el padre ni el hijo están ya entre nosotros.

 

La inquietud de mi amigo traducía la difuminada perspectiva que, por mucho tiempo, los ecuatorianos hemos tenido no solo de nuestras fronteras, sino de nuestro real territorio. Tan temprano como en 1904, Ecuador había firmado el Tratado Tobar–Río Branco con el Brasil, que establecía una “potencial” frontera “para el caso de que superásemos las diferencias que manteníamos con el Perú”. El límite estaba trazado entre Tabatinga (actual Leticia) y la confluencia del Apaporis con el Caquetá; una línea de alrededor de 300 Km. Obviamente, no se había contado con el beneplácito del Perú. Algo semejante sucedió al cesar los enfrentamientos entre Perú y Colombia y se estableció el Trapecio de Leticia; entonces Colombia había transferido al Perú los mismos territorios que antes le había cedido el Ecuador.

 

Aquí vale recordar algo de geografía: algunos ríos de nuestro Oriente (Pastaza, Santiago) desembocan en el Marañón (el Napo lo hace en el Amazonas); el Marañón recibe por su derecha al Huallaga y al juntarse con el Ucayali (poco antes de Iquitos) forma el Amazonas. Tanto el Huallaga como el Ucayali corren paralelos al Marañón por casi medio territorio peruano; pues, aunque nacen con otros nombres al sur del Perú, el Marañón lo hace a la cuadra de Lima. El Amazonas tiene un nombre diferente en parte de su recorrido; esto es desde Tabatinga hasta Manaos (1.700 Km), ahí se lo conoce como Solimões. Desde Manaos hasta el Atlántico cambia, otra vez, al de Amazonas. Leticia, por otra parte, forma una sola ciudad con Tabatinga, aunque ambas están divididas por la frontera entre Colombia y Brasil.

 

Para resumir: Perú y Colombia habían tenido un conflicto bélico en 1922, el mismo que obligó al Perú a ceder una extenso territorio a Colombia. El tratado suscrito, para sorpresa de los mismos ciudadanos peruanos, se había mantenido en secreto por cinco años. Años más tarde (1932) el contenido malestar peruano reanudó las hostilidades que luego tuvieron que suspenderse ante el inesperado asesinato del presidente Sánchez Cerro. Un nuevo tratado se firmaría en 1934, sin atender los reclamos territoriales del tercero en discordia, nuestro país. De este modo, el Trapecio de Leticia, cedido por Perú, nos alejaría para siempre del Brasil.

 

En cuanto a disputas territoriales, tal parece que nunca está dicha la última palabra. A pesar de que los presidentes Mahuad y Fujimori firmaron la paz entre Ecuador y Perú a finales del pasado siglo. Un dirigente “etnocacerista” peruano, Antauro Humala, hermano de Ollanta, el anterior presidente, también tendría aspiraciones presidenciales… él habría anticipado que desconocería los acuerdos con Chile y Ecuador (?). Esto significaría resucitar los supuestos límites contenidos en la Cédula Real de 1803, que reconocían como pertenecientes al Virreinato de Lima los territorios ubicados hacia el oriente de la cordillera de los Andes…


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28 marzo 2023

Nebrija, ¿un judío converso? *

 * Escrito por: César Cervera. Título original: “El enigma sobre los orígenes de Nebrija, ¿era un judío converso el creador de la primera gramática del español?”.

 

Si en el siglo XVIII lo suyo era afrancesar el nombre como hoy ponerle un tono británico, en la época de los Reyes Católicos la moda estaba en latinizarlo todo. Elio Antonio de Nebrija era el nombre adoptado por Antonio Martínez de Cala, un sevillano que dominaba con tanta soltura el latín que, aparte de darle un toque romano a su nombre, se hizo famoso en toda Europa tras publicar uno de los manuales de gramática latina más utilizados en el continente y luego firmar la primera gramática en español. No obstante, cambiarse el nombre no fue el único detalle biográfico que Nebrija trató de adornar, ni mucho menos el más significativo.

 

En su reciente ensayo ”Antonio de Nebrija y su origen judeoconverso”, el historiador y escritor Diego Moldes profundiza en los orígenes menos conocidos del padre de la lingüística española entroncando con una teoría, defendida también recientemente por Juan Gil, que pone sangre judía en sus venas. Prueba de su legado hebreo es, según Moldes, la enorme cultura de sus padres, impensable en unos labriegos cristianos como se suele afirmar; su gran conocimiento del hebreo; la obsesión del humanista por encubrir su linaje; sus contactos con otros conversos y «su temeraria arrogancia», típica de la característica chutzpah judía.

 

Antonio de Nebrija se hizo célebre por su Gramática castellana (1492), pero también destacó por su obra como lexicógrafo, poeta, historiador, cronista real, pedagogo, impresor, traductor, docente y editor. Su inconmensurable actividad profesional de más de medio siglo influyó en la cultura y ciencia europeas como pocos en su siglo. Las obras y consecuencias de esta vida intelectual han sido escrupulosamente estudiadas, mientras que las circunstancias de su vida familiar han sido, por influencia del propio protagonista, discretamente solapadas.

 

«¿Por qué un hombre que consagró su vida a la búsqueda de la verdad miente y, además, lo hace por escrito?», se pregunta el autor de 'Antonio de Nebrija y su origen judeoconverso' sobre la razón por la que la genealogía de Nebrija es radicalmente falsa. El humanista, ya fuera por unos antepasados judíos o plebeyos, fabuló con un pasado caballeresco en un tiempo donde todos, sobre todos los nuevos cristianos, querían entroncar como mínimo con los reyes godos.

 

Un converso de manual: A juicio de Moldes, la estrategia vital de Nebrija, incluida la falsificación de su genealogía, obedece a lo que se puede denominar como 'un converso de manual': «Familia en movimiento; declaraciones públicas reiteradas y por escrito de la fe en Cristo; convivencia y amistad con judíos y, a partir de la Expulsión de 1492, con conversos; invención de una genealogía con antepasados ligados a la nobleza y a un pasado ilustre –por supuesto inexistente– y a la población autóctona ibérica».

 

No hay forma de demostrar documentalmente que el maestro del latín fuera cristiano nuevo, pero tampoco de que fuera viejo. Lo único que se puede hacer, como plantea este ensayo cultural, es desmontar la endeble biografía familiar que sostuvo Nebrija a lo largo de su vida y buscar respuestas a misterios tales como de dónde pudo sacar el hijo de unos labriegos humildes una formación tan notable o de dónde le brotó un carácter tan particular. Sin ir más lejos, sobre su proverbial soberbia –en el plano intelectual– Moldes lo vincula con el chutzpah propio del arquetipo del erudito hebreo; esto es, una personalidad desafiante, ruda y elevada contra la mentira y la intolerancia.

 

Una actitud que el inquisidor Diego de Deza le pidió que contuviera y que, a pesar de ser procesado por herejía por el Santo Oficio en 1506, él mantuvo hasta el final de su vida. Inmediatamente después de salvarse de la Inquisición por intervención del cardenal Cisneros, Nebrija publicó un libro, ‘Apología' considerado el primer gran alegato contra la censura y a favor de la libertad de expresión.

 

En cualquier caso, el pasado converso de la familia de Nebrija no pasaría de la mera anécdota, sino fuera por lo que esto conllevaba, en un periodo –principios de la Edad Moderna–, donde surgió la obsesión por la limpieza de sangre. Un hecho que contrasta con el dato, que apunta el propio Moldes, de que entre los siglos XV y XVI un 80% de los escritores de nivel medio eran cristianos nuevos; o, que los cimientos de la edad de oro de la cultura española se sustentaron en conversos que nutrían en una proporción asombrosa la élite intelectual del país.


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24 marzo 2023

El nombre de Brasil

Una madrugada en Miami, volando el 707 carguero de Ecuatoriana, y listo con mi tripulación para partir de regreso a Quito, se nos dispuso cambiar nuestro destino y llevar el avión a Bogotá con el propósito de trasladar el circo de Hanna Barbera a Río de Janeiro; fue así como efectué mi primer viaje al Brasil. Me pareció este un país de gente alegre, amigable y tranquila; tenía una bandera colorida que ostentaba una sugestiva leyenda: Orden y Progreso.

Parece una verdad de Perogrullo pero Brasil es un país enorme, uno de los cinco más grandes del mundo. Tiene una extensión de ocho millones y medio de kilómetros cuadrados (unas 33 veces el tamaño del Ecuador): de hecho, ello representa la mitad del tamaño de Sudamérica. Parece que la casualidad ha querido que su forma sea también muy parecida a la del subcontinente; se pudiera decir que es su caricatura… Cuenta con 215 millones de personas y tiene fronteras con todos los países de América del Sur, con excepción de Chile y Ecuador. En días pasados, revisando “La palabra del día” de Ricardo Soca”, he encontrado algo interesante respecto al nombre de ese país:

 

“El origen del nombre de este país sudamericano ha dado lugar a nada menos que once hipótesis diferentes, que el filólogo brasilero Adelino José da Silva Azevedo resumió en una sola, en un libro publicado en 1967. En él prueba que se trata de una voz de procedencia celta, aunque sus orígenes más remotos pueden rastrearse hasta los fenicios. quienes mantuvieron un intenso comercio de un colorante rojo, que extraían de un mineral cuyos principales proveedores eran los celtas, pueblo que explotaba yacimientos desde Iberia hasta Irlanda”.

 

“Los griegos sucedieron a los fenicios en el comercio de este producto al que llamaban kinnabar, que pasó al latín como cinnabar, al portugués como cinábrio y al español como cinabrio. Una de las características de las lenguas celtas es la inversión de partículas: así, al kinnabar lo llamaron barkino, que dio lugar a nuestro barcino, adjetivo que se aplica a ciertos animales de pelaje rojizo y que, con variantes, pasó a designar el color rojo en varias lenguas de influencia celta”. “En efecto, en la Edad Media, los artesanos empezaron a usar un colorante rojo extraído de la madera, que en la Toscana se llamó verzino; en Venecia, berzi y en Génova, brazi, nombre que muy pronto designó también la madera de donde se sacaba, conocida en España como ‘palo brasil’ o ‘palo de Fernambuco’ (debe tratarse de 'Pernambuco', estado de Brasil, cuya capital es Recife), y en Portugal, como ‘pau-brasil’”.

 

“En la época de los descubrimientos, los portugueses guardaban celosamente el secreto de todo cuanto hallaban y conquistaban, a fin de explotarlo con más ventaja. Pero no tardó en correrse la voz en Europa de que habían descubierto una cierta ‘isla de Brazil’, de donde extraían el ‘palo brasil’. El gentilicio brasileiro, surgido en el siglo XVI, se refería inicialmente a los que comerciaban con aquella madera, y, más tarde, a los portugueses que llegaban a esa región de Sudamérica en busca de fortuna” (Hasta aquí la glosa referida).

 

Ha sido, además, revisando la Wikipedia, que he encontrado otra interesante como curiosa referencia: dice que “este ya era un nombre conocido incluso antes del Descubrimiento de América”. En efecto, señala que “en las cartas náuticas medievales, aparece a menudo una «isla Brasil» en el océano Atlántico. El caso más antiguo es el mapa de Angelino Dulcert de 1325”. Los dos párrafos que copio a continuación están tomados del mismo documento:

 

“Tras el descubrimiento de América por parte de los españoles, se comenzó a llamar Brasil a la región en la cual existía un árbol (Caesalpinia echinata) que usaban los amerindios de las selvas del litoral brasileño (Mata Atlántica), llamado por los portugueses pau-brasil. Este árbol desprendía un color rojizo al hervirse en agua, que recordaba las llamas de un fuego, o las brasas del carbón ardiendo. De ahí el nombre de terra do pau-brasil (tierra del palo brasil)”.

 

“Durante la colonización de Brasil, por parte de la corona de Portugal, los portugueses exportaron ese nuevo tinte para colorear sus ropas en la vieja Europa. Su afán por los beneficios económicos llevó al pau-brasil a su extinción en casi la totalidad del territorio brasileño. Antes de tomar su nombre definitivo, el actual territorio de Brasil fue designado de diferentes maneras: Monte Pascual (cuando los portugueses avistaron el terreno por primera vez), Isla de Vera Cruz, Tierra de Santa Cruz, Nueva Lusitania, Cabralia (la tierra de Cabral), etc.”


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