05 septiembre 2023

Pioneros de la aviación *

 * Con el título “Nueve figuras más influyentes en la historia de la aviación”, la revista Aerotime Hub enumera una serie de personajes (realmente 10) que se han destacado en el desarrollo de la aviación moderna. Hubiese sido preferible que se mencionen a los pioneros, a aquellos individuos relacionados con esta hermosa actividad, que sobresalieron por su iniciativa e hicieron posible tan prodigioso desarrollo en tan solo un siglo. Coincido, por lo mismo, solo con los primeros cinco nombres; los demás, son candidatos destacados pero, en su mayoría, obedecen a iniciativas –o desarrollos aeronáuticos– de las que solo fueron parte. Hubiese sido preferible incluir a aviadores de la talla de Charles Lindbergh o de Amelia Earhart. El que sigue es un resumen de la publicación:

 

Sir George Cayley – (Dic. 27, 1773 – Dic. 15, 1857) 

 

En 1799, Cayley –el verdadero padre de la aviación moderna– conceptualizó el avión moderno como una máquina voladora de ala fija que tuviera sistemas separados para sustentación, propulsión y control. Él construyó el primer modelo de un aeroplano. Era británico, identificó las cuatro fuerzas que intervienen en el vuelo: peso, sustentación, resistencia e impulso. En 1853 registró el primer vuelo que llevaría por el aire a un adulto por una distancia de 300 metros. ¿Quién fue ese primer valiente?: un cochero llamado John Appleby.

 

Otto Lilienthal  (May. 23, 1848 – Ago. 10, 1896) 

 

Alemán, apodado el “hombre volador”, sus avances servirían a pioneros como los hermanos Wright. Sus mejores logros los consiguió en vuelos con planeadores, circuitos que dieron confianza para que los primeros vuelos de aparatos “más pesados que el aire” fueran de verdad posibles. Su más famosa máquina voladora fue el Normal–Segelapparat que tenía una envergadura de 6.7 metros, pero que era difícil de controlar pues el piloto estaba obligado a sostener la estructura, lo que limitaba su habilidad para controlar la dirección. Murió en un accidente, volando un planeador. Fue considerado por Wilbur Wright como responsable del más importante avance aeronáutico.

 

Hermanos Orville y Wilbur Wright – (Ago. 19, 1871 – Ene. 30, 1948) (Abr. 16, 1867 – May. 30, 1912)

 

Con seguridad, nadie es sinónimo de aviación como fueron los hermanos Wright. Nacidos en Dayton, Ohio, Orville y Wilbur fueron a la escuela pero nunca se graduaron. Se dedicaron primero a la imprenta y luego montaron un taller de bicicletas. Más tarde, pusieron sus habilidades mecánicas al servicio de la construcción de aviones. Su más importante hallazgo fue comprender que el control de la aeronave era tan importante como las alas y los motores.

 

El 17 de diciembre de 1903, cerca de Kitty Hawk, Carolina del Norte, un aparato más pesado que el aire, bautizado como “Wright Flyer”, piloteado por Orville voló por 12 segundos. En 1904, los hermanos fueron todavía más lejos cuando ambos volaron el  Flyer II alrededor del aeropuerto por más de cinco minutos, haciendo un circuito circular. Los Wright merecen nuestro más importante reconocimiento.

 

Alberto Santos-Dumont  - (Jul. 20, 1873 – Jul. 23, 1932) 

 

Alberto Santos-Dumont es considerado todo un héroe en su Brasil natal; es conocido como un pionero de la aviación alrededor del mundo, a pesar incluso de que los hermanos Wright se le adelantaron. Su saga se inició con los llamados dirigibles; famoso es su vuelo en el No. 6 desde Parc Saint Cloud a la Torre Eiffel en una muy celebrada carrera parisina. El 23 de octubre de 1906 en el campo de Bagatelle, en París, su aeroplano voló por casi 30 metros; poco después, su avión se sostuvo en el aire por casi 300. Un monoplano suyo, el Demoiselle (‘saltamontes’) se vendió en todo el mundo y pasó a ser reconocido como el paradigma del avión ligero moderno.

 

Los otros “aviadores influyentes”, como señalados por el autor del artículo, son:

 

Bessie Coleman – Americana, primera mujer afro–descendiente en pilotar un avión.

Frank Whittle – Británico; genio matemático, primero en idear el motor turbojet.

Paul Tibbets – Americano, Comandante del B-29 que lanzó la primera bomba atómica en Japón.

Charles -Chuck- Yeager – Americano, primero en romper la barrera del sonido (1947).

Neil Amstrong – Piloto americano; hizo historia siendo el comandante del módulo lunar del Apollo 11. Primer hombre que puso sus pies en nuestro satélite (era el 20 de julio de 1969).



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01 septiembre 2023

La Asamblea, esa tragedia

A propósito de una de mis últimas entradas (“Demonios coronados”, IN de 22 de agosto), también había pensado que los únicos “demonios coronados” que conozco son los nunca extrañados miembros de la hoy cesante Asamblea Nacional. Demonios, por su lesivo, torpe y ladino accionar; y, coronados, por la múltiple gama de inmerecidos privilegios de que están rodeados. Tal es la farsa de su real actuación que, de unos años a esta parte, su mañoso accionar me hacía pensar en una comedia, pero debo confesar que –en estricto sentido– es probable que hubiese estado equivocado: no era una comedia sino, realmente, una tragedia.

 

A esa conclusión llegué el otro día al leer La palabra del día de Ricardo Soca, un compendio de etimología y origen de las palabras, que traía esta relación del vocablo ‘tragedia’:

 

“Obra dramática cuya acción presenta conflictos de apariencia fatal, que mueven a compasión y espanto, con el fin de purificar estas pasiones en el espectador y llevarlo a considerar el enigma del destino humano. Obra dramática en la que predominan algunas características de la tragedia. Suceso de la vida real capaz de suscitar emociones trágicas.”

 

“Palabra originada en la antigua Grecia como tragoidía, que significaba ‘canto de un macho cabrío’, de tragos ‘macho cabrío’ y oidé ‘canto’. Se cree que este significado se originó en el coro del teatro griego, cuyos participantes se presentaban ante el público vestidos como sátiros. Estos eran divinidades campestres con figura de hombre barbado, orejas y patas cabrunas, y cola de caballo o de chivo, como hemos señalado en la entrada correspondiente.“

 

“A partir de autores dramáticos como Esquilo, Sófocles y Eurípides, el teatro griego presentó conflictos generalmente fatales para los protagonistas, con el objeto de sacudir y conmover al espectador a fin de hacerlo reflexionar sobre el destino humano. Porque se trata de la denominación de un género dramático con tales características, el significado de la palabra tragedia se enriqueció con una nueva acepción: ‘suceso de la vida real, infausto y profundamente conmovedor, capaz de suscitar emociones trágicas’.”

 

Los acontecimientos de meses anteriores, que tuvieron como protagonistas a los integrantes de la Asamblea que, a fuer de haber conformado una díscola mayoría, quisieron defenestrar al presidente de la República –dignatario elegido democráticamente–, persuadidos cómo estaban de que aunque no tuvieran respaldo y razón, “tenían los votos y eran mayoría”, me habían llevado a constatar la gravísima distorsión de su rol que había engendrado ese cuerpo legislativo; su absurda deformación del sentido de la democracia; y en lo insólito que es que –a cuento de “representatividad”– seres sin criterio, individuos que no saben hablar, exponer ni redactar; seres ágrafos, analfabetos e ignorantes participen en decisiones cruciales y trascendentes para la nación y para sus ciudadanos, sin estar debidamente preparados.

 

Salvando las imprescindibles excepciones (que toda regla tiene) es inadmisible e intolerable que no exista un sistema de selección que, dadas las circunstancias, no permita –es decir evite– que personas no solo carentes de preparación sino de valores y méritos morales, sean parte de una institución que por tradición siempre congregó a las personas más idóneas, más sabias y más capaces. Los actuales “representantes”, lamentablemente, dicen representar a unas “mayorías” que, por lástima, también están integradas por gente sin preparación, pero aquello nada tiene que ver con sus verdaderos intereses y menos con los de la Nación.

 

Se está en la Asamblea para discutir proyectos e iniciativas, para legislar, para contribuir a conseguir un país mejor, pero se han olvidado esos propósitos en favor de la farsa, el arreglo mañoso, el acomodo y el sainete. La Asamblea –por la forma como está integrada y por como en realidad funciona–  coincide con la etimología de la voz tragedia; sus miembros se han transformado en un raro engendro, que emiten un vulgar “canto de chivos” que, sin recursos intelectuales ni éticos, sin recato ni pudor, están ahí para “pastorear”; no para ejercitar su labor con sindéresis ni para actuar con apego a la justicia y al derecho. No debaten por ideas y grandes propósitos; atienden a bajas pasiones y responden a oscuros objetivos, venden su voto al mejor postor, influenciados como están por motivos viscerales. ¿Es ese su concepto de lo que debe ser la dignidad?

 

Los chivos jugando en el precipicio y actuando cual borregos… ¡Qué despropósito!


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29 agosto 2023

Una cuestión de geografía

Muchas veces me he preguntado ¿qué es lo que hace más daño?, si la ignorancia o la mala fe. Si hemos de considerar la ignorancia como una forma de torpeza (la etimología de imbécil está relacionada con imberbe o falto de sustento), hemos de coincidir con el apotegma de Anatole France –que yo mismo he citado varias veces en este blog–, con el propósito de esbozar una respuesta coherente… Sí, no hay duda: “El tonto hace más daño que el malvado, porque el malo descansa a veces, en tanto que el necio jamás”. Salvo, desde luego, que se junten los dos ingredientes, maldad y estulticia; entonces, el resultado no puede ser otro que la devastación o la desgracia.

 

Siempre me fascinó la geografía, tal interés debe haber abonado para que optara por el oficio que escogí. Serví mis primeros siete años como piloto en el Oriente del Ecuador. Ese primer año, operando como copiloto del inolvidable DC-3, fue toda una clase práctica y permanente de geografía. En una época en la que se volaba sin radar ni radio-ayudas, lo único que permitía orientarse y ubicarse en debida forma era el conocimiento del terreno, la aplicación de la geografía. Esto marcaba la diferencia entre la inseguridad y la confianza, entre el desastre y la supervivencia. Para mi ventaja, me tocaría en suerte el mejor maestro que pude haber tenido, él era toda una enciclopedia, había volado más de 25.000 horas en la región amazónica, era Gonzalo Ruales Salgado, un pionero de la aviación.

 

Si a esos años he de añadir los últimos de mi actividad administrativa, he de concluir que he conocido la geografía del Oriente en forma más que amplia y exhaustiva. Por todo ello, me ha parecido inadecuada la forma en que se manejó la última consulta popular relacionada con la llamada “iniciativa del Yasuní”. Estoy seguro que cuando se habla de conceptos como: Yasuní (en general), Parque Nacional Yasuní, Zona Intangible del Parque Nacional Yasuní, Reserva de Biósfera Yasuní o Bloque 43 ITT, un 90% de los ecuatorianos no tiene claro de qué mismo estamos hablando. En realidad la consulta nunca se refirió al Yasuní (la palabra no estuvo mencionada en la consulta), la pregunta estaba claramente relacionada solo con el campo ITT, ubicado en el rincón nororiental del parque Yasuní.


Definamos pues esos conceptos (favor revisar el mapa de la Wildlife Conservation Society –WCS– en el internet):

  • Reserva de Biósfera Yasuni: es una amplia zona rodeada por el río Napo al oeste y al norte; linda con la frontera con el Perú por el este y con los ríos Villano y Tigre por el sur (lo pongo de manera sucinta).
  • Parque Nacional Yasuní: es una extensa zona dentro de la Reserva de Biósfera Yasuní; tiene la forma de una ‘C’ invertida; es realmente una herradura que rodea a la Reserva Étnica Waorani. Está limitada al norte por los ríos Napo (por un breve trecho, al oriente de Limoncocha), Tiputini y Salado (un afluente del Yasuní); y hacia el sur por el río Curaray. El límite norte del Parque corre siempre paralelo y al sur del río Napo (con excepción del trecho anotado) ; esto quiere decir que existe una línea imaginaria entre el Napo y el Tiputini y otra entre este último y el Salado, hasta su confluencia con el Yasuní.
  • Zona Intangible del Parque Nacional Yasuní: es un área que equivale a una tercera parte de la Reserva de Biósfera Yasuní, y está ubicada en su lado sur-oriental. Está limitada (aproximadamente) por los ríos Nashiño y Yasuní en el lado norte y por el río Curaray en su lado sur (incluye, asimismo, la parte sur-oriental de la Reserva Waorani). Su mitad norte pertenece a la provincia de Orellana y la sur a la de Pastaza (las divide el río Cononaco).
  • Provincia de Orellana: territorio ubicado en el Oriente del Ecuador; en su parte de levante, limita al norte con el río Napo (hasta el punto 12), sigue una línea recta hasta la quebrada Juanillas (junto al río Aguarico) y continúa río abajo por el Aguarico hasta su confluencia con el Napo; limita con el río Cononaco por el sur y con el Perú por el oriente.
  • Bloque 43 o ITT (Ishpingo, Tiputini y Tambococha): superficie de exploración y explotación petrolera ubicada al norte de los ríos Nashiño y Salado, que no invade el Parque Nacional, y mucho menos la Zona Intangible. El ITT, llamado también Bloque 43, se encuentra íntegramente dentro de la provincia de Orellana (a ambos lados del río Napo).

 

Por todo lo antes señalado, debería haberse tomado en cuenta lo siguiente:

 

La palabra Yasuní, NUNCA se mencionó en la pregunta de la Consulta Popular que, en forma clara establecía: “¿Está usted de acuerdo en que el Gobierno ecuatoriano mantenga el crudo del ITT, conocido como Bloque 43, indefinidamente en el subsuelo? Sí o No”. Por lo mismo, si nunca se habló de la Zona Intangible o del Parque Nacional, sino exclusivamente del ITT, ¿por qué se efectuó la consulta a nivel nacional y no únicamente en la provincia de Orellana como mandaba la Constitución? Es evidente que, aunque la pregunta estuvo bien formulada, NO se tuvo en cuenta su marco de jurisdicción o aplicación territorial.

 

También ha confundido al País la postura del gobierno, que esperó a que la población de la provincia afectada se expresara por la negativa, para solo entonces expresar su “duda” (que no su cuestionamiento) respecto a la constitucionalidad de la consulta. Todo ello hace conjeturar que nadie se dio oportunamente cuenta del error administrativo cometido. Quizá se considere que ya es muy tarde para que la Corte Constitucional reconozca el inaudito desliz y se pronuncie frente a tan evidente error de interpretación geográfica. Me pregunto: ¿Fue este un simple acto de ignorancia o también uno de manifiesta mala fe?


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25 agosto 2023

50 años de una acería

Hace pocos días acompañé a mi hermano Luis Eduardo a la planta de Novacero en Lasso, lugar donde habían de celebrarse sus 50 años de su actividad industrial. La empresa es una de las más importantes acerías que existen en el país. Se trataba de un hito empresarial: celebrar 50 años de exitosa y esforzada actividad no es algo que suceda todos los días. Fue una muy grata experiencia: Comtrading, la compañía que Luis dirige –y de la cual alguna vez fui su presidente–, mantiene cordiales relaciones comerciales con tan importante acería, empresa que por tan dilatado tiempo ha contribuido al desarrollo de la provincia de Cotopaxi y de todo el país.

 

Novacero se ha consolidado en ese importante sector de la serranía, donde ha instalado una enorme y moderna planta que se ha convertido en referente por su pujante actividad. Tuve la inmediata impresión de que se trataba de una industria familiar, que había instaurado la inusual iniciativa de promover a sus más confiables y eficientes trabajadores hacia los principales puestos directivos. Aquella fue una muy alegre y emotiva celebración; no se había escatimado ningún detalle para agasajar a proveedores y clientes; y, sobre todo, para reconocer la esforzada contribución de sus actuales servidores. Fue una celebración en plan grande, un inolvidable evento.

 

Los directivos habían dedicado su mejor empeño para que los convidados se sintieran bienvenidos y agasajados; había 600 invitados que nunca dejaron de sentirse obsequiados y bien atendidos. A la hora de las presentaciones y reconocimientos, pude advertir un profundo sentimiento de satisfacción por la tarea realizada y supe identificar al principal gestor de tan encomiable esfuerzo empresarial: un hombre que con su liderazgo y ejemplo, se había convertido en estandarte e inspirador de tan formidable historia. Algo había en su semblante y apostura que me hizo recordar a uno de los mejores jefes que jamás haya tenido: Luis Estrada Icaza, personaje enorme y austero, que con su sencilla manera de dirigir a sus colaboradores hizo mucho por el progreso de la aviación menor en nuestro país.

 

50 años es un hito trascendental. Una efeméride así no sucede a cada rato ni se repite con facilidad. Los hebreos llamaban “jubileo” a esta importante consecución. El año 50,  aquél que transcurría luego de haber cumplido siete semanas de años, era cuando se acordaba dejar descansar la tierra, sin sembrar ni cultivar, y se procuraba regenerarla antes de volver otra vez a empezar. A la Iglesia le gustó el concepto y estableció también su año “jubilar” para conceder indulgencias por las buenas obras a objeto de favorecer la remisión de los pecados. Intuyo que de esa palabra vienen voces como júbilo y, probablemente, jubilación.

 

El judío da gran importancia a las tradiciones; ha ideado una fecha para conmemorar el paso (o “salto”) del invierno a la primavera. Los judíos la llamaron pascua, no solo porque se trataba de un salto (eso quiere decir pascua) sino porque, para festejarlo, compraban una oveja a los pastores para el banquete de celebración. Pésaj, el vocablo hebreo, tiene ambos significados: salto y también pasto, el lugar donde los pastores cuidan, alimentan y guían a sus ganados, principalmente al ganado bovino. Bien visto, pastorear” es algo más que mostrar el caminio a unos animales, es estar en el sitio donde se los ha de cuidar y alimentar. Pascua, es palabra que nos viene del latín pascha, que se pronuncia “pasca”; la ‘u’ se ha añadido por analogía con la voz que se refiere a a ese lugar de pastoreo.

 

Pero, pasado el tiempo, los israelitas soportaron también el cautiverio en Egipto y no consiguieron que el faraón les concediera su retorno a casa y les diera su ansiada libertad. Cansados los israelitas de rogar a Yahvé para que les concediese su liberación, Dios envió diez plagas a los egipcios, la última de las cuales consistió en enviar un ángel vengador que tenía por consigna matar a todos los primogénitos. Yahvé instruyó a su pueblo sacrificar ovejas y pintar con su sangre el marco de la puerta de sus viviendas. Era la señal para que el ángel vengador “pasara por alto” los hogares de los judíos (“se saltara” aquellas viviendas). La Pascua pasó entonces a significar también este nuevo salto, un salto que además significaba el paso de la esclavitud hacia la libertad.

 

Los cristianos también celebran la pascua aunque con un distinto significado: conmemoran la resurrección de Jesús; también otro “salto”, el que va de la muerte a la eternidad. La pascua ocurre en ambas religiones tres o cuatro meses lunares después del solsticio de invierno, en marzo o abril, o en el mes de Nisán como es aplicado por los hebreos.


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22 agosto 2023

¡Demonios coronados!

Eran dos mujeres buenas. ¡Qué digo!, eran, más bien, dos mujeres santas. Hablo de mi abuela Carlota Judith y de mi tía Ana Lucía (realmente, mi madre putativa). Y eran santas porque sumaban a su indulgencia, a su sentido de compasión y solidaridad con los necesitados, esa impronta suya, esa devoción que complementaba aquel su sentido de piedad. Madrugaban las dos a misa de seis casi todos los días y, de lo que recuerdo, nunca dejaron de rezar el rosario vespertino en forma inaplazable todos y cada uno de sus días. Tenía la abuela la mirada más hermosa,  triste y azul que jamás volveré a ver en mi vida. Ella tenía una memoria admirable (que siempre traté de imitar): se sabía los ‘misterios’ cual si los estuviese leyendo y recitaba íntegramente, y en latín, la letanía de Loreto.

 

Aquellos misterios eran de tres tipos: gozosos, gloriosos o dolorosos (cinco por cada uno) y se los recitaba al inicio del rosario, plegaria que consistía en completar cincuenta avemarías. Los gozosos, por ejemplo, se los invocaba en miércoles y domingos. No eran “misterios” propiamente dichos, eran episodios, momentos significativos de la vida de Jesús o María que se recordaban de manera repetitiva. Entonces, los misterios eran solo esos tres; hoy parece que han añadido otros, los luminosos, que están asignados a los días jueves. Todos esos misterios, en particular los gozosos, darían origen a una forma de expresión coloquial para referirse a algo que no tiene explicación o que se hace difícil de entender. Como lo que a menudo me pasa con la extraña prelación que se usa con los apellidos españoles…

 

Ya en la escuela me llamaba la atención que alguien se llamara Blasco Núñez de Balboa, pero los libros de Historia lo abreviaran como “Balboa”; lo propio sucedía con Vásquez de Coronado, el no muy afortunado explorador de la parte suroccidental de los actuales Estados Unidos, quien se hizo famoso por “no” haber encontrado las ciudades fabulosas que se había propuesto. A él nadie le reconocía por Vásquez; todos lo llamaban por el que con probabilidad era el apellido de su madre: Coronado. Piénsese en Cervantes, su madre se llamaba Leonor Cortinas pero él mismo firmaba como Cervantes y Saavedra. Hoy se sabe que aquello de ‘Saavedra’ pudo haber sido adoptado por él mismo: existe en árabe magrebí un término que suena parecido y que significa manco o tullido, en esa lengua.

 

Todavía se usa en España esa curiosa costumbre. En mis tiempos de canciller de la OIP, los españoles se referían a su presidente, Álvaro Fernández Corrugedo, como Cmdte. Corrugedo; de idéntica manera, acaba de triunfar en los últimos comicios un señor llamado Alberto Núñez Feijóo, pero nadie lo trata de Núñez, todos se refieren a él como Feijóo. Esto sucede a pesar de que hace más de 500 años el cardenal Cisneros estableció una disposición administrativa que si bien no indicaba qué apellido se debía llevar, determinaba qué apellido debía ser heredado por los hijos. Esto de que se use el segundo apellido, y no el primero, estaría relacionado con la condición de que este fuese patronímico, para evitar confusiones con los apellidos que son más comunes (Rodríguez, Fernández, etc.).

 

Volvamos a Coronado. Contaba yo en este blog (Itinerario Náutico, de 12 de mayo) que, gracias al conquistador salmantino, no hay lugar del suroeste americano (USA) en donde no se intitule con este nombre a cualquier lugar o negocio. Se encuentra ‘Coronado’ –como rótulo– por todas partes. Claro que allí suena algo así como “coronaro” y es fácil colegir que en español solo quiere decir “quien ostenta una corona”. Pero, paremos aquí para hacer una breve disquisición semántica: existen palabras similares, como cornado (viene de coronado), corneado (participio de cornear), nuestro coloquial “cuerneado” (víctima de infidelidad amorosa); pero, es que además, parecería también utilizarse el término como imprecación o improperio, como blasfemia o maldición.

 

Estoy leyendo una novela de William Faulkner y el traductor utiliza una y otra vez un curioso improperio: “demonios coronados”; usa la expresión con la intención de convertir una locución coloquial. Se trata del traductor de The Hamlet, novela conocida como El Villorrio (La Aldea): un español llamado José Luis López Muñoz. Él la repite con frecuencia; pudiera tratarse de un uso arbitrario, sin embargo de que López es un reconocido y prolífico traductor. He debido recurrir a la fuente, al texto original, para así poder captar su real y verdadero significado. Se trata de un giro en lenguaje profano; un sucinto “hell fire”, literalmente “fuego del infierno”, algo similar a “diablos” o a ese “diantre” que era una de las voces que eran preferidas por la abuela. OK, problema resuelto… Diantre, ¡demonios coronados!...


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18 agosto 2023

Terra incognita

Soy un hombre tímido. Algo de esa aparente presunción que me achacan, pudiera ser mi manera de disimular aquella condición que –entre otras cosas– me impele a no expresar en público opiniones que pudieran resultar controversiales o generar un indeseado malestar. En mi juventud llamaban “respeto humano” a ese temor al “qué dirán”, a lo que pudieran pensar o decir los demás. “Si es así, ¿por qué es que no te importa hablar en público?”, a veces me preguntan. No, no es que no me importe –les digo–, ni que no sienta un cierto “recelo” (ustedes saben a qué me refiero) sino que ese temor es a veces superado por otra pulsión: mi afán de confesión, que me hace sentir obligado a interpretar y traducir los sentimientos que me identifican con los demás.

 

Hoy nomás, que salí a completar ciertos encargos, redescubrí una particularidad que no siempre es bien vista por mis hijos, a quienes les incomoda esa “tendencia” que parece que tengo, la misma que me impulsa en ocasiones a tomar la iniciativa y empezar, de la nada, una conversación con personas desconocidas. Es una forma de intuir que, por reservada que cualquier otra persona parezca, siempre estará dispuesta a participar en un inusitado diálogo o conversación, ajena como puede estar esa persona –como también lo estoy yo– a entrar en un terreno desconocido, participando en el viaje a través de un sendero que nunca sabemos a dónde nos llevará.

 

Es que no estamos solos en el mundo. Sí, sé bien que todos somos “un mundo aparte”, pero ese jefe de relaciones públicas, asistente de protocolo o comoquiera que lo queramos llamar, y que es ese niño-que-quiere-un-poco-de-atención que llevamos dentro, a veces nos impulsa a decir a otros lo que nos sucede, preocupa o interesa, y nos hace también sospechar que, así como estamos dispuestos a expresarnos, hay otros dispuestos a expresar lo suyo y también escuchar… No es que no seamos discretos o no nos importe parecer inoportunos, es que algunos tienen (¿tenemos?) una especie de predisposición para iniciar una conversación, aun a riesgo de importunar, e incluso de interferir, la tranquila –y a veces buscada– soledad, o aislamiento, de los demás.

 

Es esa bifurcación perenne de aquellos caminos la que define nuestras vidas, tanto por lo que hacemos cuanto por lo que optamos no hacer, tanto por acción como por omisión. Y son esas decisiones inconscientes las que definen nuestro “libre” albedrío (no tan libre puesto que si son inconscientes no hubo influjo de nuestra voluntad). Y es bueno que así sea, porque eso nos hace distintos y hace también distinta, diversa –y única– nuestra respectiva experiencia vital. Es quizá ese deseo de expresar nuestras opiniones el que nos impulsa en forma constante a comunicarnos con gente diversa, de desconocida condición y disímil actividad.

 

Paul Claudel, un poeta y filósofo francés del siglo pasado dejó una frase para la antología. “Cuando no se vive como se piensa se acaba por pensar como se vive”, decía. Esta frase es, en sí, una apología en favor de la coherencia y una invitación a actuar con integridad. Si admitimos que no estamos solos en el mundo, que no estamos aislados ni somos “un mundo aparte”, lo deseable sería salir del cascarón de nuestra individualidad y comunicarnos, conversar y dialogar con los otros, sin otro interés que hacerlo por el simple interés de hacerlo.

 

Una conversación inocente y amigable con alguien desconocido no pone en riesgo nuestra comodidad, y mucho menos nuestra seguridad; esto, a pesar de que pudiera ser Terra Incognita, ignota. Al contrario, precisamente por serlo, es –o pudiera ser– terreno fértil para nuevos e insospechados descubrimientos. Algo así como un libro abierto –pienso yo– que nada malo puede hacernos si, con la venia de su dueño, solo nos proponemos explorar…

 

Hay veces que nos tomamos muy en serio o, lo que es lo mismo, nos basamos en nuestra propia experiencia para querer juzgar las intenciones ajenas. He pensado en ello al leer un artículo que comentaba la letra que puso Sting a su canción “Every breath you take”; decía que su propósito habría sido un mensaje celoso y hasta controlador. Pensé que la intención pudo, más bien, haber sido una promesa, una promesa de protección. Se me ocurrió que el sentido que quiso darle Sting a aquel “I will be watching you”, no fue un “ten cuidado, que te voy a estar vigilando”, un “voy a estar pendiente de lo que hagas”; sino un “me importas y siempre estaré para cuidar de ti”. Sería preferible ver el lado bueno. Ver el vaso como medio lleno…

 

De vuelta al tema: aquellos coloquios son “uncharted territory”. Terra incognita; para la que no hay mapas, portulanos o cartas de marear. Solo constituyen un sendero desconocido, listo para ser explorado y descubierto.


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