Reviso este blog y uso el artilugio de búsqueda para comprobar cuándo y con qué sentido he utilizado el vocablo “predicamento”. Encuentro, para propia sorpresa, que lo he hecho en casi 30 ocasiones. Infiero, con la indagación, que la mayoría de veces he usado el término para referirme a una cierta situación incómoda o difícil (un aprieto) y solo pocas para significar reputación o estima.
Esto me obliga a consultar el DLE y lo que encuentro, más que una definición, es una verdadera exégesis (explicación): “La voz viene del latín tardío praedicamentum, 'enunciación' o 'categoría lógica'. Hay dos acepciones: 1. Dignidad, opinión, lugar o grado de estimación en que se halla alguien y que ha merecido por sus obras. Sinónimos: autoridad, crédito, prestigio, reputación, estimación, fama, renombre. 2. En filosofía: Cada una de las categorías a que se reducen las cosas y entidades físicas. Se dividen en diez: sustancia, cantidad, cualidad, relación, acción, pasión, lugar, tiempo, situación y hábito” (así de didáctico, si no de pedagógico, suele ser el diccionario).
Tales categorías son los conceptos más universales y abstractos que sirven para organizar, comprender y clasificar la realidad. Funcionan como pilares lógicos y ontológicos sobre los que construimos el saber. Varios pensadores han propuesto su propio sistema. Al efectuar esa revisión, he procurado resolver una inquietud: la de si al tratar de usar ese vocablo, me estaba refiriendo a la reputación o grado de estima de una persona; o si, más bien, lo había hecho para expresar una situación difícil o incómoda (un ‘aprieto’, por ejemplo). Esto es lo que encontré en Etimologías de Chile al indagar la raíz del término en referencia:
“La palabra ‘predicamento’ se refiere, sobre todo, al grado de dignidad, estimación o prestigio que alguien o algo tiene; decimos frases como “tiene mucho predicamento entre…” (un determinado colectivo). Este valor se deriva del sentido de la “capacidad para emitir enunciados que constituyen las categorías lógicas admitidas” (ver, arriba, la segunda acepción del Diccionario) que se atribuyen a un personaje que se tiene en alta consideración (o tiene gran y reconocida reputación). En lógica y filosofía esto se refiere a categorías a las que se reducen las entidades reales. Viene del latín praedicamentum (enunciado, categoría lógica que se enuncia); aparece empleada primero por Agustín de Hipona y, luego, por Boecio e Isidoro de Sevilla”.
“El vocablo se forma con el sufijo -mentum sobre el verbo praedicāre (decir o enunciar algo a un público), que nos da predicar, verbo formado con el prefijo prae- (delante de, antes de) y el verbo dicāre (indicar o proclamar solemnemente, consagrar, dedicar), de donde también indicar y dedicar, verbo con la misma raíz que dicĕre (decir, indicar, mostrar) de donde decir, bendecir, dictar, etc.” Con lo anterior, advierto que mi inquietud se bifurca y toma un nuevo rumbo; ahora lo que me interesa es saber si este vocablo está relacionado (o tiene algo que ver) con aquella supuesta “situación difícil” que había considerado… Como sería fácil deducir, ambos usos o aplicaciones del término, provendrían del latín praedicare, pero parece que hubieran evolucionado por caminos distintos y hoy tienen significados muy diferentes. Veamos:
“Predicar” es verbo transitivo; significa: publicar, hacer patente y claro algo. Son sus sinónimos: difundir, anunciar, publicar, pregonar. Implica también: sermonear, catequizar, evangelizar o reprender. Deriva del latín praedicare (proclamar, publicar en voz alta); significa anunciar públicamente una doctrina o evangelio, o amonestar a alguien dándole un consejo insistente. Predicamento, por su parte: deriva de praedicamentum (categoría o atributo). En lenguaje filosófico, alude a la afirmación o al atributo que se dice que tiene un sujeto. En lenguaje común, ha terminado significando "concepto, estimación o consideración" que se tiene de alguien.
¿Estaríamos hablando de un nuevo elemento?, o pudiera ser que hemos estado utilizando la palabra en forma incorrecta, debido a una mala traducción… Es entonces –al indagar por qué confundimos los dos sentidos del término– que hago un curioso descubrimiento: existe un motivo para que se haya extendido la acepción errónea en el uso de la palabra "predicamento" como sinónimo de aprieto o situación difícil. El error viene de que hemos traducido del inglés británico predicament, que significa “aprieto” y no de la raíz latina (en inglés americano el término equivale a predicación…). Me corresponde entonces hacer un humilde reconocimiento: aceptar que muchas veces estuve equivocado. No debería usar la voz con el sentido de aprieto sino con el de reputación o grado de estimación.
Es en el diccionario de María Moliner que encuentro la definición más clara y sencilla. “Predicamento: Influencia, de una persona, debida a la estimación que tiene entre la gente: ‘Goza de gran predicamento en el partido’. = Autoridad, influencia, prestigio”.


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