15 octubre 2024

Cosas que voy aprendiendo… (1)

Nadie nace sabiendo, ni nadie aprende de golpe. Lo bueno es que, con un poco de empeño, todos podemos ir aprendiendo poco a poco, y, lo mejor de todo, es que tenemos toda la vida para aprender. Claro que no todos aprenden al mismo ritmo, pero la buena noticia es que muchos de los que aprenden despacio, los lentos, muchas veces son los que aprenden mejor.

Así es como, cuando hablo o escribo, me he ido dando cuenta de mis propios errores; y, cada vez que ha surgido una duda, he procurado consultar si lo dicho estaba bien o si lo escrito contenía un probable error. Los errores que cometemos no serían tan comunes si no nos dejaríamos llevar por la costumbre, pues muchas veces insistimos en cometerlos por simple contagio. Piénsese en unos pocos ejemplos: ¿’lluvió’ o llovió?, ¿ayer vinimos o ‘venimos’?, ¿hubiera venido o ‘habría venido’? Parte del problema es que conjugar es algo en apariencia tan simple (lo aprendemos hacia el final de la escuela) que nunca nos tomamos la molestia de identificar los tiempos del verbo y esto contribuiría, quizás, a hacernos tan desprolijos…

 

Empecemos por el último ejemplo. Si visitamos la página del DLE y nos ayudamos para la correcta conjugación de un verbo cualquiera (amar, por ejemplo), vamos a redescubrir que hay cuatro formas básicas: las no personales (infinitivo, gerundio, participio); el indicativo; el subjuntivo; y el imperativo. Nuestras dudas y problemas se encuentran principalmente en las dos intermedias: indicativo y subjuntivo. El primero está relacionado con lo expresado por el predicado con el carácter de información “real”. Por ello se diferencia del subjuntivo, que está relacionado con lo imaginario, lo aparente, lo supuesto, “lo irreal”. Parte del problema quizá está en que, en muchas de las veces, ‘hubiera’ (o hubiese) puede ser intercambiado con ‘habría’, y esto quizá se deba a que confundimos lo condicional (habría) con lo contingente (lo que puede como no puede suceder), que es justamente lo ‘subjuntivo’, es decir lo que pudimos haber hecho o lo que creemos que podíamos haber escogido: lo irreal (hubiera).

 

Ayer escuchaba a un par de cuñados conversar respecto al motivo para que uno hubiese llegado tarde. “Si sabía que estaba congestionado El Trebol, no ‘habría’ venido por ahí”, el menor se justificaba. Esto dio lugar a un reproche por parte del mayor, quien realmente le propinó una filípica: “No se dice ‘habría’ sino ‘hubiera’, porque el pretérito es ‘hubiera’ y no ‘habría’, que es condicional”, le espetó. La verdad es que no me quise meter en el problema; para el caso, me pareció que eran válidas ambas formas, la una bien podía reemplazar a la otra; y, por otra parte, juzgué que no era exacta la explicación que dio el hermano mayor: No debería haberse usado ‘habría’ no porque el pretérito fuera ‘hubiera’ (en realidad los dos pretéritos de indicativo son hube y había) sino porque el verbo debía conjugarse con la forma del subjuntivo (lo contingente o circunstancial, lo que pudo o no ocurrir, lo irreal, lo que pudo haber escogido, pero que no escogió): es decir, con el pretérito de subjuntivo (hubiere).

 

Advierto que en estos casos hay una tendencia a confundir lo contingente con lo condicional, pero lo contingente, por definición, es justamente lo subjuntivo. Es más, creo que en el habla coloquial hay una manera de hablar que está saturada de sobreentendidos o, por lo menos, que utiliza frases que se resumen o se cortan. Y esto precisamente parece que sucede cuando debemos decir: “Si ‘hubiera’ salido más temprano, no me ‘habría’ atrasado al almuerzo”.

 

Veamos cómo lo aclara la Academia: «Habría es una conjugación en modo indicativo. El indicativo expresa una realidad. Hubiera es una conjugación del subjuntivo, (forma que) expresa algo hipotético, irreal (generalmente deseos) …hay que ser muy cuidadoso al momento de escoger cual de las dos palabras usar (o usar cualquiera de las dos, si la construcción así lo permite): «si hubiera madrugado, habría llegado a tiempo».

 

Continúa la Academia: «¿Cuándo usar hubiera / hubiese o habría? Hay una regla muy sencilla: parafraseamos la oración por «Si hubiera hecho A, habría pasado B». Ojo (mucho cuidado): no significa «primero hubiera y después, habría», porque la oración puede estar invertida, y en ese caso sería: «Habría pasado B si hubiera hecho A». Es importante esta distinción, porque lo que hay que reconocer es qué tendría que haber pasado primero, la condición: «Hubiera hecho A», para que ocurriera lo segundo, el posible resultado: «habría pasado B». Es posible también, aunque menos frecuente, utilizar en ambos casos el subjuntivo: «Hubiera sido bueno que no nos hubiésemos ido».


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11 octubre 2024

Misterioso origen del euskera *

 * Escrito por María Santos Viña de Infobae. Tomado de la página de el castellano.com

 Una lengua sin vínculos con ningún otro idioma

 

El euskera se despliega a lo largo de las áreas fronterizas de España y Francia, justo en el extremo occidental de los Pirineos, se erige como un bastión de singularidad cultural y lingüística en Europa. Este idioma, que encuentra su hogar tanto en el País Vasco como en Navarra en España, y en partes de Francia, como la Comunidad de Aglomeración del País Vasco, lleva consigo el legado de un pueblo y una cultura profundamente arraigados en la historia.

 

El reconocimiento oficial del euskera varía considerablemente entre España y Francia. En territorio español, el euskera goza de un estatus de oficialidad, siendo parte integral de la administración pública y del sistema educativo. Casi 900.000 personas —datos de 2018— en la región son capaces de comunicarse en euskera, representando un testimonio vivo de la pervivencia de la lengua. A pesar de la cifra, el uso cotidiano sigue siendo un reto, con solo un 20,5% de los vascoparlantes en el País Vasco y un porcentaje aún menor en Navarra y en la Vasconia francesa, donde el euskera carece de cualquier reconocimiento administrativo.

 

Una tradición literaria histórica

 

Conforme explica Iván Igartua y Xabier Zabaltza en el informe que realizaron para el Etxepare Euskal Institutuak (Instituto Cultural Vasco), la historia literaria del euskera es rica y variada, remontándose a los primeros textos significativos en el siglo XVI. La publicación en 1545 de Linguae Vasconum Primitiae por Bernart Dechepare marcó el nacimiento de la literatura en lengua vasca.

 

Este hito, junto con las subsiguientes contribuciones literarias, como la traducción del Nuevo Testamento al euskera por Joannes Leiçarraga en 1571, estableció una tradición literaria que ha continuado sin interrupción hasta nuestros días. Este legado literario no solo ha servido como un medio de expresión cultural, sino también como un vehículo crucial para la transmisión y evolución del idioma.

 

El siglo XX y, en particular, la unificación lingüística impulsada por la creación del euskara batua en 1968, proporcionaron un nuevo impulso a esta lengua milenaria. La estandarización del euskera, promovida por Euskaltzaindia (la Academia de la Lengua Vasca), ha sido fundamental para su integración en la administración, la educación, los medios de comunicación y, en general, la vida pública. Este esfuerzo coordinado ha culminado en un renacimiento cultural y lingüístico, evidenciado por el aumento exponencial en la publicación de libros en euskera y su uso en diversos ámbitos de la sociedad.

 

Sin conexión con el resto de lenguas

 

La singularidad del euskera como lengua genéticamente aislada, es decir, no relacionada con ninguna otra familia lingüística conocida, añade una capa de intrigante misterio y valor incalculable a su estudio y conservación. En este contexto, el euskera se relaciona con otras pocas lenguas aisladas en el mundo, compartiendo el enigma de su origen y desarrollo independiente.

 

No obstante, a pesar de estos avances significativos, el desafío de aumentar la prevalencia del uso activo del euskera entre los hablantes persiste. La casi inexistencia de vascoparlantes monolingües resalta la realidad de una comunidad lingüística que, si bien valora profundamente su idioma, vive inmersa en un mundo donde el bilingüismo o incluso el multilingüismo se ha convertido en la norma.

 

Todas las lenguas europeas pertenecen al tronco indoeuropeo, excepto el euskera, el húngaro, el estonio y el finés, pero las tres últimas pertenecen a la familia ugriofinesa, de cuyos orígenes se sabe muy poco, aunque hay un cierto consenso en ubicarlas hace unos 5.000 años en las heladas estepas de Eurasia.


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08 octubre 2024

Un día más en otro “País”

“Nunca he dicho que fuera fácil. La vida es compleja, contradictoria, burlona. Es, sobre todo, indomable e irreductible. Intentar simplificarla y encerrarla dentro de una cómoda cajita es caer en el dogma y el error”. Rosa Montero.

Antes no hacía falta suscribirse pero cierto día tuve que hacerlo o, no sé, simplemente lo hice. Probablemente eché mano de alguna promoción; pero lo cierto es que un buen día (solo es un decir) me cambiaron la cotización y subieron el costo; así, de pronto y sin consultarme. Lo importante es que disfruto de su lectura “y punto” (como diría mi mujer). Estoy persuadido de que tanto su formato como su temática me permiten entretenerme y buscar puntos de coincidencia e inspiración. La lectura muchas veces constituye una posibilidad alternativa, nos hace sumergirnos –sin que siquiera nos demos cuenta– en otra realidad. Nos hace vivir otra vida más: una vida paralela.

 

Lo que cuenta es que estoy suscrito, ya por unos tres años, a El País de España y, aunque siento que ya no escriben para ese medio ciertos autores; o que algunos que todavía lo hacen se han ido tornando predecibles; o que no siempre encuentro información respecto a lo que estoy interesado, me gusta el periódico y sigo creyendo que es una de las buenas alternativas que tuve para escoger y que sigo teniendo. Todo ello a pesar de que encuentro muy sesgados muchos de sus artículos relacionados con contenidos que se refieren a la política de “mi país”, los mismos que, en su inmensa mayoría, no representan ni el criterio mayoritario de mis conciudadanos ni, tampoco, la realidad de lo que se expone. En fin, todo el mundo tiene derecho a pensar lo que le parezca; nadie está obligado a ser neutral (la pura neutralidad no existe), solo aspiro a que todos tratemos de ser, cada vez, un poco más objetivos.

 

Leo ese periódico digital en forma cotidiana; disfruto revisando los distintos temas que me interesan y estoy, día a día, pendiente de lo que escriben –o se les ocurre a– mis columnistas preferidos (¿hay alguna diferencia entre preferido y favorito; o, qué tal entre preferido y predilecto?). Y, a propósito de favoritos, hoy nomás revisaba una mini columna que mantiene ese genial escritor que es Juan José Millás; en ella, él analiza el escondido (o, imaginado) sentido de una determinada fotografía y trata de dar una interpretación alterativa de una toma. Esta vez la imagen hacía referencia al comedor de uno de esos mastodónticos transatlánticos o buques de turismo que, según los ecologistas, van hoy por los mares del Planeta contaminándolo todo…

 

Al hacer la descripción de ese cerrado como opíparo ambiente, Millás lo compara con una jaula de oro, similar a la que usamos para mantener en cautiverio a uno de esos desgraciados ratoncitos, a los que nuestra inutilidad lingüística insiste en llamarlos “hámsters”, y creo que conjetura que ¿qué sucedería si en la realidad seríamos nosotros los cautivos y los roedores nuestros dadivosos alimentadores?… Mi lectura  nunca termina con el texto; salto, como es mi costumbre, a los comentarios de los lectores y encuentro que alguien compara esos refectorios (ahora exacerbados por la novelería y el esnobismo) con lo que han pasado a convertirse las modernas redes sociales que nos mantienen cautivos. Y sugiere, quien comenta, que en lugar de “encerrarnos” y dejarnos enajenar por esos sitios de cautiverio, deberíamos dejarnos acompañar por la lectura de un interesante libro…

 

Pero entonces, decido ser justo y medito, a la vez, en si esa sugerida lectura no terminaría, también, en otro lugar de aislamiento (uno escogido libremente, pero a la final eso mismo: otro medio de aislamiento); y si, a la hora de ejercitar nuestro libre albedrío, lo que realmente importa no es hacer lo que de verdad nos entretiene y lo que más disfrutamos… Es cuando salto a la columna de Rosa Montero (favor releer el epígrafe inicial) y me topo con esa frase tan humana como sugestiva: “Intentar simplificarla (se refiere a la complejidad de la vida) y encerrarla dentro de una cómoda cajita es caer en el dogma y el error”… y resuelvo que: qué llevadero (o más fácil) sería el mundo si tendríamos la sabiduría (¿la valentía?) de mirar la vida con ojos nuevos, si optáramos por respetar las opciones ajenas y diéramos paso a la tolerancia... si supiésemos optar por una sincera aceptación de la mundana diversidad…

 

Sí, hoy, más que nunca, la vida es un llamado a la empatía, a hacer un esfuerzo para hablar con un poco más de tino; y, en la medida de lo posible, con un poquito más de sabia, aunque esforzada, inteligencia… De veras, creo que hay que intentarlo. Bien vale la pena…


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06 octubre 2024

El quinto hombre *

 * En julio de 2010 escribí este artículo inspirado en el carácter de mi hijo Felipe. El "quinto hombre" en el fútbol es una pieza fundamental. Este pasado miércoles mi querido hijo respondió al llamado del Señor: se fue a jugar en otras ligas... Hoy vuelvo a publicarlo en homenaje a esa, su genuina manera de ser, que le hizo gozar del cariño y aprecio de tantos amigos. La vida sin él ha cambiado para su esposa y sus tiernos hijos. También ha cambiado para los que lo vimos crecer, sus padres y hermanos, y que sabemos que supo disfrutar a plenitud de esa fugaz circunstancia que le tocó vivir. Eso fue lo que Felipe siempre quiso ser, en la cancha y en la vida: el quinto hombre...

El quinto hombre

Nos vino a visitar hace pocos días en Shanghai. Es el tercero de mis hijos, aunque él siempre quiso que los demás creyeran que era el primero. Le gusta jugar delante de la retaguardia, cubriendo la espalda de los medio campistas; ejerce el sacrificado oficio de “quinto hombre”. Adora el fútbol y es amigo declarado de los dirigentes e integrantes de la selección nacional. Conoce en qué equipo juegan –no importa el lugar del mundo– sus principales estrellas y miembros más destacados. Se tutea con ellos, le llaman y les llama. Los jugadores extranjeros acuden también a sus ocasionales “picaditos” y le apoyan, o le fustigan, al grito de “corré gordo, corré”. El es un negrito querido por la parroquia deportiva. Es irreverente y bromista; pero es solidario y leal. El es el emblemático “quinto hombre”.

Su misión deportiva me hace interrogarme, de vez en cuando, si yo también no he sido, sobre todo con ellos, mis propios hijos, eso: una especie de “quinto hombre”; el que tuvo que salir a apoyar y a organizar la “media cancha”; pero que también tuvo que quedarse muchas veces atrás, cuidando los ímpetus que arreciaron contra nuestra defensa, que atacaron con esquemas y contragolpes, que exigieron que enfrente aquellos arrestos sin perturbarme, porque esa es la misión del que espera atrás; porque ese es su oficio y esa su condición, porque ese es el sino del “ultimo hombre”…

Vivimos alejados en la geografía, pero nunca estamos escindidos. Nos identifica desde siempre un sentido familiar que nos ha acompañado en los momentos de tribulación y en las etapas marcadas por esperanzas e ilusiones. Estamos repartidos en cuatro lejanos continentes, con la confianza de que creemos en nosotros. Nos apoyamos y estamos atentos a nuestros individuales esfuerzos y proyectos vitales.

Vivir fuera fue una experiencia inigualable que, es cierto, nos desarraigó; pero que, al mismo tiempo, nos hizo crecer como familia y como individuos; que nos permitió ver el mundo con otros ojos, con asombro y con curiosidad, aprendiendo lecciones, ganando en sabiduría, resistiéndonos a perder la humildad. Aprendiendo, ante todo, a agradecerles a Dios y a la vida; convencidos que hay un tiempo para vivir y otro para partir. Persuadidos, como ya estamos sus padres, que “los lobos están cada vez más cerca de la hoguera”… O, como decía con tanta sabiduría mi amigo Julito: "ya estan disparando cerca, Alberto!".

Ellos estudiaron y se formaron en centros académicos prestigiosos alrededor del mundo; lugares donde nos ayudaron a consolidar la siembra de esa semilla, que al germinar les recuerda a ellos en forma cotidiana que en la vida, no importa el oficio que se ejerza, por egregio o humilde que parezca, estamos llamados a hacer más fácil la vida de los demás; que eso de por sí ya justifica y da sentido a la vida. Que la vida consigue plenitud cuando aceptamos la condición de quintos hombres.

No siempre estamos juntos, son continuos y frecuentes los reencuentros y los adioses; las palabras que se callan; las lagrimas que se esconden; las promesas que se hacen; los sentimientos encontrados que producen las despedidas. Pero todo se sobrelleva con la alegría que produce la solidaridad y que otorga ese campo multicolor de flores maravillosas que es el jardín de la memoria; que nos permite saborear la sazón de la vida. Porque lo que nos permite vivir más de una vez son justamente los recuerdos.

Escribo esta tarde en Europa, mientras es noche temprana en Asia, donde se encuentra su madre. Es medianoche en Australia, donde vive el primero de los hermanos, el mayor de mis hijos; y es amanecer prometedor en Norte y Sur América, donde están los otros tres, viviendo sus nuevos proyectos y soñando con sus nuevos compromisos; sabedores todos de que podemos desempeñarnos como delanteros, volantes o guardametas; pero que nuestra verdadera vocación sólo es satisfecha con la más sacrificada e incomprendida de las posiciones. Hemos aceptado la invitación que nos hicieron en la cancha de la vida. Queremos “ser alguien”; nos sentimos disponibles ante el mundo y ante la vida; sabemos que hay trabajos que alguien los tiene que hacer. Somos nosotros los quintos hombres!

En mi tiempos juveniles del movimiento Palestra, terminábamos nuestros encuentros y convivencias con un canto de despedida. Era ese un himno de esperanza. Sonaba muy profundo en las voces emocionadas de mis amigos Paco, Galo o Andrés. Nos llenaba de ilusión el poder cantar aquello de:

Por qué perder las esperanzas de volverse a ver?
No es más que un hasta luego,
No es más que un breve adiós,
Muy pronto junto al fuego, nos reunirá el Señor!

Sí, por qué perder las esperanzas! Estamos bien parados delante de la defensa. Sabemos cual es nuestra tarea y cual es nuestro destino. Sabemos que nuestra asignatura en la vida es la de jugar de quintos hombres!

Ámsterdam, 23 de Julio de 2010


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04 octubre 2024

Mis operaciones “long haul”

Hoy se me antoja contarles un poco de una operación aérea diferente; se trata de los vuelos de larga distancia o duración, lo que en inglés se conoce como long haul. Para un piloto como yo que voló entre sus 18 y 25 años únicamente rutas cortas, ese tipo de distinta operación fue toda una experiencia. Efectivamente, mientras volé en TAO, tanto el DC-3 como el Twin Otter, la duración promedio de mis vuelos fue de unos 30 minutos; los vuelos más extensos nunca excedieron de una hora. Cuando pasé a volar el Fairchild PC-6 Pilatus Porter (la Machaca) hacíamos unos circuitos Lago-Sacha 4-Sacha Central-Coca-Shushufindi-Lago que tomaban alrededor de una hora; cada tramo, por lo mismo, casi nunca excedía de quince minutos de vuelo…

Hacer en los tiempos de TAO un vuelo a Puerto Asís (una hora, quince minutos desde Shell Mera), o uno en Texaco para cumplir con una emergencia médica, desde Lago Agrio a Quito (también una hora), significaban no solo salir de la rutina, sino efectuar un viaje hacia un destino “distante” … Ya en Ecuatoriana, donde volé por algo más de 17 años (y los tres últimos que operé desde el Ecuador, mientras volé en Saeta), los vuelos tuvieron una duración promedio de unas cuatro horas; los vuelos más largos fueron el Guayaquil-Nueva York (seis horas) y el Guayaquil-Los Ángeles (siete horas), si se había planificado un vuelo directo (pues normalmente se volaba con escala en México).

 

Asimismo, solo de manera excepcional se hacían vuelos de más duración. Esto ocurría especialmente cuando, por motivos de mantenimiento, se hacían vuelos a Tel Aviv (Israel), sea para ir a dejar o traer un avión (este se quedaba ahí por dos a tres semanas). De acuerdo al tipo de avión (si era Boeing 707 o 720) la ruta variaba, pero –por lo general– requería de tres aterrizajes: un primero en Caracas o en las islas de Barlovento (las Antillas); un segundo en Madrid o en Canarias; y, el tercero y final en Ben Gurión. Esto se modificaba si el vuelo cumplía objetivos de seguridad nacional, pero –en cualquier caso– el vuelo era operado con dos tripulaciones o, al menos, con un piloto adicional. Fui a Israel unas 12 veces. Pude haber hecho varios tramos de hasta unas 10 horas de duración, pero no fue lo más frecuente.

 

Algo similar ocurrió cuando operé el Airbus A-310 (con Ecuatoriana y Saeta). Mientras estuve en Saeta efectué un vuelo de Ámsterdam a Curazao y múltiples desde Asunción a Miami y viceversa (unas 11 y 8 horas, respectivamente); no tomo en cuenta, para el registro de estos viajes, las horas de diferencia. Mientras serví en Korean Air (dos años) la mayoría de los vuelos tenían menos de 90 minutos de duración; solo ocasionalmente llegaban a seis horas (Seúl- Bangkok o Seúl-Singapur). Fue en los 15 años siguientes que mis vuelos fueron, casi generalmente, de 12 a 14 horas, y se efectuaron con doble tripulación, por el tipo de rutas y por el tipo de avión (A-340 y B-747).

 

Los vuelos en el 747 incluyeron los efectuados en el carguero, en los que lo corriente era no exceder “piernas” de más de siete horas, para poner menos combustible y poder aprovechar la capacidad de carga del avión; entonces tuve oportunidad de hacer una media docena de vuelos alrededor del Mundo, con escalas en cinco o seis aeropuertos diferentes, volando siempre hacia el Este y durante la noche. Estos periplos duraban algo más de dos semanas y procuraban aprovechar los vientos favorables de la Corriente de Chorro (el Jet-Stream). El efecto del cambio de hora era totalmente pernicioso en esos viajes. Nunca se sabía cuál era la hora más adecuada para comer o dormir…

 

Mientras estuve basado en Singapur y Shanghai, mis vuelos más regulares fueron desde esos lugares hacia Europa. Como operábamos con dos tripulaciones (y con dos comandantes), lo normal era ponerse de acuerdo en quién comandaba cada tramo; lo normal era que quien hacía de capitán realizara tanto el despegue como el aterrizaje y, para efectos del descanso, se relevaba a la tripulación que estaba operando a la mitad del vuelo. Lo acostumbrado era utilizar las literas de descanso (llamadas “bunk”); se recibía la cama con sábanas, cobijas y almohadas frescas y se debía dejar el “claustro” en las mismas condiciones. El bunk es, normalmente, parte integrante de la cabina (está adosado). Las literas del carguero son algo más amplias y están ubicadas detrás de los asientos de pasajeros.

 

Mientras estuve con Great World (otros 3 años), el último año se me asignó un triángulo en las rutas americanas (Anchorage-Atlanta-Chicago), efectuaba dicho circuito dos veces por semana, trabajaba 20 días y bajaba a Ecuador por otros 10 (casi sin jet-lag). Mientras volé con Air Atlanta, estuve basado en Jeddah (Arabia Saudita), los vuelos cubrían una gran variedad de destinos de Asia y el norte de África; pero en su mayoría eran vuelos regionales.


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01 octubre 2024

Retornan los Junkers *

 * Escrito por Miquel Ros para AeroTime. Con mi traducción y re-edición.

Los visitantes del Sun'n Fun 24, Exposición Aeroespacial que tuvo lugar en abril en Lakeland, Florida, se toparon con un avión que parecía de la década de 1920. Eso parecía, pero no había salido de un museo o de un lugar de reliquias, ni viajado a través del tiempo: era un avión recién construido. El Junkers A50 Heritage estaba diseñado para recrear, hasta el último detalle, la imagen de una nave de esa época, aunque con un motor nuevo y materiales modernos.

 

Pero, ¿no era que la Junkers había cerrado sus puertas? Esta legendaria marca de la aviación alemana ha efectuado, en realidad, un notable retorno y en un lugar inesperado: Estados Unidos. Lo ha hecho, de la mano de un magnate de los maletines de lujo. Veamos: uno de los pioneros de la aviación alemana fue Hugo Junkers (1859-1935). Hugo, cuyo apellido se convirtió en sinónimo de aviones icónicos, empezó a fabricarlos durante la I Guerra Mundial. Más tarde, perfeccionó sus diseños y produjo aviones más avanzados. Uno fue el deportivo Junkers A50 Junior, de 1929. Otro, el F13, monoplano de ala en cantiléver totalmente metálico, que, aunque fue lanzado en 1919, ya anticipó el diseño y apariencia de los aviones modernos. Pero quizá el más conocido sea el trimotor Ju-52, que voló en 1930 y que se utilizó como avión de pasajeros y transporte militar antes y durante la II Guerra Mundial.

 

Algo que caracterizaba a los Junkers era el fuselaje corrugado de duraluminio (una aleación de aluminio y cobre), que les dio ese aspecto. Esa superficie de aluminio corrugado, también identifica a las maletas de lujo Rimowa. No es una casualidad: las maletas “groovy” (1950), estuvieron inspiradas en los Junkers. Así es como entra en la historia el empresario alemán Dieter Morszeck. Él fue el  mayor propietario de Rimowa hasta que vendió sus acciones al grupo LVMH (Louis Vuitton) en 2016 por 640 millones de euros. Desde entonces, ha estado invirtiendo en el renacimiento del histórico fabricante, y su intención fue siempre reiniciar la producción de esos emblemáticos aviones.

 

El primero en re-fabricarse fue uno de los primeros diseños: el Junkers F13. Bajo el patrocinio de Morszeck y utilizando los planos originales; un equipo de especialistas, mecánics y obreros construyó una réplica desde cero. Era idéntico al histórico, pero fue construido utilizando materiales y técnicas modernas; este nuevo Junkers F13 voló por primera vez en 2016. Si el F13 pudo renacer ¿por qué no se podía hacer lo mismo con los modelos más grandes? Morszeck estableció una empresa en Alemania, con este objetivo; entonces ideó un plan para crear una nueva versión del venerable Junkers-52, aeronave que nunca desapareció. De hecho, unos pocos se utilizan todavía para vuelos turísticos. Incluso, Lufthansa mantuvo uno en línea de vuelo hasta el año 2019.

 

Para hacer realidad su sueño, Morszeck se contactó con una empresa americana con amplia experiencia en la producción de aviones. Desde los ochenta, WACO Classic Aircraft Corporation, con sede en Michigan, había captado un nicho importante del mercado al revivir algunas de las marcas más reconocidas del mundo. De hecho, la empresa tomó su nombre de otro famoso fabricante de la década de 1920: Weaver Aircraft Company, luego conocida como "WACO"; esta surgió como un actor importante en la industria aeronáutica. En su apogeo, WACO captó hasta el 40% del mercado de aviones ligeros. Sin embargo, a pesar de haber sido un importante proveedor, su ascensión duró poco y quebró después de la II Guerra. Se hicieron intentos para revivirla, pero solo fue en los ochenta que comenzó a producir nuevos aviones. Morszeck efectuó un acercamiento a WACO para explorar la posibilidad de reiniciar la producción de los antiguos Junkers. En 2018, adquirió la empresa fabricante y la integró en el grupo Dimor.

 

Como resultado, WACO inició la producción del Junkers A50 Junior y de sus dos derivados: el A50 Junior Heritage y el A60. Si bien los tres comparten algunas similitudes, como el robusto fuselaje típico, los últimos presentan algunas modificaciones. El Heritage es similar al A50 Junior, pero ha sido modificado para proporcionar una experiencia de “más viejo". El Heritage cuenta con un motor radial de 7 cilindros, en lugar del de inyección Rotax (de 4) del que dispone el A50 Junior, que tiene una hélice de madera e instrumental análogo en lugar de la aviónica Garmin. El A50 Junior fue diseñado con la idea de que miles pudieran construirse a precios relativamente asequibles. Así las cosas, y con un precio de venta al público de 230.000 a 300.000 dólares (para la versión Heritage), esta moderna fabricante de aviones está lista para cumplir la visión del viejo Hugo Junkers: la de construir el "avión del pueblo".


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