06 enero 2026

Una piadosa arbitrariedad

Vuelvo sobre un tema que nos preocupa e interesa: el descuidado, o no debidamente atendido, desorden del tránsito. No digo caos vehicular con intención, pues no siempre son los vehículos (o sus conductores) los causantes de los accidentes y más desgracias. A veces la causa raíz parece, más bien, estar en la desidia de las autoridades, en la mala organización (y hasta precaria señalización) o inclusive –¿quién lo dijera?– en la “buena voluntad” de ciertos usuarios o afectados que deciden echar mano de su imaginación y propia iniciativa para solucionar sus problemas o temores, y hasta para resolver sus puntuales incomodidades.

Piénsese en la salida del túnel Guayasamín, por ejemplo. Si usted se moviliza con sentido oeste-este (desde la ciudad hacia el valle de Tumbaco o para tomar la avenida Simón Bolívar), va a darse cuenta que, saliendo de esa vía subterránea, existen dos carriles bien definidos; sin embargo, desde que se eliminaron las casetas de peaje, esos dos carriles –con la adición de un tercero que se inicia en el lado izquierdo– parecerían convertirse en tres en total. No obstante, un poco tarde va a caer en cuenta que el carril del lado derecho se interrumpe bruscamente en un punto lateral al viejo peaje. Sucede así que, si usted transita por el carril derecho y no reconoce con oportunidad que ese carril termina (o si los vehículos que van por el riel de su izquierda tardan en cederle el paso), estará de golpe en riesgo de accidente o de inminente colisión.

Esto, a nadie parece preocuparle y, de hecho, el peligro sigue allí a pesar de que el problema es realmente de fácil solución (en un par de horas, una pequeña cuadrilla bien pudiera re-dibujar los dos nuevos carriles, con solo señalizar de manera adecuada la pintura de la calzada). Pero, claro, nadie hace ni quiere hacer nada; y solo sería cuestión de pararse ahí por un par de horas y ser testigo de otro infortunado desastre. Más grave aún puede ser lo contrario: que cansados los ciudadanos porque no se dé solución a similares problemas, tomen la alternativa de arreglarlo sin siquiera consultar a las autoridades. Admito que lo más probable es que logren dar con soluciones puntuales, pero con el subsecuente riesgo de que ello cree nuevos problemas (antes inexistentes) para los demás residentes o potenciales usuarios. Como se entenderá, esta indeseable situación a veces se produce debido a la incuria o procrastinación de las propias autoridades.

Esto mismo está sucediendo en San Rafael, en la intercesión de la Ave. General Rumiñahui y la calle Isla Genovesa, justo donde por más de 50 años ha venido funcionando una pequeña capillita conocida por el devoto nombre de “San José Custodio del Redentor” que, por lo que entiendo, está regentada por los Padres Josefinos. Cierto es que, debido a la carencia de sitios de estacionamiento, la capilla puede generar problemas de movilización, especialmente durante los servicios religiosos de fin de semana y, temprano en la mañana, en los días en que se oficia la santa misa. Pero ese no es todo el problema: sucede que la manzana también involucra el funcionamiento de una casa de retiro (“Murialdinas de San José”) y de una unidad educativa que lleva por nombre “Madre de la Divina Gracia”.

Como, tanto el personal docente como los padres de familia del plantel mencionado, han coincidido en que existe un riesgo en las llegadas y salidas de los alumnos, hacia o desde los vehículos que los transportan, no solo se han dado el trabajo de pintar arbitrariamente unos espacios de estacionamiento. No contentos con ello, han instalado (sin el menor sentido de proporción y buen gusto) –en la parte que está frente a sus edificaciones–  una suerte de jardineras y elementos decorativos, tipo parasol, ocupando similar espacio al dedicado a tales estacionamientos, reduciendo así no solo el ancho natural de la vía, sino obligando, a los vehículos que trasladan a sus chicos, a estacionarse sobre el puente del río Pita, en flagrante violación de la propia Ley de Tránsito, haciéndolo a despecho de la incomodidad que provocan y el control de las respectivas autoridades. Todo lo han hecho “por la voluntad de colaborar”, sin consultar primero…

Ahí no para el problema. Además de construir el “estacionamiento reservado” (que le han sustraído a la calzada), se han permitido “señalizar” por su cuenta los dos carriles del espacio remanente. Y, como no podían proceder de modo más ventajoso, han dejado un carril (en sentido sur-norte) de una anchura tal que les permita seguir obstaculizando el carril que ya habían obstruido, con sus parsimoniosas y abusivas paradas, con lo que afectan aun más el flujo normal de la calzada. Esto se produce porque el otro carril (el del lado occidental) ha sido reducido a tal punto que se ha clausurado el espacio para estacionar que antes tenía la vía (en el carril que se dirige hacia el sur). Algo similar sucede en la calle Río Coca (Colegio Illinizas) y en la De los Piqueros (cercanías del Tingo, donde funciona la UE Ángel Polibio Chaves).

Se nos ocurre que la disyuntiva planteada, entre ordenar el tránsito y tratar de satisfacer la seguridad de los estudiantes, no debe darse al costo de incomodar a los demás moradores de la misma calle o sector.



Share/Bookmark

No hay comentarios.:

Publicar un comentario