12 diciembre 2025

Santos como Dios manda *

 * Escrito por Arturo Pérez Reverte para Patente de Corso 

Entro a menudo en las librerías San Pablo de Sevilla y de Madrid. Me gusta comprar libros de Hans Küng para los amigos, echar un vistazo a las nuevas ediciones de la Biblia, repasar lo que hay de patrística y teología: cada cual tiene sus vicios más o menos confesables. Y el otro día me dio por mirar el expositor de estampitas. Y allí, entre los santos clásicos —san Francisco, santa Teresa, san Antonio—, me encontré con caras que no había visto nunca: muchachos con aire de alumnos aplicados, chicas de dulce sonrisa de catequesis, adolescentes en vaqueros. Son los nuevos santos y mártires modernos que la Iglesia lleva a los altares. Y en mi laica ignorancia, me quedé mirándolos con curiosa perplejidad. 

Háganse cargo: nací en 1951 y en el cole estudié Catecismo e Historia Sagrada, así que mi santoral aprendido se refiere básicamente a los santos de antes: los de parrilla, espada y fuego. Los que echaban a los leones. Soldados de Dios con un puntito de desafío en el suplicio, mártires de toda la vida, tipos y tipas duros, convencidos de que sufrir era su pasaporte a la eternidad. Ni ñoñerías, ni estampitas con sonrisas angelicales, ni mariconadas místicas: lo suyo era sudor, miedo, sangre y, a menudo, un sarcasmo final que desarmaba a sus verdugos. Santos, en fin, como Dios manda. Y la nómina resulta espectacular. 

San Lorenzo es uno de los clásicos. Diácono romano, condenado a morir asado en una parrilla: carbones encendidos, olor a carne quemada, los legionarios tronchándose de risa, y el pavo todavía encuentra fuerza para escupirles la frase inmortal: «Dadme la vuelta, que por este lado ya estoy hecho». No hay fe que explique tanta insolencia. A eso llamamos carácter. Como el de san Sebastián, que posa con otro estilo, más blandito, pero a quien no se puede reprochar falta de agallas: atado a un poste y aguantando flechazos con un par de huevos. 

Tampoco las señoras se quedan atrás. Ahí está santa Águeda: hermosa, cristiana y obstinada. Le arrancan los pechos y ella sale en las estampas presentando en bandeja su carne mutilada como tributo al cielo. O santa Cecilia:. el verdugo era torpe de narices, y la chavala agonizó tres días con el cuello abierto, cantando himnos como Shakira. Y volviendo a los tíos, ahí está san Bartolomé: desollado como conejo, aguantó rezando hasta el final. Aunque para santos provocadores, san Cipriano: al ir a rebanarle el gaznate, dio al verdugo una bolsa de monedas para que hiciera bien el trabajo. Pocas muertes tan romanas como ésa. Tan profesionales. 

Y es que así eran los santos de antes: héroes de lo invisible. Sufrían con esa mezcla de valor y chulería que los hizo eternos. Nada que ver con los santos de ahora, que suelen ser monjitas buenas, jovenzuelos que obedecían a sus padres, muchachas que ayudaban en las tareas del hogar, criaturas devotas de la catequesis. Nada que reprochar; la fe y la inocencia son siempre dignas de respeto. Pero la comparación es inevitable. Ahí tenemos, por ejemplo, a Carlo Acutis, adolescente italiano muerto en 2006, beatificado por su vida ejemplar y su devoción al rosario y la Eucaristía. Buen chico, amante de la informática, generoso con los pobres, estudioso y obediente. La Iglesia lo propone como modelo para la juventud digital. 

Nada que objetar: su bondad es luminosa. Pero imaginen el descojono de un san Pedro, un san Pablo, un san Andrés, santos que eran carne de circo y patíbulo. Casi todos los de ahora son flores de pitiminí, ejemplos de obediencia, estudios y pureza de costumbres. Pasamos del macarra al monaguillo, del guerrero al muchacho aplicado, de la parrilla romana al cuarto de estudio. Aquellos tenían biografías como escritas por Homero: hierro, sangre, frases insolentes en la cara del verdugo. Las de ahora parecen redactadas por el tutor del colegio: «Era buen estudiante, respetuoso con sus padres, rezaba el rosario y ayudaba en casa». 

Tal es la cuestión. Porque uno, con sus pecados y cicatrices, se pregunta a quién confiará el alma cuando toque dársela a quien se la dio. Y francamente: si debo rezar y encomendarme a alguien, prefiero los clásicos de toda la vida como san Apapucio, obispo egipcio decapitado en tiempos de Diocleciano, o san Simeón Estilita, que estuvo treinta años subido a una columna aguantando sol, viento y lluvia, con dos cojones. Esos viejos caimanes eran los Clint Eastwood del dolor, gladiadores de Dios. Eran profesionales serios. ¿Cómo voy a confiar mi salvación a un niñato que ayudaba en las tareas de casa, aprobaba matemáticas, sabía manejar el PowerPoint de la parroquia y no tenía ni media hostia? 


Share/Bookmark

09 diciembre 2025

De avispas y avispones

Mi amigo el Efe, mejor conocido como ‘fernando-de-la torre-be’, es el famoso autor de La aerovía de la vida, un libro ya mundialmente conocido, en el que relata las peripecias y experiencias de su vida como aviador, piloto expatriado y viajero impenitente. He recordado su obra porque en ella, sin querer, Fernando nos da –en dos capítulos diferentes– dos distintos significados del mismo acrónimo, las iniciales W.A.S.P. (así con puntos seguidos). Hasta los profanos saben que eso de ‘wasp’, en idioma inglés, solo quiere decir avispa, sí ese pequeño insecto, apenas de más tamaño que la abeja, que aguijonea con resultados imprevistos.

WASP (ya sin los puntos, por comodidad) tendría –según mi colega– al menos dos acepciones. Una primera, y más conocida, quiere decir White, Anglo-Saxon, Protestant (Blanco, anglosajón y protestante), acrónimo usado para caracterizar al ciudadano típico y mayoritario en los Estados Unidos. La segunda tiene más bien una implicación aeronáutica, se la usó durante la Segunda Guerra para identificar a las mujeres piloto al servicio de la Fuerza Aérea (Women Airforce Service Pilots), esas valientes mujeres-piloto que debieron ser incorporadas ante la escasez de aviadores masculinos (no es que fueran pocos sino que eran insuficientes). Ellas fueron incorporadas para misiones de traslado o entrenamiento; efectuar vuelos de transporte o realizar vuelos de prueba.

WASP, en la primera acepción, puede tener un carácter clasista, o incluso racista. En efecto, su sola mención denota, y se refiere a, un grupo social dominante. El término habría sido acuñado por el sociólogo E. Digby Baltzell para describir a los estadounidenses protestantes blancos de ascendencia inglesa o del norte de Europa; por lo mismo, se refiere a los ‘americanos’ asociados con la clase alta y a grupos influyentes y privilegiados de la sociedad norteamericana. Por ello, en ocasiones, puede también ser utilizado en forma despectiva para referirse a un grupo con pretensiones de superioridad. No obstante, y como siempre pasa, el acrónimo también es usado para nombrar elementos de tecnología y hasta para reconocer a una banda musical…

Fue justamente con esta intención que se auto apellidó un grupo de rock que siempre utilizó esas siglas de manera ambigua. Se sugiere que fueron las iniciales de una frase aparecida en su primer álbum que decía: We are sexual perverts’ (Somos pervertidos sexuales). Al parecer, esto nunca fue negado ni aclarado; sobre todo hoy con aquello de lo conocido como ‘políticamente correcto’. La banda nació en los 80, su estilo siempre fue pesado e impactante, sus integrantes exhibían atuendos irreverentes y agresivos. A pesar de que su integración fue cambiando con el tiempo, ellos han mantenido su estilo y el atractivo que producen en sus fanáticos.

No siempre se llamaron así; al principio (1982), los conocían como Sister (Hermana), pero desde siempre anduvieron buscando un nombre algo más pegajoso (o pinchante). El apodo habría surgido cuando uno de los integrantes se enfrentó una mañana con un ‘asaltante con alas’, habría empujado con el zapato una hoja en el jardín y, de pronto, apareció un avispón que estaba debajo. “Mi instinto fue pisarle, antes de que quisiera volar y me picara”, dice. Entonces, luego de inspeccionarlo, se dio cuenta de que el insecto no estaba totalmente muerto; al observar el abdomen de la criatura, vio que todavía palpitaba enfurecida… Así entró a la casa con la idea del nombre.

De este modo, Wasp surgió como eso, como Avispa, pero fue la escritura ideada (las mayúsculas y puntos seguidos) la que dio al nombre ese tono medio enigmático. Ahora, ya con el asunto solucionado, solo tenían que dedicarse a tocar rock y tratar de evadir la ‘punzante’ pregunta: “¿Cuál es el significado de W.A.S.P.?... 

Aunque la frase ya quedó grabada en el álbum, W.A.S.P. ha preferido ofrecer otras respuestas, desde el siniestro “We Are Satan’s People” (Somos Gente del Demonio), hasta el pretencioso “We Are So Powerful” (Somos Tan Poderosos), o ”We are so perfect” (Somos Tan Perfectos). Pasado el tiempo, aquello se ha rodeado de misterio, quedando abierto a cualquier interpretación antojadiza. Sus integrantes siempre han dado una respuesta evasiva. El mismo líder y vocalista del grupo, Blackie Lawless –en inglés, el apellido significa ‘sin ley’– una vez había contestado: “We Ain’t Sure, Pal” (No estamos seguros, compadre)… Como se ve, hay furiosos avispones que prefieren no picar; hay otros, en cambio, que son inocuos pero prefieren darse de ‘avispados’: cuando pierden o se equivocan dicen que han efectuado una “jugada maestra”, son incapaces de aceptar su derrota o reconocer que cometieron un error… Ya volveremos sobre aquello.


Share/Bookmark

05 diciembre 2025

La humildad de los soberbios

Ahí estaba él; lucía jocundo y risueño. Se sentía importante. No sé por qué apellidos como el suyo me recuerdan un viejo barrio de mi niñez, y me dicen que ‘de la Cuadra’ o ‘de las Casas’ fueron quizá formas de apellidar a ciertos individuos al reconocer su huérfana condición: aquellos inocentes expósitos que eran abandonados en los zaguanes de las casas, los portones de los conventos o los pretiles de las iglesias… 

Como muchos esa noche –y siendo él uno de sus probables inspiradores–, parecía persuadido del triunfo del Sí, de que se aproximaba su momento de personal apoteosis, su hora más gloriosa. Lejos estaba de imaginar, ubicado ahí, en el plató de un canal de televisión –al que había ido para presumir de su probable éxito–, que pronto se revelaría un inesperado revés: la sorpresiva derrota del gobierno en la consulta propuesta y que había sido sometida a consideración del pueblo. Parecía convencido de que esa propuesta arrasaría. Él, como los demás altos funcionarios, no solo compartían tan sesgada visión: descartaban cualquier otra opinión que pudiera sugerir una alternativa distinta. 

Es que… ¿cómo entender que la gente querría más seguridad pero votaría contra la presencia de bases extranjeras? ¿Cómo entender que estaba cansada de los partidos, pero apostaría por que se los siga financiando?... O que aborrecía a la Asamblea y sus actores, pero preferiría no reducir sus escaños… O que no querría que vuelva el partido que una vez lo defraudó, pero escogería que subsista su constitución, aquel galimatías, aquel engendro jurídico… ¿Era pues lógico que un sesenta por ciento dijeran que no preferían lo propuesto a pesar de su íntimo convencimiento? ¿Qué ganaban ellos votando así? o ¿por qué lo hicieron? Y más grave aún: ¿acaso no sabían que si apoyaban la consulta, si es que votaban en afirmativo, le daban un golpe de gracia al alicaído populismo? 

Pero no y no, no y no; la gente dio su contundente y vinculante veredicto. Y, con ese mensaje, algo quiso decirle al gobierno. Para empezar, parece que receló que algo escondía la consulta o que, por lo menos, tenía como objetivo no expresar su real propósito. Aclararlo surgía como necesario y recomendable, pues el manejo de los dos más importantes temas –economía y seguridad– no había sido exitoso. En circunstancias así, lo que el gobierno realmente parecía buscar era fortalecer o consolidar sus fuentes de apoyo. Pero la gente lo intuyó y rechazó la propuesta. De golpe –en el criterio de esa misma gente– ya no debía interpretar la consulta como una simple indagación, porque ahora le parecía que su primordial intención habría sido la de promover la imagen y los difusos planes del gobierno. 

El pueblo pudiera no ser tan sabio; pero suele actuar en forma perspicaz. Y algo quiso advertirle al gobierno: “Desconfío de tu discurso; y no quiero que el resultado te favorezca, pues no estoy contento con tu gestión”. Quizá percibía que, a una vieja forma de fanatismo, hoy se había sumado otra nueva, y tan obcecada como aquella: la de quienes hoy idolatran a Noboa, y admiran su incierto liderazgo, algo carente de sustento… Y por ello el pueblo dijo que No. 

Se habría apoderado de la gente un recelo basado en la sospecha: era que la vieja costumbre de la falsa izquierda (esa que llegó a aborrecer), que consistía en la antojadiza interpretación de las leyes y el desprecio al debido proceso, también se había adueñado de las maneras del presidente y de sus colaboradores más cercanos. Era la persuasión de que alguien que no daba la cara no les había sabido comunicar sus verdaderos propósitos. Se esparcía así, como un rumor, la idea de que había una narrativa prefabricada y mañosa cuyo diseño y estructura, se venían publicitando desde las altas esferas del gobierno. Se recelaba que este, aprovechándose ahora de la coyuntura, había empezado a creer que se constituía en única alternativa –perenne e inamovible– para mucho tiempo más en el mando del país. 

Pero… interpretemos primero el voto negativo: no es que la gente quiso apoyar la postura de la Revolución Ciudadana; sino que, por el contrario: esa tienda política tuvo la sagacidad de ponerse del lado de la gente; porque pronto se dio cuenta e interpretó su malestar, cansancio y desilusión. Era, más bien, que la gente habría identificado en Noboa los mismos resabios autoritarios de aquel presidente a quien había perdido simpatía y aprendido a desconfiar… 

Hoy, Noboa se ha visto obligado a renovar su gabinete; deberá reemplazarlo con gente alejada de palacio, con más peso político y experiencia. Habrá de hacerlo, atendiendo a un clamor que tiene fuerza nacional; y habrá de integrarlo con gente de estatura, con personalidades probadas, y aplicando un más amplio equilibrio regional. 


Share/Bookmark

02 diciembre 2025

Buda y Marco Polo *

  * Tomado del post Thuk Je Che Tibet's (Facebook), el mismo que pudo haber sido copiado de un ensayo escrito por Rosalía C. Vofchuk, y publicado por el CONICET argentino en colaboración con la Universidad de Buenos Aires. Los he hallado por casualidad, luego de toparme yo mismo con el nombre de Sergamo Borgani (Sidarta Gautama, Buda) en el libro Los viajes de Marco Polo (Il Milione), cuando buscaba referencias relacionadas con ese curioso nombre...

“En la búsqueda de referencias al encuentro del Budismo con Occidente, el relato de Marco Polo adquiere enorme importancia: no sólo brinda información sobre fieles y monjes sino que contiene, aunque de una manera sintética, la primera biografía occidental de Buda. Su primer encuentro con el Budismo se produce en Cachemira, a cuyos habitantes atribuye ser los jefes de los idólatras de todo el mundo. Luego penetra en China por Sacion, en la provincia de Tangut. Los puntos más notables de su descripción se refieren a la sorprendente convivencia de idólatras, nestorianos y sarracenos y a la gran cantidad de abadías y monasterios llenos de ídolos a los que rinden homenaje. Miles de pinturas y manuscritos en tibetano, chino, etc., encontrados en las grutas de los mil Budas, dan testimonio de la rica y variada cultura de un pueblo tibetano, devoto del Budismo, que convivió con cristianos y musulmanes en un ámbito de paso obligado de las rutas comerciales de China a Occidente.

 

En el texto incluido en Navigationi et viaggi de G. B. Ramusio (Venecia, 1559) se agrega que los ídolos más grandes tienen 10 pies de altura y yacen tumbados, los más pequeños están detrás, casi como discípulos que los reverencian. Aunque no lo exprese, la postura de los grandes representa a Buda en el momento de su muerte (Parinirvana). En el capítulo CLV, Marco Polo se refiere a Ceylán y al pico donde, según los sarracenos, se halla el sepulcro de Adán y según los idólatras, el de Buda. Presenta allí su biografía de Buda, al que designa con el nombre de Sergamo Borgani, deformación de Sagamoni Burcan, nombre mongol de Buda, que corresponde a Shakyamuni Buda:

 

En suma esta breve biografía nos da los siguientes datos:

1. Sergamo era hijo de un rey.

2. Su característica más notable era el desprecio por la vida mundana.

3. El rey lo hace vivir en un palacio rodeado de placeres y aislado de todo contacto con el dolor.

4. Una salida del palacio y un encuentro fortuito con un muerto y un anciano echan por tierra los esfuerzos del rey.

5. Sergamo se aleja del palacio y pasa el resto de su vida en la montaña.

6. A su muerte, su padre, tras argumentar que Sergamo había muerto y renacido ochenta y cuatro veces, manda erigir una estatua para que su hijo sea honrado como un dios.

 

Frente a la versión de la vida de Buda conservada en textos en pali, la versión de Marco Polo muestra algunas inexactitudes, de las cuales sólo señalaremos las principales:

1) Según Marco Polo, Buda habría llevado en el palacio real una vida libre de todo pecado. La tradición, en cambio, relata la vida de Buda en el palacio como la de un hombre normal, que no se abstuvo de los placeres y que sólo renunció a ellos cuando partió para dedicarse a la búsqueda de la verdad. 

2) Buda salió tres o cuatro veces del palacio y no una sola como dice Marco Polo.

3) Buda tuvo tres o cuatro encuentros con un enfermo, un viejo, un muerto y un asceta y no dos, con un muerto y un anciano, como dice Marco Polo.

4) Buda salió solo y no en compañía de su padre como dice Marco Polo.

5) Buda salió en busca de la verdad y no de aquel que lo había creado y hecho para servirlo, como dice Marco Polo.

6) Buda no se dirigió a la montaña como dice Marco Polo, sino al bosque, que abandonó cuando halló su verdad, para predicarla recorriendo todo el norte de la India.

7) Buda tuvo muchísimas reencarnaciones bajo múltiples formas y no sólo ochenta y cuatro, como dice Marco Polo, todas bajo forma animal, menos la última bajo la forma de un dios.

 

La vida de Buda no transcurrió en Ceylán, como dice Polo, sino en la India continental. A pesar de estas inexactitudes, explicables por el hecho de que quizás recibió información oral y en un idioma que no comprendía perfectamente, Marco Polo tiene el gran mérito de haber sido el primer occidental que dio a conocer a Europa la vida de Buda”.


Share/Bookmark

28 noviembre 2025

You'll never walk alone

Me gusta el fútbol. Me entretiene el fútbol. Quiero al fútbol. Tengo un equipo preferido, pero no soy ‘hincha a muerte’ de ninguno. Hay varios conjuntos que merecen mi simpatía y respaldo, pero eso –también y en gran parte– depende de su ocasional desempeño. Pudiera decir que he sido un "forofo" con suerte: siempre escojo equipos que están en las mejores posiciones. A lo mejor los escojo precisamente por eso…

Dos de esos equipos que me gustan jugaban entre sí el otro día. Real Madrid visitaba a ‘los Reds’: el Liverpool F.C. En casos así, parecería que no tengo un predilecto, me gustaría que gane el que juegue mejor. Creo que eso también cuenta: uno pasa a interesarse por equipos que se destacan, que están jugando mejor; ahí no interviene ya ni el estadio ni el color del uniforme: me inclino a favor del que mejor se desempeña. En este sentido, quizá la única diferencia esté dada por su estilo de juego, por ese algo que, en mucho, depende de lo que pide su entrenador.

 

Esta vez jugaban un partido de la Champions League, que hoy utiliza un formato que depende de la elusiva fortuna. A la larga, la clasificación para octavos es un proceso no siempre justo pues depende del capricho del sorteo y de quien juega con quien como local (en esta etapa no se juegan partidos de ida y vuelta)… Al final, el Liverpool resultó ganador: aprovechó una de las escasas oportunidades que tuvo para poder marcar. Al día siguiente revisé las noticias de la prensa española; un periodista gallego de El País expresaba su fastidio porque, a más de perder el Madrid, sus seguidores habían tenido que soportar los cánticos de quienes apoyaban al conjunto de Merseyside… “Esa mezcla de rito y karaoke –decía el autor–, es una tortura en forma de musical, una versión sajona de la santería cubana; experiencia mística donde no se sabe si acompañan a los jugadores o a las viudas de un desastre”…

 

Resumo cómo concluía su intrigante comentario: “mientras el Madrid se retiraba a analizar sus errores, yo solo podía pensar en lo mucho que extraño el silencio de nuestros estadios (los españoles): será quizás menos poético, pero es más honesto (?)… Una cosa es tener alma –o presumir de ella todo el tiempo– y otra, muy distinta, convertir cada partido de fútbol en un ‘fokin’ musical”… Traduzcan ustedes…

 

Liverpool es uno de los mejores y más reputados equipos del Mundo (si contamos con los dedos de una mano); su estadio, Anfield, es una de las catedrales del fútbol; su himno, “You’ll never walk alone” (‘Nunca caminarás solo’), no es únicamente un símbolo de esperanza, solidaridad y resiliencia; es, ante todo, la expresión de un sentimiento colectivo, una forma de reverencia en recuerdo de dos desgracias que acongojaron a los asiduos de Anfield y a toda la 'fanaticada' futbolística inglesa: las tragedias de Haysel y Hillsborough, en las que fallecieron un centenar y medio de personas. Hay sentimientos colectivos que merecen devoción, y no solo reverencia…

 

Sé bien lo incómodo que puede ser un cántico coreado con fervor por 45 o 60 mil personas… El estadio parece venirse abajo; es un rugido que impresiona con la fuerza de un huracán que se ha apoderado del recinto (como tal, estimula o aterroriza); pero es, ante todo, la compartida expresión de un sentimiento popular y, eso, obliga a nuestro respeto. Como un día escuché decir a un hombre más sabio que yo –alguien a quien no le gustaba dar consejos–: “He aprendido en la vida, Mariano, que nunca debemos desdeñar el tiempo, los esfuerzos (aun el dinero) y los sentimientos ajenos”...

 

You’ll never walk alone’ (YNWA) inspira a miles alrededor del Mundo. Su letra contiene un profundo mensaje, uno de de altivez, consuelo y esperanza; habla de mantener la cabeza bien alta frente a las derrotas, las tormentas y la oscuridad; incita a seguir caminando juntos porque al final ‘siempre encontrarás el canto de una alondra y sentirás que nunca estuviste solo’… La tonada se habría compuesto como tema de fondo para un musical llamado Carousel; se hizo popular en los años de mi adolescencia. Fue creada por la banda ‘Gerry and the Pacemakers’ y llevada a Anfield, donde pronto se convirtió en el grito de batalla de los seguidores del gran Liverpool.

 

Para comprender por qué es que el fútbol es pasión, habría que primero entender cómo nacen, crecen y se comparten los sentimientos; solo así se puede entender por qué los himnos inspiran y contagian, por qué es que a tantos motivan y a otros obligan al silencio… No deja de ser una ironía que Liverpool, cuyo emblema exhibe una ave mítica, haya nacido con otro nombre: justamente con el de su némesis de patio: el Everton F.C. Ese primer Liverpool tuvo que cambiar de nombre para seguir jugando en su misma cancha, mientras Everton tuvo que moverse a Goodison Park. YNWA es parte de la historia y esencia de uno de los más queridos equipos que existen en Inglaterra. Como alguien ya lo dijo una vez: “Si el Liverpool y su himno no existieran, habría que inventarlos”.


Share/Bookmark

25 noviembre 2025

¿Cuál de los dos? *

  * Escrito  por Juan José Millás, para El País de España. Adjunto un par de comentarios que he reeditado.

Había sido apenas un cruce de miradas y un breve gesto de saludo, de acera a acera, pero el hombre volvió a casa con una incómoda sensación de extrañeza.

—Me he cruzado con Antonio —le dijo a su mujer mientras se quitaba la chaqueta. Ella levantó la vista del libro y lo miró con una mezcla de sorpresa y cautela.

—Antonio murió hace un par años, me parece.

—Imposible, acabo de verlo. Estaba igual que siempre, un poco más delgado quizá, pero vamos, seguro que era él.

Ella se encogió de hombros y continuó leyendo.

A la hora de la cena, la duda había alcanzado un tamaño molesto. Antonio era un antiguo amigo del que se habían ido distanciando de forma insensible. Hacía mucho que no se veían, pero les pareció rara esta incógnita acerca de su existencia. Finalmente, decidieron llamar a cuatro amigos comunes, la mitad de los cuales aseguró que Antonio había fallecido mientras que la otra mitad recordaba haberlo visto hacía poco en la cola de un cine o en el interior de una librería.

Fue ella, al día siguiente, quien le propuso que telefoneara al supuesto difunto para salir de dudas. Él titubeó.

—Es que me da mal rollo —dijo.

—Vale, pues entonces déjalo estar.

Lejos de dejarlo estar, buscó el número en la agenda del móvil y pulsó, temblando, la tecla de llamada.

Al tercer tono, respondió el mismísimo Antonio que, sin darle tiempo a hablar, exclamó: —¡No te lo vas a creer! Ayer le conté a mi mujer que me había cruzado contigo en la calle y me dijo que no, que imposible, porque te habías muerto hace un par de años.

Durante unos segundos, ninguno dijo nada. El silencio zumbaba como una interferencia entre dos universos paralelos. Luego, nuestro hombre, en un ataque de pánico, colgó y apagó el teléfono.

Su mujer, desde la cocina, preguntó qué había pasado.

—Está fuera de cobertura —dijo—. De todos modos, es una tontería. Ya le llamo en otro momento. 

 

<><><><><><><> 

 

Una vez al mes voy al cementerio a visitar a mis padres. Viven juntos en un pequeño nicho en donde reposan sus cenizas. Nunca sé con qué me voy a encontrar. A veces los oigo discutir porque no hay gas o mi padre no ha llamado al repartidor; o la factura del teléfono ha subido más de la cuenta. En fin lo de toda la vida. Se quieren mucho, aunque siempre discuten por nimiedades. El sábado encontré a mi madre muy nerviosa, dijo que mi padre no había vuelto de su paseo vespertino… No le di más importancia; pensé que no podía ir muy lejos. Me aparté del nicho y me senté en un banco que hay ahí. Al rato apareció y se sentó a mi lado. Le regañé por su tardanza y me contestó que no había hecho nada malo. Su amigo acababa de llegar y había montado una peña como la que antes tuvo. Así, papá volvería a pasar las noches de fin de semana en la peña y dejaría a mi madre tranquila y descansando de su presencia. No sé si lo veo bien. Volver a aquellos años, seguro traerá algún problema . . . (ZB)

 

Quien muere descansa, pues desaparece, ya no necesita nada ni a nadie, es la forma perfecta de ser humano, es entonces cuando recuperas el alma que habías abandonado con el primer gramo de oxigeno inhalado en el vientre materno, ningún muerto tiene ese afán por volver que les atribuimos nosotros para no olvidarlos, ellos sí nos tienen en el olvido, no nos echan de menos, no somos nadie para ellos, nos esperan pacientes y etéreos, saben todo lo que hay que saber, son sabios, han descubierto el sentido último de la vida, la ironía de la nada (LFC).

 

Las personas solo morimos de verdad cuando ya nadie nos recuerda . . . (BB)

 

Nota: Edito esta entrada en vísperas de ‘mi’ jubileo matrimonial; vaya, el 50 aniversario de ‘nuestra’ boda (he dudado con el posesivo). La efemérides coincide con la fecha de mi cumpleaños. Resultan una ironía estas celebraciones en días de difuntos. A mí me dan mucha pena los cementerios, sitios de pompa por un día, espacios enormes y callados, lugares tristes a donde parece que ya nadie va . . .


Share/Bookmark