31 diciembre 2009

A Teresa, en fin de fiesta

Querida Teresita:

Empiezo esta nueva nota cibernética, dándole libertad a los escarceos de mi imaginación. Y me pregunto: eres Teresita - así, a secas - Teresa? O quizás proclamas uno de esos rimbombantes y largos apelativos con que nos quisieron adornar nuestros padres, allá por los años cincuenta? Me he puesto, sin proponérmelo, a intuir el complemento de tu nombre... Sugiero, muy probablemente, que Teresita del Niño Jesús, quizás. O, quién sabe, Teresita María de las Mercedes o Teresa de la Santísima Trinidad. Pero concluyo (cómo pude no haberlo advertido?), que no puede ser otro, que aquel que identifica la marca sutil y primordial de tu linaje; y entonces resuelvo: Si! Teresita de la Dolorosa del Colegio!!!

Vuelo desde Tianjin a Amsterdam esta tarde. Allá abajo es tierra agreste; árida y yerma, pero sobre todo tierra tosca y grosera. Un viento gélido y pertinaz, va domando el singular lomo de las colinas y va cubriendo, con su manto de nieve, el irregular paisaje de la meseta mongólica. Esta es tierra de gente nómada; raza aviesa e inquieta que un día, tras la férula de Gengis Khan, aterrorizó los cuatro puntos cardinales. Y yo, la observo desde arriba, testigo como soy (como me ha correspondido en suerte ser), de los efectos subyugantes con que, de manera cíclica e inmemorial, nos cobija o asola la condición telúrica de los caprichos de la madre naturaleza.

Vamos prontos a sobrevolar Ulaan Bataar (asì, repitiendo las vocales) cuando me encargan el mando y debo suspender la redacción de ésta...

... Hemos llegado ya a esta ciudad pequeña, pero de gran carácter que es la inquieta Amsterdam. Es ella una ciudad de espíritu artistico y liberal, cuyo signo la marca, mas aún que sus casas torcidas y sus innumerables canales. Aqui, meretrices de todas las razas, todas las formas y todas las edades, venden sus instantáneos y ocasionales amores furtivos, desde sus vitrinas apostadas a la ribera de la calle. Es ya la víspera de Año Nuevo; y justo en el pretil de la Nochevieja, estas mujeres venden sus amores y sus esperanzas a los solitarios transeúntes de (también) todas las edades. Es Amsterdam un pueblo hecho de casas acomodadas a la fuerza, por el solo prurito de completar el plan de la cuadra. Son casas construidas sin la ayuda de la escuadra y el nivel; construcciones que, como las modernas sinfonias de Mahler o Penderesky, alcanzan los valores de la armonía con su contradictoria irregularidad, con su obsceno reto a la misma gravedad, y no se diga que al diseño!

Pero... tampoco alcanzo a compartir la Nochevieja con los altivos holandeses, Teresa. Un sonido agudo y perentorio anuncia la inminencia de mi proxima recogida y también el fín de mi precaria duermevela. Es hora de levantarse, porque -otra vez- es hora de partir. Esta es la extraña impronta de mi oficio prometéico, Teresa: el saber que tengo que salir para volver a llegar; y que, nuevamente, habré de llegar para volver a partir! No es ésta acaso la condición misma de la vida? No es este nuestro inexcusable sino? Ese continuo ir y venir; y además, ese interminable deambular entre la espera y el apresuramiento; entre la desilusiòn y la esperanza?

Sobrevuelo, a mi regreso, los pueblos escandinavos. Es ya la víspera del año sobre el Báltico. Los nórdicos han abandonado su flema característica esta noche y han salido a proclamar los fervores de su entusiasmo, con el travieso juego de los fuegos de artificio (trabajos de fuego, los llaman en la lengua de Hemingway). Son luminosos destellos intermitentes que aclaran la noche, que incendian el cielo. Son trabucos empecinados que ametrallan con su demencial impostura la solemne tranquilidad del paisaje nocturno. Una explosión aqui, un estallido mas allá. Es la luminosidad destellante de esta noche de carnestolenda; es la metáfora fugaz de los fulgores de la vida, de los resplandores intermitentes en la nocturnidad del derroche.

Ya de vuelta a Shanghai, me asomo a mi fluvial paisaje de privilegio. Es el primer día del año; y observo desde mi ventana el deambular sin tregua de las embarcaciones en el río. Es el Huangpu un río de gran actividad y el más importante afluente del Yangtse, en esta parte, la más densamente poblada de la ribera oriental de la China. Una civilización milenaria renueva con su impertérrito trajinar, su vocación de trabajo, dedicación y esfuerzo. Hacia mi derecha, la más sorprendente luminosidad adorna la colonial silueta de los edificios oficilales en el meandro mas pronunciado del río. Es el "Bund" la huella mas europea que el viajero pudiera encontrar en esta parte del Asia. Allí un mirador en plena renovación invita a observar la silueta del lado opuesto; con la torre "Perla de Oriente" y los nuevos y formidables edificios, que definen el carácter sorprendente de la ciudad más moderna y vigorosa que el socialismo ha continuado desarrollando en esta contradictoria y emblemática parte del mundo.

Quise escribirte esta vez, acerca de ti o de mi; pero, como casi siempre, mi afán de confesión cede a este mosaico confuso y desordenado que siento como viajero deambulante. Son estas mis "impresiones al pasar", en las que algo puedo intercalar de aquello que nos permite reafirmar el ejercicio vital de nuestra existencia: la posibilidad de conservar en la retina, la posibilidad del recuerdo.

Que, como estoy? Son estos mis últimos meses en el Asia. Digo "en el Asia" con vicio de imprecisión; pues, cuando viajas por todo el mundo, quizás sea más apropiado decir unicamente "fuera del Ecuador". Y, oficioso es aclarar que, cuando digo "Ecuador" no siempre me refiero al país que nos integra; hago referencia, mas bién, a la familia que me formó y a los amigos que pasaron a complementar y a definir mi vida; a ese conjunto de afectos y recuerdos que alguien dió ya en llamar "la patria de la infancia". Porque son los lazos del afecto, Teresita, los que realmente nos marcan: ellos son la yunta y el alambique; el crisol y la piedra filosofal; el sustento cotidiano y el sol que nos abriga con sus renovados destellos.

En cuanto a tí... Yo se que estas bién. La tranquilidad define siempre a los espiritus buenos. Te pienso con cariño esta noche, en el albor incierto de una nueva década; consciente del artificio engañoso de la cronologia. Sabedor, como soy de la propincua fugacidad que tiene el tiempo, que es lúbrica albacora que se escapa, que es traviesa liebre que nos elude y que se aleja.

Hasta mañana, Teresa. Tu amigo que te quiere.

Mariano de Jesus Alberto
Share/Bookmark

11 diciembre 2009

Despedida a Juan Cueva

Juan Cueva:

Ya no quieres contestarme al teléfono, querido Juan. Pero… no creas que te escribo para reclamarte. Te escribo solo para decirte “gracias” por todas esas actitudes y circunstancias que tuviste desde siempre conmigo. Es que pasaron tantas y tantas cosas entre nosotros; y hoy has preferido una despedida inesperada y un raro, inexplicable e irreversible silencio!

Gracias Juan, por haberme recibido en tu casa, cuando todavía nadie en nuestra familia común quería todavía hacerlo; gracias por enviarme a tus entonces tiernos hijos a Lago Agrio para explorar la naturaleza, iniciar una colección de mariposas o escarabajos y empezar a conocer a quien un día ellos llamarían “Tío Alberto”; gracias Juan Cueva por tus discretos silencios ante mis propias incertidumbres, en esas noches de tertulia y carambolas libres en nuestros encuentros en Paris; gracias por no pedirme tomar partido en tus diferencias con ese otro gran amigo mío, que se distanció desde una triste tarde contigo; gracias por haber enriquecido mi vocabulario con palabras como “golloriento, gagón y cocorongo”; gracias por esa actitud de asombro y sorpresa que le dispensaste siempre a la vida; en fin, Juan Cueva, gracias por haber querido ser siempre mi hermano y mi amigo!

Déjame confesarte que me has dejado confundido. Tu, que decías que no estabas “ni a favor ni en contra, sino todo lo contrario”, me vas a ayudar a recordar lo fugaz y transitoria que puede ser la vida; pero también, lo inciertos y misteriosos que suelen ser nuestros criterios frente a la muerte… No tuvimos oportunidad (no nos dimos chance) para ofrecernos un gesto de despedida, porque la vida, Juan, se sublima en la memoria y en la aptitud personal para hacer permanente el más humano de los atributos, que es el ejercicio del recuerdo.

Nos vas a hacer falta Juan Cueva, la familia empieza ya a perder a sus hijos. Pero… cómo voy a olvidar jamás, esa tarde inolvidable en casa de los Marigny, en las afueras de Paris; o nuestras citas “a muerte” para ganarnos unas partidas de billar en tu casa o en esos salones en la vecindad del Arco del Triunfo; cómo olvidar el sutil encanto de tu humor discreto…

No, Juan, no te escribo para despedirme o reclamarte. Te escribo para decirte que te vamos a extrañar; que, aunque, te has pasado a la otra orilla, te pienso con cariño; y para decirte, sobre todo, desde lo más profundo de mi confundido corazón, que te agradezco.

Me siento solo y triste esta tarde agobiante de Shangai. Descubro que me es imposible decirte “Adiós”, descubro que la vida se nos convirtió en una partida, donde las “bandas” son las circunstancias y donde lo único que cuenta son las carambolas que se logran con los recuerdos!!! Gracias Juan Cueva; y… perdóname que no te escriba esta tarde con mayúsculas. Eso, solo tu sabías hacerlo!


Share/Bookmark

01 diciembre 2009

Galo Arias Guerra


En días pasados me enteré del fallecimiento de Galo Arias Guerra. Pocas noticias pueden ser más tristes como ésta para mi. Es que, Galo fue para mi algo más que un maestro, me trató siempre como si fuera su hijo; y me enseñó todo lo que estuvo a su alcance cuando empecé mi carrera profesional. De él uno aprendía no sólo a ser un buen piloto; sino, sobre todo, el valor que tiene ser un hombre bueno. Galo, por lo mismo, constituyó siempre para mi, un punto de referencia humana y profesional. Y mi vida como piloto, ha sido desde que lo conocí una permanente búsqueda de ese arquetipo que siempre Galo representó. Por ello trate siempre de emularle. El dejó en mi mente y en mi corazón, una huella indeleble: la de su ejemplo.



No sé como hacer llegar mi nota de pesar a su esposa Gladys y a sus hijos. El año pasado, traté de ir a visitarle; pero lamentablemente parece que el destino quiere reprendernos cuando nos atrasamos a estas importantes despedidas. Para mi, Galo será siempre, no sólo el profesional que siempre quise ser; sino además, quien me enseño que en la vida no basta con ser un buen profesional. El entendía nuestro ejercicio como un verdadero apostolado, donde se vive para transmitir nuestros conocimientos a los demás; donde la aviación se convierte en una opción permanente por ser mejor, por convertirla en un sendero en la búsqueda de la excelencia profesional.



Creo que la aviación en el Ecuador, en general, no ha sabido ofrecerle a Galo, el debido reconocimiento que el mereció. Sus manos, grandes e inolvidables, ayudaron a formar y a forjar, a la mayoría de los pilotos de su generación y de la que le siguió. Pocos sufrieron y soportaron tanto, como él, con el cierre de su querida AREA; pero pocos, quizás ninguno, supo enfrentar, tan bien como él lo hizo, esos días de adversidad y frustración; con la magnanimidad, humildad y paciencia con que el enfrentó ese inesperado y lamentable acontecimiento.



Por esos días, cuando el quizás tenia ya la edad que ahora yo tengo, me distinguía con su bondad y con su afecto. Un dia llegó a decirme, en esas noches de Pastaza, donde trabajáramos juntos, que yo le recordaba a su sobrino Pedro Luis, prematuramente fallecido. Su esposa Gladys me sorprendió un día, caminando a su lado tratando de imitar su cadenciosa y solemne forma de desplazamiento... Ella debe saber, al igual que Galo en su tumba, que nunca, desde ese día, he dejado de imitar su cadencia y su apostura, porque simplemente el siempre será para mi un ser especial; un hombre bueno e inolvidable. Un hombre que poco habló, pero que jamás dejó de predicar con el ejemplo.



Espero que cuando yo regrese al Ecuador, el próximo año, pueda ir a visitar su lugar de descanso y retiro. Entonces le llevaré unas flores para simbolizar mi respeto a su recuerdo; esa será mi humilde forma de reverencia, que solo podrá ser superada por la inexpresable gratitud que siempre le tuve y que aún le tengo.
Share/Bookmark

30 julio 2008

Despedida a Fausto Moncayo

Hasta luego, mi querido Brigadier Mayor: 

Viniste a verme la otra tarde en Casablanca, querido Fausto; y yo, ingenuo de mí, que no supe darme cuenta que no venías a decirme “hola primo”, sino que venías a decirme tu postrero adiós, que venías a despedirte… 

Eras el mayor entre nosotros, querido primo; y, desde cuando descubriste que la travesura no concede réditos, te convertiste también en nuestro adalid y en el símbolo gentil de una familia que se sorprendió con tu generosa transformación y que aprendió a encontrar inspiración en tu ejemplo; porque esa es justamente la virtud mas auténtica que puede ofrecer el liderazgo: la de motivar e inspirar a los demás! 

Algo nos identificó como primos, querido Fausto. Fue acaso la triste naturaleza de nuestra prematura orfandad? Quizás la secreta y compartida satisfacción de la mutua simpatía que se tuvieron tu madre y la mía? O, quién sabe, si fueron esos enormes y solitarios momentos que como “primeros hijos” nos llevaron a cuestionar nuestra intrascendencia y a prometernos que haríamos lo posible para hacer más llevadera y más fácil la vida de nuestros hermanos; y menos llena de insatisfacciones y sin sentido la de quienes se esforzaron por nosotros! 

Tú me brindaste socaire a los desencantos de mi confusa adolescencia, tu me regalaste consejo en esas tardes de depresión y confusa sensación de soledad, cuando tú mismo recién empezabas; cuando todavía batallabas entre los textos médicos y los momentos iniciales de tu nueva vida familiar. Cómo olvidarme entonces de aquellas conversaciones en tu departamento de la Mañosca, cuando en busca de estímulo, más que por afán de consejo, alguna tarde te fui a visitar… 

Hoy, ya no estas aquí, querido Fausto. Ya no habrá jamás esa voz vibrante que solía llamarme de manera inconfundible “primo”; pero, en cambio, habrá el recuerdo de una voz que siempre nos regaló su mensaje de generosa integridad, que nos recordará que la vida no tiene sentido si no sirve para hacer más fácil la vida de quienes queremos, que no trasciende ni se justifica si no hacemos más alegre la vida ajena, si no estimulamos la existencia de los demás! 

Es siempre triste decirse adiós, aunque sepamos lo inevitables que resultan las despedidas. Pero es más fácil acceder a la resignación cuando quienes se van, han sabido gozar del aprecio ajeno, del respeto y la consideración de los demás. Contigo se ha extinguido una de las risas mas francas, sonoras y expresivas de nuestra querida familia; pero nos quedará para siempre el ejemplo de tu actitud ante la vida, tu apostura acogedora y generosa; y el recuerdo de tu lucha valerosa frente al desánimo, frente a ese desasosiego que produce la enfermedad. 

Al mes de tu prematura e incomprensible partida te digo mi canto de despedida, que no puede sino aspirar a convertirse en un himno reverente a la esperanza que tú mismo representaste; himno que solo quiere cumplir con la intención de ofrecer la humilde apología de tu perseverante bondad, de la hermandad que tú siempre propiciaste. Adiós PRIMOOOO!!!

Alberto M. Vizcaíno. Singapur, Agosto de 2008.


Share/Bookmark

10 junio 2008

La Bella Durmiente

Carta a Vinicio Jaramillo, con motivo de “su viaje” a Singapur. 

Señores miembros del Jurado de Singapur, Condado de Tanjong Rhu Road: 

Dignísimos Señores Magistrados: 

La presente tiene por objeto elevar a ustedes la defensa personal que he asumido, en el juicio que por intento de asesinato, en mi contra se encuentra tramitado en el Juzgado Quinto de la Ciudad-Estado de Singapur. Es menester, señores Miembros (con perdón del sustantivo), que sea de su ilustradísimo conocimiento lo siguiente: 

1.- Declaro conocer al ciudadano "Mario" (?) Jaramillo Arguello cosa de treinta y pico de años. Y doy fe, que cuando inicialmente lo conocí se llamaba Vinicio, tenia la suigéneris costumbre de quedarse en las fiestas de los amigos hasta bien después de que se había acabado la farra, razón esta por la que pronto adquirió el sobrenombre de "Miss Venezuela" por la sencillísima razón de que el mencionado individuo "siempre quedaba finalista". 

2.- El ciudadano en referencia, no solo que se quedaba en las referidas fiestecitas (que pronto adquirieron internacional fama de inolvidables) hasta que ya se había acabado el trago (y hasta los huevos del desayuno); sino que había desarrollado una rara y misteriosa habilidad, con la que simplemente era imposible hacerle doblar el pico (con perdón) en los jolgorios en referencia. 

3.- Declaro además, que siempre lo conocí como a un hombre "despierto" y agradable; y especialmente ajeno a las veleidades literarias propias del llamado Siglo de Oro español; y por lo tanto abstraído a los trasiegos místicos de Fray Luis de León, Garcilaso de la Vega y Sor Juana Inés de la Cruz: preclaros exponentes de la "Lírica" de la Madre Patria. 

4.- Con estos antecedentes, debo confesar que la última vez que nos entrevistamos en Pichincha (que este sujeto ha decidido otorgar el singular y adefesioso nombre de "La Provance"), tuve yo el desacierto de insinuarle que me viniese a visitar. Es de añadir, señores Ilustres Magistrados, que en esta ocasión lo encontré en condición francamente normal; sin que pudiese observarse hasta ese entonces, ningún tipo de anomalía física o psicológica, o que pudiera advertirse alguna tendencia patológica o algún comportamiento anormal. 

5.- Desgraciadamente no bien hubo llegado a mi humilde (pero honrada) residencia de Singapur, noté que se había dedicado a la "Lírica", era ya un individuo con los estragos evidentes de haber sido atacado en forma virulenta por la mosca Tse-Tse, ya que se pasaba durmiendo sentado, parado, de lado, boca arriba, metido en la ducha, cruzando los semáforos; evidencias de que no era ya el individuo de apostura alerta y lúcida que yo había conocido. 

6.- Ustedes comprenderán, señores del Jurado, la profunda y tristísima reacción que a un hombre causa el encontrar que un amigo ya no es lo que uno esperaba; y, al advertir que se había convertido ya en una pendejada, resolví que no me quedaba más remedio que la iniciativa desesperada de hacerlo desaparecer "porque dormía demasiado"... 

7.- Confieso finalmente que fue entonces que decidí despachar a este amorfo y amorfeado individuo, con unas pastillitas que le podían poner a dormir per secula seculorum (también, con perdón). Todo esto lo hice con el pretexto de que al tomarlas lograría aminorar la molestia del rugido de los motores de las carreras que en mi vecindario, en esos días se realizaban en Singapur. 

 8.- A pesar de mi poco loable intención, señores Magistrados, el ciudadano en referencia miente, pues nunca realmente ingirió el medicamento de marras. Lo confieso a fuer de toda mi inocencia y en respaldo de mi ausencia de intervención en el horrible accidente que luego le aconteció. Pues sucedió que, cuando se disponía a tomar mi poción ensoñadora, el muy pendejo se quedo dormido y se cayo de oreja y cuan largo era; con lo que se le averío el "secula seculorum"; con lo que además de haber perdido su cuestionable "invicto", también se le rajó la cresta; perdiendo así y para siempre su apelativo de "La Bella Durmiente", remoquete al que se hizo acreedor (como es público y notorio) porque escapó de irse encima de los vehículos que competían en la mentada y muy famosa "Formula One" en la Marina Bay de la metrópolis en referencia, pues el muy cojudo se quedó dormido! 

Dejo a ustedes, honorables y sapientísimos jueces, el más vivo reclamo de mi reiterada inocencia; convencido, como estoy, que "camarón que se duerme, se lo lleva la corriente". En cuanto a "Almohadita de Seda", hago muy comedidas recomendaciones, porque se lo localice en algún lugar del Asia y se lo capture, aprovechando de su permanente estado de duermevela. Con mi más respetuosa consideración. 

Alberto "de las desilusiones" Vizcaíno.


Share/Bookmark

01 junio 2007

A Luis A. Moncayo, en su 90 aniversario

Querido Luis Aníbal: 

Te recuerdo en esta dia querido Luis; y quiero llamarte hoy de la forma cariñosa, no exenta de orgullo, como solía llamarte mi abuela, tu madre inolvidable. Porque siempre había creído yo que “Aníbal” no era tu segundo nombre, sino mas bien una especie de adjetivo que contenía lo que para ella tu representabas; o lo que es lo mismo, el símbolo mismo de la imagen que desde niños creaste en nosotros, tus sobrinos: la impronta protectora del hombre bueno y generoso; del ciudadano cabal, distinguido y honesto. 

Al recordarte, vienen a mi memoria las primeras Navidades que pasamos en casa de la abuela Carlota, luego de ese tristísimo Noviembre de 1957 cuando tu querida hermana Leonor, mi madre, se alejo de manera tan inesperada sin haberse despedido de nosotros… Han pasado ya cincuenta años, querido Luis! A mi me habían acomodado entonces en forma temporal en una cunita que a mis seis años resultaba precaria; pero, esa pequeña camita habría yo de recordarla para siempre, y no por su evidente incomodidad, sino porque en ella, tan solo un mes y medio después de la temprana partida mi madre, tu me habías dejado aquella Nochebuena, los primeros regalos que desde entonces habrían de renovar mi seguridad infantil y que me hicieran saber que en la vida siempre tendría a alguien que habría de ofrecerme su apoyo, al socaire de sus generosos sentimientos. 

Constituiste, sin proponértelo, la imagen paterna que nos brindo un sentido de protección; y, a la vez, el modelo en el cual habríamos de esculpir nuestras virtudes, nuestros valores y nuestros sentimientos. Ha pasado ya un medio siglo de vida; pero, como olvidar, tío Luis, el derroche generoso con que agasajabas a la abuela el dia mismo que coincidía con el cobro de tu sueldo? Porque no eras tu el hombre mas feliz en tu “dia de quincena”: éramos tus agradecidos sobrinos los que habíamos aprendido a esperar ese dia con ilusión, porque tu nunca dejaste de llegar a casa sin aquella bolsita milagrosa, rebosante de panes y conservas, de sabrosas mermeladas y deliciosos quesos…Esos mismos quesos que eran tus favoritos y también mis preferidos; aquellos que nunca sabían igual si no me pedías que me diera “una carrerita al mercado para comprar unos choclitos tiernos”… 

Tu presencia y tu magnanimidad hicieron mas fácil nuestra infancia, querido Luis; nos dieron una especie de derrotero; y nos ofrecieron el apoyo bondadoso y la seguridad que necesitaba nuestro infantil espíritu. Si, porque a pesar de nuestra cortedad para hacerte saber nuestro agradecimiento, hiciste siempre mas fácil nuestra orfandad y nos enseñaste el valor de ser un buen hijo, de ser reconocido como honesto por la sociedad y de saber llevar un apellido con garbo y con altivez; y nos ayudaste a comprender que no hay mejor capital en la vida que el de poder contar con el aprecio y el reconocimiento ajenos. 

Hoy cumples ya noventa años, querido Luis. Me va quedando ya muy poco tiempo para decirte lo mucho que siempre aprecie la bondad de tu generoso corazón. Yo era muy niño cuando la abuela me mandaba a la zapatería a “cambiar las corridas” de lo que entonces me parecía tu enorme calzado. En secreto percibía que esos gigantescos zapatos habían de tener también el descomunal tamaño de tu bondadoso corazón; sobre todo después de uno de esos Sábados por la noche, cuando me habían “delegado” para que acudiera a tu generosidad para “financiar la vermouth” de la mañana siguiente… 

Esa noche, cuando pregunte por ti en el Club Árabe, me indicaron donde podía encontrarte. Un individuo con aire de mercader, que fabricaba artículos para fiestas infantiles, pareció reconocerme y exclamo: “Ah, eres uno de los sobrinos del Lucho Moncayo”. Cuando me acerque a tu mesa, me sorprendió que todavía usabas esas gafas diseñadas para la claridad del dia y que me parecía que no eran adecuadas para la oscuridad de la noche. Solo entonces me detuve a reflexionar en la limitación que tratabas de disimular, y desde entonces fui convenciéndome que cuando se tiene el corazón grande, no se necesita de un par de buenos ojos para ser querido por los demás y para llevar con altivez un apellido que, como el nuestro, tu también nos diste a heredar. Apellido que como las sierras ibéricas que representa, es también sinónimo de elevada magnanimidad, a la vez que paradigma de honradez, rectitud y valores austeros. 

Cuantas veces acudí a tus desprotegidos bolsillos querido Luis Aníbal! Y yo, ingenuo de mi, que creía que nunca te dabas cuenta! Pronto habría de entender que lo que entonces me parecía tu carencia de cuidado, era solamente tu bondadosa magnanimidad que entonces supo reconocer que ese pequeño ladronzuelo, esa solo el muchacho inseguro que quizás encontraba en esos insignificantes “cuatro reales” el soporte para suplir la carencia de los afectos maternos. Esos fueron mis primeros e incipientes “prestamos quirografarios” querido Luis. 

Hoy te pido perdón, a pesar de que tu siempre supiste que me los otorgabas sin importar mis “fondos de reserva”; y desde luego, sin considerar si estaban respaldados o no en un improbable “seguro de desgravamen”... Déjame estrecharte hoy en un abrazo a la distancia. Déjame ofrecer mi reverencia a tu calidad humana. Déjame decirte que te agradezco y proclamar lo orgulloso que me siento de ser tu sobrino; de saber que siempre fuiste un hombre integro, solidario y cabal; y, ante todo: un hombre afectuoso y bueno. Feliz 90 cumpleaños!!! 

Tu sobrino. Mariano Alberto 

Singapur, Junio de 2007


Share/Bookmark